1 de agosto: San Félix de Gerona.



(Rito hispano-mozárabe)


1 de agosto
san félix de gerona
(Memoria)


Conocido por Félix el Africano, apóstol de Gerona que llegó a nuestras costas desde el norte de África, como san Cucufate. Con frecuencia se le representa con dalmática, pero no consta que fuera diácono; todo puede deberse a su tarea evangelizadora y a que diácono fue su homónimo, también mártir (a. 307), el compañero de Narciso, obispo de Gerona.
Prudencio, en el siglo V es el primero en aludir a nuestro santo en su himno dedicado a los mártires cesaraugustanos. El culto tributado a san Félix se difundió primero por la Galia narbonense; sólo más tarde lo hizo por España.
Por lo que se refiere a su asociación con los macabeos, sólo aparece en solitario en los Calendarios Vigiliano y Cordobés; todos los demás lo celebran con los Macabeos (misa, Deum Inmense). Más tarde la tradición toledana aceptó también la misa gerundense (Omni cura), inspirada en la Passio, y que celebra en solitario a nuestro santo.

Prælegendum (Sal 111, 1-2)
Dichoso el hombre, aleluya, que teme al Señor, aleluya, y ama de corazón sus mandatos, aleluya, aleluya. V. Su linaje será poderoso en la tierra, la descendencia del justo será bendita. R. Y ama de corazón sus mandatos, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Y ama de corazón sus mandatos, aleluya, aleluya.


Oratio post Gloriam
Dios, que tienes como honor la santidad, amarte es salvación y preferirte perfección: penetra en nuestros corazones, haz que en toda la Iglesia resplandezcan las reliquias de tu mártir Félix. Para que siendo tú el guía de nuestros pasos, nos lleves, como camino, a la vida, como llevaste hasta el premio a tu santo mártir. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Profecía
Lectura del libro del Eclesiástico (Ecclo 31, 8-11).
R. Demos gracias a Dios.
Esto dice el Señor:
8 Dichoso el rico de conducta intachable
que no corre tras el oro.
9 ¿Quién es? Lo felicitaremos,
pues ha hecho maravillas en su pueblo.
10 ¿Quién sufrió esta prueba y fue hallado perfecto?
Será para él un título de gloria.
¿Quién pudo transgredir la ley y no la transgredió,
hacer mal y no lo hizo?
11 Sus bienes se consolidarán,
y la asamblea proclamará su bondad. R. Amén.

Psallendum (Sal 34, 23. 3)
Despierta, levántate, Dios mío, Señor mío, defiende mi causa. V. Pelea, Señor, contra los que me atacan, combate contra los que me hacen la guerra. Di a mi alma: Yo soy tu victoria. R. Señor mío, defiende mi causa.

Apóstol
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (2Tim 4, 17s).
R. Demos gracias a Dios.
Hermanos:
17 El Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, a través de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todas las naciones. Y fui librado de la boca del león. 18 El Señor me librará de toda obra mala y me salvará llevándome a su reino celestial. A él la gloria por los siglos de los siglos. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 25, 14-25).
R. Gloria a ti Señor.
En aquel tiempo:
Nuestro Señor Jesucristo hablaba con sus discípulos y les decía:
14 «Es como un hombre que, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes: 15 a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. 16 El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. 17 El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. 18 En cambio, el que recibió uno fue a hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. 19 Al cabo de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar las cuentas con ellos. 20 Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco”. 21 Su señor le dijo: “¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”. 22 Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: “Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos”. 23 Su señor le dijo: “¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”. 24 Se acercó también el que había recibido un talento y dijo: “Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, 25 tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”». R. Amén.

Laudes (Jer 1, 8)
Aleluya. V. No les tengas miedo, porque yo estoy contigo para librarte. R. Aleluya.

Sacrificium (Dn 12, 3; Sap 3, 7-8)
Brillará el justo como el fulgor del firmamento, como las estrellas del cielo que irradian su luz, así resplandecerá el justo por toda la eternidad, aleluya. V. Resplandecerán como las chispas que prenden por un cañaveral, gobernarán naciones, dominarán pueblos y reinarán con el Señor. R. Por toda la eternidad, aleluya.

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, con todo cuidado, dedicación y devoción celebremos los divinos oficios de este día, que san Félix consagró con su feliz martirio al derramar su sangre por el nombre de Cristo. Él, observando los preceptos de nuestro Salvador, cuando se dedicaba en Cesarea al estudio de las letras, perfecto en la ley del Señor, penetró en la Jerusalén santa, y lo que en ella perdió de sus ansias de formación humana lo ganó en deseo de la compañía de los ángeles y de la contemplación de Dios. En Cesarea abandonó la sabiduría temporal y perecedera de la insensatez, en Jerusalén adquirió la sabiduría verdadera y eterna que permanece en Dios. Con su ayuda, pidamos todos a Dios que como a él le enriqueció con divinas virtudes, a nosotros, por él, se digne ayudarnos con sus méritos. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Dios, que inflamaste a tu mártir san Félix con el calor del Espíritu Santo, para que te siguiera despreciando las cosas presentes, y quedara enriquecido con los dones celestiales que nos tienes prometidos. Él, cuando cedía ya el furor de la persecución en su tierra natal, andaba buscando como buen soldado lugares donde se luchara por tu nombre, sabiendo que la persecución iba decreciendo de ciudad en ciudad. Armado de tu celo, no quiso esconderse en la tranquilidad sino que quiso meterse en el campo de batalla, donde se mantenía la lucha. Y así, abandonando su patria, atravesando el mar, buscándote a ti que estás en todas partes, vino hasta Gerona. Aquí, como buen mercader, mostraba a todos fielmente la preciosa margarita que había adquirido vendiendo todo lo demás, y así edificaba a los fuertes en la fe y dada ánimos a los vacilantes, para no temer las penas presentes y caminar con alegría hacia los premios eternos. Por esto te pedimos, Dios todopoderoso, que su ayuda nos defienda desde el cielo a los que celebramos en la tierra su martirio, rindiéndote culto. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Dios, autor de la felicidad eterna, por la intervención de tu mártir Félix, acepta propicio los deseos de tu pueblo y da a todos el remedio que te suplican. Así, por él, tú que piadosamente nos ayudas, presta atención a nuestras preces y consuela las almas de los difuntos con la compañía de los bienaventurados. Y también nosotros, por la intervención del que es feliz de nombre y por sus méritos, y se consagró a ti por el martirio, vivamos felizmente en este mundo. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Jesús, Hijo de Dios, que colocando felizmente en la celestial Jerusalén las almas felices de tus santos, proclamas con palabras divinas que son felices los que se alegran en tu paz; haz que nosotros, felizmente, por mérito de tu Félix, gocemos siempre de la felicidad de aquella celestial Jerusalén, y renovemos cada día el deseo de vivir en ella. Para que como el hábil mercader de esta ciudad, este santísimo Félix, recomendable por la probidad de sus costumbres, exiliado de su patria, despreciando la sabiduría sobre las cosas del mundo envanecido, acumulando frutos celestiales subió hacia ella, coronado con todos los que había ganado. Así también nosotros, con tu ayuda, conviértenos en esta vida en hábiles negociadores de la paz y de la caridad, todo lo que hacemos lo hagamos por tu amor y el del prójimo, para que nos llevemos una digna ganancia, cuando, después de nuestro tránsito, lleguemos para ser coronados a la patria santa. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es digno y justo, conveniente para nosotros y justo para ti, que los que somos criaturas tuyas demos gracias a tu majestad, Dios todopoderoso y sempiterno, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, con tal de que nos inspires esas dignas gracias que podamos ofrecerte. Por eso, cuando te contemplamos admirable en tus santos, nos damos cuenta de que las maravillas hechas por ellos proceden de ti. [¿Quién, pues, va a silenciar tus alabanzas que nunca podrá concebir nuestra inteligencia ni expresar nuestra lengua, pero por su propia manifestación nos obligan a no quedar callados? Porque tú, confiriendo la felicidad a tu Félix, lo hiciste primero ilustre en el reconocimiento de tu Cristo, después, destacado en la recepción del bautismo, luego, continente, por la moderación de una vida laudable, y por último lo hiciste admirable en el combate martirial, queriendo decir con ello que lo mismo podías hacer con todos, si, del mismo modo, todos quisieran adherirse a tu gracia: de otro modo, no se mostrarían separados en cada persona seos méritos que proceden de ti por la distribución de tus dones, aunque también procedan de los actos virtuosos de cada uno. ¿Qué son nuestros buenos méritos sino dones tuyos? Y por eso te bendecimos, te damos gracias, te engrandecemos y te alabamos. Pues todo lo creaste bondadosamente, lo redimiste con misericordia y lo amas con benignidad. Y como en todas tus obras das a conocer tu omnipotencia, se dice de ti menos de lo que se siente y todavía podríamos sentir mucho más. ¿Qué puede hablar dignamente la carne del espíritu, la naturaleza de barro de su autor, los mortales de la vida, lo temporal de lo eterno, el hombre de Dios? ] Y como en tu contemplación falla no solo la criatura viciada sino la purificada y elevada, nada creemos más provechoso para nosotros que en esta festividad de tu mártir Félix, feliz por nombre y por felicidad auténtica, redimidos por la sangre de tu unigénito nuestro Señor Jesucristo, unamos nuestras voces a las aclamaciones con los nueve coros angélicos, para que así, uniéndonos a ellos los que somos ovejas de tu rebaño, completaremos el número de diez, para continuar aclamando:

Post Sanctus
Glorioso y admirable es en verdad Dios Padre todopoderoso, que instruiste tan bien a tu santo mártir Félix para el magisterio de la predicación del evangelio que, abandonada su patria, te buscase en el exilio a ti, Padre de las luces, con la luz de su fe no cubierta bajo el celemín, sino luciendo sobre el candelabro para iluminar a todos en la Iglesia, y al desatarse la persecución de la fe no huyó del enemigo aunque no estuviera buscado, sino que le salió al encuentro, buscando con quién luchar. Cuando fue arrestado y presentado a cruentos tribunales por la confesión de tu nombre, primero con palabras seductoras intentaron tenderle lazos; pero los dardos del enemigo no pudieron traspasar el pecho que tú habías acorazado con tu gracia. [Dispone, pues, la insaciable crueldad la suciedad de la cárcel, los grilletes de hierro, la consunción de la falta de alimento, los surcos que en su carne trazaron los látigos, la laceración de los garfios, los naufragios del mar y con toda la perversidad de sus mentes intentar aterrorizar a su soldado. Pero tú que ayudas de verdad a tus siervos, vas sacando en todo vencedor a tu mártir; y el adversario, al que no le quedan nuevos tormentos que aplicar, tiene que confesarse vencido y sometido él mismo a los tormentos por el juicio divino; él, que entregado a cultos supersticiosos, mandaba que tu mártir fuera sometido a los tormentos. Vencida así la loca crueldad, manda matar al mártir encerrado en la cárcel; pero Félix, triunfante, confesor en la tierra de su Dios y Señor, mandó al cielo su alma feliz, con una escolta de ángeles. ]
Por Cristo, Señor y Redentor nuestro.

Post Pridie
Unigénito Dios nuestro, que mirando por tu santo soldado Félix, para premiar su fe no le abandonas ni en la tierra ni en el mar, cuando fortalecido por tu auxilio en la tierra deshace con sus palabras al adversario, y echado al mar anda sobre las olas; te rogamos que, movido por la oración de este mártir, lavando nuestras vidas, nos saques del profundo cieno, confiriendo santificación a estas ofrendas y bendición perpetua a los que las tomen. Así te confesemos siempre como Señor nuestro, con corazón y labios del todo limpios, como el mismo mártir en compañía de los ángeles te alabó con sus voces. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Dios todopoderoso, autor de la felicidad eterna, por la intercesión de san Félix tenga piedad de la miseria que nos hace infelices, para que gocemos con él en su presencia, felices para siempre, como hoy nos gozamos en su felicidad, celebrando su fiesta solemne y orando según nos enseñaste:

Benedictio
El Señor os haga felices por la intercesión de Félix, su mártir, y aparte de vosotros todos los males. R. Amén. Os conceda pasar felizmente esta vida y os bendiga con su perpetua bendición. R. Amén. Que no permita que ninguno de vosotros sea infeliz, sino que se incrementen vuestras felicidades de cada día. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Concédenos, Dios todopoderoso, el constante patrocinio de su santo testigo Félix, para que merezcamos seguir su piadoso ejemplo, y experimentando su poderosa intercesión le sigamos en su valeroso combate por la fe. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.