1 de Julio: San Simón y San Judas.

(Rito hispano-mozárabe)
1 de julio
san simón y judas
(Festividad)


La liturgia hispana tardó en completar el ciclo de las celebraciones en honor de los apóstoles; parece que esto no se consiguió hasta el siglo XI. Nuestra fiesta puede haber sido introducida en el siglo X.
San Simón aparece en el Evangelio como el «zelote», por su simpatía hacia ese grupo judío extremista y violento, antes de incorporarse al grupo de los doce, y también el «cananeo», por haber nacido en esa ciudad de Galilea. Su misión apostólica se suele situar entre Egipto y Mesopotamia. Judas Tadeo, por su parte, era hermano de Santiago el menor y familiar del Señor. Su predicación se sitúa en Mesopotamia, y una Pasión apócrifa del siglo VI lo asocia a san Simón predicando en Persia y sufriendo el martirio con él.


Prælegendum (Esd IV, 2, 23. 35; Sal 138, 1-2)
A mis santos les daré un lugar preeminente, aleluya, en la resurrección eterna; y compartirán mi alegría. Resplandecerá en ellos una luz constante, aleluya; y poseerán la eternidad que les he preparado, aleluya, aleluya. V. Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto. R. Resplandecerá en ellos una luz constante, aleluya; y poseerán la eternidad que les he preparado, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén. R. Resplandecerá en ellos una luz constante, aleluya; y poseerán la eternidad que les he preparado, aleluya, aleluya.

Oratio post Gloriam
Dios, tú concediste a tus apóstoles Simón y Judas el querer y la posibilidad de ascender por los duros escalones del martirio; tú que otorgas la voluntad inicial, y haces eficaz el esfuerzo, escucha a tus hijos y concédenos el inicio de una ferviente devoción y facilítanos poder llevarla a buen término. R. Amén.
Por tu inefable bondad, Dios nuestro, que vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Profecía
Lectura del libro del Eclesiástico (Ecclo 44, 2-15).
R. Demos gracias a Dios.
Hijo:
2 Grandes glorias exhibió el Señor,
desde siempre ha mostrado su grandeza.
3 Unos fueron soberanos en sus reinos
y hombres famosos por su poder;
consejeros notables por su inteligencia
y expertos en anunciar profecías.
4 Otros guiaron al pueblo con sus consejos,
con la inteligencia de la sabiduría popular
y con las palabras sabias de su doctrina.
5 Hubo inventores de melodías musicales,
compositores de poesías,
6 hombres ricos, dotados de poder,
que vivieron en paz en sus casas.
7 Todos ellos fueron honrados por sus contemporáneos
y fueron motivo de orgullo en su tiempo.
8 Algunos de ellos dejaron un nombre
que aún se recuerda con elogio.
9 Otros no dejaron memoria,
desaparecieron como si no hubieran existido,
pasaron como si nunca hubieran sido,
igual que sus hijos después de ellos.
10 Pero hubo también hombres de bien,
cuyos méritos no han quedado en el olvido.
11 En sus descendientes se conserva
una rica herencia, su posteridad.
12 Sus descendientes han sido fieles a la alianza,
y, gracias a ellos, también sus hijos.
13 Su descendencia permanece por siempre,
y su gloria no se borrará.
14 Sus cuerpos fueron sepultados en paz,
y su nombre vive por generaciones.
15 Los pueblos hablarán de su sabiduría,
y la asamblea proclamará su alabanza.
. R. Amén.

Psallendum (Sal 18, 5. 4)
A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. V. Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz. R. Y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Apóstol
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (Ef 1, 2-14).
R. Demos gracias a Dios.
Hermanos:
2 Gracia y paz a vosotros de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
3 Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.
4 Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo
para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.
5 Él nos ha destinado por medio de Jesucristo
según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos,
6 para alabanza de la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.
7 En él, por su sangre, tenemos la redención, el perdón de los pecados,
conforme a la riqueza de la gracia
8 que en su sabiduría y prudencia ha derrochado sobre nosotros,
9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad:
el plan que había proyectado 10 realizar por Cristo, en la plenitud de los tiempos:
recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.
11 En él hemos heredado también nosotros,
destinados ya a ello por decisión del que lo hace todo según su voluntad,
12 para que seamos alabanza de su gloria los que antes esperábamos en el Mesías.
13 En él también vosotros,
después de haber escuchado la palabra de la verdad –el evangelio de vuestra salvación–,
creyendo en él habéis sido marcados con el sello del Espíritu Santo prometido.
14 Él es la prenda de nuestra herencia, mientras llega la redención del pueblo de su propiedad, para alabanza de su gloria. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (Jn 15, 7-16).
R. Gloria a ti Señor.
En aquel tiempo:
Nuestro Señor Jesucristo hablaba con sus discípulos y les decía:
Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos. Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. 10 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 11 Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
12 Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. 13 Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. 14 Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. 15 Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. 16 No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. R. Amén.

Laudes (Sal 31, 11)
Aleluya. V. Alegraos, justos y gozaos con el Señor, aclamadlo los de corazón sincero. R. Aleluya.

Sacrificium (Mt 25, 34. 31; 13, 43)
Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo, aleluya. V. Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre y todos los ángeles con él, entonces los justos brillarán como el sol en el reino de Dios. R. Aleluya.

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, ofrezcamos un sacrificio de alabanza a Dios, Salvador y Señor nuestro, en esta festividad de los santos Simón y Judas, apóstoles y mártires, y abrámosle los secretos de nuestro corazón y de nuestra mente, para que Aquél que es el autor de su victoria se muestre propicio a nuestras plegarias. Carísimos hermanos: Entre la multitud de los santos, estos son los que merecen nuestras alabanzas; hemos de celebrar con honor a quienes mantuvieron coloquios con nuestro Señor y Salvador, pues aunque no hubiesen muerto derramando su sangre, merecerían ser honrados por poseer la doctrina de su Señor. Más aún, en la medida en que les fue concedido el inestimable e inefable don del Espíritu Santo instruyeron e impulsaron a la Iglesia primitiva; su gloria es excelente y admirable, y la Iglesia recibe esta celebración con alegría y júbilo. En cuanto a la grandeza de sus acciones y a la gloria de la gracia, no cuenta tanto haber visto en forma corporal a su Señor y Maestro y ser ilustres por anunciar en todo el orbe su doctrina, como el haber progresado en la gloria de la fe hasta el punto de derramar la sangre por amor del Señor. Y así, todo lo que habían visto hacer al Maestro ellos lo repitieron para ejemplo de todos. Que la asamblea de los fieles se reúna con solicitud en su festividad, y celebre esta solemne liturgia con espíritu de compunción. Que los deseos expresen cuanto encierran nuestros corazones y nuestras mentes se llenen de alegría al oír sus enseñanzas. Quienes se han esforzado para llegar tan arriba, se dignen interceder por nosotros con toda bondad. Quienes han llegado a ser admirables por la doctrina de Cristo protejan a la Iglesia con sus plegarias. R. Amén.
Por la misericordia del mismo Cristo, Dios nuestro, que con el Padre y el Espíritu Santo es un sólo Dios que vive y reina por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Cristo, maestro de todos los apóstoles y guía de la Iglesia, muéstrate propicio a quienes nos hemos reunido hoy para celebrar la fiesta de tus santos Simón y Judas, apóstoles y mártires. Haznos seguir fielmente su doctrina, haznos amables y dóciles, de manera que no seamos considerados como extraños por aquéllos que fueron egregios guías en la fe. Que nuestra esperanza obtenga el premio de la gloria junto con ellos, que, después de brillar por la doctrina como maestros, merecieron alcanzar el martirio. Que la Iglesia resplandezca gracias a sus enseñanzas que siguen siendo objeto de una gloriosa predicación. Los que fueron admirables doctores de la Iglesia sean ahora protectores de los que somos débiles. Nos enseñen a mantener la norma de la justicia aquéllos por cuya predicación brilla la Iglesia como la luna por el sol. Conduzcan a los extraviados a la penitencia, quienes fueron eximios por sus enseñanzas. Obtengan a los pecadores el perdón de sus faltas, los que cimentaron a la Iglesia con su doctrina. Ellos, que gobiernan con su predicación a la Iglesia como a una nave entre las olas del mar, obtengan para los gobernantes la discreción, la perseverancia para las vírgenes, la disciplina para los ministros sagrados, el dominio de sí mismos para los laicos, la constancia para los que trabajan por la fe. Haz, Señor, que cuantos, animados por su victoria, celebramos la festividad de los santos Simón y Judas, veamos perdonados nuestros pecados por sus méritos y podamos llegar hasta ti después de la muerte. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Tú, Señor, que eres fiel en todas tus palabras y santo en todas tus obras, atiende con tu acostumbrada piedad a quienes celebramos la festividad de los santos Simón y Judas, apóstoles y mártires. Tú que les diste, por medio del Espíritu Santo, la potestad de expulsar a los demonios, haz que tengamos siempre en tu presencia un corazón limpio y un espíritu recto. A quienes vivimos aún lejos de ti danos un auténtico amor a la justicia y que los difuntos, evitando el infierno, gocen de la vida bienaventurada. Que mientras permanecemos en esta vida nos animen las enseñanzas de tus apóstoles, y que, por sus méritos, obtengan la comunión de los santos quienes han dejado ya su cuerpo. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Cristo, que eres la paz inagotable y la fuente de todo bien, que diste a tus discípulos tu paz, dígnate infundirla abundantemente en nuestros corazones; de modo que no la demos como acostumbra a darla el mundo, sino que conviviendo pacíficamente, evitemos apartarnos de tus mandamientos ya sea por mala voluntad o simplemente por olvido; y que arraigados en el amor a Dios y al prójimo, podamos ser hallados perfectos en el cumplimiento de tus mandamientos; que el ósculo de paz que intercambiamos nos haga amar la paz, y que por la paz podamos llegar hasta ti sin pecado. Que la dulzura de la paz venza en nosotros la amargura del odio, y la caridad cubra todos nuestros pecados, de modo que la paz de Dios, que eres tú mismo, y que supera todo conocimiento, suprima en nosotros cualquier forma de enemistad, y, dejando de lado todo temor, nos conceda el gozo del amor. Que por las plegarias de tus apóstoles y mártires, Simón y Judas, afianzados siempre en la paz, alcancemos la gloria del cielo. R. Amén.
Porque Él es nuestra paz verdadera, caridad indivisible; que vive y todo lo gobierna por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es justo y necesario, Padre todopoderoso, es muy conveniente y hermoso darte gracias, a ti y a Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro, que siendo contigo y con el Espíritu Santo un solo Dios, al llegar la plenitud de los tiempos, se hizo hombre para redimir a tus siervos, y muriendo y resucitando nos dejó un admirable ejemplo de paciencia. El cual, habiendo elegido a sus discípulos y apóstoles para destinarlos a la predicación, los educó con paciencia y humildad y les mostró la manera de soportar el mal, aceptando las injurias de quienes no creían en él. Entre ellos figuran los santos Simón y Judas, cuya fiesta celebramos, que fueron instruidos en la verdadera doctrina y después fueron hallados perfectos en la virtud de la paciencia. Anunciaron la paz que estaba por llegar y soportaron con paciencia las contradicciones de los insensatos. Con su palabra dominaron a los espíritus inmundos y aceptaron las injurias de los necios. En su paciencia no dudaron en orar para que sus adversarios y opositores no sufrieran ningún mal y para que cuantos siguen a Cristo no devuelvan mal por mal, sino que amen a los enemigos, tal como Él enseñó. Ricos ya en los bienes del cielo, supieron posponer los bienes materiales y terrenos y sugerir a los pobres de espíritu y a los bienaventurados que repartieran entre los necesitados estos bienes. ¡Oh amor de Cristo, más penetrante que una espada de doble filo! ¿Quién puede hablar de ti, con sólo los recursos del lenguaje humano? ¿Quién es capaz de resumir en pocas palabras todo lo que hiciste en favor de los hombres?. Eres tan grande y perfecto que no se puede decir todo de ti, y en cambio prohíbes que nos quedemos callados. Haces de los hombres ángeles y los haces pasar de lo temporal a lo eterno. Estos son nuestros santos apóstoles, que elegidos de entre el mundo, se movieron por él como si no lo conocieran, y se procuraron lo necesario para vivir con el trabajo de sus manos desdeñando las riquezas que les ofrecían, escogiendo ser pobres y no ricos según lo terreno. Llegados al final de su vida, para evitar la muerte de otros, aceptaron generosamente su propia muerte, y siguiendo el ejemplo de Cristo, el Señor, aun siendo poderosos en virtudes, se entregaron en manos de sus potentes perseguidores. Murieron por Cristo, pero viven para testimoniar la verdad, y se alegran con los coros de los santos y con los ejércitos celestiales proclaman sin cesar y dicen:

Post Sanctus
En verdad eres santo y glorioso en tus santos, Cristo Dios. Tú, para redimir a tus siervos, soportaste el ultraje de la pasión y enalteces con la gloria eterna a los santos que han perseverado; les das el querer soportar toda clase de sufrimientos y hasta el poder morir voluntariamente por ti, pudiendo, de este modo, ser coronados con hermosa diadema; para que, quienes han rechazado al mundo, gocen de ti, que eres la luz de su vida y de su muerte.
Porque tú eres el Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Padre todopoderoso, amigo y protector de tus santos, en honor de tus apóstoles y mártires Simón y Judas, presentamos y depositamos sobre tu altar la ofrenda del pan y del vino, instituida por tu Hijo unigénito, Señor nuestro, para que reciba la efusión de tu Espíritu. Que el Espíritu Santo se digne descender sobre ella y, una vez santificada, la haga suya tu Hijo Unigénito, el mismo que la instituyó. Que cuantos tomemos parte en este sacrificio, no merezcamos castigo por nuestro atrevimiento, sino que, por nuestra buena disposición, obtengamos alcanzar el premio. Que lleguemos sin daño a la presencia de tu gloria cuantos participamos en esta oblación instituida por tu Hijo, Cristo Señor nuestro. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Todos vosotros que formáis esta comunidad eclesial y habéis oído la paciencia y la fortaleza de los apóstoles y mártires santos Simón y Judas, aguzad conmigo la mirada espiritual para considerar atentamente el valor de su renuncia al mundo. Les ofrecieron riquezas pero las rechazaron; tuvieron la posibilidad de vengarse de sus perseguidores, pero no lo aceptaron. De ahí que tuvieran la facultad de subyugar a los demonios. No se puede vencer al diablo sino renunciando al mundo y a todas sus riquezas. Rechacemos pues todas las ventajas materiales para que, después de vencer al espíritu maligno, podamos gozar de la salvación eterna. Y así podamos proclamar desde la tierra la oración que nos enseñó el que habita en el cielo:

Benedictio
Cristo, Hijo unigénito de Dios Padre, que concedió a sus santos apóstoles Simón y Judas, la potestad de someter a los espíritus malignos, os proteja con su gracia y os conforte con su Espíritu. R. Amén. Aquél que les concedió abrazar la pobreza, dejando de lado las riquezas materiales, os haga felizmente pasar de esta vida temporal a la eterna. R. Amén. Que quienes, por amor suyo, celebráis el recuerdo de estos santos, podáis un día gozar con ellos en la presencia de Dios. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Dios, bajo tu altar descansan en paz tus apóstoles Simón y Judas, y reciben la blanca vestidura del amor; tú, que eres fiel a tus promesas, dígnate contarnos entre el número de tus servidores. Que nuestra vida pueda alcanzar tu misericordia si nuestra muerte no mereciese la recompensa. R. Amén.
Por la gracia de tu amor, Dios nuestro, que vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.