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21 de septiembre: San Mateo.

(Rito hispano-mozárabe)


21 de septiembre
san mateo
(Festividad)


Nuestro Leví era un funcionario público al servicio de Herodes Antipas, rey en manos de los romanos. Un día pasó Jesús, le llamó por su nombre y él, dejándolo todo, se hizo su discípulo.
Nada sabemos de cierto sobre su tarea misionera ni sobre su martirio. Una antigua tradición, de la que hace mención san Ambrosio, le sitúa predicando en Palestina, Etiopía y el reino de los partos. En el siglo XI entra al pasionario de Cardeña, cerrando así las celebraciones de los doce apóstoles en nuestra liturgia hispana.

Prælegendum (Sal 20, 6-7; 111, 1)
Le has conferido honor y majestad, aleluya, les has otorgado bendiciones incesantes, aleluya, aleluya. V. Dichoso el que respeta al Señor y ama de corazón sus mandatos. R. Le has otorgado bendiciones incesantes, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Le has otorgado bendiciones incesantes, aleluya, aleluya.


Oratio post Gloriam
Dios todopoderoso, concede que tu glorioso apóstol Mateo, que por Cristo el Señor venció en la Iglesia al enemigo y le destruyó victorioso, obtenga ahora para el pueblo fiel el gozo de la paz eterna y la seguridad en los caminos que le llevan a ti. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.


Sacrificium (Dn 9, 4. 17. 20-23)
Yo, Daniel, supliqué a mi Dios, diciendo: Escucha, Señor, la oración de tu siervo, mira propicio a tu santuario desolado, y a este pueblo sobre el que fue invocado tu nombre, oh Dios, aleluya. V. Cuando exponía mi súplica, orando en presencia del Señor, mi Dios, por el pecado de mi pueblo y en favor de su santo templo, al tiempo del sacrificio vespertino, Gabriel, en vuelo rápido, me tocó y me dijo: Daniel, varón de deseos, desde el principio de tu oración salí para venir a decirte: R. Y mira propicio a este pueblo sobre el que fue invocado tu nombre, oh Dios, aleluya.

Oratio admonitionis
Todos los que nos sentimos atrapados y aplastados por las turbonadas de los  cuidos mundanos, los que nos sentimos presos en las redes del mundo incitante, descargando un poco el haz de esas preocupaciones, enderecemos nuestra espalda para considerar decididamente la llamada del Señor. [Respiremos un poco, sin la pesada carga de tales cuidados: contemplemos la llamada de Cristo a los santos apóstoles, ponderándola con atenta mirada. Elevemos los ojos de la mente a considerar los dones de la gracia divina y la disposición generosa y pronta de los fieles siervos de Cristo. Como Mateo, santo apóstol y evangelista, cuya solemne fiesta celebra hoy la Iglesia, que habiendo escuchado la llamada de Cristo despreció los honores y halagos del mundo. No sólo sigue al que le ha llamado, sino que lleno de las alegrías de su alta vocación, le ofrece un banquete. Gratis recibió la gracia de Cristo, convirtiéndose desde entonces de publicano en escritor del Evangelio. ¿Cómo pudo darse una conversión tan rápida, sino por la gracia cooperante de Cristo el Señor? ] Roguemos, pues, a Cristo, Señor y Salvador de todos, que su gracia, la misma que llamó a los apóstoles, nos transforme en servidores suyos, que le agraden en todo. Que infunda amor a los que eligió por la predicación de sus apóstoles, borre sus culpas por la intercesión de los mismos, coronados por el martirio. Nos comunique el piadoso deseo de invocarle, y su clemencia nos conceda lo que le pedimos en la oración. Dé la paz en esta vida y el perdón de sus pecados, a todos los que quiso ofrecer la nueva ley por la predicación de los apóstoles. Que todos lleguen felizmente hasta él, pues por todos vertió su sangre. Conceda el premio de la felicidad eterna a todos los que fuimos redimidos por su muerte, y por la intercesión de su mártir Mateo, apóstol y evangelista, cuya fiesta celebramos hoy, entremos alegres en el reino celestial. R. Amén.
Por la gracia tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Señor, dueño de todas las gracias e inspiraciones, Cristo, Hijo de Dios, que por la predicación de tus apóstoles iluminas hasta los últimos extremos del orbe y lo fecundas con los cuatro ríos de los evangelios; tú que concediste a tus mártires la posibilidad de morir por ti, y los coronaste con una muerte generosa, mira en esta festividad de tu santo apóstol y evangelista Matero las aspiraciones de tus fieles, y sácalos ilesos de los naufragios de este mundo peligroso. Como a él por tu llamada le hiciste digno ministro tuyo para ser el primero que, siguiendo tu real prosapia, escribiera tu evangelio, haznos capaces de seguirle y perfectos en el temor de tu nombre. [Instrúyenos con sus enseñanzas, pues quisiste que fuera el primer escritor de la verdad evangélica. Cólmanos, por sus méritos, de fuerza espiritual, pues quisiste que pudieran oírse de su boca, los anuncios de tu verdad. Danos tu amor, tú que le diste la gracia del Espíritu Santo. Atráenos hacia ti con tu asidua misericordia, como a él le sacaste de sus tareas de publicano para hacerle evangelista. Ilumina lo más profundo de nuestros corazones, como a él le llamaste a la vocación cuando estaba sentado en el interior de su oficina. Muéstrate propicio, por su intervención, ya que él se hizo auténtico discípulo tuyo. Escúchale cuando hable en nuestro favor, como le escuchaste cuando te invitó a comer. Que él te presente nuestras ofrendas para que puedan agradarte, como su predicación llegó a ser gloriosa en todo el mundo. No consientas que seamos castigados como merecemos, tú que le colmaste de santas mercedes. Acepta en su honor nuestros obsequios, tú que después de tantas manifestaciones le hiciste mártir glorioso, y así los que ciertamente merecemos castigo por nuestras malas acciones quedemos justificados por los obsequios que te ofrecemos en su honor.] Y si aceptas por sus méritos los deseos de tus siervos, él obtendrá para nosotros que le veneramos, que podamos ser sus compañeros en el reino celestial. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Camino, verdad y vida, que te encarnaste para redimir al universo, redímenos del documento testimonial de nuestros delitos por las súplicas de san Mateo, tu apóstol, evangelista y mártir. [Él, que  por la invocación de tu nombre, resucitó de entre los muertos al niño Eufranio, nos resucite, te rogamos, del sepulcro de nuestros vicios. Él, cuando pensaban algunos que era Dios, no se retrasó en responder sinceramente que no era Dios sino siervo, y para que los que así pensaban se convirtieran a ti y abandonaran el culto de los ídolos, predicó insistentemente y con fortaleza. Que nos ayude a nosotros a volver a ti después de nuestras caídas y nos haga perseverantes en la verdad que él enseñó. Resucite los corazones de los muertos por el pecado, el que resucitó de inmediato el cuerpo muerto del niño. Nos sujete a tu temor el que para servicio tuyo libertó a un numeroso grupo de doncellas.] A nosotros nos dispense su  protección y a los difuntos el descanso de la felicidad eterna, pues has querido, Señor, que con sus condiscípulos sea juez de las doce tribus. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Cristo, paz de todos y caridad purísima de todos los que te aman, tala en nosotros las raíces de la discordia y consolídanos para siempre en tu paz. Haz que te amemos con sinceridad, haznos tus seguidores, guardadores de tus preceptos, desata las ataduras de los odios, aparta los pleitos, ahuyenta las malquerencias, rechaza  las contiendas y retira lejos de nosotros todo lo que puede oponerse a la paz. Infunde en nuestros pechos aquella misma paz que encomendaste a tus discípulos en la tierra la paz que san Mateo, apóstol y evangelista, presentó al mundo tomándola de ti; para que, asimilándonos a ti, nos hagas consortes con él en el reino de los cielos. Que ninguno de tus fieles perezca a causa de la discordia, que ninguno se deja llevar del odio hasta la muerte. Vivamos todos perennemente en tu paz, para que después lleguemos ante ti, para ser coronados con todos los santos. Que al darnos mutuamente el beso de la paz, desterremos de nuestros corazones cualquier afecto incompatible con la paz, y así podamos llegar a tu casa, el santuario del rey eterno.  R. Amén.
Concédelo por el autor de la paz y del amor, nuestro Señor Jesucristo, con el cual vives en una sola e igual esencia y, en la unidad del Espíritu Santo que reina, eres Dios por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es digno y justo, Señor, Dios Padre, en verdad equitativo y saludable, que te demos gracias, tributemos alabanzas y te imploremos víctimas espirituales, por Jesucristo, nuestro Señor. Él, engendrado antes de que la luz existiera, engendrado sin principio, permaneciendo esencial e inseparable en la unidad divina, contigo y con el Espíritu Santo. En la última edad del mundo se encarnó para nuestra salvación. Y con la carne asumida para cumplir las profecías, se hizo para ti víctima aceptable. Murió por nuestros crímenes el que en la Trinidad es igual a ti. Se entregó a sí mismo por nosotros el que en tu misma esencia reina en el cielo. Nos dio ejemplo de morir por ti, el que para llevarnos a ti, quiso visitar el mundo hecho hombre. Mas al descender a la tierra no se apartó de ti, permaneció contigo inseparable, con el mismo poder divino, y así permanece sin fin. [Los beneficios que de él recibimos no puede explicarlos adecuadamente una lengua humana, sus grandezas resultan inasequibles a los sentidos del hombre y no pueden ser reflejadas en palabras. Pues todo lo que él nos trajo del cielo no cabe en la imaginación del hombre. Contigo y con el Espíritu Santo nos creó a nosotros, que no existíamos, y porque habíamos caído por nuestra desobediencia, para que pudiéramos resucitar con Él, derramó su sangre por nosotros que no lo merecíamos. Nos llamó con gracia liberalísima, cuya fuerza y sublimidad divina permanecían desconocidas para el hombre. Llamó a los apóstoles que había elegido y los adoctrinó para que nos adoctrinaran. Los eligió de entre los rústicos para hacerlos sabios, para que nos instruyeran con la predicación del Evangelio, para poner los fundamentos su Iglesia. Se dio prisa en llamar a los que quiso, a los que ya había elegido contigo antes de crear el mundo; les dio el poder de hacer milagros, les dio capacidad y ocasión de morir felizmente por él o por el Dios santo uno y trino. De publicanos v pescadores los transformó en predicadores, y de adversarios de la Iglesia en defensores de la misma. Para echar nuevos y estables los cimientos de la fe, no eligió lo fuerte del mundo, eligió con fuerza lo más débil, para confundir a los poderosos. Con gracia generosa los hizo primero sus discípulos, para hacerlos luego maestros de toda la Iglesia. Les dio vigor para enseñar las virtudes, les dio la voluntad de derramar su sangre por los hermanos. Entre ellos este Mateo, tu apóstol y evangelista, de cuyo martirio celebramos hoy la memoria, que, elegido cuando desempeñaba el oficio de publicano, se convirtió en escritor del evangelio y fue luego condecorado con la corona del martirio. Después que oyó cómo le llamaba el mismo Jesucristo, Señor nuestro, tu Hijo unigénito, dejando su puesto le siguió inmediatamente, le recibió en su casa y organizó un banquete en su honor. Siguió al que le llamaba con espíritu pronto y sin pararse a pensarlo, porque la gracia de Dios le urgía a hacerlo así. A ejemplo de su Maestro y Señor derramó su sangre por la verdad, que aprendió directamente de la boca de la verdad. Recibe la potestad de resucitar muertos, y como quien nada puede, acepta la condena de muerte. El que tiene el poder de curar enfermos, soporta pacientemente las heridas que le infligen. Elegido para predicador desde el principio del mundo, habiendo desempeñado el oficio de resucitar muertos, es degollado en la iglesia por las espadas de sus enemigos. Vive perennemente en el cielo y muere temporalmente, herido por una espada. El que tiene fortaleza para practicar las virtudes, se hace débil, voluntaria y pacientemente. Piensan que es Dios por sus milagros, y le condenan a muerte por Dios. Se le considera glorioso por sus enseñanzas y digno del odio del rey, por sus consejos. Es condenado a muerte por sus adversarios, el que ha de sentarse en un trono para juzgarlos. Es herido por la espada delante del altar el que en el altar desempeña su oficio sacerdotal. Se impone sobre el poder de los demonios y perece por las heridas que le causan sus servidores. Ejercita el privilegio de curar a los enfermos y es él herido de muerte por su Maestro. ¡Qué grandes, Señor y qué famosos los milagros de tus santos apóstoles! Con los que socorren al mundo y pasan felizmente del mundo; con los que dispensan la salud a los enfermos y la vida a los difuntos mientras se apartan voluntariamente del mundo engañador. ¡Admirable gracia del Salvador, por la que cada santo queda justificado en sus obras, y cada mártir queda coronado con su muerte! Por esta gracia, ya sea preveniente, ya cooperante, san Mateo, apóstol y evangelista, sigue la llamada de Cristo, unigénito Hijo tuyo y Señor nuestro. Por la abundancia de esa gracia obtiene su glorioso martirio. Por la gracia que llenaba su alma pudo hacer lo que hizo Cristo con sus milagros. Por la gracia que le confortaba pudo morir tan felizmente. Por la gracia que le inspiraba pudo escribir su evangelio en lengua hebrea. Por la gracia que le asistía constantemente, fue maestro y sacerdote de muchos pueblos. Por la gracia que así lo dispone, muere en esperanza ante el altar después de la misa. Por la gracia que le premia es coronado en el cielo. Por eso fue degollado al pie del altar y no en otra parte, el que por la Iglesia universal desempeña en el altar su oficio de sacerdote, para que donde ofrecía víctimas por el pueblo, él mismo se hiciera víctima para Cristo; y donde te rogaba para borrar los pecados del pueblo, él mismo fuera el agraciado con la corona del martirio. Éste, pues, presente ante tu trono, piadosa Trinidad, como intercesor por todos nosotros, el que siempre fue tan luminoso y tan admirable en el desarrollo de las virtudes. Borre todas nuestras culpas el que tan claras y perfectas enseñanzas transmitió a tu Iglesia. Descúbranos los misterios del cielo el que tan fuertemente hizo resonar sus proclamas en el mundo.] Ábranos la entrada del reino de los cielos el que fue celestialmente elegido para ser apóstol. Por él quieras santificar estas ofrendas nuestras, tú que haces brillar a tu Iglesia como el sol y la luna. Merezcamos agradarte por aquel que has querido darnos como Doctor. Para que llegando felizmente hasta ti en aquella celeste mansión, con él y con todos los santos, con los querubines y los serafines y con todas las potestades del cielo, podamos alabarte sin cesar, diciendo así:

Post Sanctus
Santo y bendito eres en verdad, Cristo Hijo de Dios, que a Mateo tu apóstol lo hiciste primero evangelista, y después lo consagraste con el martirio, echando con él los cimientos de la fe, instruyendo por él al pueblo redimido, constituyéndole en autoridad sobre los pueblos, haciéndole testigo tuyo, gobernando por él la Iglesia, sancionando por él la ley del evangelio. [De forma que el que con sus compañeros había recibido el honor del apostolado alcanzará también, como el primero de todos que escribía, investigar y publicar la verdad del evangelio; y el que estaba elegido para discípulo tuyo, fuera constituido predicador egregio para todos los pueblos. Él, para devolverte una gracia que de ti había recibido, no dudó en derramar su sangre por ti. Y para manifestar a todos los pueblos que le seguían la gracia que le mantenía unido a ti, escribió el evangelio en lengua hebrea y se manifestó admirable en hacer maravillas. ] Elegido de entre los publicanos, resulta glorioso por sus milagros, y ejerciendo el sacerdocio se ofrece todo a ti. Te ofrece el sacrificio sobre el altar y allí mismo es herido por la espada del perseguidor, para que el que solía ofrecer el sacrificio por los hermanos, resultara víctima él mismo.
Por Cristo, Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Santifica, Señor, lo que te ofrecemos, y por intervención de san Mateo, tu apóstol, evangelista y mártir, acepta el sacrificio que inmolamos para ti, concediendo tu bendición a las ofrendas y el mérito a los que participaremos en ellas. Quede justificado, buen Jesús el que presume de lo que no tiene, y concédele la gracia que le guarde, como al que acude digno y humilde. Uno y otro, al recibir tu cuerpo y sangre, vivan mejor y más santamente. Aquel, si empezó a ser digno, se conserve mejor establemente, y corregido de sus culpas por esta conversión, se levante rápidamente y no vuelva a caer. Este tenga la seguridad del vivir honesto. Aquel, por una conversión digna, encuentre acceso para volver a ti. Abandone aquel por la penitencia el mal que hizo, guarde éste o aumente el bien que hasta ahora ha tenido. Aquel reciba lo que no tiene, éste no pierda lo que tiene. Levántese aquel y no caiga más, éste procure no caer. Aquel después de haber caído, empiece una carrera sin desvíos, para servirte. De forma que cuando a uno y a otro les llegue la medicina de tu cuerpo y de tu sangre, tu piedad enderece todo lo que de ti se aparte; y tu Iglesia permanezca aquí segura, y llegue después a ti, sin mancha ni arruga. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Dios creador de lo celestial y de lo terreno, y piadosísimo remunerador de todos los santos, que eliges a los apóstoles antes de la creación del mundo, y los pones a la cabeza de tu pueblo, comprándolos al precio de tu sangre, para que enseñen a las gentes los sacramentos y enseñen a los nombres los ritos parar adorarte, en los que derramaste el Espíritu Santo que de ti proviene para fundar la Iglesia por su medio. En su vocación muestras tu gracia generosa y les entregas las llaves del reino de los cielos, constituyéndolos jueces sobre las doce tribus de Israel, para juzgar contigo cuando te sientes para eso en el trono de tu majestad. Recibe propicio y atiéndenos con misericordia a los que hoy celebramos la memoria de san Mateo, apóstol, evangelista y mártir. Por su intercesión santifica nuestra asamblea, y acepta nuestra ofrenda, pues, si no podemos apoyarnos en nuestros méritos, nos prestará base para subir más alto, la plegaria gloriosa de tu santo apóstol. Nosotros no merecemos ser oídos por los delitos que nos abruman, pero si seremos oídos por sus méritos, al aclamarte desde la tierra:

Benedictio
Dios Padre todopoderoso, que quiso que su Hijo unigénito se encarnara por todos nosotros, que llamó por él a los apóstoles que con él y el Espíritu Santo había elegido antes de la creación del mundo, os elija a vosotros como siervos para colmaros de santos favores. R. Amén. El Hijo unigénito del Padre, que derramó su sangre por la salvación de todo el género humano y coronó con el martirio a los discípulos que había elegido, por las preces de nuestro apóstol Matero, evangelista y mártir, os justifique de vuestros pecados y os haga florecer siempre en méritos de felicidad. R. Amén. Y también el Espíritu Santo, que en otro tiempo se derramó sobre los discípulos y los hizo hablar en diversas lenguas, os haga seguidores de los mismos apóstoles y consortes de todos los santos, por sus enseñanzas. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Señor, Dios todopoderoso, que eres vida y salvación de los fieles: creemos que has de venir como juez verdadero. Sé propicio con nosotros, para que sintamos que el auxilio de tu misericordia se derrama sobre nosotros, que hemos ofrecido esta oblación por nuestra salvación y la de los nuestros, y por la expiación de nuestros pecados, en honor de tu santo mártir Mateo, apóstol y evangelista; y así, los que nos hemos alimentado en el banquete de tu mesa, merezcamos conseguir como don de tu generosidad, el premio eterno. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y todo lo gobiernas por los siglos de los siglos. R. Amén.