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1 de agosto: San Félix y santos macabeos.


1 de agosto
san félix y santos macabeos
(Memoria)


(Rito hispano-mozárabe)


Ver introducción a la misa de San Félix de Gerona (1 de agosto).

Prælegendum (Esd IV, 2, 23; Sal 113, 15)
A mis santos les daré un lugar preeminente, aleluya, en la resurrección eterna; y compartirán mi alegría. Resplandecerá en ellos una luz constante, aleluya; y poseerán la eternidad que les he preparado, aleluya, aleluya. V. Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto. R. Resplandecerá en ellos una luz constante, aleluya; y poseerán la eternidad que les he preparado, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén. R. Resplandecerá en ellos una luz constante, aleluya; y poseerán la eternidad que les he preparado, aleluya, aleluya.


Oratio post Gloriam
Dios, tú que eres admirable en la debilidad de tus santos mártires Félix y los Macabeos, otorga a tus siervos tu misericordia; y puesto que la pequeñez de quienes te sirven está sometida siempre al combate de las tentaciones, ayudados por los méritos de tus santos te pedimos que concedas tu benevolencia a quienes somos débiles. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas por los siglos de los siglos. R. Amén.


Sacrificium (Mt 25, 34. 31; 13, 43)
Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo, aleluya. V. Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre y todos los ángeles con él, entonces los justos brillarán como el sol en el reino de Dios. R. Preparado para vosotros desde la creación del mundo, aleluya.

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, imploremos al Dios de inmensa majestad, con toda la fuerza de nuestra piadosa devoción, para pedir el don de los ejemplos espirituales, de forma que al reunirnos en la solemnidad de este día, dedicado a varios mártires, alcancemos hermosos modelos de virtudes divinas. Para que los que celebramos la victoria de los Macabeos, inflamados en el celo de la ley antigua, venerando al mismo tiempo la dichosa pasión de san Félix, nos alegremos por la gracia de Jesucristo. Por él, Félix, armado de fortaleza de ánimo y de inexpugnable virtud, como un buen comerciante, pone su tesoro a buen recaudo en el cielo. [Se embarca para atravesar el mar, el que en el seno de la santa Iglesia se dejaba regir en las tempestades de este mundo; y mientras con ánimo generoso se ofrece a los tormentos por el nombre de Cristo, se constituye delante de él como mártir e intercesor en favor nuestro. Este es aquél que se dejó pulir por la lima de la santidad y por las pruebas de las tribulaciones, y como el oro pasado siete veces por el crisol, al asociarse en la solemnidad anual a los siete mártires unidos por el vínculo de la fraternidad, se adornó con piedras preciosas. Este en efecto, unido al coro de los santos Macabeos, sigue laudablemente al Cordero a donde quiera que vaya, cubierto de blanca vestidura que lavó en la sangre del mismo Cordero. ] Este, escuchando la voz de Dios como ávido oyente, dejó el mundo con sus operaciones, y fortalecido con diversidad de virtudes, venció en todo al enemigo. Este también, a semejanza de san Pedro, andando sobre las olas, conducido al puerto por su guía, Cristo, supera las profundidades del mar y llega a los reinos celestiales. R. Amén.
Con la ayuda de nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina en la Trinidad, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Dios, que juntas lo nuevo con lo viejo, con una sola piedad y concertada voluntad, colocando a tus mártires bajo la ley evangélica, aunque dejando ir por delante en el Antiguo Testamento a los Macabeos en el misterio de la sangre figurativa, echando allí los fundamentos del martirio, y perfeccionándolo aquí. Da a tu pueblo que aquí se reúne, que se congratule con la felicidad de Félix, de forma que cuando confiado en su amor y en su patrocinio celebra su fiesta en unión con la de los Macabeos, merezca también por intercesión de ellos, percibir lo necesario para cada uno y alcanzar para todos los bienes prometidos, que esperamos alcanzar. [Rogamos que aquí y hoy alcancen los reos indulgencia, los angustiados alegría, los enfermos medicina, los oprimidos libertad, los lujuriosos frugalidad, los disolutos continencia, los comilones parsimonia, los envidiosos benignidad, los avaros largueza, los iracundos paciencia, los soberbios humildad, y los que andan buscando las vanidades del presente mundo el consuelo en la esperanza de la vida dichosa. Te rogamos, Dios eterno, terrible y clementísimo, que por la ayuda de Félix y de los Macabeos, des a los reyes justicia con tranquilidad, a los sacerdotes doctrina con santidad, a los levitas una vida santa con un digno ejercicio del ministerio, a los ricos amor de los más alto con una baja estima de las cosas presentes, a los pobres la dicha en el futuro con suficiencia de lo presente, a los casados castidad, a las vírgenes vigilancia, a las viudas defensa, a los huérfanos tutela, para que en todo cada uno reciba lo suyo y a todos se les den todas las cosas, tomándolas de tus tesoros celestiales. Así, disponiendo de estos dones, no sean nunca abandonados por ti, que sólo abandonas a los que te abandonan; para que este pueblo se vea enriquecido a cada momento por tu piedad, mereciendo de ti que su patrono que ya subió al cielo, alcance el cumplimiento de sus deseos.] Y a ti, san Félix, acudimos para que obtengas todo esto con súplicas y gemidos, ofreciendo nuestros deseos a Dios todopoderoso, por el honor que te debemos. Cumplimos estos ritos y suplicamos por nuestras necesidades, inmolamos víctimas saludables y ofrecemos el sacrificio de alabanza, en cuanto que por la oblación mística y el sacrificio de nuestra redención, encontramos remedio en la presencia de aquel por cuya fe creemos sin vacilar que llegaste al martirio. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Dios, que eres glorificado en tus santos y aceptas para tu gloria los triunfos de tus mártires Macabeos, cuya vida y martirio te ensalzó en este mundo, y por eso les abriste el reino de los cielos. Abre a nuestras súplicas tus oídos misericordiosos, y concédenos por la intercesión de tus santos la confianza suficiente para alcanzar tus promesas, con su ayuda y por sus ejemplos. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Señor, cuya majestad señorea los siglos, que adornaste con la gloria del martirio a los Macabeos inflamados en tu amor, y premiaste a san Félix con la felicidad eterna, porque obediente a los preceptos evangélicos, emigró de su patria para venir a confesarte entre los tormentos con aquel mismo ardor con que los Macabeos derramaron su sangre por las leyes de sus mayores. Te rogamos por su intercesión cumplamos por amor toda la ley, y por la intercesión de san Félix alcancemos la vida eterna sin dejarnos arrastrar por las divisiones y enemistades de la antigua serpiente. R. Amén.
Por ti, que eres la paz verdadera y la caridad perpetua, Dios nuestro, que reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. A ti te busca aquella santa familia, generosa ya en el número de sus miembros, ensalzados por la fuerza de su martirio, cuando la dichosa madre vuelve a parir para ti, Señor, estos siete moradores del cielo, asociados en su preclara hermandad y en su muerte gloriosa. A ninguno de los frutos de su matrimonio pudo emponzoñar la fealdad de este mundo, pues si aceptó el matrimonio, fue para traspasarte hacia la Jerusalén celestial a toda su descendencia de mártires, como preciadas joyas de su corazón. Te ofreció, Señor, el holocausto de todos sus hijos, presentándolos como víctimas por el orden de su nacimiento. [Estaba de pie, en medio de los tormentos, ceñida de viril magnanimidad, contemplando con intrepidez los alardes de crueldad que los verdugos ejercitaban en las entrañas de sus hijos, gloriosa en cada uno que iba siendo inmolado. Contemplando la inacabable crueldad de los perseguidores, se alegraba de la perseverancia de sus hijos, sin que la venciera el llanto ni el gemido de su orfandad creciente. Experimentó en sí misma los siete martirios de sus hijos antes del suyo propio, sin temor de ser vencida en ninguno de ellos. Entre las diversas muertes de las prendas de su corazón y los diversos tormentos, se sintió mártir antes de morir, gozando ya de los bienes eternales. Se alegraba porque uno era sajado con uñas de hierro, de que otro fuera atado al potro, admiraba las llamas de aquel, ni la agobiaron los tormentos del otro, puesto en el ecúleo, arrancada su cabellera, miraba impertérrita los muñones sangrantes de aquel a quien habían cortado sus brazos. Confortó al otro colgado en la horca de tres dientes con sus miembros fuertemente atados y levantado con poleas. Y al otro, cuyos miembros juveniles se consumían en la sartén al rojo vivo, que rechinaba con cada chorro de aceite que le iban echando, y ella le ayudaba con su voz piadosa para que tampoco por ello se arredrara. Y viendo a todos atormentados por tal variedad de tormentos, sólo le hace suspirar la posibilidad de que alguno de ellos pereciera por no ser asumido por ti, Señor, como sacrificio de alabanza. Pero por el don de tu clemencia, Dios todopoderoso, todos tuvieron un mismo sentir, una fe, una confesión: junto a todos en la gloria del martirio una preciosa muerte. Y entonces, sobre los cuerpos desgarrados de sus hijos, se derrumba el cuerpo desmayado de la gozosa madre, y teñida con la sangre gloriosa, es ella la octava en colgar los trofeos del martirio en las puertas de Jerusalén. ] Y también Félix ha quedado felizmente unido en esta solemnidad, coronado con gracia semejante en el combate de su propio martirio. Pues con la misma entrega de sí mismo no tembló al confesar impávido, como ellos, la doctrina del santo Evangelio, y así, observando la tradición paterna de la antigua ley, se mantuvieron en su observancia. No temió entregar todos sus miembros a la venganza de los impíos perseguidores, con tal de salvar su alma, libre de la corrupción de los cultos idolátricos, para Cristo, el Señor, por cuyo amor prefirió soportar el daño de la vida temporal. [De forma que lo que aquellos consiguieron alcanzar por el Señor que tenía que padecer, lo alcanzó este cuando el Señor ya había padecido. Aquellos lo soportaron todo por amor de Cristo, con fe plena, sometidos todavía a la ley de la circuncisión, éste, gozándose de modo perfecto en la pasión de Cristo, se gloría en su resurrección, en la circuncisión del corazón, sacrificando el verdadero cordero, que borró con su sangre el documento que condenaba al mundo, y nos enseña a ascender al reino celestial, con su preclara ascensión. De ahí que con razón se pondere la santa confesión de éste entre los santos mártires, la pérdida de su vida, inmolada espontáneamente por un auténtico amor a Cristo, que resultó condecorado por la aceptación del propio martirio, como prueba de amor. Le animó a ello este provecho, con lo que le resultó breve la santificación de su vida pura, porque se había encendido en él el amor de Cristo de manera impaciente, de tal forma que, azotado por el crudelísimo esbirro del que presidía, degollado con muerte atrocísima, deseó entregar su vida en la confesión del Hijo de Dios, para reinar sin fin en la eternidad entre los santos mártires. ] Por el mismo Señor nuestro, ante cuya presencia las legiones de Ángeles y Arcángeles, los coros de los patriarcas, las coronas de los apóstoles, los méritos de los mártires y la innumerable multitud de los santos, aclaman, diciendo:

Post Sanctus
Santo y bendito es en verdad nuestro Señor Dios, tu Hijo, que hizo resplandecer para nosotros este día, ilustre por la pasión de los santos Macabeos y brillante por la felicidad de su mártir Félix. Te rogamos humildemente, Dios Padre, que en esta festividad de tus santos mártires, nos concedas lo que te suplicamos: el amor de cumplir tu ley por la que ellos padecieron, y que por la ayuda de Félix nos concedas tiempos más felices.
Cristo, Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Santifica, Dios de los cielos, estas víctimas que te ofrecemos en la fiesta de los santos Macabeos y de Félix, tu mártir, bendiciéndolos con tal dignación, que por los Macabeos nos des el propósito de sufrir las adversidades, y por Félix nos hagas herederos de la felicidad que no se acaba. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Señor, ilústranos con los siete dones del Espíritu, tú que otorgaste a los siete hermanos Macabeos, combatientes por tu ley, aguante para vencer, y por su sangre derramada les concediste una corona. A los que nos alegramos con la felicidad de Félix, concédenos lo que te pedimos: que impartas la justificación a nuestros deseos, para que con ello, y según tu mandato, podamos proclamar desde la tierra:

Benedictio
Que todos los que por el triunfo de los Macabeos y de Félix, ofrecéis hoy vuestras aspiraciones al Dios eterno, alcancéis los premios que deseáis. R. Amén. Aquellos nos hagan cumplir amablemente la ley por la que padecieron, Félix os obtenga de Dios el enriquecimiento en los dones evangélicos. R. Amén. Y así, por aquellos os agrade dar vuestras vidas por las divinas instituciones, y por este, respetando esas disposiciones divinas, alcancéis gozosos las promesas celestes. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Señor, Dios todopoderoso, que eres vida y salvación de los fieles: creemos que has de venir como juez verdadero. Sé propicio con nosotros, para que sintamos que el auxilio de tu misericordia se derrama sobre nosotros, que hemos ofrecido esta oblación por nuestra salvación y la de los nuestros, y por la expiación de nuestros pecados, en honor de tus santos mártires Félix y Macabeos; y así, los que nos hemos alimentado en el banquete de tu mesa, merezcamos conseguir como don de tu generosidad, el premio eterno. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y todo lo gobiernas por los siglos de los siglos. R. Amén.