10 de agosto: Santos Sixto y Lorenzo.


(Rito hispano-mozárabe)


10 de agosto
santos sixto y lorenzo
(Memoria)


El 7 de agosto del 258 moría, mártir de Cristo, el papa Sixto. Fue asesinado junto con seis de sus diáconos, atrapados en un cementerio de la via Apia, mientras celebraban clandestinamente alguna ceremonia.
Lorenzo era el séptimo diácono del papa Sixto, el único que salvó la vida el 7 de agosto. En la época visigoda parece que su culto era general, dato que algunos remontan al siglo V. Rasgo peculiar de la celebración hispana será unir las memorias de Sixto y sus compañeros con la de Lorenzo.


Prælegendum (Sal 98, 8; 108, 2)
Señor Dios nuestro, tu escuchaste a tus santos. Dios, tú les fuiste propicio, aleluya, aleluya. V. Bendito sea el nombre del Señor, desde ahora y para siempre. R. Dios, tú les fuiste propicio, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Dios, tú les fuiste propicio, aleluya, aleluya.

Oratio post Gloriam
Señor Jesucristo, que concediste al glorioso mártir san Lorenzo brillar por sus méritos más que por las propias llamas en que se consumía, de forma que el esforzado mártir hirviera más por el amor que por el calor; concédenos que una chispa de su fe nos encienda de tal modo que no seamos consumidos por el fuego de este mundo. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Profecía
Lectura del libro del Eclesiástico (Ecclo 31, 5-11).
R. Demos gracias a Dios.
Hijo:
5 Quien ama el oro no quedará impune,
quien anda tras el lucro en él se extraviará.
6 Muchos se arruinaron a causa del oro
y se encontraron cara a cara con la perdición.
7 Es una trampa para sus entusiastas,
todos los insensatos quedan atrapados en ella.
8 Dichoso el rico de conducta intachable
que no corre tras el oro.
9 ¿Quién es? Le felicitaremos,
pues ha hecho maravillas en su pueblo.
10 ¿Quién sufrió esta prueba y fue hallado perfecto?
Será para él un título de gloria.
¿Quién pudo transgredir la ley y no la transgredió,
hacer mal y no lo hizo?
11 Sus bienes se consolidarán,
y la asamblea proclamará su bondad. R. Amén.

Psallendum (Sal 123, 7. 1-3)
Nuestra alma como un pájaro, se escapó de la red del cazador, el lazo se rompió y nosotros quedamos libres. V. Si Dios no hubiera estado con nosotros, dígalo ahora Israel, si Dios no hubiera estado con nosotros, cuando se levantaban los hombres contra nosotros, nos habrían tragado vivos. R. El lazo se rompió y nosotros quedamos libres.

Apóstol
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2Cor 9, 6-13).
R. Demos gracias a Dios.
Hermanos:
6 El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará. 7 Cada uno dé como le dicte su corazón: no a disgusto ni a la fuerza, pues Dios ama al que da con alegría. 8 Y Dios tiene poder para colmaros de toda clase de dones, de modo que, teniendo lo suficiente siempre y en todo, os sobre para toda clase de obras buenas. 9 Como está escrito: Repartió abundantemente a los pobres, su justicia permanece eternamente. 10 El que proporciona semilla al que siembra y pan para comer proporcionará y multiplicará vuestra  semilla y aumentará los frutos de vuestra justicia.
11 Siempre seréis ricos para toda largueza, la cual, por medio de nosotros, suscitará acción de gracias a Dios; 12 porque la realización de este servicio no solo remedia las necesidades de los santos, sino que además redunda en abundante acción de gracias a Dios. 13 Al comprobar el valor de esta prestación, glorificarán a Dios por vuestra profesión de fe en el Evangelio de Cristo. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 6, 19-33).
R. Gloria a ti Señor.
En aquel tiempo:
Nuestro Señor Jesucristo hablaba con sus discípulos y les decía:
19 No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. 20 Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. 21 Porque donde está tu tesoro, allí está tu corazón. 22 La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; 23 pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad! 24 Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. 25 Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? 26 Mirad los pájaros del cielo: no siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? 27 ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? 28 ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. 29 Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. 30 Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? 31 No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. 32 Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. 33 Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. R. Amén.

Laudes (Is 51, 3. 12)
Aleluya. V. Los santos obtendrán gozo y alegría, y el Señor los consolará. R. Aleluya.

Sacrificium (Is 65, 23-24)
Los sacerdotes ofrecen dones al Señor, con himnos y cánticos. Y cuando le presenten las ofrendas, tomarán de ellas para el sacrificio, para bendecir mi nombre sobre mi altar, aleluya, aleluya, aleluya. V. Mis elegidos no pasarán trabajos, porque son estirpe bendecida por el Señor. Daré a los que me sirvan un nombre nuevo, que será bendito sobre la tierra. R. Para bendecir mi nombre sobre mi altar.

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, la festividad que hoy celebramos ha de animar a las almas cristianas en la práctica de las obras de misericordia, según el ejemplo de san Lorenzo, que tan maravillosamente distribuyó a la Iglesia los caudales que le había encomendado el papa Sixto, de forma que llenando las manos de los pobres, puso a buen recaudo los bienes que tenía encomendados, allí donde no podía llegar el violento perseguidor. Imitemos la paciencia del mártir los que pensamos que su vida fue santa. Traslademos también nosotros a las eternas moradas todo lo que amamos, pues somos peregrinos en esta vida temporal. Para que cuando llegue el día de la prueba, no tengamos nada que nos cueste trabajo dejar, sino que, ceñidos por la armadura de la sabiduría y el gozo espiritual, luchemos denodadamente hasta derramar nuestra sangre contra la perfidia del enemigo, manteniendo la constancia en la verdad para vencer con ella al adversario en el nombre de la Trinidad. Esta es la ofrenda que siempre agrada a Dios, que se nos hace presente en este sacrificio, en el que somos purificados al recibir su víctima salvadora. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Dios sabio y poderoso, que elegiste para gobernar tu Iglesia a tus santos consagrados Sixto y Lorenzo, dando a uno la suprema dignidad del sacerdocio y al otro el orden levítico. Te suplicamos ardientemente que en la solemnidad de este día tan grande, mires propicio a tu familia aquí congregada y atiendas a nuestras oraciones. Sixto, ejerciendo su oficio recoja y te ofrezca nuestros dones; Lorenzo, ejerciendo también su ministerio, nos alcance los remedios que pedimos. Aprendamos de aquél lo que él mismo hizo: colocar por ti su cabeza en el tajo; aprendamos de éste a no dejarnos sofocar por las llamas del mundo. Por aquél gocemos de la madurez de juicio propia de los ancianos; por éste, ocupando nuestros puestos en la lucha vigorosa de las liviandades. Así Sixto podrá ofrecernos para ser santificados en tu altar y seremos dignos de recibir de manos de Lorenzo el cáliz de salvación para el perdón de los pecados. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Dios clementísimo de todas las criaturas, por cuyo nombre lucharon virilmente los santos mártires Sixto y Lorenzo hasta alcanzar la corona con distinto género de muerte, ya que Sixto inclinó su cerviz bajo tu yugo para ser muerto a espada y Lorenzo exhaló su espíritu entre las llamas, después de advertir que dieran vuelta a su cuerpo asado en la parrilla. Te pedimos suplicantes que, por sus preces, nuestros cuerpos no se consuman en las llamas de la tentación; pero arda nuestro corazón bajo el soplo divino. Que Sixto, por el carisma de su sacerdocio, desate las ligaduras de nuestros pecados y rompa con su oración las cadenas de las almas del purgatorio, para que, ejerciendo Lorenzo su cuidado ministerial sobre todos nosotros, los vivos nos veamos libres de nuestros motivos de queja y los difuntos de sus penas. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Dios, que no permitiste que la fe del santo levita Lorenzo fuera vencida por el fuego, ni corrompida por la avaricia cuando se mantuvo invicto entre las llamas e inmune a la avaricia entre los dineros, imploramos el manifiesto poder de tu majestad, para que aumentes en nosotros la fe, base de nuestra confianza en ti, acrecientes la riqueza de nuestra caridad, des muerte a nuestras ambiciones y extingas las llamas de nuestras envidias. Así llegaremos a ti ilesos, sin dejarnos vencer de la avaricia ni de las malquerencias, renovados por el rocío de tu amor, que confortó a tu mártir asado por el fuego. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es digno y justo, equitativo y saludable, que si lo haces posible a nuestra pequeñez, presentemos la víctima de alabanza a tu santo nombre, Trinidad sempiterna, Dios todopoderoso, por los gloriosos triunfos de tus elegidos. Porque todas las grandezas que en ellos se realizan se deben a tu poderosa intervención, puesto que combates de este género no podrían iniciarse ni acabarse con victoria si tú no fueras al mismo tiempo guía y moderador. Por eso, Señor, celebramos la victoria triunfal de tus campeones, comprobando cómo llevas a cabo todo lo que quieres. Tenemos presentes, pues, cuando llegan estos días, a los que vencieron por la confesión de tu nombre, coronados de esplendores maravillosos. [Sixto es digno ocupante de la cátedra de tus apóstoles y su archidiácono Lorenzo valentísimo ganador de la gloria celestial. Pues aunque hubiera intervalos de dos o tres días en sufrir el martirio según tú lo fuiste disponiendo, lució en ellos la misma fe valerosa para alcanzar el trofeo de las promesas celestiales. Sixto, como buey acostumbrado al yugo de la mansedumbre que recomendó el Señor, inclinó su cabeza al verdugo, y transformadas sus canas en juventud refulgente, vuela al cielo con la potencia del águila. Agregado al coro de los apóstoles, espera el alma generosa de su hijo Lorenzo, porque no quiere ofrecer la víctima de su propia sangre sin aquél a quien encomendó la plenitud del ministerio en sus enseñanzas. A quien, al quedarse aquejado de su abandono le dijo que no llorase, porque le había de seguir tres días después, y que no debía acusarle de abandono, porque le quedaba un más glorioso triunfo que había de lograr burlándose del tirano, instigado en su crueldad por el demonio. Cristo, infatigable fortaleza de los mártires, cuanto más atroces son los tormentos que les aplican los crueles verdugos, mayores son las fuerzas que tú les concedes para triunfar, proporcionando tanta gloria a tus santos como desesperación a sus adversarios. Por el mismo acto de justicia reciben los infiernos al juez sanguinario y los cielos al varón inocente. Así se explica que Lorenzo, mientras se va quemando, tenga la fortaleza suficiente para lanzar al rostro del carnicero la burla de que si le agrada el majar, ya puede comerlo porque está asado. Con estas palabras, dando a los fieles ejemplo de cómo hay que despreciar a la muerte, encomendó al Padre su alma victoriosa, y tras el sudor de la batalla, refrigerado en el abrazo de Cristo, descansa a la sombra del ara celestial.] Por eso los cielos y todas las virtudes, concordes en la debida alabanza, proclaman tu grandeza; los que gozan del brillo de los siete candelabros de oro entonan la perpetua melodía de su canto inextinguible; los ejércitos de los Arcángeles danzan gozosos al exaltar tu nombre de augusta majestad; y los Querubines y Serafines baten sus alas de reflejos dorados entonando un himno de suavísimos acentos, mientras se ciernen con los poderosos remos de sus seis alas. Y por fin, los cuatro seres y los doce felices ancianos te presentan los cantos egregios, y no cesan de aclamarte diciendo:

Post Sanctus
Hosanna en las alturas. En verdad es digno y justo que en todo tiempo y principalmente en honor de tus santos, te demos gracias, Trinidad sempiterna y consustancial, Dios artífice de todos los bienes y que te ofrezcamos el sacrificio de nuestra alabanza en el día solemne de tu sacratísimo mártir Lorenzo. [Cuyo glorioso martirio celebra cada año tu Iglesia con alegría ya que, si es inferior a los Apóstoles en doctrina, no lo es en la confesión de su Señor. Él decoró con la púrpura material de su sangre aquella su nívea estola levítica, y de tal manera inflamaste su corazón en el fuego que habías venido a prender en la tierra, que no sintiera el fuego visible, que superara con la elevación de su mente las llamas que lamían su cuerpo, y no temiera, fuerte en su fe, la hoguera ardiente. Puesto sobre la parrilla, el casto ministro se ofreció a ti como nuevo sacrificio, como manjar exquisito perfectamente condimentado sobre el altar del holocausto, que despedía su olor agradable a Dios. En ella el mártir incomparable fue dejando chorrear vísceras, entrañas y médulas y soportó con valerosa e invicta paciencia el tostase de sus miembros derretidos. Extendido en la parrilla, firmemente sujeto, vació suspendido sobre las ascuas, como holocausto de piedad cocido por la cruel impiedad. Sobre ella, como sobre un altar, puso su cuerpo cual nuevo sacrificio, el ministro tan digno de alabanza, el levita tan digno de veneración, siendo él mismo pontífice y víctima a la vez, cuando el que había sido ministro del cuerpo del Señor hace oficio de sacerdote al ofrecerse a sí mismo. En él ensalzamos, Señor, tu fuerza y tu poder: pues ¿quién puede creer que un cuerpo formado de frágil materia pudiera soportar tales tormentos sin ti? ¿Quién puede pensar que miembros humanos no habían de rendirse a las llamas, si una más ardiente hoguera interior no sostuviera al hombre cercano a ti? Poder tuyo es que el alma gozosa por un rocío interior tomara a broma el cocimiento de su propio cuerpo, ofreciendo que podían darle vuelta y comer. Así fue gloriosamente coronado por ti, Señor, que eres salvador de todos y redentor de las almas.]
Cristo, Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Recordamos, Señor, tus maravillas: cómo tu levita Lorenzo no cedió ni a las amenazas ni a las llamas, él que había vencido a la avaricia en el desempeño de su función de administrador y venció también a las llamas en su martirio; te rogamos que nos des la victoria contra los inventivos de los malos deseos y que recibas estas ofrendas que tú mismo santificas, por las preces de los gloriosos mártires cuya solemnidad hoy celebramos. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Dios, que recibiste a tu levita Lorenzo, probado por el fuego, como víctima de auténtico holocausto, de forma que aún consumido por las llamas llegara íntegro a ti, para rogar por los dignos de compasión; te pedimos que, por su intercesión, enciendas en todos nosotros la lumbre del fuego celestial: así, con conciencia pura, podremos dirigirnos a ti, diciendo:

Benedictio
Cristo Señor, por cuyo nombre Sixto fue muerto a espada y Lorenzo consumido por las llamas, acepte vuestras ofrendas. R. Amén. Que por su favor, la grey católica sea defendida por Sixto y salvada por Lorenzo, al beber el cáliz de la salvación. R. Amén. Y así, defendiéndonos uno y saliendo el otro fiador por nosotros, nos inflame el ejemplo del primero y nos conforte el patrocinio del segundo. R. Amén.
Que lo conceda aquél, que vive con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Señor Jesucristo, que mostraste a tu santo mártir Lorenzo, despreciador de la vileza del mundo, como un oro purísimo que el fuego no había de consumir, sino aquilatar, de forma que cuanto más ardiera más brillase; concédenos que no consuman las llamas de la ambición a quienes iluminan los rutilantes ejemplos de tu mártir. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.