domingo 31 de julio de 2011

Personajes: San Giuseppe Maria Tomasi (1649-1713).



Cuando uno se acerca a esta figura histórica sorprende, ante todo, el desconocimiento actual de este sabio humanista, egregio eclesiástico y santo patrono de los cultivadores de la sagrada liturgia. Tal vez sea la prolongación de aquella humildad existencial que le caracterizó en vida, a pesar de los humanos honores y cargos eclesiásticos que le rodearon.
Giuseppe María Tomasi era el hijo primogénito de Julio Tomasi y Rosalia Traiana, Príncipes de Lampedusa y duques de Palma de Montechiaro, nacido en Licata (Sicilia), diócesis de Agrigento, el 12 de septiembre de 1649. Como era costumbre entonces, fue educado en la noble casa paterna, alternando las ciencias humanistas del renacimiento con una cuidada formación cristiana. Pronto dió muestras de su gran aprecio al estudio y a la virtud, aspectos que caracterizarán el resto de su vida. Cabe destacar de este tiempo, la instrucción en diversas lenguas clásicas (latín, griego) y modernas, especialmente la española, ya que estaba destinado por su familia a la corte de Madrid, porque había de heredar de su padre el título nobiliario de "Grande de España".
El espíritu cristiano cultivado desde la infancia madura en el deseo de entregarse a Dios. Fue una decisión violenta para el primogénito de la familia, hastqa que en 1664 obtiene el permiso de su padre para iniciar su vocación a la vida religosa. El 25 de marzo de 1666 renunció, mediante documento notarial, a sus derechos dinásticos al principado, que le pertenecía por herencia, y al riquísimo patrimonio, en favor de su hermano Fernando; y ese mismo dia fue admitido en la Orden de los Clérigos Regulares Teatinos, profesando en la casa teatina de S. Giuseppe de Palermo.
En este nuevo estado de vida se dedica con mayor tiempo y profundidad a la piedad y al estudio, especialmente a la sagrada liturgia, que tanto le había atraído desde niño. En esta época profundizará en el estudio de las lenguas orientales bajo la dirección del P. Francisco María Maggio, que cita la piedad y erudición de su egregio alumno en una obra suya sobre liturgia sagrada. Posteriormente la salud le obliga a desplazarse por las ciudades de Messina, Ferrara, Bologna y Modena para cursar los estudios filosóficos, hasta que culmina el estudio de la teología en la Casa de S. Andrea della Valle en Roma.
El 23 de diciembre de 1673 fue ordenado presbítero en la Basílica Lateranense de Roma por Mons. Giacomo De Angelis, arzobispo de Urbino y Vicegerente del Cardenal Vicario Gaspare Carpegna. Dos dias después, en la noche de Navidad, celebra su primera misa en la iglesia de S. Silvestro al Quirinale, sede actual de la Casa Generalicia de los Teatinos.
Durante casi cuarenta años se dedica con gran fecundidad a la piedad y al estudio. Además del latín y griego aprendidos en su adolescencia, estudiará el hebreo, siríaco, caldeo y árabe. Para estudiar mejor la lengua hebrea busca al rabino de la sinagoga de Roma, Mosé Cave, que por influencia de su alumno Tomasi se convertirá al catolicismo, se bautizará con el nombre de Giuseppe y le considerará siempre su amigo y padre en la fe. Esta capacitación lingüística le permitirá publicar numerosos trabajos bíblicos y litúrgicos, sobre todo antiguos textos y libros litúrgicos que son verdaderos tesoros ocultos y olvidados en las bibliotecas eclesiásticas.
Precisamente por su vasta erudición y notable virtud adquiere fama y estima en el mundo romano. Forma parte del docto círculo de eruditos amigos de la reina Cristina Alexandra de Suecia y accede a los códices de la famosa biblioteca de esta Reina, especialmente los procedentes de la Biblioteca Floriacense. La Academia Romana de la Arcadia lo incluye también entre sus socios más ilustres. Es llamado a prestar sus servicios en la Curia Romana como Consultor de las Sagradas Congregaciones de Ritos y de las Indulgencias y Cualificador del Santo Oficio. Pero, a pesar de su fama, procuraba permanecer escondido, incluso hasta publicar, por humildad, algunas de sus obras con el pseudónimo: Giuseppe Caro.
Entre sus numerosas obras destacamos en el campo bíblico: la edición crítica del Salterio en su doble versión romana y galicana; además, con la protección del cardenal Barberini, arcipreste de la Basílica de S. Pedro, preparó la edición crítica de la Biblia en dos volúmenes según los códices del siglo V al XI (publicada en 1688); y en el campo litúrgico: "Codices Sacramentorum nongentis annis vetustiores (editado en 1680 y dedicado a la reina Cristina de Suecia); así como los Antifonarios y Responsoriales de la Iglesia Romana, usados ya en tiempos de san Gregorio Magno, tomados del Monasterio de San Gallo y del Archivo de la Basílica Vaticana (editados en 1686).
Se dedicó también a la formación de los cristianos sencillos. Escribe para ellos: "Verdadera norma de glorificar a Dios y de hacer Oración según la doctrina de las divinas Escrituras y de los Santos Padres" y también "Breve instrucción del modo de asistir fructuosamente al Santo Sacrificio de la Misa", además de una versión reducida de los Salmos elegidos y dispuestos para agilizar la oración del cristiano.
En su magisterio litúrgico se anticipan ya muchos de los argumentos y normas que posteriormente serán aprobados por la Iglesia, particularmente en la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II. Cabe mencionar, como ejemplo, la modificación del Oficio Divino según la forma actual de la Liturgia de las Horas; la distinción y uso del Misal y del Leccionario en la celebración eucarística; el uso de la lengua vulgar, que recomandaba en las devociones privadas y en la oración común de los fieles; excluyó las orquestas de las ceremonias litúrgicas, favoreciendo el canto gregoriano; con la clara finalidad de promover una participación más íntima y personal del pueblo de Dios en la liturgia. Por tal motivo, sus contemporáneos le denominaban "príncipe de los liturgistas romanos", y nosotros podríamos considerarle "el precursor remoto" de la actual reforma litúrgica.
El Papa Clemente XI, que conocía personalmente y admiraba su virtud y erudición, le nombró cardenal presbítero del título de los Santos Silvestre y Martín ai Monti en el Consistorio del 18 de mayo de 1712. Tomasi aceptó el cardenalato por obediencia al mandato expreso del Papa. Numerosos testimonios recuerdan su participación en las celebraciones litúrgicas y su instrucción cristiana a los niños en su Iglesia titular. Pero, a los casi ocho meses de su cardenalato, participando en la Capilla Papal de la vigilia de Navidad en la Basílica Vaticana, se siente enfermo por causa de una fuerte pulmonía y el 1 de enero de 1713 murió en la habitación de su palacio Passarini, con gran fama de santidad. El primer panegírico del Cardenal Tomasi fue pronunciado por el mismo Papa Clemente XI en el Consistorio celebrado un mes después de su muerte: "No podemos disimular el íntimo dolor que nos ha causado la muerte del eximio y piísimo Cardernal Tomasi... auténtico ejemplo de la más santa y antigua disciplina, y de cuya virtud y doctrina esperábamos tanto".
Fué beatificado por Pío VII el 29 se septiembre de 1803 y canonizado por Juan Pablo II el 12 de octubre de 1986. Las reliquias de su cuerpo se encuentran en una hermosa urna regalada en 1903 por el cardenal Vaszary, primado de Hungría, trasladadas en 1971 desde su iglesia titular de S. Silvestre e Martín ai Monti hasta la Basílica romana de S. Andrea della Valle, regentada por los PP. Teatinos. El Martyrologio Romano recuerda su memoria anual el 3 de enero.


Aurelio García Macías

Publicado en Pastoral Litúrgica 290 (2006) 45-48.

sábado 30 de julio de 2011

XV Domingo Cotidiano.

Decimoquinto domingo de Cotidiano:

Profecía: Jer 5, 20- 6, 1
Psallendum: Sal 38, 8. 13
Apóstol: 2Cor 13, 7-11
Evangelio: Lc 7, 1-16

            Hoy encontramos dos bloques temáticos: profecía-psallendum y apóstol-evangelio. El primero aborda la cuestión de la penosa situación del pueblo de Israel, mientras que el segundo trata la importancia de la fe. Las acusaciones de Jeremías no nos son extrañas: este pueblo es duro y rebelde de corazón. Esta actitud, lejos de quedarse en el terreno moral, afecta también al cosmos: Vuestras culpas han trastornado el orden, vuestros pecados os dejan sin lluvia. Esta vinculación entre la creación y la vida de los hombres nos recuerda el texto paulino de la carta a los romanos: Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Para que la situación moral tenga su eco en la creación debemos observar el estado de degradación de la sociedad de entonces: los profetas profetizan embustes, los sacerdotes dominan por la fuerza, y mi pueblo tan contento. Se trata, por tanto, de una situación de relativismo moral. Ante esta situación sólo queda suplicar, como lo hace el psallendum, y poner la esperanza en el Señor, en que Él suscitará hombres rectos, verdaderos profetas, que darán a cada cosa su nombre.
            El segundo bloque se centra en la fe. El Apóstol, en su segunda carta a los Corintios invita a someter a examen la propia fe. Habla de una presencia actual del Mesías en medio de su pueblo, la Iglesia. Y es que la fe es conocimiento verdadero de Dios, y en esa fe verdadera el Apóstol tiene autoridad para construir el Reino de Dios en la tierra. El cristiano tiene que actuar en consonancia con la verdad, no como el pervertido pueblo que encontramos en Jeremías. Porque sabemos que la verdad habita en la Iglesia, que Cristo está presente de múltiples maneras en su nuevo Pueblo de Dios, tenemos la certeza de seguir el camino correcto. Tenemos confianza en Cristo, que no abandona a su grey. Sin embargo, nos falta la fe que tenía el capitán del evangelio, que aun no formando parte del pueblo de Dios –ni del Antiguo ni todavía del Nuevo– pone su confianza en Jesucristo, que con su sola palabra puede hacer maravillas. Es esa palabra creadora que hizo el mundo la que puede cambiar nuestra realidad. Si la mentira profética de los tiempos de Jeremías había causado la esterilidad de la naturaleza, la palabra salvadora de Cristo puede llevarla a su plenitud, revirtiendo la muerte del siervo del capitán. No se trata de resurrección, pues el siervo volvería a morir. Pero es muestra del poder del Verbo sobre la muerte: no fue creada por Él –vino al mundo por envidia del diablo (cf. Sb 2, 24)–, pero sin embargo tiene poder sobre ella.
            El capitán no era judío, pero había ayudado a la construcción de una sinagoga. Se trata de un hombre que busca a Dios y que incluso buscándole colabora con su “causa”. La no conversión de este capitán al judaísmo se justifica precisamente en la fe que tiene en Jesús, pues no puede convertirse a un culto caduco cuando está presente el pontífice del nuevo culto. Por eso el laudes de hoy canta: ¡viva vuestro corazón, los que buscáis a Dios!

Adolfo Ivorra

viernes 29 de julio de 2011

El principio Kis[s] y la liturgia.

El "Ritual de Pardo"
Como en el post anterior, volvemos a aplicar conceptos seculares al universo litúrgico para comprender mejor lo que se "cuece". El principio KISS, que nada tiene que ver con la popular emisora de radio FM, se podría decir que es el principio general que se busca en el mundo tecnológico. Ponemos entre [] la última 'S' porque nos parece que está de más, pero en inglés significa: Keep It Simple, Stupid. No obstante, hay una versión más amable que reza así: Keep It Short and Simple. Esta última es un poco peligrosa para la liturgia. Sin embargo, el sentido general creo que está claro.
Por desgracia, en los libros litúrgicos a veces nos encontramos con otro principio: por qué hacerlo fácil si se puede hacer difícil. Al principio KISS obedece el ritual de la unción y pastoral de enfermos en lengua española: pequeño en tamaño, sensato en su contenido: no sólo la unción sino también el viático, etc. Pero la última versión del ritual de exequias -y aquí no decimos nada nuevo- obedece al segundo principio. Como todo en este Blog, aquí no se critican las cosas porque sí, sino que intentamos mirar hacia atrás, hacia la historia de la liturgia.
Existen dos tesis, a veces complementarias (según se mire), acerca de por qué los libros litúrgicos se compilaron en "rituales", "breviarios" y "misales". Por si alguno no lo sabe, para rezar el Oficio Divino en comunidad hacían falta varios libros, lo mismo que en la Misa. A día de hoy también es así: leccionarios, misales (o 'sacramentarios', como los llaman en el mundo anglosajón con una clara intencionalidad histórica), libros "libres" de la oración de los fieles e incluso libros de la sede (que ya van pareciendo misales...). En el Oficio Divino esto no es así, a menos que se haga en latín y se conozca el Graduale, etc. Volviendo a las dos tesis, una -que se limita a la eucaristía- dice que se unificaron por el nacimiento y proliferación de las llamadas "misas privadas". Otra, más lógica, sitúa su inicio en la labor misionera de los frailes medievales, que tenían que recorrer grandes distancias y no podían cargar sobre sí con toda una biblioteca. Hablamos de los franciscanos, principalmente.
Quedándonos con la segunda tesis, recordamos que bajo el epígrafe de "Ritual Romano" se editan a día de hoy varios libros de la liturgia romana. Sin embargo, propiamente hoy no existe ese libro como tal. Sí existía antes de la reforma litúrgica del concilio Vaticano II. Entonces, todos los sacramentos e incluso los sacramentales estaban contenidos en ese libro. Como es sabido, en la última reforma litúrgica había un cierto espíritu romántico y una pueril idea de que lo antiguo, por el simple hecho de serlo, siempre era mejor. Así que la diversidad de libros entró en escena. Esto que en el caso de la celebración eucarística tiene su sentido, en otros casos no. Sin embargo, incluso en ese caso, a día de hoy existen subsidios al respecto: en Roma todavía se encuentran esos "mini-misales" en latín para presbíteros itinerantes. En otros ritos litúrgicos, ya sean sacramentos o sacramentales puede que esto no sea necesario. El que bautiza, con el solo ritual está servido. Pero no se trata aquí de ponderar las bondades o maldades de un ritual romano "físico".
El caso es que el ritual de exequias no es KISS. Requiere sentarse una tarde para poder comprenderlo y ver su "infinidad infinita" de formularios. ¿Cómo no traer aquí otros grandes ejemplos de la historia de la liturgia? Pensemos en el Pontifical de Guillermo Durando de Mende, que excluyó algunos ritos que los obispos no solían realizar -incluso a día de hoy siguen sin hacerlo-. Pues salvando las distancias entre el obispo de Mende y el prelado de honor que ahora citamos, desde hace años encontramos en el mercado el "Ritual de los sacramentos" de Andrés Pardo. En él las exequias son KISS. Simples y comprensibles. Y de paso, es hasta más barato que el ritual de exequias (cuesta casi la mitad). Parafraseando al autor cuando hablaba de otra publicación suya: es como tener cincuenta libros en uno. Sin ánimo de que esto parezca una "prez" de la Oración de los fieles (1), "pidamos" para que no tarde en reeditarse de forma KISS el ritual de exequias. Sé que hay un proyecto al respecto. Sólo pido que sea simple. Por el actual es más grande que el Ceremonial de los Obispos. Nunca enterrar a un cristiano fue tan complicado. Y de la ausencia de rúbricas in situ mejor ni hablamos.

Adolfo Ivorra

(1) Dentro de la catalogación de Javier Sánchez, sería una de las preces "condenatorias"...

miércoles 27 de julio de 2011

"Multiliturgismo" y pax litúrgica.

Si consultamos el significado de "multiculturalismo" en internet, en la web Wikipedia en español encontraremos una foto propiamente religiosa que transmite bien lo que quiero decir en este post:

Catedral Ortodoxa en São Paulo

 En las ciudades españolas es difícil encontrar -o por lo menos hacerlo con facilidad- este tipo de convivencia cultural y religiosa. Continuando con el texto de la Wikipedia, la definición de multiculturalismo que nos muestra el esta: En su sentido meramente descriptivo, puede simplemente designar la coexistencia de diferentes culturas en el seno de una misma entidad política territorial. Desde aquí se vuelve fácil definir nuestro neologismo: el "multiliturgismo" puede designar la coexistencia de diferentes liturgias en el seno de una misma entidad territorial. No incluimos lo de "política" ni la intercambiamos por "eclesial" porque suelen existir distintos tipos de autoridades eclesiásticas en las primeras manifestaciones de "multiliturgismo".

La inculturación ha muerto... larga vida al multiculturalismo

Desde los años 70's hasta finales del s. XX, la inculturación fue un punto indiscutible y de necesaria reflexión en las diferentes disciplinas teológicas. Pero el mismo concepto de inculturación era inmaduro e idealista: concebía la "cultura" como un elemento estático con el que necesariamente debía confrontarse la fe cristiana. Dentro del ámbito de la inculturación, la inculturación litúrgica tuvo un papel muy importante. Pero con el paso del tiempo se ha podido ver mejor a qué respondía esta inculturación.


En nuestro libro "Compendio de Liturgia Fundamental" (p. 166-173) proponíamos un concepto reservado y a la vez dinámico de inculturación, siempre visto con más cercanía al concepto de "adaptación". Los expertos en inculturación siempre han dicho que "adaptar" era una forma imperfecta de "inculturar". En el apartado de ese libro era recomendable situarse desde esa perspectiva, pues el título lo exigía: "Inculturación vs. alteración de la lex orandi". Una recensión a nuestro libro reconocía la originalidad de este planteamiento en lo que a la alteración se refiere. Aunque fue escrito más o menos desde 2003 hasta su publicación en 2007, me centré en un término muy en boga: "globalización". Con la perspectiva que dan los años, creo que "multiculturalismo" exprime mejor la idea que pretendía expresar. Me parece conveniente incluir unos párrafos del libro para resumir mejor lo que quiero expresar:

Finalmente, debemos preguntarnos si, en este mundo globalizado donde las culturas sucumben y/o tornan hacia una cultura única, hace falta inculturar o no. Aunque el hecho de la globalización suscita en algunos sectores arduas críticas por la posible disolución de culturas –total o parcialmente–, es un hecho innegable e incluso imparable. El uso de aspectos areligiosos como la técnica hacen que la globalización sea más superficial pero a la vez más rápida, pues no interfiere con la conciencia de cada cual. El hecho de que las ciencias empíricas, nacidas en occidente, tengan un valor universal, nos hace ver que lo que es bueno aquí también puede ser bueno allá. Lo mismo se puede decir de ciencias no empíricas como la filosofía y la teología, que, nacidas en un ámbito concreto –Grecia y Jerusalén– han trascendido al mundo, sin perder un ápice de verdad, aunque sus términos se achaquen a una cultura determinada. En ese sentido, la globalización no es un proceso anti-tolerante o relativista, sino que tiene la pretensión de llevar la verdad de las cosas o, si se prefiere, lo más fiable a los hombres. Se hablaría del triunfo de Occidente. Sin embargo, sus pilares –como en el caso de la filosofía y la teología antigua– los vemos en Oriente. No obstante, el resultado no es un producto totalizador y totalizante. Aunque podemos ver en la globalización un evolucionismo a escala cultural, está claro que ciertos aspectos –y quizás muchos– de una cultura sobrevivirán e incluso se impondrán a otras o incluso a todas. En este sentido no hay que ser catastróficos o apocalípticos sino integrados (Umberto Eco). Sin ánimo anti-ecologista, muchas especies antes de que existiéramos han desaparecido, y muchas desaparecen y seguimos aquí. Muchos oficios del mundo antiguo, medieval e incluso contemporáneo han desaparecido, y eso no ha significado un atraso sino un adelanto respecto a la calidad de vida de épocas anteriores.
En el plano litúrgico, es obvio que la inculturación no desaparecerá, pero es también obvio que, con el avance de la globalización, tendremos menos que adaptar, o por lo menos, adaptaremos en una misma línea. Eso no quiere decir que el cristianismo del futuro será romano o bizantino; será igual que ahora. El problema no será adaptar la liturgia sino traducir/explicar la liturgia al hombre, que se ha hecho extraño a su lenguaje, y a todo lenguaje simbólico.

El fenómeno de las migraciones entre cristianos ha puesto en evidencia el valor relativo de la inculturación. Por citar un precedente, cuando el rito romano se hacía presente en punto geográficos tradicionalmente bizantinos, el mismo rito romano sufría una "inculturación", volviéndose majestuoso, grandemente vinculado al canto, con preciosas vestiduras y una abundante iconografía. Pero esto no es inculturación. Se trata de la influencia de una liturgia en otra. Y de esto, la historia de la liturgia está llena. Pero a lo que me refiero aquí es a  la convivencia de dos o más formas rituales (liturgias) en un mismo territorio, específicamente en Occidente, donde el fenómeno migratorio entre cristianos orientales y occidentales es constante. Aunque el clero oriental se "occidentalice" u el occidental se "orientalice", el Ordo Missae -por llamarlo de una forma universal- es siempre el mismo. Ahora bien, si en una misma calle de una ciudad nos encontramos con una parroquia católica bizantina, una romana y otra maronita, nos daremos cuenta mejor de lo que es el "multiliturgismo". Es una experiencia indudablemente enriquecedora. En Europa occidental es infrecuente. En Norteamérica -o en Sao Paulo, como lo muestra la foto de la Wikipedia- encontramos hasta un "multicultismo" al haber diferentes confesiones cristianas.
El bautizado que, cual peregrina Egeria, decide visitar todos esos lugares de culto, si tiene una buena formación -o lo que es lo mismo, si no cae en un relativismo litúrgico-, debe reconocer, como lo exige SC 4, la riqueza de las formas cultuales de la Iglesia católica. Incluso, según sea el caso, de otras formas cultuales no católicas.
El problema de la "inculturación" no sólo reside en su necesario carácter caduco en un mundo cada vez más multicultural, sino en que, en el fondo, es la expresión de un sentimiento de culpa del catolicismo de mediados del s. XX. Los ritos chinos, la transformación cultural de Iberoamérica y de las demás colonias europeas y el re-descubrimiento de la pluralidad cultural en las décadas previas al concilio Vaticano II hizo que los hombres de Iglesia sintieran que habían destruido culturas de gran valor. Al margen de la evidente cuestión del necesario diferente valor de las culturas (las culturas son diferentes y, aunque cueste aceptarlo, algunas son necesariamente mejores o peores que otras), se idealizó la cuestión de la diversidad cultural desde el concepto estático de cultura.


Pax litúrgica

En un mundo con tantos cristianos y específicamente católicos de diferentes ritos, sobre todo si no se comprende el texto de SC 4, se pueden dar desencuentros y críticas. Las ha habido y las habrá. Pero no se trata de "optar" por unas u otras como quien se hace cristiano o budista. Son expresiones del culto al Dios Uno y Trino, fundamento de la fe católica divinamente revelada. Hace falta, quedarse con lo bueno de cada liturgia pero no para hacer una "superlitúrgia" -esa es la tentación y pretensión de un conocido movimiento cristiano español- que haría caducas a las demás formas rituales, sino valorar aquellos aspectos importantes de cada liturgia cristiana sin renunciar a la propia identidad. La pertenencia a un rito específico es una cuestión canónica. De hecho, hay todo un proceso para pasar a ser fiel de un rito a otro, cosa que sólo se palpa en los clérigos que cambian de rito o en aquellos fieles que contraen nupcias en otro rito o bautizan a sus hijos en una liturgia distinta a la suya.
Pero el problema de los ritos vecinos se acrecienta en el caso de las versiones de un mismo rito. En más de una oportunidad he expresado mis reservas a hablar de "modo" o "forma" "ordinaria" u "extraordinaria". Creo que se trata simplemente de una versión de Ordo Missae más antigua y otra más moderna. Lo demás es simplemente una forma de dar cobertura canónica y una especie de estructuración. Como todo en el derecho canónico, se trata de salvaguardar la libertad de los fieles y defender sus derechos. Sin embargo, históricamente, nunca ha habido "modo" u "formas" de ritos.
Ahora, sobre todo en las ciudades industrializadas, las culturas y las liturgias conviven con poco roce y con poca influencia mutua. Se hace necesario, en orden a una paz litúrgica, que se acepten las diferencias. Habrá ritos y formas litúrgicas que mejor se adecúen a los fieles de una región. De esta manera, se tendrá la impresión que unas liturgias son mejores que otras. Pero lo que importa en el momento presente es reconocer la igual dignidad de los ritos y aprovechar su disparidad exterior para poder apreciar sus diferencias.
Esta aceptación de la disparidad ayuda de forma dinámica a una mejor valoración de la propia identidad ritual, e incluso, de acentuar nuestras propias diferencias precisamente por esta misma razón.

Haya paz, hermanos...

Lo que no puede pasar es lo que estamos viviendo en el seno del rito romano. La batalla ideológica es demasiado parecida a la que había antes del concilio Vaticano II con respecto a las diferencias entre el rito romano y los ritos orientales. Paradójicamente, esos ritos orientales tan criticados por el "romanismo" del s. XIX y de principios del XX, parecen ahora los mejores aliados para justificar el derecho a la existencia de una versión del Ordo Missae que ni es la mejor ni la peor. De hecho, la incertidumbre no se ha hecho esperar. ¿Por qué 1962 y no otro anterior? ¿Por qué el salterio reformado de san Pío X? ¿Por qué la semana santa de Pío XII?

Breviario... ¿pero cuál?

Los que celebramos con el misal de 1975-2002, más bien no miramos hacia el de 1970 sino que esperamos -y desesperamos- por otra versión del Ordo Missae mejor perfilada, que saque, como decía el evangelio de este domingo, del arca lo antiguo y lo nuevo. Por otro lado, se nos escapa que los misales anteriores al de 1970 son expresión de una cultura, lo mismo que el de 1970 y posteriores. La propuesta vinculante de Benedicto XVI por asumir el texto del Ordo Missae de 1962 -y no el de 1965, por ejemplo- nos previene de un relativismo litúrgico. Porque la incertidumbre el "modo ordinario" está en el cumplimiento o no de las rúbricas, mientras que en el "modo extraordinario" está en qué versión del misal utilizar. Ante esta fragmentación litúrgica, el "multiliturgismo", como el "multiculturalismo", sufre un sin fin de críticas basadas, precisamente, en esta incertidumbre. De hecho, la supuesta cuestión "litúrgica" se está desviando por estas razones al campo eclesiológico (si es que nunca se ha ido de allí). Por tanto, se hace necesario una pax litúrgica. Valoremos las virtudes y limitaciones de cada una de las versiones del misal romano y de los ritos orientales. Alimentémonos de la lex orandi en orden a edificar mejor nuestra lex credendi.
En general, en este Blog hemos adoptado una visión irénica de los diferentes ritos cristianos -incluso no católicos- y hemos realizados críticas sin mirar si se trata de esta u otra versión de este u otro misal. Aunque descendamos a los "infiernos" de la pastoral litúrgica -en sentido peyorativo-, nuestro punto de partida suele ser el científico, que siempre es agradablemente frío e insensible a gustos y afectos. Y creo que es necesaria esta actitud, ahora y siempre.

Adolfo Ivorra

"Master en Teología Litúrgica" en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso” de Madrid

La Universidad Eclesiástica “San Dámaso” en su Facultad de Teología ofrece en el Segundo Ciclo, cuya duración es de dos años, una especialización en diversas materias teológicas: Teología Litúrgica, Teología Dogmática, Teología Catequética, Teología Moral y Teología Patrística.

El Master en Teología Litúrgica, cuyo coordinador es el Dr. D. Manuel González López-Corps, consta de 72 ects: 40,5 ects mínimos de Liturgia, 12 ects de asignaturas comunes, 7,5 ects de asignaturas de libre elección y 12 ects de una lengua clásica o moderna.

INTRODUCCIÓN AL "MASTER EN TEOLOGÍA LITÚRGICA"

El magisterio del Concilio Vaticano II supuso, entre otras importantes profundizaciones, una más moderna aproximación a los estudios teológicos. Si, a principios del siglo pasado, la manualística de los tratados de dogmática abordaba clásica y pacíficamente el estudio de la teología a partir de la noción de Dios sub specie deitatis, el decreto conciliar Optatam totius estableció en 1965 que, en la revisión de los estudios eclesiásticos, las disciplinas filosóficas y teológicas se coordinaran de modo que, juntas, tendieran a descubrir a los alumnos el Misterio de Cristo. Misterio que afecta a toda la historia del género humano e influye constantemente en la Iglesia (cf OT 14). Un año antes, Sacrosanctum Concilium había identificado la noción de "Misterio de Cristo" con la noción de "historia de la salvación" (cf SC 35).

Este cambio de perspectiva en el objeto formal de la teología, tendente a un horizonte más histórico-salvífico que esencialista, induce a la Facultad de Teología San Dámaso a propiciar una mayor atención a los datos provenientes de la celebración cristiana. En efecto, la liturgia de la Iglesia es, en último término, la historia de la salvación en acto y es precisamente en las acciones sagradas donde los misterios de la salvación se hacen presentes y operantes (cf Ratio fundamentalis... 79).

Así, el Master en Teología Litúrgica ofrece la posibilidad de iniciar en el estudio de las Fuentes (año A) y la Sacramentalidad (año B) a los alumnos que quieran profundizar desde una perspectiva espiritual y al servicio de la pastoral.

PLAN DE ESTUDIOS DEL AÑO A (CURSO 2011-2012)

HISTORIA Y FUENTES DE LA LITURGIA

El primero de los componentes de la celebración cristiana es el acontecimiento que da lugar a la acción litúrgica, evocado por la Palabra de Dios; Misterio que es vivido por la iglesia en la historia. Así, el culto cristiano muestra su desarrollo celebrativo según diversas épocas y ámbitos.

Como la liturgia, hundiendo sus raíces en la época apostólica, se ha constituido en su núcleo esencial en la edad patrística, se estudian los autores y los textos que mejor iluminan el hecho litúrgico en su doble dimensión: fe celebrada y celebración que piensa y vive su fe.

Dado que la renovación conciliar tiene como punto de partida la época áurea del Rito romano, como método de trabajo, se procederá desde el estudio de los antiguos Sacramentarios -leoniano, gelasiano, gregoriano-, así como de los Ordines. Dado que se hace desde un ámbito hispano se tendrán en cuenta, de manera específica, las fuentes del Rito mozárabe.

Además de proporcionar al alumno un conocimiento de la lengua de la tradición litúrgica y de las antiguas fuentes se presentarán los Libros renovados después del Concilio como marco objetivo a la vez que locus theologicus.

Primer Semestre:

*Fuentes y Cuestiones Metodológicas: Dr. D. Juan José Ayán (1,5 ects)
*Padres y Liturgia: Dr. D. José Rico Pavés (3 ects)
*Historia de la Liturgia en el Primer Milenio: Dr. D. Nicolás Álvarez de las Asturias (1’5 ects)
*Seminario: La Teología de los Misterios en Odo Casel: Dr. D. Félix Mª Arocena (1’5 ects): intensiva.

Segundo Semestre:

*Latín Litúrgico: Dr. D. Roberto López Montero (3 ects)
*Historia de la Liturgia en el Segundo Milenio: Dr. D. Manuel González López-Corps (1’5 ects)
*Sacramentarios y Ordines: Dr. D. Antonio Lara Polaina (1’5 ects)

LITURGIA FUNDAMENTAL

En este ámbito de estudio sacramentario se presenta la naturaleza de la Liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Cristo. Por medio de signos sensibles se significa y se realiza la santificación del hombre a la vez que se ejerce el culto en espíritu y en verdad, se muestra cómo, de la celebración del Misterio Pascual, reciben su virtud todos los sacramentos y los sacramentales.

Desde este punto de partida se presentan distintos aspectos: aunque en la liturgia terrena se pregusta la liturgia celestial, la iglesia peregrina reunida en asamblea se sirve de signos sagrados. La ritualidad, gestualidad, simbólica y demás aspectos antropológicos que se relacionan con la comunicación son estudiados como expresiones diversas del lenguaje celebrativo.

La cultura y las distintas circunstancias de la historia de los pueblos hacen que la Iglesia, tanto en Oriente como en Occidente, forje diversos ritos. se estudian como patrimonio litúrgico, teológico, espiritual y disciplinar pues son expresión de la riqueza eclesial.

Se presenta la vida en el Espíritu desde su hontanar: la liturgia está en su origen, desarrollo y consumación, en este sentido se puede hablar de una espiritualidad litúrgica.

La diversidad de miembros y de las funciones que requiere la asamblea y su participación activa hace que se estudien sus relaciones y las exigencias pastorales. Las leyes litúrgicas y el derecho se estudian exponiendo las competencias de la Sede Apostólica, de las Conferencias Episcopales y del Obispo local.


Primer Semestre:

*Introducción a las Liturgias Occidentales: Ambrosiana e Hispano-Galicanas: Dr. D. Manuel González López-Corps (3 ects)
*Los Salmos en la Tradición Celebrativa: Dr. D. Félix Mª Arocena (1,5 ects): intensiva.

Segundo Semestre:

*Introducción a las Liturgias Orientales: Bizantina, Alejandrina y Antioquena: Dr. D. Teofilo Moldován (1,5 ects)
*Teología litúrgico-sacramentaria: Dr. D. Germán Martínez Martínez (1,5 ects): intensiva.
*Espiritualidad y pastoral: Dr. D. Germán Martínez Martínez (1,5 ects): intensiva.
*Teología del Culto en Santo Tomás de Aquino: Dr. D. Eduardo Vadillo (1,5 ects): intensiva.

COMÚN A TODOS LOS BIENIOS: (Propia de Liturgia)
*Derecho y Normativa de la Celebración
: Dr. D. Roberto Serres López de Guereñu (3 ects)

LENGUA CLÁSICA O MODERNA: (6 ects): anual

(Puedes descargarte el Plan de Estudios en la imagen que se encuentra en la parte superior de este Post)

lunes 25 de julio de 2011

"Santiago Apóstol, Hermano de san Juan" en la Liturgia Hispano-Mozárabe

El día 25 de Julio celebramos en el Rito Romano la Solemnidad de Santiago Apóstol, Patrón de España, en cambio, en nuestra Venerable Liturgia Hispano-Mozárabe, lo celebramos el 30 de Diciembre con el Título de: In Diem Sancti Iacobi, Fratris Sancti Ioannis. No obstante, ofrecemos a continuación la Eucología de este día:

Oración después del Gloria (ORATIO POST GLORIAM)

Tú, que estás sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso, atiende nuestra oración, y ya que eres el único mediador ante el Padre celestial, intercede por nosotros.
R/ Amén.

Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos.
R/ Amén.

Monición sacerdotal (ORATIO ADMONITIONIS)

Oigamos, amadísimos hermanos, a Jesús, que nos llama hacia él, como llamó al bienaventurado Apóstol SANTIAGO, cuando en la nave reparaba sus redes, y que, por medio de las espirituales enseñanzas de este mismo Apóstol, nos aconseja y enseña que al orar no desfallezca nuestra fe, sino que, con toda la devoción de nuestra alma, y aun con lágrimas, roguemos al Señor, para que nuestra oración nos consiga de Él las gracias que conocimos por la enseñanza del mismo Apóstol.
R/. Amén.

Por la misericordia del Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

Oración entre los Dípticos (ALIA)

Oh Cristo, cuya fortaleza y poderío brillaron de tal modo en tu Apóstol SANTIAGO que, arrojando en tu nombre los poderes del demonio, mereció, con tu poder, alcanzar la victoria; defiende a tu Iglesia de los ataques enemigos, para que venciendo con el poder del Espíritu lo que es contrario a Ella; ejercite con obras la doctrina de Aquel a quien hoy veneramos por el ejemplo de su piadoso martirio.
R/ Amén.

Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos apóstoles y mártires, confesores y vírgenes
R/ Amén.

Oración después de los Dípticos (POST NOMINA)

Recibe, buen Jesús, nuestras ofrendas en el día del natalicio de tu Apóstol SANTIAGO; concede consuelo a las almas de los difuntos y derrama la gracia de tu piedad a los vivos y a los muertos, por la intercesión ante Tí del mismo Apóstol, con cuya doctrina fueron iluminadas las doce tribus.
R/ Amén.

Porque tú eres la vida de los que viven, por todos los siglos de los siglos.
R/ Amén.

Oración de la Paz (AD PACEM)

Señor Jesús, que vivan entre nosotros las enseñanzas de tu Apóstol SANTIAGO; por ellas sabemos que será dichoso aquel que sepa soportar valientemente la tentación, porque, si toleramos con toda paciencia las penalidades presentes, viviremos en paz y amor contigo ahora y por toda la eternidad.
R/ Amén.

Porque tú eres nuestra paz verdadera caridad indivisible; Tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos.
R/ Amén.

Acción de gracias (ILLATIO)

En verdad es justo y necesario darte gracias por siempre, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Jesucristo, tu hijo, nuestro Señor. En cuyo nombre, SANTIAGO, el elegido, cuando era llevado al martirio sanó al paralítico que le suplicaba; y por este milagro, de tal manera convirtió el corazón de su verdugo, que instruido con los sacramentos de la fe, lo hizo llegar a la gloria del martirio. Y así, por la confesión en la fe de tu Hijo, fue decapitado, llegando en plena paz a Aquel por quien padeció el martirio. Porque él es tu unigénito Hijo, que dio su vida por la redención de muchos. Por él, Tú, Dios Padre, haz que sean perdonados nuestros pecados. Por eso a ti justamente los ejércitos celestiales no cesan de aclamarte, diciendo:

Oración después del Sanctus (POST SANCTUS)

Verdaderamente Santo, verdaderamente bendito es nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, a quien SANTIAGO dejando a su padre Zebedeo, de tal manera lo siguió, que, amándole íntimamente, fue elegido en vida, puro en su conciencia, íntegro en su doctrina; y al final de su vida, de tal manera probó su fe con las obras, que fue decapitado a causa de Aquel de quien sabía que había dado su vida por él mismo y por todos los hombres, Cristo, Señor y Redentor eterno...

Invocación (POST PRIDIE)

Sométenos con tu yugo, Señor, y así podamos llevar tu carga, ligera para los que te aman, con amorosa devoción, a ejemplo de SANTIAGO Apóstol, quien, con alegría, entregó su cuello al martirio. Y tú, santificando los dones que te ofrecemos, bendícenos al recibir esta oblación.
R/ Amén.

Introducción al Padre nuestro (AD ORATIONEM DOMINICAM)

Señor, tu Apóstol SANTIAGO nos enseña que, si alguno de nosotros necesita la sabiduría ha de pedírtela a ti, porque Tú la das en abundancia sin regatear. Y puesto que deseamos llegar a ti por Cristo, que es tu poder y tu sabiduría, te la pedimos por Él. Suplicamos tu clemencia para que por nuestro mediador podamos llegar a ti y, con la oración que el mismo Señor nos enseñó, nos permita entrar en tu presencia proclamando desde la Tierra:

Bendición (BENEDICTIO)

Cristo Dios, Hijo de Dios Padre, a quien SANTIAGO, dejando a su padre en la barca, siguió con entero corazón, os haga seguir siempre sus huellas.
R/ Amén.

Y el que por su Apóstol convirtió a la fe a los adoradores del demonio, os conceda a vosotros despreciar las vanidades de este mundo y amarle a Él con toda verdad.
R/ Amén.

Para que Él os premie con la ayuda de aquel cuya victoria celebramos.
R/ Amén.

Por la misericordia del mismo Dios nuestro, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos.



R/ Amén.

Oración conclusiva (COMPLETURIA)

Se ha llenado nuestra boca de gozo y nuestra lengua de cantares. El Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, Señor nuestro, que acabamos de recibir, se adhieran a nuestras entrañas y nos guarden para la vida eterna, a fin de que toda nuestra vida aquí en la tierra sea como un anticipo de la vida celestial.
R/ Amén.

Por tu inefable bondad, Dios nuestro, que vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos.
R/ Amén.

domingo 24 de julio de 2011

Ha muerto el cardenal Virgilio Noé.

La Santa Sede informó que esta mañana, en Roma, murió, a la edad de 89 años, el cardenal Virgilio Noé, un proficuo servidor del Señor y de su Iglesia. El cardenal Noé, Arcipreste emerito de la Patriarcal Basílica de San Pedro, Vicario general emérito de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano y presidente emérito de la Fábrica de San Pedro, nació en la diócesis de Pavía en 1922.

Una vasta labor pastoral acompaña la biografía de este purpurado que luego de una larga formación en liturgia, historia eclesiástica e historia del arte, en varias universidades pontificias de Roma, fue nombrado por el Papa Pablo VI, en 1969, subsecretario de la entonces nueva Congregación para el Culto Divino que debía poner en acto la reforma litúrgica querida por el Concilio Vaticano II.

En 1970, es nombrado Maestro de las Ceremonias Pontificias llevando a cabo importantes transformaciones, incluso para la celebración de las canonizaciones, beatificaciones, los ritos funerarios pontificios y la apertura y cierre de la puerta santa en ocasión del jubileo de 1975. En 1982, durante el pontificado del Papa Juan Pablo II, es nombrado Secretario de la Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino; en 1989, coadjutor del cardenal Arcipreste de la Basílica vaticana, de la cual sería titular en 2002. Juan Pablo II lo crea cardenal en el consistorio de 1991. 

A 20 años de la reforma del misal hispano-mozárabe.

Este post es un adelanto de un artículo que se supone aparecerá, por lo menos, en un ejemplar de este año 2011. En los últimos días, algunos que conocen su existencia me han preguntado por él. Veo que la impaciencia no es sólo mía... De hecho, he aprendido a ser muy paciente con las revistas teológicas fuera de España. Así que adelanto aquí el principio del largo artículo. Por otro lado, parte de él se encuentra en la introducción del Calendario hispano de este año, felizmente publicado.

En 1991 salió a la luz el primer volumen del Missale Hispano-Mozarabicum, con presentación del Cardenal D. Marcelo González Martín como Superior Responsable del Rito Hispano-Mozárabe y acompañado por el decreto del entonces Presidente de  la Conferencia Episcopal Española, el Cardenal D. Ángel Suquía Goicoechea. El Prot. n. 203/86, firmado por el Cardenal Eduardo Martínez Somalo, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, confirma la edición realizada y recuerda que ya en 1986 fueron aceptados los Prenotandos y el Ordinario. Como nota de interés, el tiempo Cotidiano es mencionado según la nomenclatura romana per annum[1]. Junto con este libro, salió también en aquel año el primer volumen del Liber commicus, con los textos bíblicos del ciclo de Tempore. En 1994 saldría el segundo volumen del Missale Hispano-Mozarabicum con la eucología y cantos del ciclo de Sanctis y comunes, y en 1995 el segundo volumen del Liber commicus, necesario para la celebración eucarística con el segundo volumen del misal.
            La reforma del misal –que algunos prefieren llamar ‘renovación’– comenzó oficialmente el 12 de julio de 1982, en la que el Arzobispo de Toledo «presidente de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, como Superior Responsable del Rito Hispano-Mozárabe, constituyó la Comisión para llevar a cabo la revisión de los libros litúrgicos Hispano-Mozárabes»[2]. Sin embargo, a su edición acompañaron una serie de artículos previos y posteriores, muchos de ellos escritos por miembros de la Comisión y por otros liturgistas. En ellos se puede apreciar el pensamiento de aquellos que intervinieron en la reforma del libro princeps de la liturgia hispana.
            Como lo afirman la casi totalidad de miembros de la Comisión y demás estudiosos de la liturgia hispana, el personaje que más influyó en la reforma del misal y leccionarios hispanos fue el benedictino Jorge Pinell. En su único artículo sobre el misal reformado, Pinell sitúa la reforma del misal dentro del deseo expresado por SC 4[3] de la renovación de los demás ritos litúrgicos católicos:
«Cuando fue redactada, discutida y aprobada la Constitución Sacrosanctum Concilium, a expresión del “deseo” de que el llamado rito mozárabe fuese “íntegramente revisado según el espíritu de la verdadera tradición” se refería vagamente “a todos los ritos legítimamente constituidos”. Pero allá por los años setenta el requerimiento había sido ya concreta y explícitamente formulado al Emmo. y Revmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo por parte de la Sagrada Congregación para el Culto Divino. Roma estaba presionando aún sobre Toledo en este sentido, cuando se organizó el I Congreso Internacional de Estudios Mozárabes, que tuvo lugar en la misma Toledo del 28 de septiembre al 4 de octubre de 1975»[4].

Los anhelos de reforma

            A partir de este Congreso se hizo evidente que la reforma del misal llegaría tarde o temprano. En 1982 se estableció la Comisión, y algunos de sus miembros expresaron en artículos. Uno de los primeros fue el de G. Ramis, Pervivencia y actualidad del rito hispano-mozárabe[5], en el que después de hacer un brevísimo repaso histórico y constatar que había muy pocos lugares donde se celebraba el rito, no dudaba en afirmar: «No se trata de una liturgia arqueológica construida sobre manuscritos: es una liturgia celebrada habitualmente, y por lo mismo una liturgia viva»[6]. Entre los problemas detectados en ese momento, Ramis hablaba de necesidad pastoral de la reforma de los libros litúrgicos existentes, liberándolos para ello de los elementos procedentes de la liturgia romana medieval. Otro problema en este sentido, señalado por Ramis, sigue hoy sin tener una solución oficial: «También el rito hispano-mozárabe debe afrontar este problema, y preparar una traducción de los libros litúrgicos a la lengua española»[7]. Sin embargo, a pesar de esta sensibilidad pastoral inicial y de haber ofrecido datos sobre diócesis españolas que en los años 60 y 70 han pedido la celebración del rito, la perspectiva de Ramis es modesta: «Debe quedar claro que no se trata de una revisión del antiguo y venerable rito para proceder a su difusión y restauración en las diócesis españolas. Se trata solamente de una revisión destinada a que el rito mantenga su propia originalidad y conserve también la riqueza teológica, espiritual y cultural de la Hispania cristiana de la que es exponente, y permita una activa y eficaz participación a los que, habitualmente se sirven del rito hispano-mozárabe, así como a los que deseen celebrar el rito en determinadas ocasiones, establecidas por la autoridad competente»[8]. Aunque el número de diócesis en las que se celebra ocasionalmente en rito hispano ha aumentado considerablemente, hoy la celebración frecuente fuera de Toledo se reduce prácticamente a Madrid.
            En ese mismo año otro miembro de la Comisión de revisión del misal, J. Aldazábal, constata también el carácter toledano de facto de esta liturgia, menciona los miembros de la Comisión y expresa dificultades parecidas a las de G. Ramis. Aldazábal informa de lo que se realiza en la Comisión, y ya desde 1983 se deja ver con claridad la influencia de J. Pinell: «El primer trabajo concreto ha consistido en el estudio del Ordinario de la Misa. A partir de un proyecto que el P. Pinell había presentado ya en 1975, en el primer Congreso Internacional de Estudios Mozárabes, él mismo ha podido presentar, en la segunda sesión de trabajo (diciembre de 1982), un estudio detallado, con una propuesta ya por extenso del Ordo revisado de la Misa según el rito hispánico»[9]. Aquí se nos presenta uno de los problemas que la crítica posterior ha hachado después de la publicación del misal: Pinell influyó decisivamente en la configuración del ordo missæ. Otros dirán que fue una obra casi enteramente suya[10], cosa que se ha intentado desmentir, resaltando el papel de la Comisión.
            Otro problema que detectó en su momento Aldazábal fue la más que probable discontinuidad entre el misal reformado y el anterior, que él achaca a una falta de reforma del rito en el s. XVI y la consabida asimilación al rito romano de la época:
«El criterio más radical –restituir a ser posible a su primitiva autenticidad la misa mozárabe– choca no poco con la sensibilidad de los que han mantenido la tradición viva del rito, al que han conocido, a lo largo de los últimos siglos, ya desde el Card. Cisneros, con la inclusión de esos elementos añadidos. A ellos lógicamente les parece una “operación quirúrgica” dolorosa para su liturgia: el criterio de la autenticidad de lo verdaderamente hispánico en sus libros, liberado de las varias añadiduras de los actuales libros toledanos, puede parecerles válido, pero no deja de dolerles que se “pierdan” esas añadiduras, también venerables por la tradición de varios siglos. En el fondo en estos libros litúrgicos faltó la obra de purificación que a su vez realizó la Iglesia de Roma en los suyos, a partir de Trento, liberándolos de las muchas oraciones añadidas en los siglos anteriores»[11].
Aquí se habla casi exclusivamente de la reforma del ordo missæ y las dificultades que iba a crear –y que ya se intuían– a los que celebraban habitualmente en el rito: los toledanos. Aún hoy se puede observar ese rechazo por la discontinuidad en el Ordinario. Pero hay más discrepancias en este momento. Arriba pudimos contemplar la modesta aspiración de reforma de G. Ramis, para quien el rito seguiría celebrándose de forma frecuente en donde ya se celebraba[12]. Pero Aldazábal recoge el desiderium del entonces Superior del Rito, el cardenal González: «el estudio emprendido hará que “salga de las capillas toledanas a la luz del día el tesoro inapreciable de la liturgia hispánica”»[13].
En 1989, J. López describía la ilusión con que se esperaba la reforma del misal y la primera misa con los textos oficiales ese año. Esa misa, con ocasión de la celebración del XIV Centenario del Concilio III de Toledo, manifestaba el aspecto exterior propio de lo que había sido hasta entonces el rito hispano: «el renovado rito Hispano-Mozárabe celebrado íntegramente en latín, el canto mozárabe, la utilización de verdaderas joyas litúrgicas y artísticas como el Cáliz de la Reina Mora, la casulla de Cisneros que llevaba D. Marcelo, y otros objetos rescatados del museo y devueltos al uso litúrgico para el que fueron creados»[14]. En este sentido, la intención era evidente: no se trataba de presentar algo “nuevo”, sino en continuidad con lo que había sido y era el rito hispano. No se asumieron, por tanto, vestimentas y modos propios del rito romano reformado después del Vaticano II. Sin embargo, López atestigua que la imagen de continuidad se mezcló en algún caso con el mimetismo romano: presbíteros vestidos de diáconos y con dalmáticas[15]. Es de destacar la importancia que le da al canto mozárabe:
«Muchos de los presentes, incluso algún obispo y no pocos sacerdotes, descubrieron con gozo ese día la Liturgia Hispano-Mozárabe. Y lo que me parece muy importante, sin la dudosa adaptación que supone sustituir los cantos propios de la Misa por otros más o menos adecuados. Señalo esto en descargo de alguna falta de cohesión en el coro que interpretaba algunas partes cantadas. Las exigencias del canto parece que estaban también en la base de que actuasen como diáconos dos presbíteros vistiendo dalmáticas»[16].

Los textos del misal

El artículo de Pinell que hemos citado arriba tiene un alto contenido histórico[17]. De cara a los altiora principia de la reforma nos interesa el último apartado “La autenticidad, valor supremo”, donde se resalta la intención de la Comisión de salvar la mayor cantidad de textos de las llamadas dos “tradiciones” del rito[18]:
«Ya he señalado antes, como una característica de esta revisión, el hecho de haber integrado en el nuevo Misal la casi totalidad de los textos que la tradición manuscrita y las ediciones antiguas nos han conservado. Ese criterio no ha sido aplicado, que sepamos, en ninguna otra compilación del Misal, sea éste el romano o el ambrosiano»[19].
Sin embargo, hay textos que se dejaron fuera, como por ejemplo el formulario del domingo pre-cuaresmal[20], y varios cotidianos de la llamada tradición A[21]. También se aprecian a primera vista algunas omisiones de lecturas[22]. Hay que agregar, además, que algunos formularios no pasaron por la Comisión de renovación del misal y hoy aparecen en el Missale Hispano-Mozarabicum[23]. Junto a esto, el problema de concebir el tiempo Cotidiano como per annum romano, ha dejado lecturas y cantos que nunca se podrán proclamar[24]. Por otro lado, Pinell no entra en lo más controvertido de la reforma del misal: el ordo missæ[25]. Éste ya había sufrido pequeñas reformas con ocasión del motu proprio Rubricarum instructum, del beato Juan XXIII: «en la Capilla Mozárabe se habían introducido las variantes pedidas en todo lo que no afectaba a las propiedades del rito. Así se suprimieron las octavas, las fiestas duplicadas, el salmo “Judica” al inicio de la misa, la Salve al final, etc.»[26]. El mismo B. Gómez-Chacón indica el acierto de la supresión de la oración Adesto, antes del Relato de la institución[27]. Pero otras cuestiones, como el número de peticiones del Padrenuestro, la simplificación del ofertorio, etc., siguen siendo cuestionadas por los investigadores.
Además de estas cuestiones en torno al ordo missæ –que son lo suficientemente amplias como para sólo hacer mención de ellas– nos encontramos críticas recientes al proceso general de reforma. Si bien la intención de la Comisión de rescatar la mayor cantidad posible de formularios y textos es siempre beneficiosa –pues es el objeto primero de las críticas a cualquier reforma litúrgica–, dicha intención también tiene un lado negativo. Por una parte porque no se cumplió del todo, como hemos visto de forma general. Por otra, porque la labor de reforma en este punto se está considerando por algunos estudiosos como una mera reedición de textos, sin reforma de los mismos. Esta crítica se establece, principalmente, a la hora de celebrar con textos excesivamente largos, especialmente los del propio de Sanctis[28]. No obstante, algunas críticas sobre el lenguaje han surgido en los últimos años. Pero estas futuras críticas ya fueron contempladas en su momento, tal y como lo afirma el artículo de Pinell:
«Estimado como algo intangible, [el patrimonio textual] no debe ser sometido a adaptaciones, que por muy atinadas que pareciesen en el acto de efectuarlas, se descubriría luego poco afortunadas, al ser observadas a una cierta distancia de tiempo»[29].
En el rito romano es de sobra conocido el problema de la supresión sistemática del término alma, por considerarse propio de una antropología ajena al contexto bíblico, que poco después tuvo que ser reinsertada de nuevo por ser esta apreciación una teoría de paso poco afortunada[30]. Desde el punto de vista de la necesaria renovación litúrgica, Pinell recoge esta cuestión cuando dice: «éste no es un problema que pueda resolverse a la ligera, sustituyendo, en los textos antiguos, algunos de sus conceptos o frases por otros que sólo parecen más modernos, pero que en realidad tampoco lo son»[31]. En el caso del actual misal podemos poner como ejemplo los términos adoptivo e infierno. El primero fue causa de una polémica cristológica que intentó justificarse en los textos litúrgicos mozárabes, pero que se probó era falsa. En el siglo XX, Juan Francisco Rivera hacía un estudio de cada una de las fórmulas litúrgicas, llegando a esta conclusión: «concluimos que de las seis veces que se lee la palabra “adoptio” ó “adoptivus” en los textos mozárabes, en tres [...] se usa en su sentido propio, pero no se aplica a la naturaleza humana de Cristo, sino a los fieles; en las tres restantes [...] está tomada en su acepción amplia y es sinónimo ó de elegir ó de hacer propio»[32].
Términos como “adoptivus” invitan a una correcta exégesis de los textos litúrgicos hispanos, que todavía hoy lo conservan. Sin embargo, no se trata del único problema terminológico que podemos encontrar en la liturgia hispana. Otro tema muy querido por la liturgia hispana, específico del tiempo pascual y sobre todo de la octava de Pascua, es el descenso de Cristo a los infiernos. Este misterio, muchas veces dejado de lado en Occidente y que en Oriente es sinónimo de la reflexión sobre la resurrección, nos introduce en la ambigüedad del término “infierno”, no sólo dentro de los textos litúrgicos hispanos, sino también en los escritos patrísticos. Términos como “infierno” o “tártaro”, se aplican en la liturgia hispana –como en los Padres– para hablar del infierno definitivo, del lugar de los muertos o sheol del Antiguo Testamento, o incluso para hablar del purgatorio. En las traducciones ad casum de textos del Missale Hispano-Mozarabicum encontramos esa sustitución de términos para facilitar la comprensión de las oraciones, pero con ellas se deja entrever la aplicación de una teología concreta, ajena a la teología con la que los textos fueron escritos, y que elimina el amplio campo semántico de algunos términos latinos. Esto se ve especialmente cuando se traduce infierno o tártaro por purgatorio, como si se intentara alejar lo más posible cualquier lectura propia de la apocatástasis origeniana.

Adolfo Ivorra


[1] Sin embargo, esto lo hacen los miembros que participaron en la reforma del misal, lo que nos indica que la mirada inicial se puso más bien en el per annum romano. Cf. B. Gómez-Chacón, La última revisión del Rito Hispano-Mozárabe, en Pastoral Litúrgica 207-208 (1992) 46; M. Ramos, Revisión «ex integro» de la Liturgia Hispano-Mozárabe, en Pastoral Litúrgica 157-158 (1986) 34 (nota 8).
[2] G. Ramis, La reforma del rito hispano-mozárabe, en AEPL, La reforma litúrgica. Una mirada hacia el futuro, Bilbao, 2001, 158s. El autor recoge los elementos más importantes de la Comisión: miembros, objetivos, etc., que considera como casi «una crónica periodística» (p. 165), pero que constituye una buena síntesis del trabajo de la Comisión durante casi una década.
[3] Pinell cita por error SC n. 5.
[4] J. Pinell, El Misal Hispano-Mozárabe, en Phase 191 (1992) 372. El texto citado que presentamos difiere del original porque éste presenta errores de acentuación y alguna palabra mal escrita en castellano.
[5] Notitiae 20 (1983) 282-286.
[6] Pervivencia y actualidad del rito hispano-mozárabe, 283.
[7] o. c., 284.
[8] o. c., 285. La cursiva es nuestra.
[9] La liturgia hispano-mozárabe se pone de nuevo en marcha, en Phase 23 (1983) 258.
[10] Esto se desprende también de afirmaciones del propio Aldazábal después de la reforma: «el Ordinario de la Misa, revisado con particular esmero, por su importancia y por los problemas que suscitaba la acumulación en los sucesivos siglos de elementos que no pertenecían a la más pura riqueza de la liturgia hispánica. El trabajo ha sido realizado por el P. Pinell y revisado varias veces por la Comisión»: El «nuevo» ordo missae de la Liturgia Hispánica, en Phase 26 (1986) 84.
[11] La liturgia hispano-mozárabe se pone de nuevo en marcha, 258.
[12] No obstante, en 2009, reafirma lo que se dirá en los Prenotandos: «En los prenotandos del Misal se afirma que la celebración del rito no queda reservada a Toledo, sino que se extiende a toda la Península Ibérica e Islas adyacentes»: G. Ramis, La reforma del rito hispano-mozárabe en el contexto del Movimiento Litúrgico, en AEPL, El movimiento litúrgico y la reforma litúrgica, Barcelona, 2009, 119.
[13] o. c., 260.
[14] La celebración eucarística en rito hispano-mozárabe en la conmemoración del III Concilio de Toledo, en Phase 29 (1989) 431.
[15] La reacción de J. López se comprende no sólo desde el punto de vista romano, sino también desde el hispano, pues el diácono tiene un papel importante en la sináxis y es en gran medida el responsable de la gran participación del pueblo en la celebración eucarística hispana. Esa fue una de las impresiones de J. Aldazábal un año antes de la publicación del misal: cf. La misa en el rito hispano-mozárabe revisado, en Phase 30 (1990) 77.
[16] o. c., 432. El comentario sobre los presbíteros revestidos con dalmáticas tiene que ver con el hecho que narra J. Bohajar, presente en esa misa: «Quince Diáconos del Seminario toledano ejercieron su ministerio»: Entrada en vigor del nuevo misal Hispano-Mozárabe, en Notitiae 25 (1989) 843. La cursiva es nuestra. Habría que preguntarse cómo ejercieron su ministerio, si presbíteros con dalmáticas ejercían de diáconos.
[17] En esta línea histórica tenemos el artículo de Ramis La Liturgia Hispano-Mozárabe, en Pastoral Litúrgica 207-208 (1992) 25-37.
[18] «Se ha convenido en adoptar una denominación meramente lógica y paralela –tradición A y tradición B– para evitar que el nombre prejuzgara su validez documental. La tradición A comprende códices que, cronológicamente, van del siglo VIII al siglo XII […] Los manuscritos de la tradición B son, en conjunto, más tardíos. Llegan incluso hasta el siglo XIV. Todos proceden exclusivamente de la parroquia toledana de Santa Justa y Rufina. Las ediciones del siglo XVI del misal y del breviario, que el Cardenal Cisneros patrocinó, se fundan exclusivamente sobre manuscritos de la tradición B y, por lo tanto, representan esta tradición»: J. Pinell, Liturgia hispánica, Barcelona, 1998, 39.
[19] J. Pinell, El Misal Hispano-Mozárabe, 379.
[20] En ambas tradiciones de conoce en los leccionarios como Dominica ante carnes tollendas: cf. T. Moldovan, Relación entre anáfora y lecturas bíblicas en la cuaresma dominical hispánico-mozárabe, Salamanca, 1992, 39-55. Al estar atestiguado en ambas “tradiciones”, la razón de no incluir este domingo en el MHM (=Missale Hispano-Mozarabicum) puede deberse a intentar presentar un Calendario primitivo –sin pre-cuaresma– o adaptar sin más el nuevo misal hispano al Calendario romano existente, que suprimió la pre-cuaresma. Tal y como nos lo muestra la nueva disposición del tiempo Cotidiano, nos parece que la razón es más bien la segunda: adaptar el misal hispano al Calendario romano reformado. No obstante, no hay textos eucológicos mas que en la tradición B, donde este domingo recibe el nombre de ante dicem cineris, porque en el rito hispano se había introducido la feria romana del miércoles de ceniza. Según Balbino Gómez-Chacón, este domingo debía ser “ordenado” en el nuevo –y a la vez antiguo– tiempo de Cotidiano: cf. La última revisión del Rito Hispano-Mozárabe, 43.
[21] Limitándonos a las anáforas, la explicación de esto la hago en mi tesis doctoral: A. Ivorra, Las anáforas De Cotidiano del Missale Hispano-Mozarabicum. Estudio Teológico-Litúrgico, Madrid, 2009, 19-31. En mi opinión, podrían haberse confeccionado más formularios cotidianos con el material existente, aunque nunca se podría haber provisto de un formulario para cada domingo de Cotidiano.
[22] Así en un rápido examen de las perícopas adventuales: «Con la actual selección, no se leen Ez 36, 6-11 –bendición de los montes de Israel– y Col 3, 4-11 –el apartamiento del pecado–, de la tradición A»: A. Ivorra, Comentarios a las lecturas del Adviento hispano-mozárabe, en  Liturgia y espiritualidad 40 (2009) 565. El artículo de J. Sancho, El leccionario de la misa en la liturgia hispánica renovada, en Phase 30 (1990) 39-56, se limita a hablar de los domingos de Cuaresma, por lo que no existe a día de hoy un estudio completo o plenamente parcial de la reforma del leccionario.
[23] «En el Misal se han añadido los formularios de la misa de la Inmaculada Concepción [...] y del Corpus Christi [...] formularios y festividades que no fueron presentados a la Comisión»: G. Ramis, La reforma del rito hispano-mozárabe en el contexto del Movimiento Litúrgico, 124, nota 87. Entre las misas dejadas de lado por la Comisión: «En lo que al santoral se refiere, se han dejado fuera algunas misas introducidas por Ortiz y compuestas o quizá recompuestas por él [...] como la de la Purificación de Nuestra Señora, la segunda misa de Santa Rufina, la Natividad de Ntra. Señor, la Exaltación de la Santa Cruz, la fiesta de Todos los Santos, la de la Inmaculada Concepción compuesta en el siglo pasado, a raíz de la proclamación del dogma, siguiendo las instrucciones de la Santa Sede, en redacción aprobada por la Sagrada Congregación de Ritos. Igualmente se ha respetado la compuesta para la fiesta del Corpus Christi, dada la importancia que tiene para la Capilla Mozárabe, que se ampara bajo ese título»: B. Gómez-Chacón, La última revisión del Rito Hispano-Mozárabe, 46s. Entre las misas agregadas al nuevo misal tenemos: santa Engracia, san Pelayo, san Esperato, san Cucufate, san Félix de Gerona (1 de agosto), san Agustín, santa Eufemia, san Jerónimo, san Emiliano (Millán de la Cogolla) y los santos Vicente, Sabina y Cristeta (28 de octubre). Sobre la posibilidad de agregar más santos al actual Calendario, ya en 1989 J. M. Ferrer resume la ideología de la reforma que se estaba dando, pero abre la puerta al futuro: cf. El Propio de los Santos del Nuevo Misal Hispano-Mozárabe: un ejemplo concreto de inculturación de la Liturgia, en Pastoral Litúrgica 181-182 (1989) 59.
[24] Los mismos Prenotandos difieren con el ordo missæ acerca del número de los domingos de Cotidiano. Además, se proponen lecturas para 33 domingos. De entrada, teniendo el Calendario hispano 6 domingos de adviento –dos más que el romano–, los domingos 32 y 33 están de más, sin incluir el domingo que se pierde por el formulario Domingo que precede al nacimiento de Juan el Bautista, etc.
[25] El párrafo previo al texto que acabamos de citar se limita a decir: «Cuando empezaron los trabajos de la Comisión, éstos consistieron en la restauración del Ordinario, depurándolo de los elementos no auténticos que se habían infiltrado en él y en la recolección y examen textual de las fórmulas variables» (p. 378).
[26] B.  Gómez-Chacón, o. c., 42. Por tanto, la celebración eucarística en rito hispano anterior a la renovación de 1991 no era la misma a la reedición del Missale Mixtum del s. XIX, llamado “Gótico”.
[27] «Otro caso desafortunado y bien notado por los estudiosos fue la colocación de la oración “adesto” como introductoria a la Consagración, con lo que se daba el caso bien curioso de que permaneciendo la oración eucológica titulada “Post Pridie”, ya no había “Pridie”»: B.  Gómez-Chacón, o. c., 43. La oración Adesto es un claro ejemplo de romanización teológica: para el rito romano la epíclesis precede a la narratio institutionis. En el rito hispano sucede al contrario. La oración Adesto: Adesto adesto Jesu bone Pontifex in medio nostri: sicut fuisti in medio discipulorum tuorum: e sancti + fica hanc oblationem + sanctificata + sumamus per manus sancti Angeli tui sancte. En la oración Post Pridie, después del Relato, se contiene de ordinario una epíclesis sobre los dones, por lo que se daba un doblete difícil de explicar teológicamente: una epíclesis previa al Relato y otra posterior. La repetición llegaría a su punto máximo con el Post Pridie del actual domingo XV de Cotidiano, que en el Missale Mixtum –y Gothicum– se encontraba en el domingo V de Pascua: et accepta, discurrente sancto Angelo tuo, nobis sanctificata dividas.
[28] En algunas traducciones se ha procedido a poner corchetes [] a las partes de especial crudeza, que narran la pasión del mártir con todo lujo de detalles que, en algunas personas de nuestra sociedad posmoderna, podría causar extrañeza o rechazo.
[29] O. c., 379s.
[30] «...en la revisión de los libros litúrgicos realizada por mandato del Concilio Vaticano II, se suprimió el término alma en bastantes oraciones del Misal romano. Con esto se pretendía, por una parte, eliminar el esquema dualista por considerarlo ajeno al mundo bíblico [...] años más tarde, en el curso de la reunión plenaria de la Comisión Teológica Internacional de diciembre del año 1990 [...] enviaron una carta al papa, solicitándole que en la nueva edición del Misal romano, que entonces se estaba preparando, se recuperara en las misas de difuntos el término “alma” (y “cuerpo”) [...] La Comisión resaltaba en esta carta que los conceptos expresados con los términos “alma” y “cuerpo” no podían considerarse como un préstamo heleno porque se encontraban también en algunos pasajes del Nuevo Testamento y en el uso judeo-cristiano [...] Como consecuencia de todas estas vicisitudes históricas, en la tercera edición típica del Misal romano publicada en el año 2002, se recuperó el término “alma” en al menos 30 oraciones de la eucología exequial, tras haberlas confrontado con la fuente original antigua»: J. A. Goñi, La crisis del estado intermedio en el siglo XX (II), en Scriptorium Vitoriense 56 (2009) 507-509.
[31] O. c., 380.
[32] La controversia adopcionista del siglo VIII y la ortodoxia de la liturgia mozárabe, en Ephemerides Liturgicae 47 (1933) 535.