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28 de agosto: San Agustín.


(Rito hispano-mozárabe)

28 de agosto
san agustín
(Memoria)



Nace este gran santo en Sauk-Ahras (Argelia) el año 354. Su madre era una ferviente cristiana, santa Mónica; su padre, un doctor pagano. En su juventud se hace maniqueo y convive con una mujer, de la que le nace su hijo Adeodato. Se bautiza con su hijo, que muere al poco tiempo.
Es ordenado presbítero y en el 396 asume la Sede de Hipona, que ocupará hasta su muerte, en el 430, mientras los vándalos asedian la ciudad. El ejemplo de su vida y escritos hicieron de él un pilar de la Iglesia de su tiempo.
Su influjo fue enorme tanto en los concilios como en los textos litúrgicos hispanos. Su culto, sin embargo, no parece revestir la entidad de conmemoración litúrgica hasta el siglo X.

Prælegendum (Ct 4, 11; Sal 111, 2)
De la boca del justo mana la miel, aleluya, la dulzura del panal está en su lengua, aleluya, un panal que destila son sus labios, aleluya, aleluya. V. Su linaje será poderoso en la tierra, la descendencia del justo será bendita. R. Un panal que destila son sus labios, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Un panal que destila son sus labios, aleluya, aleluya.

Oratio post Gloriam
Al glorificarte, Señor, evocando la memoria de san Agustín, enriquece nuestras almas con los dones de tu gracia, y haz que el santo, cuya fiesta hoy devotamente celebramos, fije solícitamente en nosotros su mirada y nos admita para siempre bajo su protección. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, digno de toda alabanza, que vives, y sobre todo reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.


Profecía
Lectura del libro del Eclesiástico (Ecclo 31, 8-11).
R. Demos gracias a Dios.
Esto dice el Señor:
8 Dichoso el rico de conducta intachable
que no corre tras el oro.
9 ¿Quién es? Le felicitaremos,
pues ha hecho maravillas en su pueblo.
10 ¿Quién sufrió esta prueba y fue hallado perfecto?
Será para él un título de gloria.
¿Quién pudo transgredir la ley y no la transgredió,
hacer mal y no lo hizo?
11 Sus bienes se consolidarán,
y la asamblea proclamará su bondad. R. Amén.

Psallendum (Sal 118, 97s. 101. 51)
Cuánto amo tu voluntad, todo el día la estoy meditando. Me haces más sabio que mis enemigos. V. Aparta mi pie de toda senda mala, para que guarde tu palabra. No me apartes de tu ley. R. Todo el día la estoy meditando.

Apóstol
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (Rm 10, 8-13).
R. Demos gracias a Dios.
Hermanos:
Esta es 8 la palabra de la fe que anunciamos. 9 Porque, si profesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo. 10 Pues con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con los labios se profesa para alcanzar la salvación. 11 Pues dice la Escritura: Nadie que crea en él quedará confundido. 12 En efecto, no hay distinción entre judío y griego, porque uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan, 13 pues todo el que invoque el nombre del Señor será salvo. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 11, 25-30).
R. Gloria a ti Señor.
25 En aquel momento tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. 26 Sí, Padre, así te ha parecido bien. 27 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. 28 Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. 29 Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. 30 Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera». R. Amén.

Laudes (Sal 93, 12)
Aleluya. V. Dichoso el hombre a quien tú educas, Señor, al que enseñas tu ley. R. Aleluya.

Sacrificium (Prv 2, 3-6. 10-12)
Si invocas a la inteligencia y llamas a la prudencia, si la procuras como el dinero y la buscas como un tesoro, entonces comprenderás el temor del Señor, y alcanzarás el conocimiento de Dios. Porque es el Señor quien da sensatez, de su boca proceden saber e inteligencia, aleluya, aleluya. V. Así entrará en tu mente la sensatez, y sentirás gusto en el saber, la sagacidad te guardará, la prudencia te protegerá, para librarte del mal camino, del hombre que habla perversamente. R. Porque es el Señor quien da sensatez, de su boca proceden saber e inteligencia, aleluya, aleluya.

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, hemos de celebrar siempre con gran devoción las solemnidades de todos los mártires y confesores, y ésta del discípulo de Cristo, el obispo Agustín, no vamos a decir que sobresalga de las demás, pero tampoco podemos considerarla menos importante, pues aunque no esté señalada con el rojo de la sangre, tiene un más alto brillo por su predicación. No es de extrañar que todo nuestro ser reciba con respeto la voz que resonó en el mundo entero. Tampoco hay que admirarse porque aborde cuestiones que ya se contienen en la predicación de los apóstoles, pues el apóstol Pablo, que se destaca en su trabajo, dice que completa en su ser lo que falta a la pasión de Cristo. De modo que, vuelve a nosotros como cada año este agosteño descanso en nuestras labores, imploremos con gemidos del alma la ayuda de tan gran doctor, para que se haga presente en favor nuestro ante la suma Trinidad y único Dios, el que con su lengua, claramente, o al menos con enigma, y también con sus escritos, nos adoctrinaba en el conocimiento de la misma Trinidad. Su palabra de miel no sólo afianzó a los que estaban firmes, aumentando su vigor, sino que también trajo a la fe a los caídos y perdidos. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Buen Jesús, Señor y redentor nuestro, que siendo cabeza de la Iglesia católica otorgaste a unos quedar ungidos en su propia sangre al dar su vida por ti, y a otros brillar con nítida claridad en el ministerio de la predicación, de forma que en aquellos quedara patente la lucha de los valientes vencedores, y en estos el apoyo para sostener a los vacilantes, cuando en el primer caso los valientes aprenden a no dar la espalda, y en el segundo los caídos pueden levantarse en la lucha contra la serpiente engañadora. [Pues es más sublime volver a los caídos a su anterior estado que fortalecer a los justos en su perseverancia, porque estos conservan lo que no perdieron, pero aquellos vuelven a recibir lo que ya por su culpa tenían perdido. Concede a tu Iglesia que cumpla sus promesas y votos permaneciendo asentada en la predicación del egregio doctor, que no se aparte nunca de sus buenos propósitos, purificando siempre sus obras, para que no quede sometida a la culpa. Y tú, padre Agustín, buen pontífice, evítanos las caídas de las que tú te libraste prevenido por la misericordia de Dios. Acuérdate del pueblo y hazte portador ante Dios de los anhelos de cada uno. Así, por tu intercesión, tengan los pontífices entre los pueblos el altísimo prestigio de un castillo enriscado, y no se aparten del camino recto ni en su conducta ni en su predicación. Puedan ellos hablar a los más altos dignatarios con una confianza basada en la verdad, que aproveche a unos y a otros para hallar expedito el camino a la patria del cielo. Procedan los presbíteros grave y honestamente, manifestando diligente disposición para ofrecer el sacrificio; y muchos animados con su ejemplo, puedan alcanzar en el futuro el premio de la gloria. Acostumbren los levitas a servir el cáliz prestamente, con extremada limpieza, para que puedan desear meritoriamente el reino celestial. Estén prontos los demás ministros de los órdenes eclesiásticos a ofrecer como un sacrificio el sufrimiento de las adversidades, para que así, después de su muerte, puedan quedar comprendidos en las listas de la salvación. Tengan todos los clérigos un exquisito cuidado en su servicio y una sincera castidad, para que no queden sujetos a culpa alguna que los condene en el último juicio. Tengan los monjes amortecido el deseo del placer mundano, para que no resulten frustrados en sus trabajos. Ejerzan los reyes y todos los que gobiernan un poder moderado, para que en el día terrible su piedad sean coronados. Guarden los lascivos y los impúdicos la pureza de su carne, no vayan a quedar excluidos, por sus manchas, de estar presentes ante la verdad. Mantengan las vírgenes la fuerza incorruptible de su pudor, para que, siguiendo a todas partes al Cordero, puedan entonar el magnífico canto que las distingue. Perseveren los célibes en su castidad y los casados tengan en pureza sus relaciones para procrear los hijos. Que los soberbios inclinen su cabeza a la humildad y los presuntuosos moderen la hinchazón de sus pensamientos. Sepan los iracundos reprimir la violencia de su ira y los envidiosos se dejen dominar por la benignidad. Que los sabios basen su ciencia en ti y los necios salgan de las tinieblas de la ignorancia. Amen los neófitos el renacer que da el agua del bautismo, y los judíos, deponiendo su obstinación, reconozcan el misterio de la encarnación de Cristo. Que los herejes conozcan plenamente la verdad y los cismáticos queden unidos a la fe católica. Y porque todos los que procedemos del primer padre y estamos hundidos hasta el cuello en esta catástrofe, y nadie puede salvarse por sí mismo sino sólo quien recibe la gracia y la ayuda divina, suaviza nuestra dura condición: que manifestemos después de nuestras caídas una mayor inclinación a la penitencia, para que no volvamos a incurrir en las mismas faltas que deploramos, sino que sintamos el gozo de haber obtenido el perdón de las faltas que confesamos. ] R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Esta es tu Iglesia, Dios todopoderoso, que esparcida por toda la besana del mundo, pero unida en un solo cuerpo, te implora con una sola voz por todos, lo mismo los presentes que los ausentes, y ofrece sus sacrificios con devoción genuina, lo mismo para impetrar tu ayuda por intercesión de tan alto pontífice, por aquellos que permanecen en esta vida perecedera, para que no se dispersen más, que por las almas que no duermen, para que queden libres del tártaro y se gocen de haber obtenido el consuelo eterno. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Nos acordamos, Señor, nos acordamos: no nos olvidamos lo mismo que Agustín, saciado de la dulzura de tus secretos entre todos los rutilantes preceptos que exhalan el perfume de néctar de tus mandatos, que renuevan en casi toda la extensión del mundo, y tal como fueron derramados de su boca como flores, recomendó que nos acogiéramos a las banderas de tu paz. Por eso, fuente y causa sin origen, que engendrando el amor de tu misma esencia le diste al engendrarle que también de él procediera el amor, que es la unión entre dos, y así con él, se complete la Trinidad en una misma substancia, y se centre la fe en una sola caridad esencial, nosotros, postrados en tierra con gemidos del alma, te pedimos que con el misterio de esta santa caridad nos llenes torrencialmente, para que, apoyados en esta doble dulzura del amor de Dios y del prójimo, podamos vernos libres de los castigos merecidos y unirnos perpetuamente al grupo de los elegidos. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es justo y necesario, es en verdad digno y hermoso que, con todo el afecto del corazón, con todas las fuerzas de nuestro cuerpo, con palabras convenientes y muchos cantos te aclamemos, oh Padre sin principio, origen y fuente de la luz por medio de la luz verdadera, tu dulcísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, antes del cual no existes ni eres después del mismo, sino que, según aquel inefable modo de decir, siempre eres engendrador de aquel que es siempre engendrado y que de ambos procede la tercera persona, el Espíritu Santo, el Espíritu que no es una naturaleza distinta. Y así expresemos la secreta ansia del deseo del corazón, e iniciemos a honrarte, a ti, que nos harás bienaventurados: tú que convertiste a este pontífice de seguidor de la herejía maniquea a en cumplidor de tu fe. Como Pablo, tocado interiormente por el soplo divino, al instante por la fuerza de la fe destruye lo que por largo tiempo había mantenido equivocadamente; defiende ahora lo que antes amenazador atacaba; ahora ansía fervorosamente por la fe lo que, cegado, antes odiaba. ¿A quién no bastará releer sus libros que ha llenado con las corrientes que manan del seno de tu Iglesia? ¿Qué herejía existe que no haya puesto a prueba con su lengua? ¿Qué cisma ha existido que no haya reducido de nuevo a la trama original? Lo diga África, que fue infectada con el veneno de Donato. Quiero decir que dio a conocer a todo el mundo a aquel que movía acá y allá grupos  que rezumaban tiña mortal. Finalmente, la Iglesia única alabe que, con materna piedad haya alimentado a cuantos huían de sus enseñanzas que rezumaban hiel. En esto muestra toda su grandeza y por encima de la naturaleza humana exhala fragrante lustre. Luego los libros que comenzó a escribir en su juventud acerca de la inefable y única Trinidad, los  terminó en su ancianidad, de modo que pudo cantar: “Desde mi juventud en mi oración busqué abiertamente la sabiduría; desde muy pronto pedía por ella y hasta el final estaré buscándola”. Dios, que retumbas en los cielos, ¿quién puede impedir examinar tus decisiones con las que has dado la posibilidad de enriquecer el mundo, lleno de sabiduría? ¿Quién puede alabar cumplidamente, como es justo, cuanto eres dador en cada uno, cuando ninguno se engaña en su interior y sin embargo ninguno se expresa exteriormente en palabras del mismo modo; ninguno se separa de lo verdadero pero ninguno recupera su realidad con la palabra? Por esta razón, porque entre todos tus inmensos dones no existe un espíritu tan excelso que con voz infatigable exprese desde la tierra, como es digno, con cantos la justa alabanza, a nosotros pobres siervos tuyos, cuando termine nuestra vida, líbranos de toda culpa, y por los méritos de tu obispo llévanos al cielo, de modo que unidos al coro de los justos, cantemos himnos junto con los querubines y digamos:

Post Sanctus
Santo, inabarcable, inmenso y glorioso es en verdad nuestro Señor Dios, que siendo para todos la luz de la ciencia te entregas totalmente a los corazones de cada uno, quedando tú entero y sin poder dividirte en partes.
Cristo, Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Cristo Jesús, tú eres el pontífice de los pontífices y el sacerdote de los sacerdotes, y sabemos sin género de dudas que, por la salvación de todo el mundo, te has hecho un poco inferior a los ángeles y mediador entre Dios y los hombres, y te ofreciste al Padre por nosotros en la tierra como víctima sin mácula, y después de resucitar de entre los muertos regresaste junto a la sede del Padre, desde donde esperamos que vuelvas como juez terrible para examinar las acciones de cada uno. Por esto, dado que no confesamos en vano que nos encomendaste hacer  memoria de tu cuerpo y de tu sangre, confiados por tan gran promesa de amor, de que quien participe de este banquete no conocerá la muerte para siempre, ofrezcamos este sacrificio en favor  de la salvación de los hombres que han pecado y por el bien de la iglesia católica, de modo que te sea aceptable. Que descienda, Señor, sobre este altar el Espíritu Consolador que comparte contigo tu misma naturaleza y que santifique lo que se ha ofrecido. Que habite en el corazón de los que tomarán parte en el mismo, de modo que los purifique y los conserve siempre en la unidad del seno de la Iglesia Madre a quienes por los que se ofrece. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Palabra eterna del Padre y lengua del dulce Engendrador, suavidad de la eternidad; en la memoria de tu obispo compadecido presta atención a nuestras lágrimas y suspiros. Y dado que hemos dejado escapar la patria celestial, que esperábamos por razón de nuestra condición de hijos, humillados hemos deseado lo más bajo; y no existe quien pueda  invocarte sin temor. Sin embargo, inclina piadoso tu oído hacia nosotros, Tú que te has entregado a la muerte por los miserables. ¿Cuánto estás dispuesto a conceder a los redimidos tú que te mostraste una vez  en favor de los que habían perecido? Por eso, hemos sido llevados desde la triste realidad de  desesperación al anuncio de la esperanza de que te tenemos como abogado ante el Padre, y que por ti seremos escuchados en el cielo, cuando desde la tierra elevemos la oración que tú mismo nos has enseñado:

Benedictio
Que la Sabiduría de Dios Padre que aun siendo invisible, por nosotros se hizo visible, ilumine los secretos de vuestros corazones por intercesión de san Agustín. R. Amén. Que, imitando las virtudes de San Agustín, vuestra fe sea capaz de superar toda clase de engaño.  R. Amén. Que confortados por la protección de tan gran Padre, podáis vencer al enemigo que incita las pasiones y recibáis después de la muerte la herencia celestial. R. Amén.
Que lo conceda aquél, que vive con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Invocamos tu bondad, Padre clementísimo, pidiéndote que recibas con agrado la solemnidad que hoy hemos celebrado en honor de tu santo confesor Agustín. Y, así como a él lo coronaste de gloria, concédenos a nosotros por su intercesión, el perdón y la remisión de todas nuestras culpas. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas por los siglos de los siglos. R. Amén.