El tema del ecumenismo, en las últimas décadas, ha estado demasiado emparentado con un insano relativismo. No sólo doctrinal, sino también litúrgico. Pedir por la unidad de los cristianos es, precisamente, eso: pedir dentro de la propia tradición litúrgica por la unidad, no cambiar la propia. Sin lugar a dudas, hay elementos de liturgia -lo mismo que hay elementos de verdad, parafraseando LG 8- que son válidos. Esto lo dice ya el Decreto Unitatis Redintegratio: "su culto muchas veces presenta elementos claros de la antigua Liturgia común" (n. 23).
Pero no todo es del mismo "color". En este sentido, lo referido por UR 23 ha tenido como resultado que no pocas comunidades acatólicas occidentales hayan asumido modos y oraciones propias de la liturgia romana actual. También las propias a los misales de 1962 y anteriores. Pero todo esto, que exteriormente es laudable, no lo es en sí mismo. Me refiero a que, en "igualdad de condiciones", no tiene el mismo valor un culto -por ejemplo- luterana según el misal romano que una celebración litúrgica católica con el mismo libro litúrgico. Aquí nos encontramos con la "ingenuidad" propia de ecumenismo puramente exterior.
Si un católico no ordenado presbítero hace el "amago" de celebrar una misa, por mucho que siga con precisión las rúbricas eso no dejará de ser un "teatro". No ha consagrado el pan y el vino. No tiene la capacidad de ofrecer al Padre la ofrenda de su Hijo. Lo mismo se puede aplicar a un bautizado válidamente fuera de la Iglesia católica: por muchas mitras, casullas y demás que se ponga, si no dispone del sacramento del orden estará haciendo siempre una simulación de sacramento, un teatro. Esa es la realidad por la que el verdadero ecumenismo católico tiene que pasar para ser de verdad tal, no un sincretismo o una serie de piadosas pero insensatas acciones supuestamente ecuménicas.
Esto nos lo han recordado hace poco al hablarnos sobre los modos oficiales de referirse a las Iglesias orientales y las demás comunidades cristianas en una respuesta de la Congregación de la Doctrina de la Fe en 2007:
Pero no todo es del mismo "color". En este sentido, lo referido por UR 23 ha tenido como resultado que no pocas comunidades acatólicas occidentales hayan asumido modos y oraciones propias de la liturgia romana actual. También las propias a los misales de 1962 y anteriores. Pero todo esto, que exteriormente es laudable, no lo es en sí mismo. Me refiero a que, en "igualdad de condiciones", no tiene el mismo valor un culto -por ejemplo- luterana según el misal romano que una celebración litúrgica católica con el mismo libro litúrgico. Aquí nos encontramos con la "ingenuidad" propia de ecumenismo puramente exterior.
Si un católico no ordenado presbítero hace el "amago" de celebrar una misa, por mucho que siga con precisión las rúbricas eso no dejará de ser un "teatro". No ha consagrado el pan y el vino. No tiene la capacidad de ofrecer al Padre la ofrenda de su Hijo. Lo mismo se puede aplicar a un bautizado válidamente fuera de la Iglesia católica: por muchas mitras, casullas y demás que se ponga, si no dispone del sacramento del orden estará haciendo siempre una simulación de sacramento, un teatro. Esa es la realidad por la que el verdadero ecumenismo católico tiene que pasar para ser de verdad tal, no un sincretismo o una serie de piadosas pero insensatas acciones supuestamente ecuménicas.
Esto nos lo han recordado hace poco al hablarnos sobre los modos oficiales de referirse a las Iglesias orientales y las demás comunidades cristianas en una respuesta de la Congregación de la Doctrina de la Fe en 2007:
Cuarta pregunta: ¿Por qué el Concilio Ecuménico Vaticano II atribuye el nombre de "Iglesias" a las Iglesias Orientales separadas de la plena comunión con la Iglesia católica?
Respuesta: El Concilio ha querido aceptar el uso tradicional del término. "Puesto que estas Iglesias, aunque separadas, tienen verdaderos sacramentos y, sobre todo, en virtud de la sucesión apostólica, el sacerdocio y la Eucaristía, por los que se unen a nosotros con vínculos estrechísimos", merecen el título de «Iglesias particulares o locales», y son llamadas Iglesias hermanas de las Iglesias particulares católicas.
"Consiguientemente, por la celebración de la Eucaristía del Señor en cada una de estas Iglesias, se edifica y crece la Iglesia de Dios". Sin embargo, dado que la comunión con la Iglesia universal, cuya cabeza visible es el Obispo de Roma y Sucesor de Pedro, no es un simple complemento externo de la Iglesia particular, sino uno de sus principios constitutivos internos, aquellas venerables Comunidades cristianas sufren en realidad una carencia objetiva en su misma condición de Iglesia particular.
Por otra parte, la universalidad propia de la Iglesia, gobernada por el Sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él, halla precisamente en la división entre los cristianos un obstáculo para su plena realización en la historia.
Quinta pregunta: ¿Por qué los textos del Concilio y el Magisterio sucesivo no atribuyen el título de "Iglesia" a las Comunidades cristianas nacidas de la Reforma del siglo XVI?
Respuesta: Porque, según la doctrina católica, estas Comunidades no tienen la sucesión apostólica mediante el sacramento del Orden y, por tanto, están privadas de un elemento constitutivo esencial de la Iglesia. Estas Comunidades eclesiales que, especialmente a causa de la falta del sacerdocio sacramental, no han conservado la auténtica e íntegra sustancia del Misterio eucarístico, según la doctrina católica, no pueden ser llamadas "Iglesias" en sentido propio.
Respuesta: El Concilio ha querido aceptar el uso tradicional del término. "Puesto que estas Iglesias, aunque separadas, tienen verdaderos sacramentos y, sobre todo, en virtud de la sucesión apostólica, el sacerdocio y la Eucaristía, por los que se unen a nosotros con vínculos estrechísimos", merecen el título de «Iglesias particulares o locales», y son llamadas Iglesias hermanas de las Iglesias particulares católicas.
"Consiguientemente, por la celebración de la Eucaristía del Señor en cada una de estas Iglesias, se edifica y crece la Iglesia de Dios". Sin embargo, dado que la comunión con la Iglesia universal, cuya cabeza visible es el Obispo de Roma y Sucesor de Pedro, no es un simple complemento externo de la Iglesia particular, sino uno de sus principios constitutivos internos, aquellas venerables Comunidades cristianas sufren en realidad una carencia objetiva en su misma condición de Iglesia particular.
Por otra parte, la universalidad propia de la Iglesia, gobernada por el Sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él, halla precisamente en la división entre los cristianos un obstáculo para su plena realización en la historia.
Quinta pregunta: ¿Por qué los textos del Concilio y el Magisterio sucesivo no atribuyen el título de "Iglesia" a las Comunidades cristianas nacidas de la Reforma del siglo XVI?
Respuesta: Porque, según la doctrina católica, estas Comunidades no tienen la sucesión apostólica mediante el sacramento del Orden y, por tanto, están privadas de un elemento constitutivo esencial de la Iglesia. Estas Comunidades eclesiales que, especialmente a causa de la falta del sacerdocio sacramental, no han conservado la auténtica e íntegra sustancia del Misterio eucarístico, según la doctrina católica, no pueden ser llamadas "Iglesias" en sentido propio.
Hasta hace poco, incluso a día de hoy, la teología centraba la discusión sobre la eclesialidad en torno a la cuestión eucarística. En mi opinión, otra muestra del pan-eucaristísmo que adolece el catolicismo de la segunda mitad del s. XX -presente incluso en los textos conciliares-, que soluciona pocas cosas a nivel práctico y confunde en muchos casos a nivel teórico. Esta teología reciente daba una gran "curva" a la hora de explicar qué es una "Iglesia" en vez de ir en línea recta. La Iglesia sería para esta teología el lugar donde se da una eucaristía válida. ¿Pero es que acaso puede haber una eucaristía válida sin sacramento del orden válido? La respuesta de la Congregación, al referirse a esas comunidades que apenas tienen un bautismo válido, no se va por las ramas y habla de la necesidad del sacramento del orden.
Desde aquí se comprende lo absurdo que sería una "hospitalidad" eucarística -"concelebración" de un culto que imita a la misa católica en la que sus ministros proceden de varias comunidades cristianas- presidida por un bautizado no ordenado. Participar en ella sería profesar una no-fe en la propia ordenación y en la sucesión apostólica. Sin ánimo de ser pesimista o limitar "reuniones" ecuménicas, creo que lo que aquí expongo son los mínimos necesarios para hablar de ecumenismo litúrgico. Fuera del bautismo, todos los demás sacramentos corren el riesgo de ser mero teatro en el mundo protestante. De ahí que, el sentido común eclesial nos conduzca a buscar un mayor acercamiento y deseo de conversión de las Iglesias orientales no católicas que "sufrir" tratando de salvar algo del naufragio protestante. Porque, según van las cosas en ese "mundo" con el teatro-ordenación de mujeres "sacerdotes" y "obispas", hay poco que decir y que buscar. Es la triste realidad del cristianismo acatólico occidental. Pero es la que hay. Los encuentros ecuménicos que la Iglesia católica realiza de forma oficiosa u oficial, no pasan en el ámbito litúrgico de una "oración" de las horas. Por algo será.
Desde aquí se comprende lo absurdo que sería una "hospitalidad" eucarística -"concelebración" de un culto que imita a la misa católica en la que sus ministros proceden de varias comunidades cristianas- presidida por un bautizado no ordenado. Participar en ella sería profesar una no-fe en la propia ordenación y en la sucesión apostólica. Sin ánimo de ser pesimista o limitar "reuniones" ecuménicas, creo que lo que aquí expongo son los mínimos necesarios para hablar de ecumenismo litúrgico. Fuera del bautismo, todos los demás sacramentos corren el riesgo de ser mero teatro en el mundo protestante. De ahí que, el sentido común eclesial nos conduzca a buscar un mayor acercamiento y deseo de conversión de las Iglesias orientales no católicas que "sufrir" tratando de salvar algo del naufragio protestante. Porque, según van las cosas en ese "mundo" con el teatro-ordenación de mujeres "sacerdotes" y "obispas", hay poco que decir y que buscar. Es la triste realidad del cristianismo acatólico occidental. Pero es la que hay. Los encuentros ecuménicos que la Iglesia católica realiza de forma oficiosa u oficial, no pasan en el ámbito litúrgico de una "oración" de las horas. Por algo será.
Adolfo Ivorra

7 comentarios:
«De ahí que, el sentido común eclesial nos conduzca a buscar un mayor acercamiento y deseo de conversión de las Iglesias orientales no católicas que "sufrir" tratando de salvar algo del naufragio protestante» (parte final del artículo).
Yo redactaría esa frase con una ligera corrección, pues no está exactamente bien construida.
Solo es un despiste de redacción.
Gracias por el artículo, Adolfo, un saludo ;)
Es el problema de las frases largas. Pero esto tiene un efecto secundario saludable: tener que leerla por segunda vez para comprender su sentido. Así queda mejor en la memoria...
Aún así, en América, por ejemplo, es inevitable asumir una postura frente a las "iglesias" evangélicas pentecostales. Si bien como señala la CDF, no se puede considerar como Iglesia a estos grupos.
Nunca se ha preguntado si no resulta cuanto menos problemático denominar "iglesia" a un grupo cristiano que tiene siete sacramentos válidos. Dejo de lado a los ortodoxos y me concentro en algunos ejemplos occidentales:
- El arzobispo vietnamita Thuc consagró a un grupo de frikis en el Palmar de Troya. Si esas consagraciones fueron válidas, ¿es una "iglesia" la palmariana?
- En Brasil tiene el caso de la ICAB. Hoy se duda de que conserven intención de hacer lo que hace la Iglesia pero hace un par de décadas no existían las mismas dudas. ¿"Iglesia" brasilera?
Supuesto que las consagraciones sean válidas, la diáspora de obispos vagos sedevacantistas (en México y EE UU, hay decenas), ¿es una "iglesia"?
Habría que revisar esa noción de "iglesia" por más que sea "ecuménicamente incorrecto".
Saludos.
El catolicismo iberoamericano, según creo, sucumbe en muchos aspectos a los modos externos de las "iglesias" evangélicas que usted menciona. Aquí yo creo que habría que hacer un verdadero examen de conciencia, pues queda patente en muchos casos que hay un "sincretismo" litúrgico, además de doctrinal.
Gracias Martin por mostrarnos los límites del concepto de Iglesia en esos casos. Desconocía el fenómeno de la ICAB.
Pero también hay casos ya antiguos a los que el magisterio no se refiere. Por ejemplo los viejocatólicos, salidos del "cisma" de unos obispos con ocasión del concilio Vaticano I.
Creo que en todos esos casos se podría hablar más bien de grupos disidentes que de Iglesia, pues son reacciones muy puntuales y con poca gente. Además, lentamente, en su doctrina y comprensión de los sacramentos, se alejan de la intención de la Iglesia católica al celebrarlos. No me extrañaría que algún día sus ordenaciones fueran inválidas no por cuestión de la sucesión apostólica sino por no tener la intención de ordenar verdaderamente a obispos y presbíteros.
Don Adolfo:
La ICAB en Brasil tiene cientos de miles de adeptos y unos cincuenta obispos lo que implica una semejanza cuantitativa con algunas iglesias particulares católicas de rito oriental.
Es una "eclesialidad" problemática, a menos que se use el término en un sentido sociológico.
Saludos.
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