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19 de Julio: San Esperato y compañeros.


19 de julio
san esperato y compañeros
(Memoria)


Doce mártires, siete hombres y cinco mujeres, forman este famoso grupo de cristianos que derramaron su sangre por el nombre de Cristo en la ciudad norteafricana de Scillium (por ello se les conoce como «mártires escilitanos»), en tiempos de Septimio Severo (año 180).
En la España visigoda, el culto a estos doce mártires no debió ser general; no aparecen en el Oracional. Ahora bien, sí hay pruebas de su celebración en Toledo en el siglo VII. Más tarde el culto parece enfriarse, y su misa se reduce a un título en el siglo IX.

Prælegendum (Sal 9, 13; 111, 15; Ap 21, 3)
Pediré cuentas de la sangre de los justos, dice el Señor, los acogeré en mi reino, aleluya, aleluya. V. Se oyen voces de alegría y de salvación en las tiendas de los justos. R. Los acogeré en mi reino, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Los acogeré en mi reino, aleluya, aleluya.

Oratio post Gloriam
Animados por el patrocinio de los santos mártires Esperato y compañeros, oremos confiadamente al Señor para que los que en este tiempo celebramos su triunfo glorioso, seamos ayudados por sus preces para obtener la eternidad. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Profecía
Lectura del libro de la Sabiduría (Sab 5, 15s. 1-5).
R. Demos gracias a Dios.
Esto dice el Señor:
15 Los justos, en cambio, viven eternamente,
encuentran su recompensa en el Señor
y el Altísimo cuida de ellos.
16 Por eso recibirán de manos del Señor
la magnífica corona real y la hermosa diadema,
pues con su diestra los protegerá
y con su brazo los escudará.
1 Entonces el justo estará en pie con gran aplomo
delante de los que lo afligieron y despreciaron sus trabajos.
2 Al verlo, se estremecerán de miedo,
estupefactos ante su inesperada salvación.
3 Arrepentidos y gimiendo de angustia se dirán:
4 «Este es aquel de quien antes nos reíamos
y a quien, nosotros insensatos, insultábamos.
Su vida nos parecía una locura
y su muerte, una ignominia.
5 ¿Cómo ahora es contado entre los hijos de Dios
y comparte la suerte de los santos? R. Amén.

Psallendum (Sal 91, 13s. 2)
Tus santos, Señor, florecerán como palmeras, plantados en tu casa. V. Es bueno ensalzar las maravillas del Señor, y cantar salmos a tu nombre, Dios altísimo. R. Plantados en tu casa.

Apóstol
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2Cor 1, 8-14).
R. Demos gracias a Dios.
Hermanos:
8 Pues no queremos que ignoréis que la tribulación que nos sobrevino en Asia nos abrumó tan por encima de nuestras fuerzas que perdimos toda esperanza de vivir. 9 Pues hemos tenido sobre nosotros la sentencia de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; 10 el cual nos libró y nos librará de esas muertes terribles; y esperamos que nos seguirá librando, 11 si vosotros cooperáis pidiendo por nosotros; así, viniendo de muchos el favor que Dios nos haga, también serán muchos los que le den gracias por causa nuestra.
12 Pues el motivo de nuestro orgullo es el testimonio de nuestra conciencia: ella nos asegura que procedemos con todo el mundo, y sobre todo con vosotros, con la sinceridad y honradez de Dios, y no por sabiduría carnal, sino por gracia de Dios. 13 Pues no os escribimos sino lo que leéis o entendéis; ya nos habéis entendido en parte, 14 pero espero que entendáis completamente que somos nosotros vuestro motivo de orgullo, lo mismo que vosotros el nuestro, para el día de nuestro Señor Jesús. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 5, 1-12).
R. Gloria a ti Señor.
En aquel tiempo:
1 Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; 2 y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
3 «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. 4 Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. 5 Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. 6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. 7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. 8 Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. 9 Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. 10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. 11 Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. 12 Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros. R. Amén.

Laudes (Sal 32, 1)
Aleluya. V. Gozaos, justos, en el Señor, los espíritus rectos deben alabarlo. R. Aleluya.

Sacrificium (Sal 67, 36. 16-17)
Es admirable en sus santos el Dios de Israel, el dará a su pueblo el valor y la fortaleza. Dios sea bendito, aleluya, aleluya, aleluya. V. El monte de Dios es fértil, montes divinos los de Basán: montes de crestas altísimas. ¿Por qué miráis celosos, oh montes de altas crestas, al monte que Dios escogió para habitar en él ? R. Dios sea bendito, aleluya, aleluya, aleluya.

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, instruidos por los ejemplos de todos los santos, y de los santos mártires Esperato y compañeros, supliquemos al Señor, que, concediéndonos el fervor de la fe nos dé siempre también el triunfo sobre el enemigo. Haznos, Dios Padre todopoderoso, imitadores de estos santos, a quienes otorgaste las palmas de la victoria y las coronas de la eterna inmortalidad. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Señor, admite con tu bondad nuestras súplicas en esta festividad de tus santos mártires Esperato y compañeros: danos tu perdón. Te rogamos, Dios todopoderoso, que protejas todo lo que tu mano abarca en el mundo con tu poder infinito. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Celebrando con alegría las virtudes de tus mártires, te pedimos humildemente, Señor, por sus gloriosos méritos, que aceptes piadoso los dones y votos que te ofrecemos, que concedas el perdón a todos los pecadores y reconfortes en la paz las almas de los difuntos. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Señor, cada vez que en alabanza tuya te presentamos los estigmas de martirio de Esperato y sus compañeros, concedes audiencia por tu misericordia a nuestros deseos. Te pedimos por su intercesión que nos des en la tierra la misma paz que ellos disfrutan en el cielo. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es digno y justo, Señor todopoderoso, que constantemente nos alegremos de tus alabanzas y te demos siempre gracias. Pues has dado tanta fortaleza en la fe a los mártires, los confesores y las vírgenes, que no cedieran ante las llamas que lamían sus cuerpos, superasen con ánimo viril las penas de las cárceles más estrechas y no rechazasen ningún tormento, pues en medio de todo ello ya vislumbraban la deseada victoria. Tiene tanta fuerza el amor de tu nombre, Señor, que nada pudo aquel aparato de muerte, ni cedieron ante los tormentos que les infringían. Nada doblegó el ánimo de tus fieles: ni el cuerpo lacerado por la espada, ni el costado surcado de heridas hicieron vacilar la fe que con tanta valentía profesaban. Ni el flujo de la sangre ni el chirrido en su carne de las uñas de hierro les arrancó un gemido. Esta es la corona de tus mártires y de tus vírgenes, la palma de las virtudes celestiales; hay más fuerza en las heridas de tus soldados que en sus verdugos. Te rogamos, Señor Dios nuestro, que como retribuiste sus virtudes con el triunfo de la gloria, acudas siempre propicio a nuestras súplicas. Para que también nosotros te alabemos en la tierra, como ellos constantemente te alaban en el cielo, diciendo:

Post Sanctus
Santo y bendito es en verdad nuestro Señor Dios todopoderoso, en cuya gloriosa presencia se veían san Esperato y sus compañeros cuando tú estuviste a su lado en el martirio para que nada les apartara de ti. Y a ti te alaba sin cesar todo el ejército de los ángeles.
Cristo, Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Proclamándote, Señor, admirable en tus santos, y aclamando la gloriosa resurrección de nuestro Señor Jesucristo, por las piadosas preces de aquellos que por ti fueron vencedores en su certamen, te suplicamos que envíes tu Espíritu de santificación que procede de aquella invisible y abundante fuente donde ellos beben sin cesar la vida eterna; para que con el rocío del cielo se haga más suculento este sacrificio que te ofrecemos. Y así, Señor, cuando lo sumamos ya santificado, y por tu amor esté afianzado en nuestro interior, nos sintamos siempre llenos de toda bendición y absueltos y libres de toda carga de pecado. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Queridos hermanos, conscientes de nuestros pecados, busquemos con insistencia los auxilios de los santos mártires Esperato y sus compañeros. Y pues vemos claramente que necesitamos del auxilio divino a causa de nuestras deficiencias, clamemos todos al unísono:

Benedictio
Que os acompañe siempre en la tierra la bendición del Señor, que acogió en el cielo las almas de los santos mártires Esperato y compañeros. R. Amén. Lo que suenan nuestras palabras cuando cumplimos nuestro oficio de bendeciros, lo lleva a cabo en vosotros Dios por los méritos de sus santos. R. Amén. Los que habéis acudido hoy con toda devoción para esta solemnidad, os llevéis de vuelta todo lo que deseabais al venir. R. Amén.
Que se digne concederlo Aquél cuyo reino e imperio permanecen sin fin por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Muéstrate propicio a nuestras súplicas, Señor, y para que imitemos a tus mártires Esperato y compañeros, enciende en nosotros la llama de tu amor, y haznos partícipes de aquellos que quieres que imitemos. R. Amén.
Nos lo conceda tu clemencia, Dios bondadoso y admirable, que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.