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25 de Julio: San Cucufate.

(Rito hispano-mozárabe)

25 de julio
san cucufate
(Memoria)

Nuestro santo, martirizado en el año 304 cerca de Barcelona, nació en Cartago de noble familia. Tras vivir durante algún tiempo en Scillis, decidió pasar a España, donde se presentó la oportunidad de entregar la oportunidad de entregar su vida confesando su fe en Cristo.
En la época visigoda parece que su culto se redujo a la provincia Tarraconense; en el siglo IX, no obstante, ya está atestiguado en Toledo.

Prælegendum (Sal 93, 12; Sal 111, 2)
Dichoso el hombre a quien tú educas, Señor, al que enseñas tu ley, aleluya, dándoles descanso tras los años duros, aleluya, aleluya. V. Dichoso el que se apiada y presta y administra rectamente sus asuntos. R. Dándole descanso tras los años duros, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Dándole descanso tras los años duros, aleluya, aleluya.

Oratio post Gloriam
Dios, tú eres la fuerza invencible y el vigor indestructible de los santos; muestra tu fidelidad en tus mártires, entre los que tu santo mártir Cucufate resplandece por su paciencia vencedora; haz crecer pues con perenne felicidad a la Iglesia que te alaba, en medio de sus combates; para que honrando con toda devoción al santo mártir, obtenga de ti junto con él, la gloria de la santidad. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.



Sacrificium (Sal 115, 16-17. 10)
Yo soy tu siervo, hijo de tu esclava, rompiste mis cadenas, te ofreceré un sacrificio de alabanza, aleluya. V. Tenía fe aún cuando dije: ¡Que desgraciado soy! R. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, aleluya.

Oratio admonitionis
Acudid a vuestro mártir, gentes del pueblo, venid como un río, con amplio corazón buscad al protector de la patria aunque sepáis que no es originario de esta tierra. No está lejos de la Libia, desde la que se llega fácilmente a nuestro litoral, cuando un viento favorable empuja a las naves. Se puede nacer en una orilla y vivir en otra. La ciudad de Escilis nos envió esta prenda y nuestra tierra la envió al cielo. Aquella le dio el origen del nacimiento, esta, por su sangre derramada, le hizo renacer en el reino celestial. Nos corresponde una gloria mayor a los que recibimos su sangre que él entregó a sabiendas para eterna memoria, que a los de la otra orilla donde, sin saberlo, recibió la vida. Y pues tenemos un patrono que proporciona tales consuelos, alegrémonos en la victoria del mártir, imitemos el ejemplo del vencedor, para que merezcamos llegar al trofeo de la santidad. R. Amén.
Con la ayuda de nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina en la Trinidad, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Dios, Hijo de Dios, en la confesión de tu nombre los miembros de nuestro mártir superan el tormento de las llamas: danos en tu caridad unos corazones ardientes, para que encendidos en el fuego llameante de tu calor, no nos devalúe el moho del pecado si nos baja el calor la tibieza de espíritu, sino que más bien, recuperando la gracia que perdimos por nuestras culpas, tengamos parte contigo en los siglos eternos. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Cristo Jesús, Señor y Salvador, cuyo nombre esparce por todo el mundo penetrante perfume, concédenos que, vencido el mundo, gocemos la ciudadanía del cielo, para que nuestros nombres queden anotados donde nuestro mártir, ya glorioso, se goza contigo. Tú, que por la oración del mártir destruiste al perseguidor con sus ídolos, por su intervención acepta benévolo este sacrificio en favor de vivos y difuntos. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Cristo, Hijo de Dios, que cuando tu mártir Cucufate fue echado a las llamas terrenales le hiciste arder más vivamente con el fuego celestial, para que superase las llamas de su martirio; haz que se encienda en nosotros aquel fuego inextinguible que viniste a traer a la tierra, deseando con vehemencia que llegara a inflamarla. Así nuestras entrañas arderán vivamente para que te amemos de todo corazón y podamos mantener la auténtica caridad con nuestros prójimos. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es digno y justo que nosotros te cantemos, Dios Padre, y a Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, y al Espíritu Santo, con júbilo inefable de nuestros corazones y que te ofrezcamos víctimas de alabanza con devoción suplicante. Tú concedes a distintos lugares los consuelos de mártires diferentes y a cada lugar lo glorificas con la sangre de sus mártires propios. Mientras a los ciudaddanos de Gerona les das a Féliz, das a Cucufate al pueblo de Barcelona. Ambos nacieron en un mismo lugar, pero fueron situados en diversas ciudades, una sola tierra les da el nacimiento de la sangre, pero en distintas sedes llega al ocaso su función vital. Ambos dotados de inefable gloria, ambos dignos de ser ensalzados por la inacabable relación de sus milagros, porque como les tocó en suerte derramar la sangre de su martirio en diversas ciudades, se distinguen también por el especial privilegio de sus prodigios. [Pues aunque por su unión espiritual son llevados a la gloria, por la diversidad de sus virtudes cada uno domina a los elementos de manera distinta. Resultan vencedores sobre la oscuridad de las cárceles, sobre la debilidad debida al hambre, sobre las cadenas que sujetaban sus cuerpos, sobre los atroces tormentos. Pero, por disposición divina, Félix es elegido para que el elemento del agua le sirva con celebrados obsequios, mientras Cucufate es designado para que se le sometan las llamas. Aquél es arrojado, bien atado, a lo profundo del mar, éste sofocado con el fuego. Pero aquél flota sobre las aguas, y éste no resulta abrasado por las llamas, y uno y otro, en uno y otro elemento, quedan señalados por el milagro, cuando aquél anda sobre las olas y en éste el fuego que toca sus miembros queda apagado. Aquél no es zarandeado por las olas, éste no se quema en medio de las hogueras. Con aquél el agua se endurece bajo sus pies, en éste se consume el fuego aplicado a sus miembros. A aquél los lomos de las olas le llevan en triunfo, a éste le hace brillar el resplandor de las llamas. Aquél entre las olas entona un canto de suave armonía, éste invoca al Señor entre las llamas. Y aunque con estas grandezas queden estupefactos los corazones de los mortales, no van a cesar nuestras bocas de alabarte, buen Dios, porque no les separan los derechos de las provincias, porque sean situados en ciudades distintas, porque los mismos natales de su pasión quedan separados por una mística semana, de forma que uno se celebre cuando se está celebrando el otro, y el otro sea exaltado cuando está reciente el gozo de la primera celebración, porque uno se celebra al principio de la semana y el otro al final. Parece que dos ciudades cercanas de una misma provincia no consintieran que haya algo entre ellas que no se refiera a ninguno de los dos mártires. ] Estos, Señor, que por suerte han sido dados a nuestra patria como ayuda para la ciudad, gestionen en tu presencia los asuntos de los pueblos que se les han encomendado. Asesores para pactar los negocios de la Iglesia, tomen parte en nuestros pleitos para zanjarlos, excusen con sus méritos nuestros pecados, compongan con su oración nuestras causas. Así, sirviéndote en la vida presente con santidad y justicia, caminando alegres hacia ti, juez piadoso, corrigiendo por fin nuestras costumbres y cambiando a mejor nuestras vidas, nos presentemos a ti con estos guías después de nuestra muerte para ser coronados, proclamando y diciendo:

Post Sanctus
Santo y bendito es en verdad nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que se muestra misericordioso y admirable en las entrañas de su atleta Cucufate, de forma que habiéndose infundido sobre ellas, no perdieran la fe estando todavía encerradas en el cuerpo, ni derramadas carecieran de la novedad del milagro. Pues viendo Cristo las entrañas del mártir, derramadas en obsequio suyo en medio de los tormentos con inestimable milagro las volvió a la vida y se mantuvo viviendo en aquellas entrañas que el feroz carnicero había echado fuera del cuerpo, pues donde una vez se había el mismo derramado por la gracia, no podía consentir que llegara plenamente la muerte por la naturaleza.
Cristo, Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Cristo, Dios fuerte y admirable, te pedimos que como no permitiste que el hálito vital del alma vencedora de Cucufate, tu mártir, se extinguiera entre las llamas crepitantes, mires con rostro complacido estas ofrendas que te ofrecemos. Así sentiremos en nuestro interior cómo se vuelve más plácido el aspecto de tu serenidad, y los deseos que tus fieles formulan en su corazón se vean cumplidos por el ministerio de los ángeles. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Cristo, Hijo de Dios, que muestras la victoria de tu mártir convertida en castigo de sus perseguidores, cuando extingues los fuegos preparados para el mártir y él queda libre, mientras haces que mueran los sangrientos carniceros. Extingue en nosotros los rescoldos de la liviandad y enciende las llamas de la caridad perpetua, que nos mueva en cada momento desde lo más íntimo de nuestro ser a que con palabra y corazón te aclamemos desde la tierra:

Benedictio
Cristo el Señor, que dio la victoria entre las llamas al mártir Cucufate, aparte de vosotros los errores y las artimañas del mundo. R. Amén. El que llevó al cielo cuando fue cortada su cabeza, os lleve a vosotros al premio cuando queden vencidos vuestros vicios. R. Amén. Y como por su oración los ídolos fueron arrojados al mar, por sus peticiones los deseos de los fieles sean aceptados en el cielo. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Señor, haznos seguidores de tu santo mártir Cucufate, de forma que, fortalecidos por su intercesión, rechacemos los engaños del demonio; y sostenidos por su patrocinio, veamos los dones del Señor en la región de los vivos. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.