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14 de septiembre: San Cipriano.


(Rito hispano-mozárabe)

14 de septiembre
san cipriano
(Festividad)

Este gran obispo africano (200-258) se llamó hasta su conversión, a la edad de cuarenta y seis años, Tasio Cipriano, y era un importante retórico y abogado.
En el año 249, a sólo dos de su conversión, el pueblo de Cartago lo aclama como su obispo. Pasa sin peligro la persecución de Decio (250), pero al estallar la de Valeriano (257) es arrestado. Poco después muere decapitado.
Su culto se difundió rápidamente por Occidente. En España, donde ya en vida se le admiró mucho, se le tributa culto desde la época hispano-romana.

Prælegendum (Sal 20, 6-7; 111, 1)
Lo has vestido de honor y majestad, aleluya, le concedes bendiciones incesantes, aleluya, aleluya. V. Dichoso el hombre que teme al Señor, el que prefiere sus mandamientos. R. Bendiciones incesantes, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Bendiciones incesantes, aleluya, aleluya.


Oratio post Gloriam
Dios todopoderoso, invocamos tu poder eterno para que por los méritos de tu obispo y mártir Cipriano, y los de todos los Santos, nos hagas sus compañeros en la fe, valientes para la entrega, semejantes en el martirio, y nos hagas resucitar para ser felices con ellos. R. Amén.
Nos lo conceda tu clemencia, Dios bondadoso y admirable, que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.

Profecía
Lectura del libro del Eclesiástico (Ecclo 44, 20; 50, 2-24).
R. Demos gracias a Dios.
Esto dice el Señor:
Este hombre 20 guardó la ley del Altísimo
y con él estableció una alianza.
En su carne selló esta alianza,
y en la prueba fue hallado fiel.
50, 2 Puso los cimientos de doble altura,
un alto contrafuerte de la cerca del templo.
3 En sus días se excavó el depósito de agua,
un estanque tan ancho como el mar.
4 Él cuidó de su pueblo para evitar su ruina
y fortificó la ciudad contra un posible asedio.
5 ¡Qué glorioso era cuando, rodeado de su pueblo,
salía de la casa del velo!
6 Como el lucero del alba en medio de las nubes,
como la luna en su plenilunio;
7 como el sol refulgente sobre el templo del Altísimo,
como el arco iris brillando entre nubes de gloria;
8 como rosal florecido en primavera,
como lirio junto a un manantial,
como cedro del Líbano en verano;
9 como fuego e incienso en el incensario,
como vaso de oro macizo
adornado con toda clase de piedras preciosas;
10 como olivo cargado de frutos,
como ciprés erguido hasta las nubes.
11 Cuando se ponía la vestidura de gala
y se colocaba sus elegantes ornamentos,
cuando subía hacia el altar sagrado,
llenaba de gloria el recinto del santuario.
12 Cuando recibía las porciones de las víctimas
de manos de los sacerdotes,
él mismo de pie junto al fuego del altar,
rodeado de una corona de hermanos,
como retoños de cedro en el Líbano
o como tallos de palmera engarzados.
13 Todos los hijos de Aarón en su esplendor,
con la ofrenda del Señor en sus manos,
estaban en presencia de toda la asamblea de Israel.
14 Mientras cumplía su servicio en el altar,
preparando la ofrenda del Altísimo todopoderoso,
15 tomaba en su mano la copa,
hacía la libación del vino
y lo derramaba al pie del altar,
como aroma suave para el Altísimo, Rey del universo.
16 Entonces los hijos de Aarón prorrumpían en gritos,
tocaban las trompetas de metal batido,
hacían oír su sonido imponente,
como memorial delante del Altísimo.
17 Entonces, de repente,
todo el pueblo en masa caía rostro a tierra,
para adorar al Señor, su Dios,
el Todopoderoso, el Dios Altísimo.
18 Los salmistas también lo alababan con sus voces,
y su canto formaba una dulce melodía.
19 El pueblo suplicaba al Señor Altísimo,
permanecía en oración ante el Misericordioso,
hasta que terminaba la ceremonia del Señor
y concluía el servicio litúrgico.
20 Entonces él bajaba y elevaba las manos
sobre toda la asamblea de los hijos de Israel,
para pronunciar con sus labios la bendición del Señor
y tener el honor de invocar su nombre.
21 Y por segunda vez todos se postraban,
para recibir la bendición del Altísimo.
22 Y ahora bendecid al Dios del universo,
el que hace grandes cosas por doquier,
el que enaltece nuestra vida desde el seno materno
y nos trata según su misericordia.
23 Que nos dé la alegría de corazón
y que haya paz en nuestros días,
en Israel por los siglos de los siglos.
24 Que su misericordia permanezca con nosotros
y en nuestros días nos libere. R. Amén.

Psallendum (Sal 20, 4. 2)
Has puesto en su cabeza una corona de oro fino. V. Se alegra por tu fuerza, Señor, y cuánto goza con tu victoria. Le has concedido el deseo de su corazón, no le has negado lo que pedían sus labios. R. Una corona de oro fino.

Apóstol
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (2Tim 1, 8-14).
R. Demos gracias a Dios.
Hermano:
8 No te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, su prisionero; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios. 9 Él nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia que nos dio en Cristo Jesús desde antes de los siglos, 10 la cual se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio. 11 De este Evangelio fui constituido heraldo, apóstol y maestro. 12 Esta es la razón por la que padezco tales cosas, pero no me avergüenzo, porque sé de quién me he fiado, y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para velar por mi depósito hasta aquel día. 13 Ten por modelo las palabras sanas que has oído de mí en la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús. 14 Vela por el precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 5, 14-19).
R. Gloria a ti Señor.
En aquel tiempo:
Dijo Jesús:
14 Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. 15 Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. 16 Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.
17 No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. 18 En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. 19 El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. R. Amén.

Laudes (Sal 109, 4)
Aleluya. V. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedeq. R. Aleluya.

Sacrificium (Ecclo 50, 13-15. 7. 6. 8. 11)
Estando el sacerdote de pie, delante del altar y en torno suyo la corona de sus hermanos: como los brotes de los cedros en el Líbano, lo rodearon, como las palmeras, y presentó su ofrenda al Señor, en presencia de toda la asamblea, aleluya. V. Ha sido exaltado y brilla en el templo de Dios, como el lucero de la mañana en medio de las nubes, con todo su fulgor según los tiempos, como el arcoíris que aparece ante las nubes cuando llueve, como un olivo cuajado de su fruto. Visitó su vestidura santa. R. Y presentó su ofrenda al Señor, en presencia de toda la asamblea, aleluya.

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, supliquemos a Dios todopoderoso, en honor de su bienaventurado mártir Cipriano, que acepte los buenos deseos del pueblo congregado, y distribuya a cada uno lo que cada uno desea obtener. Y como a él le concedió la palma de la victoria, en virtud de su triunfo, puesto que por amor de su nombre no vaciló en someterse al filo de la espada brillante, para que el resplandeciente brillo de su majestad reluciera en sus sentidos. Roguemos, pues, suplicantes, que por sus méritos, se digne concedernos los eternos gozos exultantes, a nosotros y a todo su pueblo. R. Amén.
Por la gracia tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Dios excelso, hoy ensalzamos con nuestros votos el triunfo sobresaliente de Cipriano, tu bienaventurado mártir; le honramos con sacrificios porque en el supremo trance del martirio, habiendo de dejar un ejemplo como padre piadoso al pueblo de Dios que se le había encomendado, compró la muerte temporal con veinte monedas, prefiriendo escribir con su sangre más que con palabras lo que tenía que enseñar a sus seguidores. A ti, Señor, te rogamos en esta festividad, que como a él le hiciste feliz por el desprecio de la muerte, nos hagas más felices a nosotros por la realidad de la vida dichosa, y todo lo que en sus virtudes es digno de admiración, lo imitemos nosotros poniéndolo por obra. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Señor, invocamos con humildad tu inmensa Majestad. Tu Mártir te predicó como único Dios verdadero, con su palabra y con su sangre, al pueblo que tenía encomendado. Él era de preclaro entendimiento, dedicado al estudio, fragante en sus virtudes, triunfador en su martirio. Danos lo que le diste: ser auxiliados saludablemente por las virtudes y no ser dañados por las adversidades. Con ello, atendiendo a los deseos de los fieles, por los buenos oficios de este mártir concede también el descanso a los difuntos. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Señor, otórganos los dones de tu paz, tú que depositaste tal tesoro de ciencia en tu mártir Cipriano. Cólmanos con el fruto de tu dulzura como llenaste su boca de celestes enseñanzas. Deposita en nosotros la abundancia del bien, como en él pusiste tu conocimiento, y como él culminó con la efusión de su sangre lo que había predicado con sus palabras, así nosotros manifestemos nuestra experiencia de la paz, no solo de palabra sino también de obra. R. Amén.
Por ti, que eres la paz verdadera y la caridad perpetua, Dios nuestro, que reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es digno y justo, en verdad justo y equitativo, que te demos gracias, Dios todopoderoso, que te dignaste llamar a ti en este día con la misericordia a que nos tienes acostumbrados, a tu santo mártir Cipriano, ceñido con las ínfulas episcopales y coronado con la pasión del martirio. Ninguna amenaza de crueles príncipes le hizo temblar, ni la lúgubre y sucia oscuridad de las mazmorras constituyó impedimento para el propósito santamente deliberado; ni le turbó el filo de la templada espada que amenazaba su garganta. Constancia intrépida, fe sin vacilaciones, firme perseverancia. La sagrada vestidura con que se revestía siempre para oficiar ante tu santo altar, la echó por tierra para arrodillarse, esperando la llegada del verdugo como si te esperase a ti, Señor, y dispuso que se le dieran veinte monedas como precio de su trabajo, comprando la muerte temporal para ganar con ella la corona de la vida perdurable. [Intentó con manos temblorosas ceñir sus sienes con una  venda, pero tuvieron que ayudarle los hermanos a ceñir aquella sagrada cabeza entregada ya a Cristo. Y aunque turbado por el pavor de la humana fragilidad, pero confiando constantemente en ti con la esperanza de su fe, tapó con sus dedos los ojos cerrados, para no verte resplandeciente antes de recibir en su garganta el golpe de la espada. Y así no vaciló en ofrecer su cuello a la afilada espada, preparada para su muerte, superando con el sacrificio de la vida presente su naturaleza mortal, para conseguir la inmortalidad de la vida eterna. ] Por Jesucristo nuestro Señor, al que con razón todos los ángeles y arcángeles no cesan de aclamar diariamente, diciendo:

Post Sanctus
Santo y piadoso es en verdad nuestro Señor Dios, y con el ofrecimiento del presente sacrificio te alabamos en este día en que se celebra la inmolación de tu gran pontífice Cipriano, gloriosa para todo el orbe, perfecta en Cristo. Porque, afirmado en la fortaleza de tu amor, siguiendo con corazón iluminado las huellas de su maestro y Señor, que iba delante, mereció ser partícipe de su pasión, para ser después consorte de su reino, y por ello heredero de Dios y coheredero de Cristo. [Éste no sólo abrevó al pueblo que le había encomendado la celestial autoridad en las fuentes de su doctrina, también, perseverando con fortaleza en su confesión de tu piadoso nombre, lo adornó con la efusión de su sangre. Imitador amantísimo del verdadero pastor, suspiró constantemente en su oración que, así como diariamente ofrecía a Dios sacrificios aceptables en favor de las ovejas que se le confiaron, pudiera al final ofrecerse a sí mismo en sacrificio grato a aquel a quien hasta entonces había servido. Cumpliendo así con las obras lo que había predicado con la palabra, y sin incurrir en prevaricación alguna, justamente se igualó con aquel apóstol de las gentes y maestro Pablo, en el que habitaba Cristo, hablando como desde el interior de un templo. A ti, pues, Dios todopoderoso, hay que atribuir los ejemplos de los santos, ya que tienes cuidado de llevar maravillosamente a su término los combates destinados a los premios celestiales. Tú ya te has dignado colmar de las riquezas eternas a los agregados al número de tus santos, los que confiamos que permanecen en ti y tú en ellos. Te rogamos les encomiendes la misión de ser los patronos, de nosotros los desvalidos. ]
Por nuestro Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Santifica, Señor, las ofrendas que se te ofrecen en la tierra, tú que eres glorificado entre los santos, para que los que rodeamos tu altar en la solemnidad de tan alto varón, quedemos llenos de aquel ardor de tu caridad, que llenaba también al mismo santo, y por eso no sólo aceptó la sentencia capital por tu nombre, sino que quiso remunerar de sus bienes al mismo que había de matarle. R. Amen.

Ad Orationem Dominicam
Señor, redentor y creador nuestro, mira cómo en este día en que cae la festividad de tu mártir Cipriano hacemos fiesta con gozo, aunque por otra parte suspiremos por el perdón de los pecados. Sus gloriosas cenizas las mantiene la africana Cartago, pero su lengua resuena en casi todo el mundo. Y por eso, aunque el cuerpo de tal varón esté sepultado, se muestra en todas partes por sus beneficios. Y así te pedimos que por su sufragio nos perdones todo lo que te debemos, como nos iluminas con tu doctrina para rogarte:

Benedictio
Por la intercesión del mártir Cipriano, que ofreció veinte áureos a su verdugo, quedéis libres de todos los vicios. R. Amén. Que sus ayudas os calienten siempre el corazón, y sus doctrinas os llenen de alegría. R. Amén. Y el que con su palabra os instruyó para la vida, con sus beneficios os lleve a la gloria. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Señor eterno, te damos las debidas gracias, igual que a Jesucristo, nuestro Señor; a semejanza suya, san Cipriano se hace víctima al ofrecer la víctima, y mientras elige el sacerdocio, cumple también con el martirio. Que obtenga en tu presencia, Dios altísimo, el perdón para los que incurrieron en delito, el que después de su sacerdocio alcanzó el martirio. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.