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17 de Julio: Santas Justa y Rufina.

(Rito hispano-mozárabe)

17 de julio
santas justa y rufina
(Festividad)


Nuestras santas, según apuntan los datos ciertos, vivían en lo que hoy es el sevillano barrio de Triana, en la margen derecha del Betis. La familia vivía del negocio de la alfarería.
Es probable que el atrevimiento de las jóvenes a no cooperar en la fiesta en honor a Adonis y su confesión pública de fe cristiana ante el cortejo idolátrico fueran el detonante de su arresto y ulterior ejecución.
Será la presencia, en el siglo X, de una notable colonia mozárabe sevillana en Toledo lo que dio el impulso definitivo a su culto en la liturgia hispano-mozárabe.

Prælegendum (Sal 118, 26. 32. 168)
Te expliqué mi camino y me escuchaste. Enséñame tus leyes, correré por el camino de tus mandamientos, Señor. V. Guardo tus decretos y tú tienes siempre presentes mis caminos. R. Correré por el camino de tus mandamientos, Señor. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Correré por el camino de tus mandamientos, Señor.

Oratio post Gloriam
Dios, que has exaltado el pudor virginal con el honor y el distintivo de la sagrada pasión, glorificando a sus santas vírgenes Justa y Rufina concédenos que, adornados con las flores de la sagrada castidad y con el fruto de las buenas obras, alcancemos la altura de participar de tu gloria. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Profecía
Lectura del libro del Eclesiástico (Ecclo 39, 13-17a).
R. Demos gracias a Dios.
Esto dice el Señor:
13 Escuchadme, hijos piadosos, y creced
como rosal plantado junto a corrientes de agua.
14 Como incienso derramad buen olor,
floreced como el lirio,
exhalad perfume, entonad un cantar,
bendecid al Señor por todas sus obras.
15 Reconoced la grandeza de su nombre,
dadle gracias, proclamad su alabanza
con vuestros cánticos y con las cítaras,
alabadlo con estas palabras:
16 ¡Qué hermosas son las obras del Señor!
Sus órdenes se cumplen a su tiempo. R. Amén.

Psallendum (Sal 118, 49-52)
Recuerda la palabra que diste a tu siervo, de la que hiciste mi esperanza: este es mi consuelo en la aflicción. V. Los insolentes me insultan sin parar, pero yo no me aparto de tus mandatos, y recuerdo tus sentencias, Señor. R. Este es mi consuelo en la aflicción.

Apóstol
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2Cor 4, 5-15).
R. Demos gracias a Dios.
Hermanos:
5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Jesús. 6 Pues el Dios que dijo: Brille la luz del seno de las tinieblas ha brillado en nuestros corazones, para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Cristo.
7 Pero llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. 8 Atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; 9 perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, 10 llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. 11 Pues, mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. 12 De este modo, la muerte actúa en nosotros, y la vida en vosotros.
13 Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: Creí, por eso hablé, también nosotros creemos y por eso hablamos; 14 sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros ante él. 15 Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 25, 1-13. 31).
R. Gloria a ti Señor.
En aquel tiempo:
Nuestro Señor Jesucristo hablaba con sus discípulos en parábolas y les decía:
1 Se parecerá el Reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. 2 Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. 3 Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; 4 en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. 5 El esposo tardaba, les entro sueño a todas y se durmieron. 6 A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”. 7 Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. 8 Y las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”. 9 Pero las prudentes contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”. 10 Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerro la puerta. 11 Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco”. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora 31 cuando venga en su gloria el Hijo del hombre». R. Amén.

Laudes (Sal 44, 10. 12)
Aleluya. V. Escucha, hija, mira, que el Rey se ha prendado de tu belleza, y él es tu Dios. R. Aleluya.

Sacrificium (Mt 25, 6. 7. 10)
Aleluya. A media noche se oyó una voz: ¡Que llega el esposo, salid a recibirlo! Aleluya. V. Las diez doncellas prepararon sus lámparas y salieron a esperar al novio y a la novia. Y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas. R. ¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!

Oratio admonitionis
Al venerar con los debidos honores la fe pronta y entregada de las santas y bienaventuradas Justa y Rufina, y sus triunfos celebrados por todo el orbe, con todo afecto y pura intención suplicamos a Dios, queridos hermanos, que lo mismo que nos alegramos de sus virtudes, podamos asociarnos a sus méritos. Y no debemos perder la esperanza de que algún día se nos conceda la gloria del martirio: porque reprimir la ira desatada es propio de una insigne paciencia; poner freno a la concupiscencia es la palma de la virtud; y domar la liviandad es la corona del martirio. Por eso pone asechanzas el diablo, a quien tanto y muchas veces tienen más valor los combates ocultos que los públicos, porque nos sonroja menos lo que realizamos sin testigos. Volvamos, pues, los ojos y el ánimo al cielo, para que Dios todopoderoso, que escudriña los corazones y conoce todos los secretos, complaciéndose en lo que hacemos, estime nuestra buena voluntad como sufrimiento y nuestros deseos como sangre derramada por él. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Al celebrar, Señor, la brillante solemnidad de tus mártires Justa y Rufina, que menospreciando el comercio de sus frágiles vasijas merecieron llegar a la gloria de la dichosa pasión, te rogamos humildes que por ellas, de cuyo triunfo te mostraste satisfecho, sea aceptada nuestra oración en tu presencia. Por ellas venzamos el ardor de la pasión, como tú mismo superaste en ellas los tormentos del verdugo. Encáuzanos por su intercesión, lo mismo que en su martirio doblegaste al adversario. Y como ellas por la gloria de sus méritos llegaron a ser vasos de virtud, cada uno de nosotros obtenga de tu bondad conservar su vasija libre de contagios. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Dios que nos ordenas por medio de tu Apóstol que cada uno se gane el sustento por sus propias manos; por los ruegos de tus santas Justa y Rufina otórganos el alimento espiritual y el pan cotidiano de tu divina misericordia, como estas vírgenes, que con sus manos proveyeron al propio sustento y a las necesidades de los pobres, nos procuran con su intervención los oportunos remedios a vivos y difuntos. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Redentor piadoso y creador de todo el universo, que por la paciencia de tus vírgenes deshiciste la fuerza del antiguo enemigo cuando pretendía perturbar la hermandad de las mismas rompiendo sus vasijas; concédenos que, teniéndote profundamente arraigado en nuestros corazones, procuremos fortalecer la debilidad de nuestros vasos por las obras de caridad, así no nos afectarán los dardos del adversario y podremos disfrutar de tus dones con la paz que no se acaba. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es digno y justo, en verdad equitativo y saludable, que te demos gracias sin medida, Dios Trinidad todopoderoso, que a tus mártires Justa y Rufina, que se ganaban la vida con la venta de sus vasijas de barro, las llevaste hasta la culminación del martirio por la destrucción de los horrorosos ídolos a cuya vanidad quería la plebe que se ofrecieran sacrificios, de forma que, sin turbarse por la procacidad de la muchedumbre insultante ni aferrarse ante la ferocidad del gobernador, sin dejarse quebrantar por la misma atrocidad de los tormentos, proclamándote a voz en grito como verdadero Dios, en perfecta confesión de fe, adornadas con la corona del martirio fueron asociadas al reino celestial. [Con ello se rompían las frágiles vasijas, mientras los miembros de las mártires se transformaban en celestiales a través de su pasión. No se trata ya de un comercio temporal, sino de un negocio de Cristo, por el que las santas mártires pudieron comprar el cielo. El furor sacrílego se rompe a sí mismo en las vasijas, mientras hace triunfar a Cristo en sus santas. No hace suyos los miembros que destruye, cuando al atormentarlos los hace vivir con su eterno rey. No se acaban los tormentos innumerables, pero tampoco las santas vírgenes dejan de proclamar las glorias de Cristo. El adversario reduce a polvo el barro cocido que vendían las santas, mientras preparaba a su propia crueldad para ser quemada en el fuego del infierno. Tal atrocidad queda vencida por la verdad; así lucha la soberbia contra la humildad, cuando las mártires que el diablo creía condenar con la rotura de sus vasijas, en perfecta consumación de su martirio obtienen el reino celestial, mientras él gime por su fracaso. ] Por eso, Padre misericordioso, imploramos de tu majestad que como a ellas les concediste constancia en sus pruebas, nos concedas a nosotros que, limpios de vicios carnales, lleguemos a los gozos eternos. Para unirnos a todos los Ángeles y Santos que no cesan de aclamarte, diciendo:

Post Sanctus
Santo y bendito es en verdad nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, a quien las santas vírgenes Justa y Rufina, asemejándose a Él por sus obras, felices por la consumación de un común martirio, vistieron en los pobres, acogieron en los huéspedes, saciaron en el sediento, por aquella humilde ganancia que les proporcionaba la venta de sus frágiles vasijas. Honor, pues, y alabanza incansable al que es al mismo tiempo inspirador y receptor de tales dones, cuando Él mismo dice que se manifiesta en quienes los reciben: el que sugiere todo esto y lo concede a todos Él solo. El mismo que lo insinúa todo, mientras es aquí piadosamente alimentado en sus miembros, y se entrega después a sí mismo en don para los donantes, a interés creciente.
Cristo, Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Al ofrecerte, Dios Padre, esta oblación en honor del martirio de tus siervas Justa y Rufina, te rogamos que por la intervención de las que se ofrecieron a ti como vasos purísimos, santifiques este sacrificio que te ofrecemos: concediendo a los que te suplicamos, que como en otro tiempo atendiste con sus ganancias las necesidades de los pobres, por su oración aceptes las oraciones de los pueblos fieles. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Dios eterno, haz que cada uno de nosotros conserve su vaso en honor y santidad, como hiciste que tus mártires Justa y Rufina desde la venta de sus vasijas de barro llegasen a la gloria del martirio. Así, limpias nuestras conciencias, te aclamamos desde la tierra:

Benedictio
Cristo el Señor, haga de vosotros vasos que le agraden, como se preparó los limpísimos vasos de Justa y Rufina. R. Amen. El que no permitió que les causara tristeza la destrucción de su frágil mercancía, jamás permita que vosotros seáis objeto de burla por flaquear vuestras mentes. R. Amen. Así, fuertes de corazón y cuerpo, experimentéis perpetuamente las ayudas de aquellas cuya festividad estáis celebrando. R. Amen.
Que os lo conceda la misericordia de Aquél que siendo un sólo Dios en la Trinidad, es glorificado por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Dios, que has dispuesto que toda la gloria de las vírgenes, las hijas del Rey sea interior, para que no apetezcan las alabanzas ajenas, los que tienen la alegría interior en su virtud, concédenos por las preces de estas Vírgenes, huir de las alabanzas humanas, y buscar en nuestro interior la conciencia de las buenas acciones. Para que nos mantengamos puros en la fe y cosechemos por ello la herencia incorruptible. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.