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Homilía de la Sepultura del Divino Cuerpo del Señor (XIV)

Introducción
 
En este fragmento, también de considerable extensión, nos hallamos con una descripción básicamente militar, siguiendo el orden militar bizantino en tiempos del soldado y emperador Leoncio (h. s. VII dC). Este habría librado a Constantinopla de la opresión de Justiniano II, pero su gloria fue breve: duró hasta el 698. Con respecto al Arzobispado chipriota de Constancia, éste la restauró de Nea Justiniapolis, donde le trasladó la autoridad episcopal el susodicho Justiniano II (685-695. 705-711). Así lo afirma A. Vaillant (Zagreb 1958), 16. Por otro lado, G. Ostrogorsky, Storia dell’impero bizantino (1968 en italiano; 19633 en alemán), afirma de la religiosidad de dicho emperador, que subió jovencísimo al trono, con 16 años, aunque su política religiosa, sea en relación a la doctrina cristiana, sea a la relación de las Iglesias ortodoxas con la Iglesia de Roma y el Romano Pontífice, no fueron ni las mejores ni las más oportunas.
 
Prosigue el Sermón atribuido a San Epifanio sobre el Grande y Santo Sábado (sección XI)
 
El que ayer ciertamente rehusó como dueño de casa las legiones de los ángeles y dijo a Pedro: «Puedo ahora pedir apostarse más de doce legiones de ángeles (cf. Mt 26,53)», hoy de modo digno de Dios y de modo bélico y señorial desciende a lo inferior del hades y la muerte, y contra el Tirano de la muerte a través de la muerte, no sólo teniendo doce legiones inmortales de ejércitos incorpóreos y de manípulos invisibles, sino que millares de millares y miles de miles de ángeles (cf. Dn 7,10), arcángeles, potestades, tronos, seres de seis alas y seres sin alas, de legiones de seres celestiales de múltiples apariencias, preceden y ofrecen e himnodian a Cristo como su propio Amo y Rey. Estos no están metidos en batalla – ¡qué va! ¿en virtud de qué pacto bélico el Cristo todopoderoso se va ver entrometido? – sino conforme al deber de amor con que estos deben siempre tributar al Señor Dios.
 
Dignos son algunos lanceros, soldados y cetreros luminosos del cetro real del Dios y Señor. Con rapidez divina, raudamente se anticipan mutuamente a la par que se ponen a la acción que se debe realizar a la orden, y que se disponen por la Victoria frente a la línea de batalla de los enemigos y tiranos. Por esto descendieron entonces al campo corriendo con [su] Dios y Señor hacia los lugares ínfimos y a lo más profundo de la tierra toda de todos los que yacen desde antiguo en el inframundo como domicilio, para sacar a los constreñidos y quienes allí yacían desde antiguo (cf. Ps. 67,7).
 
Y como sea que la presencia del Señor, llegada portadora de la Luz matutina, alcanza las cárceles del hades y [sus] moradas y [sus] calabozos y [sus] cavernas, todas con puerta, sin sol ni ocaso, se adelanta a todos el archiestratega Gabriel, como de costumbre, para llevar el Evangelio de la alegría a los hombres, y pronuncia una palabra fuerte, propia de un arcángel y alto dirigente militar, luminosa y leonina a las fuerzas opuestas, y dice: «Alzad las puertas, oh príncipes vuestros».
Después de él grita también Miguel: «Y levantaos, puertas eternas (cf. LXX Ps 23, 7-9)».
Después las virtudes dicen: «Retiraos, porteros perversos».
Después los principados con autoridad [dicen]: «Rompeos a pedazos, oh ataduras irrompibles».
Y otro: «Avergonzaos, oh contendientes enemigos».
Y otro: «Temed, tiranos perversos».
Marcos Aceituno Donoso