24 de Junio: Natividad de San Juan Bautista.


24 de junio
natividad de san juan bautista


Esta fiesta del 24 de junio figura en el Calendario de Carmona, probablemente del siglo VI, pero también aparece la del martirio, el 24 de septiembre (no el 29 de agosto), que debía ya celebrarse en época visigoda pues aparece en el Oracional Tarraconense.
Parece que no es aventurado atribuir a san Ildefonso de Toledo los textos para las misas y oficios de san Juan Bautista, que guardan entre sí notables parecidos.
Esta fiesta del 24 de septiembre, al parecer de origen occidental, fue la más importante en época visigoda; no es fácil decir en qué momento comenzó a celebrarse en España, pues aunque se atribuyan a san Ildefonso los actuales textos podía venirse celebrando desde mucho tiempo antes; en África lo venía siendo desde el siglo V, según algunos testimonios.

Prælegendum (Lc 1, 13. 76)
El ángel del Señor dijo a Zacarías, aleluya. Isabel, tu mujer, te dará un hijo, aleluya, y le pondrás por nombre Juan, aleluya, aleluya. V. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos. R. Y le pondrás por nombre Juan, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. R. Y le pondrás por nombre Juan, aleluya, aleluya.

Oratio post Gloriam
Dios, tú has querido alegrarnos con el nacimiento de Juan, tu Precursor: haz que podamos recibir de ti la plenitud del gozo en el juicio que ha de llegar. Que por los méritos de aquél que te precedió con el espíritu y el poder de Elías podamos alegrarnos con gozo ahora y por siempre. R. Amén.
Por tu inefable bondad, Dios nuestro, que vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Profecía
Lectura del libro del Profeta Jeremías (Jer 1, 4-12. 17-19).
R. Demos gracias a Dios.
En aquellos días:
4 El Señor me dirigió la palabra:
5 –Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: Te constituí profeta de las naciones.
6 Yo repuse:
–¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que solo soy un niño.
7El Señor me contestó:
–No digas que eres un niño, pues irás adonde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte –oráculo del Señor.
9 El Señor extendió la mano, tocó mi boca y me dijo:
–Voy a poner mis palabras en tu boca. 10 Desde hoy te doy poder sobre pueblos y reinos para arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para reedificar y plantar.
11 El Señor volvió a dirigirme la palabra:
–¿Qué ves, Jeremías?
Respondí:
–Veo una rama de almendro.
12 El Señor me dijo:
–Bien visto, porque yo velo para cumplir mi palabra.
17 Pero tú cíñete los lomos:
prepárate para decirles todo lo que yo te mande.
No les tengas miedo,
o seré yo quien te intimide.
18 Desde ahora te convierto en plaza fuerte,
en columna de hierro y muralla de bronce,
frente a todo el país:
frente a los reyes y príncipes de Judá,
frente a los sacerdotes y a la gente del país.
19 Lucharán contra ti, pero no te podrán,
porque yo estoy contigo para librarte
–oráculo del Señor–. R. Amén.

Psallendum (Sal 21, 10s; 70, 6)
Tú, Señor, me llamaste desde el vientre de mi madre, en ti esperé desde el tiempo de mi lactancia. V. A ti me he entregado desde antes de nacer, desde el vientre de mi madre tú eres mi Dios.

Apóstol
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (Gal 4, 22-5, 1).
R. Demos gracias a Dios.
Hermanos:
22 Porque está escrito que Abrahán tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la libre; 23 pero el hijo de la esclava nació según la carne y el de la libre en virtud de una promesa. 24 Estas cosas son una alegoría: aquellas representan dos alianzas. Una, la del monte Sinaí, engendra para la esclavitud, y es Agar; 25 en efecto, Agar significa la montaña del Sinaí, que está en Arabia, pero corresponde a la Jerusalén actual, pues está sometida a esclavitud junto con sus hijos. 26 En cambio, la Jerusalén de arriba es libre; y esa es nuestra madre. 27 Pues está escrito: Alégrate, estéril, la que no dabas a luz, rompe a gritar de júbilo, la que no tenías dolores de parto, porque serán muchos los hijos de la abandonada; más que los de la que tiene marido. 28 Pero vosotros, hermanos, sois, como Isaac, hijos de la promesa. 29 Ahora bien, lo mismo que entonces el que había sido engendrado según la carne perseguía al que había sido engendrado según el Espíritu, así ocurre ahora. 30 Pero, ¿qué dice la Escritura? Expulsa a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre. 31 Así, pues, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la libre. 5, 1 Para la libertad nos ha liberado Cristo. Manteneos, pues, firmes, y no dejéis que vuelvan a someteros a yugos de esclavitud. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (Lc 1, 5-25. 39-45. 56-80).
R. Gloria a ti Señor.
En aquel tiempo:
5 En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón, cuyo nombre era Isabel. 6 Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. 7 No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. 8 Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, 9 según la costumbre de los sacerdotes, le tocó en suerte a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; 10 la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. 11 Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. 12 Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor. 13 Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. 14 Te llenarás de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento. 15 Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, 16 y convertirá muchos hijos de Israel al Señor, su Dios. 17 Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto». 18 Zacarías replicó al ángel: «¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada». 19 Respondiendo el ángel, le dijo: «Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena noticia. 20 Pero te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento oportuno».
21 El pueblo, que estaba aguardando a Zacarías, se sorprendía de que tardase tanto en el santuario. 22 Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo. 23 Al cumplirse los días de su servicio en el templo, volvió a casa. 24 Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir de casa cinco meses, diciendo: 25 «Esto es lo que ha hecho por mí el Señor, cuando se ha fijado en mí para quitar mi oprobio ante la gente».
39 En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; 40 entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo 42 y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! 43 ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? 44 Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 45 Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».
56 María se quedó con ella unos tres meses y volvió a su casa.
57 A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. 58 Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella. 59 A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; 60 pero la madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan». 61 Y le dijeron: «Ninguno de tus parientes se llama así». 62 Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. 63 El pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados. 64 Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. 65 Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. 66 Y todos los que los oían reflexionaban diciendo: «Pues ¿qué será este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él.
67 Entonces Zacarías, su padre, se llenó de Espíritu Santo y profetizó diciendo:
68 «Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
69 suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
70 según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
71 Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
72 realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
73 y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán para concedernos
74 que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos 75 con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.
76 Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor a preparar sus caminos,
77 anunciando a su pueblo la salvación
por el perdón de sus pecados.
78 Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
79 para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos por el camino de la paz».
80 El niño crecía y se fortalecía en el espíritu, y vivía en los desiertos hasta los días de su manifestación a Israel. R. Amén.

Laudes (Jn 5, 35)
Aleluya. V. Éste es el precursor, que fue enviado, como lucerna ardiente que alumbra delante del Señor. R. Aleluya.

Sacrificium (Lc 1, 5-6. 11. 13-15)
Hubo un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abdías, casado con una descendiente de Aarón. Los dos eran rectos a los ojos de Dios y procedían según los mandamientos y leyes del Señor, sin falta alguna, aleluya, aleluya. V. Se apareció a Zacarías el ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso, y le dijo: no temas, Zacarías, que tu ruego ha sido escuchado: Isabel, tu mujer, te dará un hijo y le pondrás por nombre Juan. Será para ti una gran alegría y serán muchos los que se alegren de su nacimiento, porque va a ser grande a los ojos del Señor. R. Sin falta alguna, aleluya, aleluya.

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, el Señor nuestro Dios nos restituye la anhelada alegría de nuestra esperanza, con la celebración del nacimiento de Juan, su Precursor, la lámpara que precede a la verdadera luz; con el retorno de su fiesta vuelve a florecer la alegría de aquellos momentos en que, toda criatura, al conocer la venida del Señor se llenó de gozo junto con nosotros. El mismo que nos invita a la festividad anual del nacimiento de Juan, su Precursor, nos conceda igualmente llegar a su Navidad con provecho de toda su santa Iglesia y sin daño espiritual. Él, que en el nacimiento de tan gran profeta se dignó manifestarnos su nombre antes que su esplendor y mostrarnos su elección antes que su concepción, conceda a sus humildes siervos poner en práctica la palabra de su santa predicación. Porque el heraldo admirable, que había de preceder al Señor y preparar su camino, recibió de él un elogio antes de que pudiese hablar; para que, ya antes de nacer, fuese enaltecido por el mismo a quien, después de su nacimiento, había de mostrar como digno de encomio. Oremos, pues, con corazón rendido y lleno de humildad, para que el Señor, Dios nuestro, ponga de manifiesto en nosotros todo lo que la infidelidad mantiene oculto en nuestro interior, todo lo que por la oscuridad de un falaz temor ahoga la gracia de sus promesas; Él nos conceda que el nacimiento del Enviado que le precedió llene nuestra boca de alabanzas, confirme nuestro corazón en la fe, con su voz enderece nuestro camino, con la verdad nos impida temer la muerte, y aquél que mostró el Cordero de Dios, esperado por todos implore para su pueblo la gracia de saberlo reconocer. Que su alabanza esté en nuestros labios de modo que quienes cantamos en su solemnidad podamos comprender su misión. R. Amén.
Concédenoslo, Dios altísimo, glorioso en la Trinidad, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Dios todopoderoso, con alabanzas y oraciones celebramos hoy el nacimiento de san Juan, motivo de gozo para todos los pueblos; al venerar los dones de tu abundante gracia, mientras proclamamos al que te precedió, pedimos la intercesión del que supo agradarte. Él, ya antes de nacer anunció al creador de todo, para ser testigo de tu gloria al comienzo de su vida y dar a conocer al Señor de la luz antes de abrir sus ojos. Mientras se estaba formando en el seno de su madre, reconoció la voz de la madre del Señor cuando saludaba, y, saltando alegremente, lleno de devoción, respondió gozoso con su movimiento; el que había de nacer para servir al Evangelio, ya antes de ver la luz indicó a la madre su misión. El que había de predicar la conversión, penalizó con la pérdida de la voz la falta de fe del padre; la boca que fue cerrada por la incredulidad de su mente, que dudó en aceptar la profecía, fue abierta por el que había de profetizar la fe de la salvación que llegaba. Llenos de gozo, Señor, en esta solemnidad del día de su nacimiento, te ofrecemos este sacrificio pacífico, para que aceptes benigno, enviando a tu santo Ángel, el ejercicio de nuestro servicio sacerdotal; haz que creamos lo que has prometido, prediquemos lo que creemos y no perdamos lo que predicamos. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los Santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Cristo Jesús, tú quisiste nacer de un seno virginal y formaste en una madre anciana a tu Precursor Juan, al que constituiste como lámpara ardiente en tu templo; haz que brillemos en tu Iglesia por el ardor de la fe y la disposición para enseñar, por las obras de caridad y la perfección de la humildad, por la aplicación a la oración y la práctica de la castidad. Acepta ahora estas oblaciones que te ofrece el pueblo fiel, y concede a todos la ayuda que necesitan; por este sacrificio otorga el gozo espiritual a los vivos y a los difuntos la remisión de sus penas, gracias a la intercesión de aquél que te preparó el camino y mostró a los corazones de los incrédulos los inicios de la salvación que nos ofreces. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Dios, que por la predicación de tu Precursor Juan mostraste la oculta significación de las figuras con la plena manifestación de la verdad, concédenos la iluminación de la inteligencia y la claridad de la paz perenne; para que, al recibir gracia por gracia, nos gloriemos de tal manera esta renovación que permanezcamos unidos en la caridad y no nos perdamos en antiguas disensiones. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es justo y necesario, Padre todopoderoso, darte gracias: Porque tú, siempre atento a la salvación humana, tanto en su la creación al principio como en la posterior reparación, para que no nos hallase desprevenidos tan gran acontecimiento, destinaste a Juan, como escogido mensajero para anunciar la venida de tu Hijo; el que había de recordarnos sus maravillas, se mostró ya admirable por su mismo nacimiento y con su manifestación preparó a los pueblos ignorantes para aceptar la grandeza de lo que había de venir. El que anunciaría a Cristo fue anunciado por un ángel; el que predicaría al pueblo, es revelado en el templo, conocido por la fama antes aparecer en el tiempo. Así se llevó a cabo el designio de tu voluntad: el que fue prometido a sus padres durante la oblación del incienso, es enviado a los pueblos para que lleguen a conocer la luz; el precursor de la Palabra impone silencio a los incrédulos y antes de llevar a cabo su misión, con la mudez de su padre, pregonaba los futuros excesos de la infidelidad. En efecto, hablaba a la antigua opinión, para que el nombre del nuevo heredero, impedido por las tradiciones paternas, desligase la lengua de los fieles en vistas a la doctrina superior del Evangelio. He aquí que se alegra en el seno, para conmover, ya desde las entrañas maternas, los corazones de los que han de renacer con la predicación del Rey que viene. Se estremece de gozo, para que la mudez, causada por el rechazo de la promesa, se transformase en testimonio de la misión recibida, convencida con la verdad del hijo. Profetiza en espíritu, da testimonio del Evangelio, es ministro del bautismo, enseña al pueblo, habita en la soledad, progresa en el desierto. Prepara el sendero al que es camino; anuncia que ha de venir el mismo por el que vino, y no esconde que el que le seguirá es anterior a él. Era espejo de la luz, comienzo del bautismo, testimonio de la verdad; de manera que, después de los signos de la realidad mostrase la realidad de los signos en la plenitud de Cristo. Mensajero de salvación, imitador de la pasión; como profeta se puso al servicio del bautismo, como Bautista al del martirio; porqué con la palabra de su predicación anunció y mostró a Cristo, el Hijo de Dios que había de venir para la redención del mundo, y con el derramamiento de su sangre dio testimonio del amor que le tenía. Por esto, todos los ejércitos celestiales, con los ángeles y arcángeles, alegrándose con los serafines, cantan el himno de tu alabanza, diciendo:

Post Sanctus
Santo y bendito eres en verdad, Señor Dios todopoderoso, unidad sin confusión y diversidad inseparable, unidad de la Trinidad y Trinidad de la suprema unidad. Tú, aunque impasible, te compadeces de tus obras y en tu misericordia, para dar a conocer al Salvador, no dudas en enviar a tu siervo Juan, precursor del camino, lámpara que anuncia la luz, pregonero del Juez, voz de la Palabra, amigo del Esposo. Por esto nosotros, por tus dones y sus beneficios, al presentarte la oblación de este sacrificio te pedimos que lo aceptes benigno y lo bendigas con tu acostumbrada bondad; que quienes te lo ofrecemos con sincera y humilde devoción, recordando a Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro, seamos transformados a su imagen.
Por el mismo Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Señor Jesucristo, has restablecido con tu gracia a los hombres de poca fe y te has manifestado a ellos con constantes pruebas. Te anunció el santo doctor Juan, tan incomparable por su santidad como por sus singulares enseñanzas; él ofrecía la fuente del bautismo a los sedientos, pero sin dejar lugar a dudas proclamaba tu inminente venida. Él bajó al agua para purificar a los cuerpos, pero eras tú el esperado para redimir las almas de los hombres. Por su voz conocimos que tú, Señor, eres el Unigénito, manifestado en un cuerpo de carne, de quien nos dijo: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Juan es aquel a quien diste un nombre antes de su concepción, a quien llenaste con el Espíritu Santo antes de su nacimiento, el que con su concepción puso fin a la esterilidad de su madre y con su nacimiento desató la lengua de su padre. Te pedimos, Señor, que te dignes aceptar y bendecir esta nuestra oblación, tal como te complaciste en bendecir la ofrenda de tu siervo el justo Abel. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Dios, por tu precursor y mártir san Juan, diste la luz del bautismo a todos los hombres, para que la infidelidad de los pueblos, que traía consigo el seguimiento de prácticas profanas, quedase borrada por la regeneración celestial. Concede, por la intercesión de tan gran profeta, que cuanto nos ha concedido el baño de la conciencia pura nos sirvas de ejemplo; de modo que, formados por las enseñanzas salvadoras, podamos decir desde la tierra:

Benedictio
El Señor Jesucristo, que en el nacimiento de su Precursor Juan ha dado a muchos una gran alegría, vencida cualquier tentación, os conceda la remisión de todos los pecados. R. Amén. Él conceda que, en la voz de quienes oran, esté presente aquella misma fuerza que, con la pronunciación del nombre de Juan, desligó entonces la lengua de su padre. R. Amén. Y, del mismo modo que al nacer Juan fue concedida a su madre la fecundidad, así la abundancia de la fe llene vuestro espíritu para que produzca abundantes frutos. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Dios, tú diste el hijo de la promesa, Juan, a Isabel y a su esposo, incapaces de engendrar. Él, estando aún encerrado en las entrañas de su madre, saludó proféticamente a Dios que habitaba en el seno de la Virgen; te pedimos y te rogamos que así como por su predicación abriste a los creyentes la puerta del reino de los cielos, por su intercesión, nos hagas llegar a tu gloria. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.