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Domingo antes de San Juan Bautista.


domingo que precede al nacimiento de san juan bautista


Prælegendum (Sal 92, 1)
El Señor reina vestido de majestad, aleluya. V. El Señor, vestido y ceñido de poder. R. Aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Aleluya.

Oratio post Gloriam
Señor Dios, que quisiste que el niño Juan se adelantara a la llegada de tu Hijo unigénito, para que, enviado por ti, preparase el camino de Cristo en los corazones de los incrédulos, sanando a los de corazón atribulado y restituyendo a los ciegos la claridad de la luz. Por su ayuda ilumina la ceguera de nuestro corazón y cambia las tribulaciones de nuestro ánimo por el gozo eterno, de forma que los que en la natividad de tu Hijo unigénito nos dejamos llevar del gozo cristiano, en su venida para el juicio, no nos sintamos atados por ningún reato de castigo. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Profecía
Lectura del libro del Profeta Isaías (Is 40, 1-8).
R. Demos gracias a Dios.
Esto dice el Señor:
1 «Consolad, consolad a mi pueblo
–dice vuestro Dios–;
2 hablad al corazón de Jerusalén,
gritadle,
que se ha cumplido su servicio
y está pagado su crimen,
pues de la mano del Señor ha recibido
doble paga por sus pecados».
3 Una voz grita:
«En el desierto preparadle
un camino al Señor;
allanad en la estepa
una calzada para nuestro Dios;
4 que los valles se levanten,
que montes y colinas se abajen,
que lo torcido se enderece
y lo escabroso se iguale.
5 Se revelará la gloria del Señor,
y verán todos juntos
– ha hablado la boca del Señor–».
6 Dice una voz: «Grita».
Respondo: «¿Qué debo gritar?».
«Toda carne es hierba
y su belleza como flor campestre:
7 se agosta la hierba, se marchita la flor,
cuando el aliento del Señor
sopla sobre ellos;
sí, la hierba es el pueblo;
8 se agosta la hierba, se marchita la flor,
pero la palabra de nuestro Dios
permanece para siempre». R. Amén.

Psallendum (Sal 54, 9. 8)
Yo esperaba en Dios: él me pondrá a salvo de la tormenta. V. Me alejé huyendo y permanecí en el desierto. R. A salvo de la tormenta.

Apóstol
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (Ef 4, 1-13).
R. Demos gracias a Dios.
Hermanos:
1 Os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. 2 Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor, 3 esforzándoos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. 4 Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. 5 Un Señor, una fe, un bautismo. 6 Un Dios, Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos.
7 A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. 8 Por eso dice la Escritura:
Subió a lo alto llevando cautivos
y dio dones a los hombres.
9 Decir subió supone que había bajado a lo profundo de la tierra; 10 y el que bajó es el mismo que subió por encima de los cielos para llenar el universo. 11 Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores, 12 para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; 13 hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos (Mc 1, 1-8).
R. Gloria a ti Señor.
1 Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
1 En el profeta Isaías está escrito: «Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino; 3 una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”»; 4 en cumplimiento de esto, se presentó Juan en el desierto bautizando y predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. 5 Acudía a él toda la región de Judea y toda la gente de Jerusalén. Él los bautizaba en el río Jordán y confesaban sus pecados.
6 Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. 7 Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de las sandalias. 8 Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo». R. Amén.

Laudes (Sal 144, 21)
Aleluya. V. Mi boca pronunciará la alabanza del Señor, que todos los hombres bendigan su santo nombre. R. Aleluya.

Sacrificium (Is 40, 3; 61, 1; Lc 3, 4; 4, 18)
Voz que clama en el desierto: preparad un camino al Señor, allanad una calzada para nuestro Dios, aleluya. V. Aleluya. El espíritu del Señor está sobre mí, por eso me ha ungido para evangelizar a los hombres, me envió a sanar a los de corazón atribulado, a predicar redención a los cautivos, a devolver la luz a los ciegos, diciendo: R. Preparad un camino al Señor, allanad una calzada para nuestro Dios, aleluya.

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, reunidos para adorar solemnemente al poderoso Creador del universo, nosotros que somos su pueblo predestinado, debidamente postrados ante él, invoquemos al Padre bondadoso, para que, como acostumbra, nos conceda el bien en lugar del mal, escuche a sus hijos en el día de la tribulación, no permita que los inocentes sean maltratados, sino que consienta a todos verse libres; otorgue a los gobernantes la justicia con la verdad y la clemencia, conceda a los pueblos la concordia con la paz; que quienes han de mandar lo hagan sin forzar a los súbditos de modo que éstos obedezcan sin murmuración; que los ricos aprendan a no amar las riquezas perecederas sino que, por medio de buenas obras, adquieran bienes eternos. Que Él tenga cuidado de los pobres, vista a los desnudos y proteja a los que no tienen amparo. Que haga regresar de su exilio a los refugiados, y libre de ataduras a quienes suspiran en la cárcel. Sea para los huérfanos auxilio cotidiano y consolador benigno y compasivo de las viudas apenadas. Que no falte la acostumbrada y benéfica lluvia para que la tierra, bien regada, dé sus frutos abundantes. Que nos ayude a velar constantes en la oración y a ofrecer con frecuencia este sacrificio para la remisión de los pecados. R. Amén.
Por la misericordia de Aquél que es un sólo Dios en la Trinidad, y vive y reina por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Dios, tu sabes que la vida de los aquí presentes está sometida a toda clase de necesidades; escucha los deseos de los que te suplican y atiende las plegarias de los creyentes. Si la salud de los familiares se ve en peligro por una indisposición del cuerpo o del espíritu, tu mano consoladora aparte el dolor del afligido o la enfermedad del doliente. Si amenaza la cólera o el enojo del juez, que se haga presente el poder que calma a los superiores y procura la libertad de los súbditos. Si una intención siniestra empuja a litigar a los que no van de acuerdo, que una benévola concordia apacigüe a los contrincantes. Si hay que soportar las incomodidades de un largo camino, que acompañe vigilante el ángel custodio. Él aleje a los espíritus malvados, a la presa de la fiera, el error del camino, la calamidad de la emboscada, la insidia del ladrón, la violencia del bandolero. Si alguien ha de viajar por razón de negocios, tú, guía invisible, haz sentir tu protección. Que el legítimo deseo de beneficio no empañe la rectitud de su mente; que no sufra accidentes en el camino. Que pueda alegrarse por el buen resultado obtenido y sobre todo por haber sido fiel a la propia conciencia. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Señor, Padre santo, Dios eterno y todopoderoso, que conoces los corazones de todos y examinas con diligencia lo que se te pide, te pedimos que acojas y atiendas con amor no sólo las plegarias que formulamos sino incluso nuestros más ocultos deseos. Cuando nos reunimos para pedirte algo, tú lo sabes todo antes de que hablemos. Ofrecemos pues nuestras súplicas por las necesidades de los pobres, por las dificultades de los jóvenes, por los daños de los vencidos, por la seguridad de los viajeros, por el alivio y el descanso de los fieles difuntos, y por los que emprenden viajes peligrosos para que se mantengan fuertes en las dificultades. Que la fiebre y cualquier otra dolencia se alejen de los enfermos, que la tentación del espíritu del mal
no haga mella en nadie; que a todos ayude tu consuelo saludable y les proteja la ayuda del cielo. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Dios, tú, al subir a la derecha del Padre, con autoridad evangélica nos mandaste observar la paz; concédenos generoso tu paz, de modo que, evitando las discordias fáciles, logremos perseverar en el arduo camino del cielo. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es justo y necesario darte gracias, Señor, Dios nuestro. Tú, al alma caída y agobiada por el remordimiento no sólo le restituyes la dignidad perdida y la restauras en el precedente esplendor, sino que la haces participar en la gloria del cielo, perdonando la culpa del pecado y condonando la pena de la muerte eterna. No te movió a realizar todas estas cosas la realidad de nuestra pequeñez, sino la inclinación de tu amor eterno. Tú, pues, destruyendo sus cadenas, diste la libertad al hombre esclavizado y afligido, y por medio de un fiador lo redimiste de la ley de la muerte que le oprimía: enviaste a tu único Hijo y Señor nuestro, que, para salvarnos, como precio de este comercio entregó generoso su sangre; Él, que en el cielo recibe todo honor, aunque nos veía indignos, se entregó por nosotros, sometiéndose a las afrentas y aceptando todos los ultrajes, para que la naturaleza humana que asumió al nacer, quedara salvada gracias a su muerte. Por Él te pedimos y suplicamos que aceptes la ofrenda de esta oblación pura, que te presentamos como sacrificio sobre este altar; atiende a las plegarias de los oferentes; bendice con la plenitud de la gracia, cual verdadero sacerdote, esta auténtica víctima; que estos alimentos temporales sean sacramento de inmortalidad, y, por su bondad intrínseca, nos obtengan la salud de las enfermedades del cuerpo y de las dolencias del espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, al que justamente todos los ángeles y arcángeles no cesan de alabar, diciendo:

Post Sanctus
Santo es en verdad y admirable en el cielo nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo; por quien te ofrecemos humildemente, a ti, Dios Padre todopoderoso, este sacrificio de alabanza y la sincera piedad de nuestro corazón. No se da muerte aquí, entre horribles mugidos de ganado, a una triste víctima o a un toro, ni se inmola un cabrito del rebaño; sino que se ofrece la oblación que instituyó el verdadero Señor y Sacerdote omnipotente
Cristo, Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Santifica, Señor, tu altar con la bendición de tu mano, y, en la esperanza de la resurrección, hazte presente en nuestro interior por la alegría y la gracia; a todos cuantos te sirven inspírales aquellos deseos que ha de agradarte conceder; mira lleno de ternura a tu pueblo y admítelo a recibir la gracia que salva; Perdona a los que reconocen su pecado, protege a los que están alegres y consuela con tu clemencia a los que están tristes. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Queridos hermanos, al disponernos a recitar la oración dominical, que ninguna preocupación secular ocupe nuestras mentes, nada torpe, superficial o vano nos salga al paso; más bien, arrepentidos de los pecados cometidos y pidiendo perdón de antemano por lo que pueda ocurrir, con temor y confianza digamos desde la tierra:

Benedictio
La gracia de la bendición del Señor os proteja siempre y os guarde de todo mal. R. Amén. El Señor os purifique de toda culpa de pecado y os conceda poderle agradar por siempre. R. Amén. El Señor os salga al encuentro bien dispuesto y os otorgue de verdad el don de su bendición. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Saciados por el Cuerpo y la Sangre de tu Cristo, te damos gracias, Señor, rogándote con humildad y devoción que merezcamos tenerte siempre propicio, ya que tú eres el médico y el sustento de las almas. R. Amén.
Porque eres Dios piadoso y rico en misericordia, y vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.