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13 de septiembre: Letanías antes de san Cipriano.


13 de septiembre
letanías antes de san cipriano
(Memoria)



Lectura sapiencial
Lectura del libro de los Proverbios (Prov 7, 1-4).
R. Demos gracias a Dios.
1 Hijo mío, conserva mis palabras,
guarda como tesoro mis mandatos;
2 conserva mis mandatos y vivirás,
mi enseñanza como la niña de tus ojos.
3 Átalos a tus dedos,
grábalos en tu corazón.
4 Considera a la Sabiduría como hermana tuya,
y llama pariente a la prudencia. R. Amén.


Profecía
Lectura del libro del Levítico (Lv 19, 1-3. 9-18. 31-36).
R. Demos gracias a Dios.
En aquellos días:
1 El Señor habló así a Moisés: 2 «Di a la comunidad de los hijos de Israel: “Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. 3 Respete cada uno a su madre y a su padre. Guardad mis sábados. Yo soy el Señor, vuestro Dios.
9 Cuando seguéis la mies de vuestras tierras, no desorillarás el campo, ni espigarás los restos de tu mies. 10 Tampoco harás rebusco de tu viña ni recogerás las uvas caídas. Se lo dejarás al pobre y al emigrante. Yo soy el Señor vuestro Dios.
11 No robaréis ni defraudaréis ni os engañaréis unos a otros.
12 No juraréis en falso por mi nombre, profanando el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor.
13 No explotarás a tu prójimo ni le robarás. No dormirá contigo hasta la mañana siguiente el jornal del obrero.
14 No maldecirás al sordo ni pondrás tropiezo al ciego. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor.
No daréis sentencias injustas. 15 No serás parcial ni por favorecer al pobre ni por honrar al rico. Juzga con justicia a tu prójimo.
16 No andarás difamando a tu gente, ni declararás en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor.
17 No odiarás de corazón a tu hermano, pero reprenderás a tu prójimo, para que no cargues tú con su pecado.
18 No te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.
31No acudáis a nigromantes ni consultéis a adivinos. Quedaríais impuros por su causa. Yo soy el Señor vuestro Dios.
32 Álzate ante las canas y honra al anciano. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor.
33 Si un emigrante reside con vosotros en vuestro país, no lo oprimiréis. 34 El emigrante que reside entre vosotros será para vosotros como el indígena: lo amarás como a ti mismo, porque emigrantes fuisteis en Egipto. Yo soy el Señor vuestro Dios.
35 No cometáis injusticias ni en los juicios, ni en medidas de longitud, de peso o de capacidad. 36 Tened balanzas exactas, pesas exactas, fanegas exactas y cántaros exactos. Yo soy el Señor, vuestro Dios, que os sacó de Egipto. R. Amén.

Psallendum (Sal 118, 49s. 51s)
Me has dado esperanza, Señor, este es mi consuelo en la aflicción. V. Los insolentes me insultan sin parar, pero yo no me aparto de tus mandatos, recordando tus preceptos antiguos. R. En la aflicción.

Apóstol
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (Ef 5, 15-20).
R. Demos gracias a Dios.
Hermanos:
15 Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos, 16 aprovechando la ocasión, porque vienen días malos. 17 Por eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere. 18 No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje, sino dejaos llenar del Espíritu. 19 Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor. 20 Dad siempre gracias a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (Lc 15, 1-10).
R. Gloria a ti Señor.
En aquel tiempo:
1 Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. 2 Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
3 Jesús les dijo esta parábola: 4 «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? 5 Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; 6 y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”. 7 Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse».
8 «O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? 9 Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”. 10 Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte». R. Amén.

Laudes (Sal 149, 5)
Aleluya. V. Se alegrará el justo en su gloria, cantará jubiloso para siempre. R. Aleluya.

Sacrificium (Lv 26, 3-4. 12)
Si seguís mis leyes y practicáis mis preceptos, dice el Señor, yo os mandaré la lluvia a su tiempo; la tierra dará sus cosechas y los árboles sus frutos, aleluya, aleluya. V. Pondré mi santuario entre vosotros y no os rechazaré. R. Aleluya, aleluya.

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, mirad cómo toman fuerza las tentaciones del antiguo enemigo, que pretende envejecerlo todo y se cometen crímenes, se ponen de manifiesto las más vergonzosas lacras y se propaga el terrible vicio de la infidelidad. Con ello se socavan los cimientos del mundo, parece que va a derrumbarse toda su organización, y hasta se resquebraja el vigor de la Iglesia Católica. Todo el universo podría venirse abajo si por los clamores de la penitencia no aplacáramos a Dios, confiándonos a su misericordia. Por eso, al ir pasando los meses celebramos estos días de ayuno, para buscar, alabándole, el rostro de Dios, y suplicarle que no deje perecer al mundo aplastado por el hundimiento del cielo, provocado por la multiplicación de los crímenes, ni deje que la tierra, abriendo sus fauces, se trague al género humano, haciendo desaparecer al orbe entero en la dislocación de sus elementos. Dios se inclinará de inmediato al perdón si logramos calmar su ira aqune contemple cada día nuestros pecados, si ve también nuestro corazón contrito.
Por el auxilio misericordioso del único Dios, que reina en Trinidad y permanece por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Señor de piedad infinita, bien conocemos que tu misericordia no tiene fin. Pues si tuvieras en cuenta nuestros pecados y la frecuencia con que los cometemos, no habría nadie que pudiera escapar de tu castigo. Pero como eres incomparablemente piadoso, perdonas sin medida a los que se extravían. Y porque tu gloria abarca mucho más de lo que podemos alcanzar nosotros, tratas a los hombres sin excesiva severidad. Así que, confiando en tu misericordia, imploramos con fervor tu clemencia omnipotente para que afirmes y aumentes la fe de tu Iglesia, des el bienestar a nuestros gobernantes y les concedas equidad en el juicio, llenándolos de mansedumbre. Mira con benevolencia a tu pueblo fiel y concede el perdón a todos los que han incurrido en diversos pecados. Límpialos con la conveniente corrección y santifícalos después de perdonarlos. Así, por la fe, llegarán a la gloria eterna y por sus buenas obras obtendrán el resplandor de la felicidad eterna. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Dios, que eres el único puro, y con tu gracia conviertes en puro lo que no lo era, líbranos de toda mancha de pecado. Así, justificado por tu poder, nuestros nombres queden inscritos en el cielo y las almas de los fieles difuntos queden libres de su morada de dolor, y lleguen al lugar de la paz y del refrigerio. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Cristo Jesús, que al derramar tu espíritu en los corazones de tus discípulos les comunicaste el don de la paz, aparta de nosotros por esa misma paz las enemistades disimuladas y todas las obras de las tinieblas. Llámanos a la dulce concordia cuantas veces quedemos privados de la paz al ofenderte con nuestros pecados, y concédenos a todos mantenernos firmes por tu gracia en el compromiso de la paz. Mantén unidos a tus sacerdotes en la caridad fraterna, otórgales la pureza de cuerpo y alma, llevándolos por el camino de tu voluntad. De forma que al ser partícipes de tus dones, merezcamos quedar indisolublemente unidos a ti por los abrazos de la caridad. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
En verdad es digno, Dios todopoderoso, en verdad hermoso y glorioso sobre toda ponderación, que sin cesar te demos gracias, Señor, Dios nuestro, y con júbilo incontenible ensalcemos tu majestad. Cuando manifiestas tu ira estás reconviniendo a los equivocados con piedad paterna, y cuando te muestras benigno nos concedes los inmensos dones de tu gracia. ¿Quién podría ofrecer dignos obsequios a tu majestad? No tenemos medio de comparar tu grandeza y tu misericordia. Son tantos los crímenes y las malas acciones que se perpetran sin vacilar, que con razón dice el Apóstol que no hay nadie digno de alcanzar el reino celeste. [Pues la fornicación hiere las almas de muchos, la impureza los ensucia, la lujuria los mancha; la avaricia, que es servidumbre de idolatría, los corrompe, los favores les pervierten, las disensiones les perturban; la profanación de tu nombre y la transgresión del juramento gravemente los deprime; y otras muchas cosas que con turbulentos movimientos desgarran los corazones de los hombres y van tomando incremento para nuestro mal. Según va envejeciendo el mundo, vemos hervir al fuego la enorme olla de nuestros pecados. Y viéndonos asediados de tales molestias, no hallamos mérito alguno en nuestras vidas que podamos alegar en tu presencia para consuelo nuestro. Nos tienen atados nuestras maldades y estamos paralizados totalmente porque nada hay en nosotros que escape a tan estrechos lazos. Ninguna de nuestras acciones podemos alegarla como mérito. Pero como nos mandas tener confianza en tu piedad, porque no quieres la muerte del pecador sino que se convierta y viva, seguimos esperando en tu nombre y nos mantenemos en la paciencia que brota de la esperanza saludable. Practicando, pues, la penitencia que en el transcurso de los meses nos va marcando por los delitos de todo el pueblo, te ofrecemos este sacrificio de salvación, pidiéndote que perdones con tu misericordia todo aquello con que diariamente te ofendemos, de obra y pensamiento. Pues somos obra de tus manos, no nos juzgues en tu ira tal como merecemos. Da el bienestar temporal a nuestros reyes y a las autoridades de este mundo que te son fieles: dales al mismo tiempo la moderación en el ejercicio del poder. Perdona propicio a todo el pueblo cristiano todo lo que hace contrario a tu voluntad. Líbralos de todas las vejaciones que pretende imponerles la prepotencia de los infieles, y aparte de ellos las insidias del astuto enemigo.] Protege a los que alguna vez han caído en el pecado para que no vuelvan a incurrir en él. Aleja de nuestras fronteras la peste, el hambre y cualquier calamidad; concédenos la tranquilidad de la tierra, la abundancia de sus frutos y de tus gracias, y la mejoría que alivie a los enfermos. Así, Padre todopoderoso, por tu largueza veremos conseguido todo lo que nuestros labios mortales se atreven a pedirte; y bien unidos a ti por el don de la caridad, llevados por la esperanza, podremos proclamar con todas las potestades del cielo:

Post Sanctus
Santo y bendito es en verdad nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Él castiga con justicia a los pecadores y los libra con su misericordia de las angustias que tienen merecidas. Por eso te pedimos humildemente, Dios clementísimo, que apartes de nuestros corazones nuestras malas costumbres, y por estas sagradas ofrendas nos consagres para ti mismo como mansiones limpias en que puedas reposar.
Cristo, Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Derrámate, Dios todopoderoso, sobre este sacrificio que te ofrecemos, y aunque nosotros te lo ofrezcamos con manos impuras y sin méritos, por tu clemencia, resulte aceptable en tu presencia. Así, al recibir cada uno de nosotros con plena devoción el manjar dulcísimo de tu sagrado cuerpo y sangre, sienta el que procedió rectamente que ha alcanzado por ello tu protección, sienta el indigno que alcanzó el perdón de sus faltas, el enfermo el alivio de sus males, el arrepentido que no tenía esperanza sienta que se le imparte el consuelo y el ánimo, y los que se encontraban vacíos de buenas obras, libres del peso de los pecados, se gocen de haber alcanzado de ti la compañía de tus santos. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
¿Qué podría ofrecerte dignamente, piadosa Trinidad y Dios nuestro, la frágil y enferma naturaleza humana que cada día se carga de tantas clases de pecados? No hay hora, minuto o momento en el que no te ofendamos, oh Dios, y por eso nos acercamos angustiados al trono de tu majestad. Ponemos de manifiesto nuestros crímenes por medio de la confesión oral, descubrimos nuestras iniquidades, destapamos nuestras llagas, y solicitamos de ti, verdadero médico, que se apliquen fomentos a nuestras úlceras. Por eso, porque tú eres el Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, nos postramos para solicitar de tu divina omnipotencia, que quieras perdonarnos tantas veces cuantas te ofendimos, para que según tu precepto, aunque seamos indignos, alcemos nuestra voz desde la tierra:

Benedictio
Cristo, Hijo de Dios, un solo Dios con el Padre y Espíritu Santo, reciba con clemencia nuestro sacrificio en este ayuno penitencial, por la estabilidad de la Iglesia de Dios y la salvación de todo el pueblo. R. Amén. El que sufrió en solitario el sacrificio de la cruz, por nuestra salvación, limpie vuestro corazón de todo afecto de vanidad. R. Amén. Para que, purificados de la universal corrupción del delito, alcancéis de Él el premio de la promesa realizada. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Nutridos con el Cuerpo de Cristo y santificados con su Sangre demos gracias a Dios, Padre Todopoderoso, para que en virtud de tal alimento, perseveremos aquí en costumbres santas y consigamos la gloria en el reino venidero. R. Amén.
Por la gracia tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.