25 de agosto: San Ginés.


(Rito hispano-mozárabe)


25 de agosto
san ginés
(Memoria)



La tradición discrepa con respecto a san Ginés: unos sostienen que se trata de un comediante romano que, interpretando una parodia burlesca de la Iniciación Cristiana, se convirtió y confesó públicamente su nueva fe, por lo que la turba enfurecida de paganos le asesinó en el año 300; otros sostienen que esta historia es de san Gelasio, y que el auténtico Ginés era un escribano de Arlés, al sur de Francia, que se negó a copiar un edicto imperial de persecución contra los cristianos.
La liturgia hispana parece inclinarse por ver en san Ginés al comediante. Su culto pudo comenzar localmente en la época visigoda.

Prælegendum (Sal 20, 6-7; 111, 1)
Lo has vestido de honor y majestad, aleluya, le concedes bendiciones incesantes, aleluya, aleluya. V. Dichoso quien teme al Señor y ama de corazón sus preceptos. R. Le concedes bendiciones incesantes, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Le concedes bendiciones incesantes, aleluya, aleluya.


Oratio post Gloriam
Cristo Señor, es grande la constancia en su martirio de tu mártir Ginés, por eso te rogamos que justifiques nuestras obras y concedas nuestros deseos, ya que somos frágiles por la debilidad de la carne. Así los que no podemos confiar en nuestras buenas obras, por la celebración de esta festividad alcancemos la deseada remisión de nuestras culpas. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Profecía
Lectura del libro de la Sabiduría (Sab 10, 10-14. 17s).
R. Demos gracias a Dios.
Hijo:
La sabiduría condujo al justo por caminos rectos,
10 le mostró el reino de Dios
y le dio a conocer las cosas santas;
le dio prosperidad en sus trabajos
y multiplicó el fruto de sus esfuerzos;
11 lo asistió contra la avaricia de sus opresores
y lo colmó de riquezas;
12 lo defendió de sus enemigos,
y lo protegió de los que lo acechaban;
y, tras duro combate, le concedió la victoria,
para que supiera que la piedad es más fuerte que todo.
13 Ella no desamparó al justo vendido José,
sino que lo libró de caer en pecado;
14 bajó con él a la cisterna
y no lo abandonó entre las cadenas,
hasta entregarle el cetro real
y el poder sobre sus tiranos;
demostró la falsedad de sus calumniadores
y le concedió una gloria eterna.
17 Dio a los fieles la recompensa por sus trabajos,
los condujo por un camino maravilloso,
fue para ellos sombra durante el día
y resplandor de estrellas por la noche.
18 Les abrió paso a través del mar Rojo
y los condujo a través de aguas caudalosas. R. Amén.

Psallendum (Sal 111, 7s)
La descendencia del justo será bendita, no temerá las malas noticias. V. Su corazón está firme en el Señor, seguro, hasta ver derrotados a sus enemigos. R. No temerá las malas noticias.

Apóstol
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (Gal 3, 5-12).
R. Demos gracias a Dios.
Hermanos:
5 El que os concede el Espíritu y obra prodigios entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley o por haber escuchado con fe?
6 Lo mismo que Abrahán: creyó a Dios, y le fue contado como justicia. 7 Reconoced, pues, que hijos de Abrahán son los de la fe. 8 En efecto, la Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, le adelantó a Abrahán la buena noticia de que por ti serán benditas todas las naciones. 9 Así pues, los que viven de la fe son bendecidos con Abrahán el fiel. 10 En cambio, cuantos viven de las obras de la ley están bajo maldición, porque está escrito: Maldito quien no se mantenga en todo lo escrito en el libro de la ley, cumpliéndolo. 11 Que en el ámbito de la ley nadie es justificado resulta evidente, pues el justo por la fe vivirá; 12 en cambio, la ley no procede de la fe, sino que quien los cumpla vivirá por ellos. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 16, 24-26; Lc 9, 26s).
R. Gloria a ti Señor.
En aquel tiempo:
Nuestro Señor Jesucristo hablaba con sus discípulos y les decía:
24 «El que quiera venir en pos de mí que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. 25 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. 26 ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
26 Pues si uno se avergüenza de mí y de mis palabras, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria, en la del Padre y en la de los ángeles santos. 27 Pues de verdad os digo que hay algunos de los aquí presentes que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios». R. Amén.

Laudes (Sal 118, 86)
Aleluya. V. Los inicuos me persiguen, Señor, protégeme, Dios mío, y líbrame. R. Aleluya.

Sacrificium (Sal 115, 16-17. 10)
Yo soy tu siervo, hijo de tu esclava, rompiste mis cadenas, te ofreceré un sacrificio de alabanza, aleluya. V. Tenía fe, aun cuando dije: Qué desgraciado soy. R. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, aleluya.

Oratio admonitionis
Llenos de fe, fuertes por la esperanza, animosos por el deseo, anunciemos la gloria de la victoria del mártir san Ginés. El cual, prevenido por la gracia de Cristo, Señor y Salvador nuestro, escuchó al que le avisaba interiormente y despreció al que le mandaba exteriormente; en el ejercicio de la milicia secular desempeñando el oficio de escribano, escuchó no al que proponía preceptos de muerte sino el de los que llevan a la vida; puso mano a la obra de Dios y dispuso su oído al Creador.  Deseando pues reformarnos para nuestro Creador siguiendo su ejemplo, cantemos la gloria del Mártir y confesemos nuestras faltas ocultas, al ofrecer este sacrificio a Dios omnipotente. Aquel que previno a nuestro Mártir en lo que no había pedido, nos dará cuanto le pidamos en la confesión. R. Amén.
Por la misericordia del mismo Cristo, Dios nuestro, que, con el Padre y el Espíritu Santo, es un solo Dios y vive y reina por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Señor Dios, ¿qué podemos ofrecer a tu clemencia, nosotros, pobres, para celebrar dignamente a tu glorioso mártir san Ginés? Él, soldado victoriosísimo de tus ejércitos, no olvidadizo por razón de su triunfo, sino movido por  el fervor de los que le suplican, presentará las alabanzas que sabe que te agradan. Él, prevenido por una especial gracia de tu generosidad, obtuvo poder alcanzarte antes de buscarte; pudo vencer al diablo, antes de abrazar el arte de la guerra; entregar su vida por ti antes de iniciarse en los rudimentos de la misma fe. Se adelantó a llegar a la perfección en lugar de recorrer el camino de modo acostumbrado. Le insinuaste el deseo de morir por ti antes de que le revelases el sacramento del bautismo. Quisiste que ofreciese el sacrificio de su propia sangre antes de recibir las enseñanzas del sacerdote. Por eso, ¿quien de nosotros podrá comprender un poco la grandeza de la gloria que le espera junto a ti, quien en esta vida tan grandes cosas muestra a la devoción de tus fieles? Él, por la fuerza de tu Espíritu, superó con creces el temor de la muerte, hasta el punto de renunciar a este mundo y a todas sus peligrosas ventajas, y dejar de responder generosamente a los mandatos inútiles de los príncipes bajo cuyas crueles órdenes estaba sometido temporalmente. Con toda razón, mientras pedía la gracia del bautismo estando entre los guardias, santificado por el baño de su sangre obtuvo la corona perfecta. No le faltó el martirio que estaba implícito en su deseo. Por todos tus grandes dones y beneficios, te alabamos y confesamos abiertamente nuestros pecados, solicitando de tu benevolencia que así como le hiciste subir a los cielos limpio por el bautismo de su sangre, nos purifiques de nuestros delitos con el baño de las lágrimas. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Proclamamos tu gloria, Señor, en esta solemnidad de tu mártir san Ginés, que con su pasión ha merecido ser testigo de la fe y ha alcanzado la victoria. Adornado con el deseo de la fe y antes de haber recibido el sacramento de la regeneración, se acercó a ti, Dios único y verdadero, rechazando a los que servían a los demonios. Humildemente te rogamos con nuestra plegarias que tu misericordia acompañe a nuestros deseos inspirados por ti; y a quienes has concedido la fe puedas recompensar con el premio eterno; que la intercesión de este mártir, cuyo corazón obtuvo la fe antes del baño bautismal, obtenga el descanso de los fieles difuntos. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Unigénito Hijo de Dios, de cuyo costado brotaron los dos admirables sacramentos de la sangre y del agua, que fueron concedidos a tu mártir san Ginés para obtener la regeneración; pues no sólo fue lavado por las aguas del Ródano sino que fue renovado al derramar su sangre. Atiende las plegarias de los que te suplican y concede a quienes hemos sido regenerados vivir sin ofenderte, evitar el mal y ser renovados por la abundancia de tu bondad; que conservemos, en la paz que tú eres, el bautismo que recibimos para el perdón de los pecados. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es justo y necesario darte gracias, Señor, Padre santo, Dios omnipotente y eterno, al honrar a tus santos; pero sobre todo al recordar al bienaventurado santo y mártir Ginés, en este día en que la Iglesia universal celebra con alegría su victoria sobre el enemigo del mundo. Siendo aún catecúmeno y antes de participar en el sacramento del baño salvador, rechazando la milicia del compañero impío, no aceptó escribir en la cera virgen los edictos nefastos, rechazó las palabras de una boca impía, retiró su mano y se negó a escuchar, y su piadosa derecha se retiró como de un sacrificio antes de imprimir en la cera las palabras impías pues su mente puesta en Dios se conmovió. Al declararse el peso de la persecución, al perseguirle los ministros del diablo, para preservar el alma para el cielo entregó su cuerpo al Ródano, como si fuese el Jordán, buscando en él el sacramento; llevando el mártir a la otra orilla para honrarla, a una con la sangre y a la otra con el cuerpo. Así, Señor, lleno de tu gracia, anticipándose con su espíritu fiel a las instituciones de la fe, no habiendo aún recibido el bautismo fue consagrado en los rudimentos de la religión; no habiendo conocido aún las leyes de Dios, estaba ya lleno de Dios. Aún no era consciente de los sacramentos y ya estaba predispuesto para el sacrificio; aún no había alcanzado la libertad y ya había sido escogido como testigo de Dios. Aún no había sido llamado públicamente a la gracia y ya había sido arrebatado para recibir la corona. Fue adoptado antes de renacer; no había entrado en el agua de la fuente, pero fue  bañado por la corriente que salió de él. Fue lavado con la sangre, regenerado con la muerte; libre de toda condena, es consagrado por la espada. Dichoso el que mereció ser bautizado con semejante bautismo, que le limpió del pecado original; nunca perdería lo que redimió tal sangre, ni nunca ninguna culpa podría mancharle. Él cerró por la fe la puerta de los pecados; él llevó a cabo en su mismo al recibir el baño de sangre el sacramento del bautismo, pues no fue bañado en la fuente bautismal sino limpiado con su muerte. Concediéndolo nuestro Señor Jesucristo, al que alaban todos los ángeles y los arcángeles diciendo unánimes:

Post Sanctus
Santo y bendito es en verdad nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, al que este santo Mártir se acercó por la fe, lo buscó con sus obras y lo alcanzó con su pasión. Él, que recibió el don de la fe antes de que te lo pidiese, Dios Padre, cuando te lo pida  que lo obtenga para nosotros.
Cristo, Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Alabamos tu nombre, Señor, con el doble gesto de la palabra y del corazón, al celebrar tu favor en el triunfo de tu mártir san Ginés. Él, consumando en la debilidad la fuerza, recibió la vida eterna con el baño de sangre antes del  de la regeneración; no fue adoptado en el bautismo sino asumido; no se unió a la multitud de los neófitos sino a la compañía de los ángeles. Escúchanos, Señor, por su intercesión, y dígnate bendecir este nuestro sacrificio; al honrarte en los santos, concédenos la intercesión de tus santos. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Dios, tú te adelantas con la fe a los que se resisten, y al acompañar a los creyentes haces que no creyeran en vano; a san  Ginés le previniste con la dulzura de la gracia antes de la regeneración del bautismo; te pedimos humildemente que nos prevengas con tu misericordia para que podamos invocarte confiadamente desde la tierra:

Benedictio
Que la gracia de Cristo, que previno con la fe al bienaventurado mártir Ginés, os acompañe en vuestra vida. R. Amén. Que quién le liberó del vínculo original con las aguas del Ródano, os vivifique con el sacramento de este cáliz. R. Amén. Que quien le consagró con las corrientes del río no permita que os venza el temporal del mundo. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Que tu mártir san Ginés nos preceda, Señor, y ore por nosotros para que nuestra voluntad esté dispuesta a amarte de tal modo que nuestra debilidad no sea un impedimento; que él nos enseñe a superar las pasiones del mundo, de modo que nos anteceda para alcanzar la victoria de la caridad. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.