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16 de septiembre: Santa Eufemia.

(Rito hispano-mozárabe)


16 de septiembre
santa EUFEMIA
(Memoria)


Se trata de una santa virgen y mártir muy venerada por la Iglesia en Grecia, que testificó valientemente su fe en Calcedonia sobre el año 307. El famoso Concilio de Calcedonia (451) se celebró precisamente en la basílica dedicada en honor a la santa, lo cual dio por todo el mundo un impulso decisivo a su culto.
No se encuentran textos hispanos para su fiesta hasta pasado el período visigodo, tal vez coincidiendo con el auge de su culto en Galicia.

Prælegendum (Mt 5, 8. 3)
Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios, aleluya, aleluya. V. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Aleluya, aleluya.


Oratio post Gloriam
Tú eres nuestra gloria, Dios nuestro, y prometes una cosecha del ciento por uno a los que conservan el don de la virginidad; por intercesión de la virgen y mártir santa Eufemia, concédenos el perdón de nuestros pecados, y, si nos sentimos abatidos por nuestra fragilidad, haz que nos conforte su protección. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito, y vives y todo lo gobiernas por los siglos de los siglos. R. Amén.


Sacrificium (Ex 35, 29; 15, 11)
Todos, varones y mujeres, ofrecieron sus dones devotamente, para cumplir lo prescrito por Dios por medio de Moisés, a todos los hijos de Israel, según su voluntad, aleluya. V. ¿Quién semejante a ti, Señor, entre los dioses? ¿Quién semejante a ti en la gloria de tu santuario, admirable en tu majestad, obrador de milagros? R. A todos los hijos de Israel, según su voluntad, aleluya.

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, no hay que prestar atención a testimonios humanos, cuando van por delante demostraciones divinas. Eufemia, bien probada para Dios, avanza en la virtud y en la fidelidad a la alabanza divinas, gloriosa en su testimonio victorioso, cada vez que el adversario quiso provocar a los siervos de Dios, se mostró dispuesta a luchar y a vencer; dando a todos ejemplos admirables de su virtud y de su integridad, hallándose al mismo tiempo dispuesta para la lucha y para la paz, laudable de una parte por su fortaleza y de otra por su pudor. Cuyo trato y modo de vida es tan provechoso para alcanzar el premio de la vida eterna, que resulta magisterio para la conducta. Roguemos, pues, a Dios, en la solemnidad de esta virgen, que, como fue vencedor en su pasión, sea también perdonador de nuestras maldades. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Concédenos, Señor, por el ejemplo de tu virgen Eufemia, que, superando los dardos del maligno espíritu, alcancemos la felicidad de convivir con los ciudadanos de la eternidad; así, como los rostros de esta virgen y de sus compañeros se amorataban al recibir bofetadas, los nuestros, cuando tu vengas al juicio, brillen por nuestras buenas obras. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Acepta propicio, Dios, Trinidad indivisa, estas ofrendas que te hacemos en honor de tu virgen Eufemia, para el bienestar de los vivos y el descanso de los difuntos; para que esta virgen, que ni se achica atemorizada por las ruedas de cuchillos, ni se quema por el fuego aplicado a su cuerpo, no consienta que los vivos se disipen en preocupaciones inútiles, ni que los difuntos sigan entre las llamas de su castigo. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Dios, que no permitiste que los miembros de la santa mártir, indivisiblemente unida por el abrazo de tu amor, fueran divididos por la sierra, ni desgarrados por los dientes de las fieras; concede, al interceder ella por nosotros, que nos sintamos y vivamos tan unidos en el bien de la paz, que no sean capaces de separarnos las zarzas de mistad, que pudieran surgir entre nosotros. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es digno y justo que te demos gracias, Señor, santo Padre, Dios todopoderoso y eterno, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Él dotó el alma de su virgen Eufemia con una doble gracia, haciéndola al mismo tiempo pudorosa y vencedora, cuando la propia virgen venció con su pudor los obscenos deseos de su perseguidor, y le derrotó también en la polémica doctrinal. Si feliz en su pudor, fue laudable en su combate, si señalada por su castidad, fue más gloriosa por su martirio, despreciadora del mundo, consciente del bien verdadero, custodia de sí misma, vencedora del diablo, esposa de Cristo. Insuperable en soportar los tormentos, animosa en la discusión. Es abofeteada y azotada con varas, pero eso no la aterra, estirada en el torno y expuesta a las llamas no se quema. No encontraron manera de cambiar su ánimo, ni de vencer su firmeza por medio de los tormentos. Vencidos por último todos los suplicios, sube por los aires para ser coronada, llamada por una voz celestial, por haber superado tantos tormentos en la tierra. Por la concesión y la ayuda del que con razón es alabado por todos los ángeles y arcángeles, que con los tronos, las dominaciones y las potestades, no cesan de aclamarte, diciendo:

Post Sanctus
Santo y bendito es en verdad nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Él, para liberar a su sierva, envió desde el cielo ángeles de luz que la defendieran entre las llamas, mientras su alma se abrasaba bajo el soplo del espíritu divino. No daño, pues, el fuego corporal a la que había extinguido en sí misma los deseos voluptuosos; no corrompió la llama su cuerpo intacto, que nunca había servido a la corrupción. Y por eso, Dios piadoso, escúchala cuando intercede por los desvalidos, tú, que la hiciste vencedora en su martirio.
Porque tú eres nuestro Dios y Redentor eterno.

Post Pridie
Dios, que por manos de tu ángel destruiste milagrosamente, el artilugio de ruedas en que eran descoyuntados los miembros de Eufemia, la luchadora, manda también ahora un ángel desde el cielo, para que santifique estas ofrendas de salvación que te dedicamos, para que volviendo a ti, te lleve todo lo que causa nuestras heridas y nos aplique la deseada medicina que de ti esperamos. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Señor, Dios todopoderoso, en quien creía de verdad la luchadora Eufemia, y por eso se mantuvo firme en su lapidación y no fue desgarrada por las mordeduras de las fieras, haz que nosotros no seamos abatidos por las adversidades ni nos alcemos en la prosperidad. Así, andando con el discreto juicio de la equidad y observando con toda diligencia tus avisos, como a ella la escuchaste desde el cielo cuando te suplicaba en medio de sus persecuciones, nos escuches también a nosotros, cuando clamamos a ti desde la tierra:

Benedictio
Dios todopoderoso, que no permitió que la bienaventurada Eufemia fuera aserrada ni vencida por los golpes de los lictores, os asocie firmemente a su amor. R. Amén. El que la protegió de las llamas por las manos de los ángeles, os defienda con su protección de las asechanzas de los vicios. R. Amén. De esta forma, ella, que ayudada por Dios superó meritoriamente todos los suplicios, por sus preces consiga para vosotros los premios infinitos. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Dios, donador de las riquezas celestiales y distribuidor admirable de los bienes eternos, que elegiste a santa Eufemia, pobre en este mundo, y la ensalzaste a las riquezas eternas por haber luchado por ti; concédenos seguir siempre la pobreza de espíritu, y por ella podamos complacer en todo a tu majestad. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.