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15 de agosto: Asunción de Santa María.


(Rito hispano-mozárabe)


15 de agosto
asunción de santa maría
(Solemnidad)



María es modelo y figura de la Iglesia. Unida de modo singular a la persona de su Hijo y limpia de toda culpa, no conoció la corrupción del sepulcro, dato atestiguado desde la época más remota al no existir reliquias suyas en ningún lugar.
La fiesta del 15 de agosto parece tener su origen en el santuario jerosolemitano de la Kathisma, donde desde el siglo V se celebró una fiesta general de la Madre de Dios en el día de su tránsito. La fiesta, desde el Oriente, irá difundiéndose llegando a Roma en el siglo VII y a España en el siglo IX.

Prælegendum (Sal 67, 14; 44, 5)
Entre las filas de los elegidos, se ven reflejos de plata en las alas de las palomas, aleluya. Y hay en sus dorsos un resplandor de oro, aleluya, aleluya, aleluya. V. Muestra tu belleza y tu gallardía, avanza, adelántate como una reina. R. Y hay en sus dorsos un resplandor de oro, aleluya, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Y hay en sus dorsos un resplandor de oro, aleluya, aleluya, aleluya.


Oratio post Gloriam
Gloria siempre a ti, Señor Jesucristo todopoderoso, cuyas alabanzas resuenan sin cesar en el cielo y en la tierra, cuando se canta tu gloria en las alturas y en la tierra se anuncia tu paz a los hombres. Muestra tu benevolencia al clero y al pueblo que te suplican; líbranos de todo pecado, míranos propicio y otorga tu paz para siempre a nosotros y a todo el pueblo. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Profecía
Lectura del libro del Cantar de los Cantares (Ct 1, 8. 9. 15; 2, 10-12. 13. 14; 3, 6; 4, 1. 4. 7s. 12s; 6, 9s; 8, 5. 6).
R. Demos gracias a Dios.
Esto dice el Señor:
8 Si no lo sabes por ti misma,
la más bella de las mujeres,
sigue las huellas del rebaño,
y lleva a pacer tus cabritillas
junto a las chozas de los pastores.
9 Te comparo, amada mía,
a la yegua de la carroza del Faraón.
15 ¡Qué bella eres, amada mía,
qué bella eres!
¡Palomas son tus ojos!
10 Habla mi amado y me dice:
«Levántate, amada mía,
hermosa mía y vente».
11 Mira, el invierno ya ha pasado,
las lluvias cesaron, se han ido.
12 Brotan las flores en el campo,
llega la estación de la poda,
el arrullo de la tórtola
se oye en nuestra tierra.
13 En la higuera despuntan las yemas,
las viñas en flor exhalan su perfume.
«Levántate, amada mía,
hermosa mía, y vente».
14 Paloma mía, en las oquedades de la roca,
en el escondrijo escarpado,
déjame ver tu figura,
déjame escuchar tu voz:
es muy dulce tu voz
y fascinante tu figura.
6 ¿Quién es esta que sube del desierto,
como columna de humo,
perfumada con mirra y olíbano,
con tantos aromas exóticos?
1 ¡Qué bella eres, amada mía,
qué bella eres!
¡Palomas son tus ojos
tras el velo!
Tus cabellos, como un rebaño
de cabras que trisca
por la sierra de Galaad.
4 Tu cuello, cual torre de David,
edificada con sillares:
mil escudos penden de ella,
los paveses de los valientes.
7 ¡Toda bella eres, amada mía,
no hay defecto en ti!
8 ¡Ven del Líbano, esposa,
ven del Líbano, acércate!
¡Desciende de la cumbre del Amaná,
de las cumbres del Senir y del Hermón,
de las guaridas de leones,
de los montes de leopardos!
12 Eres huerto cerrado,
hermana mía, esposa;
manantial cerrado, fuente sellada.
13 Es tu seno paraíso de granados,
con frutos exquisitos:
alheña con nardos,
9 pero única es mi paloma hermosísima,
única es para su madre,
predilecta de aquella que la engendró.
Las doncellas la felicitan al verla,
las reinas y las concubinas la elogian.
10 «¿Quién es esta que despunta como el alba,
hermosa como la luna,
refulgente como el sol,
imponente como un batallón?»
5 ¿Quién es esta que sube del desierto,
apoyada en su amado?
–Te desperté bajo el manzano,
allí donde te concibió tu madre,
donde tu progenitora te dio a luz.
6 Grábame como sello en tu corazón,
grábame como sello en tu brazo,
porque es fuerte el amor como la muerte,
es cruel la pasión como el abismo;
sus dardos son dardos de fuego,
llamaradas divinas. R. Amén.

Psallendum (Sal 44, 5)
Con tu hermosura y tu gracia avanza triunfadora, caminando como una reina. V. Con su verdad, bondad y justicia, te llevará entre maravillas la diestra del Señor. R. Caminando como una reina.

Apóstol
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2Cor 10, 17-11, 2).
R. Demos gracias a Dios.
Hermanos:
17 El que se gloría, que se gloríe en el Señor, 18 porque no está aprobado el que se recomienda a sí mismo, sino aquel a quien el Señor recomienda.
11, 1 ¡Ojalá me toleraseis algo de locura!; aunque ya sé que me la toleráis. 2 Tengo celos de vosotros, los celos de Dios, pues os he desposado con un solo marido, para presentaros a Cristo como una virgen casta. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (Lc 10, 38-42; 11, 27s).
R. Gloria a ti Señor.
En aquel tiempo:
38 Entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. 39 Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra. 40 Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano». 41 Respondiendo, le dijo el Señor: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; 42 solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».
27 Mientras él hablaba estas cosas, aconteció que una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo: «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». 28 Pero él dijo: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen». R. Amén.

Laudes (Sal 44, 10)
Aleluya. V. A tu derecha, Señor, está la reina, con su vestido de tisú dorado y sus brocados. R. Aleluya.

Sacrificium (Ct 4, 4. 7; 3, 6-7)
¡Estás construida como la torre de David, sin fallo alguno! ¡Qué hermosa estás con tus atavíos! V. ¡La fragancia de tus perfumes es como la del Líbano: supera a todos los aromas! Aleluya. Esta es la que sube desde el desierto. R. ¡Qué hermosa estás con tus atavíos! V. Como sarmiento de parra, has sido perfumada con humo de incienso, como la mirra y el estoraque y los demás perfumes. Dicen los que están a su alrededor. R. ¡Qué hermosa estás con tus atavíos!

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, acudamos al Señor con efusiva devoción, dándole gracias hasta donde nos permita nuestra pobreza de expresión, inclinando nuestras cabezas ante su divina generosidad. Pues entre todo lo que él mismo nos ha inspirado, entre los principales y más eminentes dones ampliamente derramados sobre el género humano, destaca el que concedió a María, la gloriosa madre de su Hijo. Porque después del misterio de su real encarnación, de su nacimiento y pasión, y de su manifiesta ascensión a los cielos, la atrajo a sí, gloriosa, por el triunfo de la asunción. Así, una representante del género humano llega hoy en cuerpo y alma ante el trono de Dios, habiendo sido ella misma ese trono de Dios, habiendo sido ella misma ese trono por su virginidad fecunda. Es ciertamente razonable que llegue felizmente a la gloria del Hijo la que mereció tenerle en sus entrañas, elegida de Dios, por el inviolado pudor de su virginidad. Allí goza con Él, con todas las sagradas vírgenes, la que en el estado del matrimonio mantuvo sin manchas la integridad virginal. Allí, con los mártires de cuyo triunfo participa, es incluida para siempre en su catálogo, unida a ellos de modo inefable por la mano misma que extendió los cielos. A ella, por la integridad de su cuerpo y la esperanza de su sincero corazón, le fue justamente concedido ser llevada al reino de los cielos. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Padre ingénito y supremo, que acumulaste tantos y tan grandes dones sobre la gloriosa virgen María, enriqueciéndola por tu palabra con el mensaje del ángel, fecundándola de modo inmaculado por tu Espíritu, cubriéndola con tu sombra divinamente poderosa, instruyéndola con el límpido manantial de tu ciencia de cómo había de dar a luz al Salvador.  [Siendo por tu voluntad virgen antes del parto, después del parto permanece virgen por tu poder; a tu mandato responde su limpia castidad, es un milagro tuyo su virginidad inmaculada. Por su favor vuelve tu rostro a nuestra indigencia, arráncanos de nuestras frivolidades y líbranos de nuestras tendencias viciosas. ] Y como ella mereció ser elevada hoy entre los coros de los ángeles y de las vírgenes y sentir el gozo de su cuerpo intacto, así a nosotros, extirpados nuestros torpes estímulos, admítenos allí misericordiosamente para gozar de la más excelsa bienaventuranza. Para disfrutar perpetuamente con los ángeles del reino que hoy se hace más gozoso con su asunción. Para permanecer definitivamente allí donde todo el ejército celestial, alegre por la gloria de la asunción, ha visto incrementarse por ella su gozo eterno. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Dios único y eterno, nos acogemos humildemente a tu clemencia divina, recordando que has asumido a la gloriosa virgen María, por nuestro Señor Jesucristo, Hijo unigénito tuyo y de ella, al supremo e inefable trono del cielo entre las luminosas legiones de los ángeles, entre los escuadrones brillantísimos de los profetas, entre la más acrisolada nobleza de los apóstoles, entre la sagrada muchedumbre de los mártires y de las vírgenes. [A donde ningún hombre ha sido elevado, a donde ninguna categoría humana, fuera de ella, ha sido ensalzada. Ella sola pudo llegar a tal altura porque ella sola permaneció virgen después del parto, ella sola alumbró divinamente al Señor del cielo y de la tierra y llevó en su seno al Dios humanado. Confiadamente de rogamos que así como a ella la hiciste poseedora de dones infinitos, hagas que tu Iglesia, difundida por todo el universo, bajo la protección divina pueda vencer la ojeriza de cuantos la combaten, manteniendo el sentido religioso frente al sentir mundano. ] Sea tu Iglesia, Señor, gloriosa en sus dirigentes, sagrada en sus clérigos, santa en sus ministros, denodada en sus mártires, íntegra en sus vírgenes, fecunda en los castos, rica con los pobres, exuberante en los niños, clemente con los cautivos y prisioneros, continente en las viudas, liberadora de los oprimidos, consuelo para los desesperados, freno para los lujuriosos, llamada al orden para los lascivos, moderación para los obstinados, maestra para los vivos y el deseado descanso para los difuntos. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Señor Jesucristo, que nacido de una virgen eres el único esposo de las vírgenes, al frente de las cuales colocaste en su asunción a tu madre, la gloriosísima virgen María, para que las presidiera en tu reino celestial; te suplicamos, por su intercesión que nos veamos libres de la fealdad de nuestros pecados; que tu diestra poderosa nos mantenga inscritos en el censo de aquella divina inefable mansión que hoy acoge a la Virgen y que la luz de tu hermosura nos impulse a luchar con alegría hasta que nos coloques allí para toda la eternidad. Pues si los méritos que dimanan de sus dones otorgan allí tan altos e inefables sitiales, confesamos que hoy los alcanza la virgen María, por ti, Señor, que todo lo puedes. Porque tú, Señor, eres quien lo dispone todo, quien puso en paz lo humano y lo divino al precio de de tu sangre, quien se dignó hacernos hijos por generosa concesión. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es digno y justo, santo y hermoso, sumo e inefable Dios nuestro, que te alabemos con las mayores alabanzas que permita nuestra pobreza. [No podemos ni siquiera rozar el esplendor de tu gloria con nuestros labios impuros; pero, si tú nos lo concedes, alcanzaremos a bendecirte y alabarte de manera menos indigna. Tú desde el principio, al señalar con tu poder el número de los elegidos, dispusiste que algunos de ellos realizaran milagros en su vida, signos en su muerte y portentos en su asunción. A unos los resucitaste con tu omnipotencia después de su muerte, a otros los consumiste con la fuerza arrebatadora de tu espíritu, a otros los señalaste con la fuerza arrebatadora de tu espíritu, a otros los señalaste con la muerte inefable del adormecimiento. ¡Arcano sacratísimo y providencia inescrutable que a cada uno de ellos quiso sublimar al cielo de varios y diversos modos! Pero convenía que la virgen María penetrara con mayor gloria hasta lo más íntimo del cielo ya que solo ella llevó en su seno a su Dios y Señor entre todas las criaturas del cielo y de la tierra. ¡Oh inefable castidad y virginidad inmaculada que mereció ser asunta al cielo, para ver allí con los ángeles y para siempre, a Dios, cuyo Verbo fue en la tierra templo sagrado! ] No es mucho que alcance el cielo tan alto trono la que en la tierra logró parto tan admirable. No es maravilla que ascendiese al cielo por obra divina la que no se encontró igual en la tierra por la novedad de su parto. ¿Qué podemos imaginar más apropiado? ¿Acaso Cristo no había de querer consigo de quien nació, mientras permitía seguir en la tierra al discípulo amado? Debía ser allí más gloriosa, si aquí fue la más digna para que se encarnara Dios de sus entrañas. Todo esto es tu obra, Señor, que realizas todo lo que quieres, sin frustración alguna. Ante ti tiemblan hasta las potestades, te admiran los ciudadanos del cielo, con las legiones angélicas y la muchedumbre de todos los santos, con las vírgenes y los mártires y el grupo de los elegidos en la tierra, en esta fiesta de la asunción de la Virgen gloriosa, no cesan de aclamarte, diciendo:

Post Sanctus
Santo y bendito es verdad, Dios todopoderoso y eterno, tu Hijo Jesucristo, que instituyendo desde el principio todo lo visible y lo invisible, lo finito y lo infinito, creándolo todo en unión contigo y con el Espíritu Santo en el ejercicio de la omnipotencia, lo terminó felizmente con su acción divina. [Él, en la plenitud de los tiempos, anonadándose a pesar de su condición divina, sin dejar de ser Dios quiso asumir el barro de nuestra naturaleza, no para aumentar con ello la fuerza que ya tenía sino para librar al hombre del contagio mortal; no porque necesitase de escudo alguno, sino para sanar con su antídoto las heridas mortales; no para fortalecer su debilidad sino para salvar con más potencia los cielos, la tierra y hasta el tártaro; no porque antes hubiera padecido necesidad alguna sino para convertir con su gracia al pobre en rico; no porque antes siendo débil hubiera domado los ejércitos celestes y del aire, sino para abrir, todopoderoso, nuevas puertas a la gloria. Por lo que confesamos realizado lo que nunca hubiera tenido lugar de no verificarse por la encarnación del Verbo, obra de gracia y no de naturaleza. Pues asumió lo que había creado, según antes de modo milagroso había dicho de sí mismo: Dirá la madre de Sión, aquí hay un hombre. Y en ella se formó un hombre de manera admirable y milagrosa. Y de tal manera, así lo creemos, que al entrar Dios en las entrañas maternales, no perdiera ella la gloria de su virginidad, pues es lo mismo que ser creada por Él, que concebir de Él y dar a luz: no puede haber pérdida alguna en ello. Si todo esto, Señor, pudiera alcanzarse con fuerzas humanas, nunca pudiera demostrarse la existencia de lo divino. ¿Quién podría asentir a misterios tan grandes y santos como los de la Encarnación, Navidad, Ascensión del Hijo al cielo y la Asunción tan incomprensible de su inmaculada Madre, si no creyera recta y sinceramente en el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo, si no tuviera el sentido de la Asunción maravillosa de la madre? Todo es incomprensible, pero todo debemos creerlo y todo lo profesamos. Ésta es la verdadera fe con la que nos reconciliamos con Dios misericordioso y somos aceptados como hijos. ]
Cristo, Señor y Redentor nuestro.

Post Pridie
Virgen María, madre de Dios, cuya asunción gloriosa al cielo celebramos hoy, te rogamos que, aunque indignos pecadores, a donde has subido gloriosa y milagrosamente lleguemos un día nosotros, para ser felices por estas preces que te dedicamos. [Interceda allí por nosotros el mérito de tu virginidad, que desde la tierra fue inefablemente llevada al cielo tras el sueño de su tránsito, cumplido el curso de tu vida temporal. ] Que abogue allí por nosotros, indignos, tu plegaria que siempre nos ayuda; y así, libres aquí de todas nuestras culpas, merezcamos ser compañeros de los  ángeles en el reino celestial. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Señor Jesucristo, que honraste a tu madre la virgen hasta el punto de llevarla a tu presencia por la gracia de la asunción, y así la constituiste como incomparable abogada nuestra; aunque seamos indignos de tu clemencia divina, nos ha librado de nuestras inclinaciones pecaminosas la intervención de su santísima Madre, a quien hoy has coronado como virgen en el reino de los cielos; por eso nos atrevemos a aclamarte desde la tierra, diciendo:

Benedictio
Por intercesión de la sagrada virgen María, queden vuestros méritos reconocidos en la presencia de Cristo, y totalmente borradas vuestras culpas. R. Amén. Y como ella hoy goza en el cielo con los santos ángeles, así vosotros gocéis algún día por haber alcanzado el paraíso de la felicidad eterna. R. Amén. De forma que, saliendo de aquí sanos e íntegros de alma y cuerpo, lleguéis felizmente a aquella mansión en que, por su misericordia, ya nada ni nadie podrá arrancaros de su lado. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Todos los que habéis asistido a esta solemnidad de la gloriosa Asunción y por la santa comunión habéis inyectado vida en vuestros cuerpos mortales, por intercesión de la santa y gloriosa Madre de Dios seáis libres aquí de todos los males, para gozar eternamente con Cristo en el futuro. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.