Ir al contenido principal

24 de Julio: San Bartolomé.

(Rito hispano-mozárabe)


24 de julio
san bartolomé
(Festividad)


Se trata de uno de los doce, el grupo escogido por el Señor. La tradición lo identifica con el Natanael que aparece en el capítulo I de san Juan (vv. 45-51). Su nombre completo sería Natanael Bar Tolmai. Será el cruel rey Astyage de Armenia quien haga desollar y luego crucificar.
El culto a san Bartolomé está atestiguado en nuestra venerable liturgia desde el siglo IX. Su pasión llega más tarde, en el siglo X.

Prælegendum (Sal 20, 6. 5)
Lo has vestido de honor y majestad, aleluya, le concedes bendiciones incesantes, aleluya, aleluya. V. Te pidió vida y se la has concedido, años que se prolongan sin término. R. Le concedes bendiciones incesantes, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Le concedes bendiciones incesantes, aleluya, aleluya.


Oratio post Gloriam
Dios todopoderoso, invocamos tu nombre eterno, para que por los méritos de tu mártir el apóstol Bartolomé, y los de todos los santos, nos asocies a ellos en la fe, nos iguales en la dedicación, perfecciones nuestra fortaleza para soportar las penas y nos hagas partícipes de su feliz resurrección. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Las lecturas de la memoria de san Clemente, papa y mártir, excepto:

Psallendum (Sal 36, 30s)
La lengua del justo expone la sabiduría, su lengua expone el derecho. V. Porque lleva en su corazón la ley de su Dios y sus pasos no vacilan. R. Su lengua expone el derecho.

Sacrificium (Dn 9, 4. 17. 20-23)
Yo, Daniel, levanté mi voz a Dios, diciendo: Escucha, Señor, las súplicas de tu siervo, muestra tu faz radiante sobre tu santuario, y mira propicio a este pueblo sobre el que se invoca tu santo nombre, oh Dios, aleluya. V. Cuando derramaba mi súplica en oración, en presencia del Señor, mi Dios, por los pecados del pueblo de Israel, y en favor de su santo templo, al tiempo del sacrificio. Gabriel, volando raudo, me tocó y me dijo: Daniel, varón de deseos, desde el principio de tu súplica, he salido del cielo, y vengo a decirte: R. Y mira propicio a este pueblo sobre el que se invoca tu santo nombre, oh Dios, aleluya.

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, nos llega hoy para que la celebremos debidamente, la famosa y venerable fiesta de san Bartolomé apóstol, al que, igual que a los demás apóstoles, el Señor Jesucristo entregó la gracia del Espíritu Santo, según sabemos y profesamos. Acudamos, pues, con nuestras alabanzas, al mismo Señor y Salvador nuestro, y dedicándole estas ofrendas laudatorias celebremos la fiesta de su apóstol con himnos y cantos espirituales. [Es necesario que nos sometamos al Señor, nuestro Dios, en espíritu, es necesario rendir al apóstol nuestra complacencia. Es también conveniente que el alma se levante a lo celestial, pasando con fortaleza por encima del mundo despreciable. Es bueno mostrar nuestra complacencia, una vez al año, a todos los mártires, que lograron el triunfo sobre el enemigo y lo merecen por sus victorias y sus méritos, pero sobre todo debemos venerar y dar culto a los que están adornados por la gracia del apostolado, porque éstos fundaron con su predicación y con su sangre. Por lo que todo el pueblo católico, queridos hermanos, debe rendirles su obsequio, acudiendo humildes al Señor en sus festividades anuales, para poder ser glorificados con ellos en el reino celestial. Para que el santo apóstol de Cristo Bartolomé, cuya memoria ahora celebramos en su fiesta de cada año, se ofrezca a sí mismo al Señor en favor nuestro y, limpios de la mancha del pecado, nos haga partícipes de su gloria en el reino eterno ]. R. Amén.
Con la ayuda de Jesucristo que vive con el Padre y reina con el Espíritu Santo. R. Amén.

Alia
Señor Jesús, Hijo unigénito del Padre todopoderoso, que habiendo venido al mundo por medio de la Virgen elegiste a tus apóstoles para el oficio de la predicación, y ahora, con sus enseñanzas y ejemplos, sometes los corazones de los descreídos y arrogantes; mira las humildes ofrendas de tu pueblo amado, y por sus preces, con los méritos de san Bartolomé, tu apóstol, remedia nuestras necesidades. [Danos el deseo de volvernos a ti, otorga a tus humildes siervos la dignidad de servirte. ¿Quién de nosotros, Señor, puede considerarse digno del ministerio? ¿Quién va a confiar en que posee méritos tan excelsos? Desborda el oficio a los méritos, y aún los buenos ministros pueden decaer por la negligencia. Que encontremos apoyo, Señor, unigénito de Dios, en el poderoso remo de tu mano, para no sumergirnos de súbito entre las olas de mar tan peligroso.  Que el santo apóstol Bartolomé nos eche la mano de su protección, instruyendo a nuestra asamblea para mejor servirte, porque nadie puede presentarse ante tu altar si no se encuentra fortalecido por tu gracia o defendido por los méritos de tu apóstol.] Que por él te muestres propicio con nosotros, tengas por bueno el servicio de nuestro ministerio, aceptando el sacrificio que te ofrecen tus sacerdotes, instruyendo y santificando a todo el pueblo de la Iglesia; para que por sus méritos, todos tus fieles, ceñidos por la fe, pertrechados con la aceptación del martirio, te sirvan siempre y se te ofrezcan como obsequio, para recibir el premio correspondiente a sus ofrendas, y la corona que corresponda a su fe, si no alcanzan por el martirio el triunfo sobre este mundo. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Cristo, Hijo de Dios, inefable sabiduría de Dios Padre, que con Él y el Espíritu Santo eres el único Dios, mira propicio al pueblo que forma tu Iglesia, y ya que otorgaste a tu apóstol Bartolomé el poder de arrojar los demonios y el dejarlos encadenados, concédenos que, libres de los lazos del pecado, nosotros permanezcamos santos por su influjo. Así nuestros obsequios te serán aceptos, y por estas celebraciones, los vivos obtendremos protección y los difuntos descanso, de forma que la predicación de tu apóstol corrija cada día a los que vivimos y sus méritos alegren en la paz a las almas de los difuntos. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Cristo, paz eterna y vínculo de la paz, que volviendo al Padre del que no te habías apartado nunca, dejaste encomendada a tus discípulos aquella misma paz que quisiste que observáramos en la tierra, infunde en nuestros corazones el don del Espíritu Santo, para que, residiendo en nosotros, no haya lugar a pleitos, desaparezca el vicio de la discordia, se alejen los engaños, ceda la ira y la caridad nos posea siempre; para que apartados de las disensiones y arraigados perennemente en la paz, no temamos las insidias del malvado enemigo. Y así, observando los dos preceptos de tu doble mandato, el amor de Dios y el del prójimo, podamos en su momento llegar felices a tu gloriosa presencia. De forma que, por las preces de tu apóstol Bartolomé, disfrutemos para siempre el don de tu paz en la luz de la gloria. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es digno y justo, en verdad equitativo y hermoso, que te demos gracias y te alabemos celebrando los triunfos de tus santos mártires, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Pero es más digno que hagamos lo mismo en las festividades de aquellos que merecieron beber de la misma boca de tu Unigénito los ríos de verdad que riegan el orbe. [Pues ellos, enseñados directamente por Cristo, tu Unigénito, y llenos del Espíritu Santo, proclamaron en todo el mundo la verdad del evangelio, como las grandes luminarias del firmamento, y así, cumplidas las antiguas profecías, los cielos cantan la gloria de Dios. Por eso en toda la tierra se oyó su pregón y hasta los límites del orbe llegó su lenguaje. Estos, pues, deben ser alabados principalmente en sus victorias, y como fundadores de la Iglesia y guías de la fe católica, deben ser celebrados todos los apóstoles; porque siendo laudable defender hasta la muerte la fe que se nos ha revelado, es sin duda más excelente, haber recibido la fe, en sus inicios del Espíritu Santo, transmitirla luego a otros, y después, como éstos hicieron, derramar su sangre por ella.] De entre ellos, la Iglesia universal celebra hoy a san Bartolomé, discípulo de Cristo, tu Hijo y Señor nuestro, que ensalzó la doctrina que había predicado con sus palabras y sus milagros, con la efusión de su sangre, y mostró a los demás, cumplida en sí mismo, la regla de vida que había aprendido del Señor paciente. El que había visto morir en la cruz al Señor de toda la tierra y al Maestro de toda verdad, creyó apropiado el ofrecerse a sí mismo por él, y enviado como auténtico cordero entre la multitud de los lobos, poseyendo al mismo tiempo la prudencia de la serpiente y la sencillez de la paloma, dejó ver sus milagros a las gentes al par que sus inmutables enseñanzas. Siguiendo los ejemplos de nuestro Señor Jesucristo, arroja a los demonios con su mandato y se deja apresar por sus perseguidores; sujeta con cadenas visibles a los demonios y permite ser apresado por los discípulos de los demonios. Destruye los ídolos con su palabra y no quiere librarse a sí mismo del martirio, soportando al batallón de sus perseguidores. [Es honrado por sus virtudes y también apaleado: resucita a los muertos y es degollado por el nombre del Señor. De modo semejante al Señor, que contigo y con el Espíritu Santo creó todo maravillosamente y se entregó a la cruz en beneficio de los pecadores. ¿Quién, pues, de nosotros se considerará digno de bosquejar su panegírico? ¿Quién podrá presentarse dignamente ante tu altar? Porque, siendo nuestro mérito de todo punto insuficiente para este sacrosanto ministerio, siempre seremos indigno de asumir el sacerdocio. Pero si no se admite más que al ministro digno, se acabará el ministerio, al no encontrarse quien dignamente pueda ofrecer el sacrificio. Por eso, juez y fundador del universo, ya que por las obligaciones del oficio que detentamos, nos vemos precisados a estar, aunque indignos, ante tu altar que por los méritos de san Bartolomé, apóstol y mártir, quedemos libres de nuestras manchas de pecado; él nos libre de nuestras miserias y nos haga dignos de ejercer el ministerio en tu presencia. Abra nuestros corazones a las enseñanzas de Cristo, tu Hijo, y a las suyas, y edifique todo lo nuestro con sus milagros y sus ejemplos; para que por sus preces puedan ofrecerte los sacerdotes un sacrificio intachable, y así santifiques la asamblea universal de tu Iglesia y enseñes a todo el mundo a creer sólo en ti y a alabarte.] De forma que aquella voz que de manera incesante, es repetida tres veces por los ángeles en el cielo y tiene su eco en la tierra con las voces de todos los justos, se repita diariamente en nuestros oficios, para que al mismo tiempo te ensalcemos como santo de los santos, con los coros de los ángeles y los santos, con las voces de todos los que justamente te alaban, diciendo:

Post Sanctus
Santo y glorioso es en verdad nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, engendrado por ti, Dios Padre, antes de que existiera la luz, encarnado al llegar la plenitud de los tiempos en beneficio de tus siervos, que soportó como hombre los ultrajes de la pasión y como Dios poderoso resucitó de entre los muertos. Los apóstoles oyeron su palabra de llamada, dejaron las cosas del mundo y, abandonando lo temporal, le siguieron de inmediato con plena decisión. Fiados de su poder brillan por sus milagros y se someten gustosos al martirio: y lo mismo que hizo el Dios hecho hombre, lo hicieron también estos varones con la ayuda e inspiración del mismo Dios. San Bartolomé en concreto sujeta a los demonios con su palabra y les manda hablar en otros momentos, porque se le había concedido a él y a los demás, Cristo, nuestro Señor, tu Unigénito, confiriéndoles el Espíritu Santo. [Por la imposición de su mano sana a los enfermos y ellos notan su mejoría, pues quien lo hace es el que habita en él, el Espíritu Santo recibido de tu Unigénito. ¿Qué hay, pues, de extraño en que haga tales maravillas, aquel de quien se sabe que ha recibido de forma manifiesta el Espíritu Santo, cuando creemos y confesamos que posee la facultad de atar y desatar, sin prejuicio de que el que hace con plena autoridad todo esto, luego, con humildad incline su cuello a la espada, siguiendo el ejemplo que nos dio en su pasión su maestro, nuestro Señor? No era lícito que ningún discípulo pudiera diferenciarse en su martirio, de su Señor y Maestro, sino que quien se mostrara semejante a Él en los milagros, fuera también semejante en el sufrimiento mortal.] Por eso nuestro Bartolomé brilla como una estrella en todo el mundo y con los doce discípulos ocupa un sitial en las doce sillas celestiales, dispuesta para el juicio.
Por Cristo, Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
En memoria de Bartolomé, tu apóstol, Cristo Señor, dígnate santificar el sacrificio que te ofrecemos, y libra de miserias, con tu acostumbrada misericordia a los que te lo ofrecemos. Así, al aceptarlo como bueno, por la oración de tu apóstol, confieras el don del Paráclito a los que participemos de él, e infundas en las entrañas de todos tus fieles un corazón nuevo y un espíritu recto, y los que ciertamente nos manifestamos indignos para el servicio de tu altar, por los méritos de tu santo apóstol Bartolomé quedemos justificados para siempre. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Con firme propósito y ardiente fe, acudamos, queridos hermanos, a la mesa del Señor, y con los deseos espirituales que podamos concebir, celebremos la ilustre fiesta de su apóstol. Dejando un tanto los cuidados del mundo, permitamos a nuestras almas crecerse con el gozo espiritual y ofrezcamos al Señor nuestros deseos, con lágrimas y santas oraciones. Se hará efectivamente presente a quienes lo invocan, el que concedió al santo apóstol Bartolomé hacerse obedecer por los demonios. Aceptará la contrición de los humildes el que en su pasión dejó a su apóstol un ejemplo a seguir, y no tendrá por inválidos los sacrificios aunque procedan de sacerdotes indignos el que con sus prodigios mostró que le agradaban las ofrendas de su apóstol. Conferirá dignidad para recibirlos a los que en ellos van a participar, el que se dignó conferir la gracia del Espírtu Santo al apóstol san Bartolomé. Escuchará desde el cielo nuestra oración el que en la tierra nos enseñó a decir:

Benedictio
Dios Padre todopoderoso, que se dignó visitar el mundo con la venida de su Hijo, aceptando benigno los buenos oficios de san Bartolomé, apóstol, reciba el obsequio que le ofrecemos en su memoria. R. Amén. Cristo el Señor, Hijo unigénito de Dios Padre, que confirió al apóstol Bartolomé el poder de dominar a los demonios, santifique hoy nuestra reunión y disponga que después os alegréis en el cielo con todos los santos. R. Amén. Y el Espíritu Santo, que se derramó en el corazón del apóstol Bartolomé, se haga benévolamente vuestro custodio y en el futuro remunerador piadoso de vuestros obsequios. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Dios inmenso y poderoso, a quien adoramos en la pasión de sus mártires, veneramos en las solemnidades de sus santos y alabamos en los certámenes de los vencedores, escuche nuestras súplicas por la intercesión de san Bartolomé, de forma que los que te tememos por nuestros pecados, te encontremos piadoso en tu misericordia. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.