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22 de Julio: Santa María Magdalena.

(Rito hispano-mozárabe)


22 de julio
santa maría magdalena
(Memoria)


Se trata del personaje bíblico del que se ha hecho prototipo de la conversión cristiana. Ella será testigo privilegiado de la Resurrección. Una tradición del siglo XI sostiene que sus restos descansan en la abadía francesa de Vézelay, en la ruta francesa hacia Santiago. En el siglo XIII comienza a difundirse un relato que justifica la presencia de sus restos en Francia, en el que Lázaro y sus hermanas Marta y María desembarcan en el sur del país.
Esta leyenda impulsa la veneración a santa María Magdalena hasta llegar a las tierras de España. La presencia de su memoria en la liturgia hispano-mozárabe ha de situarse después del siglo XIII.


Prælegendum (Ecclo 47, 9; Sal 9, 2)
En todas sus acciones daba gracias, aleluya, alabando la gloria del Dios altísimo: entonando salmos cada día, aleluya. V. Te doy gracias, Señor, de todo corazón, proclamando tus maravillas. R. Entonando salmos cada día, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Entonando salmos cada día, aleluya.

Oratio post Gloriam
Que te alaben nuestras lenguas, Señor, proclamando tus misericordias. Pregonen nuestros labios la grandeza de la verdad y no se desgasten en vanas conversaciones mentirosas. Y así, perdonados nuestros pecados, nos alegremos al confesarte, de forma que lleguemos a heredar la vida gloriosa y cantemos dentro del sagrado coro en la asamblea de los santos. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Profecía
Lectura del libro de los Proverbios (Prov 31, 10-31).
R. Demos gracias a Dios.
Esto dice el Señor:
              10 Una mujer fuerte, ¿quién la hallará?
              Supera en valor a las perlas.
              11 Su marido se fía de ella,
              pues no le faltan riquezas.
              12 Le trae ganancias, no pérdidas,
              todos los días de su vida.
              13 Busca la lana y el lino
              y los trabaja con la destreza de sus manos.
              14 Es como nave mercante
              que importa el grano de lejos.
              15 Todavía de noche, se levanta
              a preparar la comida a los de casa
              y repartir trabajo a las criadas.
              16 Examina un terreno y lo compra,
              con lo que gana planta un huerto.
              17 Se ciñe la cintura con firmeza
              y despliega la fuerza de sus brazos.
              18 Comprueba si van bien sus asuntos,
              y aun de noche no se apaga su lámpara.
              19 Aplica sus manos al huso,
              con sus dedos sostiene la rueca.
              20 Abre sus manos al necesitado
              y tiende sus brazos al pobre.
              21 Si nieva, no teme por los de casa,
              pues todos llevan trajes forrados.
              22 Ella misma se hace las mantas,
              se viste de lino y de púrpura.
              23 En la plaza respetan al marido
              cuando está con los jefes de la ciudad.
              24 Teje prendas de lino y las vende,
              provee de cinturones a los comerciantes.
              25 Se viste de fuerza y dignidad,
              sonríe ante el día de mañana.
              26 Abre la boca con sabiduría,
              su lengua enseña con bondad.
              27 Vigila la marcha de su casa,
              no come su pan de balde.
              28 Sus hijos se levantan y la llaman dichosa,
              su marido proclama su alabanza:
              29 «Hay muchas mujeres fuertes,
              pero tú las ganas a todas».
              30 Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura;
              la que teme al Señor merece alabanza.
              31 Cantadle por el éxito de su trabajo,
              que sus obras la alaben en público. R. Amén.

Psallendum (Sal 70, 22. 24)
Te alabaré, Señor, con el salterio, ponderando tu fidelidad, te cantaré con la cítara, Dios santo de Israel. V. Mi lengua publicará tu justicia, te alabaré durante todo el día. R. Te cantaré con la cítara, Dios santo de Israel.

Apóstol
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (Rm 10, 8-13).
R. Demos gracias a Dios.
Hermanos:
Esta es 8 la palabra de la fe que anunciamos. 9 Porque, si profesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo. 10 Pues con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con los labios se profesa para alcanzar la salvación. 11 Pues dice la Escritura: Nadie que crea en él quedará confundido. 12 En efecto, no hay distinción entre judío y griego, porque uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan, 13 pues todo el que invoque el nombre del Señor será salvo. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (Lc 7, 36-50).
R. Gloria a ti Señor.
En aquel tiempo:
36 Un fariseo le rogaba a Jesús que fuera a comer con él y, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. 37 En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y, 38 colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. 39 Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora». 40 Jesús respondió y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». Él contestó: «Dímelo, Maestro». 41 «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. 42 Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le mostrará más amor?». 43 Respondió Simón y dijo: «Supongo que aquel a quien le perdonó más». Y él le dijo: «Has juzgado rectamente». 44 Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. 45 Tú no me diste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. 46 Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. 47 Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco». 48 Y a ella le dijo: «Han quedado perdonados tus pecados». 49 Los demás convidados empezaron a decir entre ellos: «¿Quién es este, que hasta perdona pecados?». 50 Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz». R. Amén.

Laudes (Sal 47, 12)
Aleluya. V. Que se alegre el monte Sión, y exulten las hijas de Judá, por tus sentencias, Señor. R. Aleluya.

Sacrificium (Is 56, 7; 61, 10-11)
Aceptaré sobre mi altar tus holocaustos y sacrificios, porque mi casa es casa de oración, aleluya. V. Se goza mi espíritu en el Señor, porque me ha vestido de gracia con la túnica de la alegría. Como un esposo me ha puesto su corona, me ha vestido con las galas nupciales. Como la tierra que produce sus flores, y el huerto que hace brotar sus semillas. R. Porque mi casa es casa de oración, aleluya.

Oratio admonitionis
Señor Jesucristo, tú te dignaste conducir a María Magdalena al conocimiento de tu nombre y quisiste, por tu bondad,  librarla del vínculo de los pecados; teniendo en cuenta sus méritos y tu acostumbrada bondad, concede a tus siervos que confían en tu misericordia, que podamos llegar sin obstáculo, con corazón puro y espíritu ferviente, a la confesión de tu nombre. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Cristo Jesús, a ti, que purificas las mentes y los corazones, te pedimos que limpies nuestras conciencias de todo contagio de pecado, de modo que nos esforcemos en proclamar ante el pueblo, con labios sin mancha, una confesión auténtica. Así como santa María Magdalena, confesando tu nombre, mereció ser liberada de todos los pecados, así también nosotros, indignos y manchados por el pecado, podamos llegar a tu presencia dignos y purificados por medio de la confesión. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Redentor bueno, que compadeciéndote perdonas, y perdonando absuelves, libra de todo peligro a los que te aman. Al pueblo fiel que confiesa tu nombre con sinceridad, y se llena de alegría en la festividad de santa María Magdalena, concédele el perdón de todos sus pecados. Y así como te dignaste limpiar a la Magdalena, después de haberte regado con las lágrimas, de toda suerte de pecado, de modo semejante, purificadas nuestras mentes y extirpados los vicios, nos concedas tener parte en tu reino celeste. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Omnipotente e inmenso Dios, que, aplacado por la confesión de María Magdalena, hiciste que su alma se acercara a ti, sálvanos en la paz y en la sincera confesión de nuestros pecados y justifícanos en la unanimidad de la dilección fraterna. Que por intercesión de María Magdalena y por el don de la confesión, nos veamos libres de los pecados y alcancemos el consuelo de tu visión en la unidad de la paz. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es digno y justo, oh Padre todopoderoso, al honrar a tu santa María Magdalena, darte gracias por Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro. La fe en él no cambia por razón del sexo, ni el valor moral disminuye a causa de la debilidad de la naturaleza de la mujer. Él, que es cabeza invencible de la Iglesia Católica, ha aumentado el vigor en sus miembros, de tal manera que no solamente los varones puedan ser testigos vencedores en la lucha por la paciencia, sino que concede también la corona triunfal a las mujeres por su tolerancia. En todos ellos, Cristo Señor, tu unigénito, es glorificado por continuas alabanzas pues merece ser alabado en todas partes, ya que en todas partes es admirable. Él conservó inmune de toda corrupción a María, su madre, y a María Magdalena, por la confesión de su nombre, la consideró como fidelísima testigo. Y así como hizo permanecer virgen a María después del parto, así a María Magdalena la hizo vencedora después de su muerte. A quien alaban todos los ángeles y arcángeles, diciendo:

Post Sanctus
Santo y bendito eres en verdad, Señor, Dios nuestro, que no solamente quieres que te sea ofrecido el himno celestial sino también el mérito, y de los santos ángeles quieres pretender tanto los deseos como admitir los cánticos. Haz que quienes hemos asumido el canto de las potencias celestiales para enaltecerte,  vivamos por la enmienda el afecto a la vida celestial.
Cristo, Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Dios todopoderoso, por las plegarias de María Magdalena que te confesó, dígnate aceptar el sacrificio que te ofrecemos y enriquécelo con la santidad de tu bendición. De modo que quienes lo recibamos, podamos obtener, de tu acostumbrada misericordia, todo cuanto prometa la lengua al confesarte. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Dios, la penitencia de santa María Magdalena te fue tan agradable y querida, que no solamente le perdonaste los pecados, sino que también enriqueciste lo más íntimo de su corazón con una especial gracia de tu amor. Te pedimos que nos concedas la abundancia de tu propiciación de modo que, no solamente nos alegremos con su solemnidad, sino que, con sus plegarias, en tu presencia quedemos limpios de las manchas de nuestros pecados.

Benedictio
Cristo Señor, que hizo que santa María Magdalena lo confesase dignamente ante los hombres, nos confiese también a nosotros ante su Padre que está en los cielos. R. Amén. Cristo Señor, que después de recibir su confesión, puso en su boca un cántico de alabanza, reciba nuestra confesión para  recompensarla. R. Amén. Que, siguiendo el ejemplo de santa María Magdalena, que confesó y alabó el nombre de Jesucristo, mientras lo confesamos en esta vida, podamos alcanzar tener parte en el cielo. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Señor, Dios todopoderoso, que eres vida y salvación de los fieles: creemos que has de venir como juez verdadero. Sé propicio con nosotros, para que sintamos que el auxilio de tu misericordia se derrama sobre nosotros, que hemos ofrecido esta oblación por nuestra salvación y la de los nuestros, y por la expiación de nuestros pecados, en honor de santa María Magdalena; y así, los que nos hemos alimentado en el banquete de tu mesa, merezcamos conseguir como don de tu generosidad, el premio eterno. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y todo lo gobiernas por los siglos de los siglos. R. Amén.