lunes 28 de febrero de 2011

Liturgia hispano-mozárabe. Unas reflexiones en voz alta.

A continuación ponemos a disposición de los lectores del Blog, con el permiso correspondiente del autor, unas reflexiones "en voz alta" sobre el estado actual y futuro del rito hispano-mozárabe.


LITURGIA HISPANO-MOZARABE

Unas reflexiones en voz alta



            En enero de 1990 aparecía la edición del primer volumen de la nueva edición latina del Misal que lleva por título Missale Hispano-Mozarabicum, que contiene el Propio del Tiempo,  al que acompañaba el Leccionario o Liber Commicus, y que eran los primeros resultados del trabajo de la comisión creada por el Arzobispo de Toledo, Cardenal Marcelo González Martín. En 1994, aparecían el segundo volumen del Misal, con los textos del Santoral, y el segundo volumen del Liber Commicus. Han transcurrido más de veinte años desde aquellas fechas y no estará de más reflexionar sobre el significado y el valor de dichas publicaciones.

            En primer lugar es de justicia reconocer la importancia del enorme trabajo llevado a cabo por la Comisión creada por el Cardenal Arzobispo de Toledo. Por los años ochenta, la Congregación para el Culto Divino recibía a menudo peticiones para poder celebrar la Eucaristía según los libros litúrgicos del antiguo y venerable Rito Hispánico o Hispano-Mozárabe. Junto con el permiso solicitado se acostumbraba a ofrecer fotocopias de los textos litúrgicos según aparecían en las ediciones existentes, publicadas desde hacía siglos, solución en verdad nada ejemplar.

Por esta razón, los responsables de la Congregación Romana invitaron a la Conferencia Episcopal Española a aplicar la Constitución sobre la Liturgia, Sacrosanctum Concilium, que en su nº 4  recomienda la revisión de los libros litúrgicos de los diversos ritos y liturgias católicas. Recogiendo esta sugerencia se creó la Comisión que ha llevado a cabo esta obra de notable e indudable valor. Así, después de las ediciones promovidas por los Arzobispos de Toledo, Cardenales Francisco Jiménez de Cisneros (1507) y Francisco Antonio de Lorenzana (1770-1774), aparecía una nueva edición del Misal de la venerable liturgia Hispánica, esta vez bajo la dirección del Arzobispo de Toledo, Cardenal Marcelo González Martín.

            La Iglesia de España se encuentra pues en posesión de un tesoro litúrgico de enorme valor, como es la tradición que, desde los albores del cristianismo hasta el siglo XI fue plasmando la vida del pueblo cristiano que peregrinaba por tierras hispánicas, y que lo ha sostenido sobre todo en los momentos de prueba y persecución. Esta herencia, con la nueva publicación del Misal Hispano-Mozárabe ha recibido un instrumento sumamente útil y que conviene usar de modo inteligente.


Los destinatarios de los nuevos libros


            En primer lugar cabe preguntarse acerca de los destinatarios de la nueva edición de estos libros litúrgicos. Los números 158-160 de los Prenotandos del Misal lo establecen de modo preciso y conviene examinar con detalle estas normas. Reproducimos el texto de dichos números, para resumir a continuación su contenido.

158. El Misal Hispano Mozárabe está destinado, en primer lugar, a la celebración ordinaria y cotidiana en la capilla mozárabe de la catedral de Toledo; también a la cele­bración ordinaria en las parroquias mozárabes, en otras iglesias o capillas que gozan o gocen en el futuro de tal privilegio; a los obispos y sacerdotes que hayan recibido la facultad de celebrar la Misa en rito hispano-mozárabe, a titulo personal (cf. n. 167).

159. Celebraciones extraordinarias de la Misa en rito hispano-mozárabe podrán tener lugar con ocasión de fiestas conmemorativas, congresos o cursos que de algún modo puedan relacionarse con la liturgia hispano-mozárabe; con ocasión de la res­tauración o restitución al culto de iglesias o capillas, situadas dentro del territorio español, de la época romana, visigótica o mozárabe; en fiestas en honor de santos que figuran en el calendario hispano-mozárabe y que gocen de particular venera­ción en la ciudad, en la diócesis o en la región.

160.           Dentro del ámbito jurisdiccional de la Conferencia Episcopal Española, para obtener el pernúso para la celebración extraordinaria de la Misa en rito hispano-mozára­be, se tendrá que recurrir al Ordinario del lugar en que deba efectuarse tal celebración. Antes de conceder dicho permiso, el ordinario del lugar comprobará que quede garanti­zada la observancia de las normas establecidas en los números 161-166, 168-170 y some­terá la documentación correspondiente a la aprobación del arzobispo de Toledo.
Fuera del Estado Español, el permiso tendrá que ser requerido a la Congrega­ción para el Culto Divino.

            Tratando de resumir el contenido de estos números, encontramos la siguiente realidad:

1) Lugares a los que está destinado el Rito:

a) La Capilla Mozárabe del Corpus Christi de la Catedral Toledana,
b) Las parroquias mozárabes de Toledo
c) Otras Iglesias o capillas que gozan o gocen en el futuro de tal privilegio.

            2) Personas a las que se reconoce el derecho del Rito

a) Obispos que hayan recibido la facultad a titulo personal
b) Sacerdotes que hayan recibido la facultad a titulo personal

            3) Celebraciones extraordinarias

a) Fiestas conmemorativas relacionadas con la Liturgia Hispánica
b) Congresos relacionados con la Liturgia Hispánica
c) Cursos relacionados con la Liturgia Hispánica.

            Esta enumeración deja claro que en la restauración de la Liturgia Hispánica se han seguido criterios distintos de los que han presidido la restauración del Rito o Liturgia llamada Ambrosiana o Milanesa. En efecto en este caso se trata de una liturgia que es celebrada por la gran mayoría de los fieles de la diócesis de Milán, es decir tiene una dimensión pastoral de gran envergadura y vitalidad.

En el caso de la Liturgia Hispánica podría decirse que se ha hecho una restauración para mantener en vida el antiguo rito, restringido a unos grupos muy particulares y concretos, como son la Capilla de la Catedral de Toledo y las pocas parroquias aún existentes en la misma ciudad de Toledo. Al margen de estas pequeñas comunidades existentes, el Rito puede ser utilizado en algunas efemérides como algo extraordinario. Resumiendo me atrevería a afirmar que en la nueva edición se han tenido en cuenta criterios más bien de tipo litúrgico-arqueológico que de tipo pastoral.

            Pero la realidad enseña que en el ámbito de la Iglesia española hay un interés creciente a favor de la Liturgia Hispánica y son muchos los lugares y las personas que se preocupan en organizar celebraciones en dicho rito. Esta realidad ha de hacernos conscientes de la dimensión pastoral que convendría reconocer a nuestra antigua y venerable liturgia.

Características de los nuevos libros Hispánicos

             Estas consideraciones aparecen confirmadas también cuando se tiene en cuenta el contenido del Misal. De hecho se ha tratado de hacer una revisión crítica de los textos litúrgicos tal como aparecen en los documentos antiguos, pero manteniendo la estructura que la liturgia hispánica tenía en los siglos X y XI, precisamente cuando fue suprimida en los reinos hispánicos.

Solamente el Ordinario de la Misa ha sufrido una renovación profunda, procurando recuperar en la medida de lo posible el esquema primitivo y dejando todas los añadidos que había recibido a lo largo de los siglos, sobre todo en la reforma cisneriana, en la que, siguiendo los criterios entonces vigentes, se trató de reducir al mínimo las diferencias existentes entre el rito hispánico y el rito romano vigente en Occidente.

            Esta realidad supone que una comunidad que quiera utilizar hoy diariamente el Misal hispano se ve obligada a constantes repeticiones, de modo parecido como sucedía con el Misal Romano antes de la reforma querida por el Concilio Vaticano II. En efecto, esta reforma ha supuesto un enriquecimiento de textos tanto eucológicos, como bíblicos, para asegurar una mayor y más fructuosa participación de los fieles en las celebraciones.

            En el caso de una eventual comunidad que quiera ser fiel a la liturgia hispánica, y para obviar el problema de las repeticiones, existe el peligro de querer completar los textos que impone el nuevo Misal introduciendo elementos procedentes del rito romano. A mi parecer es este un peligro que conviene evitar, en nombre de la realidad de los dos ritos, romano e hispánico, sobre todo ahora que desde Roma, superada la preocupación que hubo de “romanizar” las diferentes liturgias cristianas, se insiste en el respeto por la personalidad de cada una de las familias litúrgicas. Basta recordar que el Papa Benedicto XVI, al autorizar la forma extraordinaria del Rito Romano, excluye decididamente enriquecer esta forma anterior con elementos de la forma ordinaria, fruto de la reforma del Vaticano II.

            Las limitaciones que supone actualmente el Misal hispano no son imaginarias sino reales, y han de ser planteadas con seriedad, de modo que se puedan encontrar soluciones en un esfuerzo creador, para dotar al Misal actual de elementos complementarios, que permitan suplir las deficiencias actuales. Por ejemplo, preparar un leccionario ferial propio, como lo posee la Liturgia Romana actual. Sería esta una labor que debería llevar a cabo una eventual Comisión de seguimiento del Rito Hispánico, instituida de modo permanente para asesorar al Arzobispo de Toledo, en su condición de “cabeza o responsable del Rito”.


Los Prenotandos del nuevo Misal


            La nueva edición del Missale Hispano-Mozarabicum presenta unos interesantes Prenotandos, la primera parte de los cuales (nn. 1-142)es un detallado estudio del Rito Hispánico tanto desde su evolución histórica, como su contenido teológico-litúrgico, que puede prestar un servicio de gran valor a quienes desean celebrar la Eucaristía según esta Liturgia.

            Los nn. 143-157 del texto de los Prenotandos se ocupan de describir las características del nuevo Misal, así como de los tiempos litúrgicos. Finalmente, los nn. 158-170 proponen las normas de aplicación del Misal.

            Una lectura atenta tanto del Misal como de los Prenotandos permite constatar que los responsables de la nueva edición han sido sumamente parcos en establecer rúbricas concretas. Probablemente han querido respetar la costumbre de los antiguos documentos hispánicos que reproducen los textos litúrgicos pero no se entretienen en explicar cómo se desarrollaban concretamente las celebraciones.

Hace unos días, un profesar de la Universidad de Santander me preguntaba si sería posible reconstruir el ceremonial de la corte regia visigótica a partir de los documentos de la liturgia hispánica, de modo parecido como se ha podido establecer el ceremonial de la corte de Constantinopla a partir de la celebración actual de la liturgia greco-bizantina. Tuve que dar una respuesta negativa, porque considero que la situación es muy distinta.

            Ante esta realidad, mi opinión personal es que no estaría de más insistir para que la autoridad competente, es decir el Arzobispo de Toledo en su condición de “cabeza o responsable del Rito”, estuviera asesorado por una permanente Comisión de seguimiento del Rito Hispánico, la cual tratase de completar el contenido del Misal, indicando posibles rúbricas o formas de celebración según las circunstancias. Por ejemplo no estaría de más precisar aspectos concretos, como pueden ser, el modo de la colocación de los brazos y de las manos, el rito de la incensación, etc. Considero que encierra un cierto peligro dejar espacios  poco determinados que pueden permitir soluciones particulares espontáneas que, a la larga podrían dañar de alguna manera la misma esencia de la Liturgia hispánica.
Un ejemplo concreto: Los ornamentos


            En el n. 165 de los Prenotandos se puede leer:

Pueden utilizarse los ornamentos del rito romano o del rito del lugar. Sin embargo, téngase presente que, en los períodos visigótico y mozárabe, el diácono vestía sólo alba y estola.

            Personalmente, considero que este número deja entrever una cierta ligereza en los que trabajaron en la preparación de los Prenotandos del Misal hispánico. En efecto, se estaba tratando de promulgar una nueva edición del Misal de una antigua y venerable liturgia, que había superado con grandes dificultades el peligro de su extinción, y la cuestión de los ornamentos a usar no era una cuestión marginal. El sentido común llevaría a pensar que debería haber sido conveniente proceder ante todo a un estudio de la documentación existente, para tratar de establecer qué ornamentos eran utilizados y sus características, de modo de proponer soluciones concretas para la actualidad.

En cambio se adoptó sin más la solución sumamente fácil de acogerse a las soluciones que ofrecía la realidad del rito romano. Pero además está la expresión “o del rito del lugar”. ¿A qué rito se refiere? ¿Cuál es la intención de quienes redactaron esta expresión? Sin duda será conveniente precisar estos aspectos de esta interesante cuestión.

Los Prenotandos no se preocupan en absoluto de hablar de los colores litúrgicos de los ornamentos. De este tema se ha ocupado recientemente y de modo encomiable Adolfo Ivorra en el “Calendario Litúrgico del Rito Hispano-Mozárabe” del año 2008-2009. Vale la pena tener constancia de sus propuestas.

            Nos limitamos a recordar estos aspectos de nuestra Liturgia, que están reclamando un esfuerzo para completar la importante labor que se ha llevado a cabo, en vistas a conservar nuestra rica herencia litúrgica de la Hispania.


La realidad de la Liturgia Hispánica


            La edición del Missale Hispano-Mozarabicum, con toda la importancia que le corresponde, no puede ser considerada sin más como “restauración del Rito o Liturgia hispánica”. Una familia litúrgica no puede quedar reducida a la celebración de la eucaristía, por muy importante que ésta sea.

            Para poder hablar de una restauración o recuperación de la antigua Liturgia Hispánica habrá que abordar la preparación de los Rituales de los diversos Sacramentos, que tienen su importancia en la vida cristiana de las comunidades. En estos últimos años se han publicado numerosos estudios acerca de los diversos Sacramentos en el ámbito de la Iglesia hispánica, así como intentos de preparación de Rituales. Este tarea la había empezado a estudiar la primera Comisión del Rito, pero no llegó a llevarla a término.

            Y junto a los Sacramentos, se presenta como una urgencia el tema de la Liturgia de las Horas. Existe el Breviarium Gothicum, publicado primero por Cisneros y reeditado por Lorenzana, y que está actualmente en uso en la Capilla de la Catedral toledana. Sin duda se trata de una realidad de valor incalculable, pero que reclama una revisión, de modo que sea más fácil su uso por quienes se interesen en este tema. Adolfo Ivorra, en la importante publicación del “Calendario Litúrgico del Rito Hispano-Mozárabe” hace notar la urgencia de esta revisión, como complemento del Misal y del Leccionario.

            Y así de nuevo considero oportuno expresar mi convicción de que sería sumamente útil y necesario proceder a establecer de forma permanente una Comisión de seguimiento del Rito Hispánico, (a modo de una Congregación para el Culto Divino) la cual, bajo la dirección del Arzobispo de Toledo, asegurarse en lo posible la plena recuperación del legado que hemos recibido de nuestros antepasados, la venerable Liturgia Hispánica, o Hispáno-Mozárabe.

Sin duda alguna, el actual Arzobispo de Toledo podría encontrar fácilmente personas preparadas, que han dedicado años a su formación litúrgica y que estarían dispuestas a colaborar en una obra de tal envergadura.

            Precisamente porque estoy convencido de la importancia de esta cuestión, me he permitido exponer mis reflexiones en voz alta, para ver si hallan un eco en el ambiente y se puede avanzar en dirección justa.


Jorge Gibert Tarruell


25 de febrero de 2010

Ayuno y Abstinencia.

Acercándose el Tiempo de Cuaresma vamos a reflexionar sobre el ayuno y la abstinencia; y la importancia que hay que darle a este tema es la siguiente: "todos los fieles cristianos... están obligados por ley divina a hacer penitencia" : "Omnes christifideles... paenitentiam agere ex lege divina tenentur" (c.1259) tal como vemos en Mc 1, 15: "...el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está al llegar; convertíos y creed en el Evangelio". Por tanto queda claro que es de Ley divina, pero la pregunta a hacerse sería: ¿quién determina el modo concreto de hacer penitencia? cuya respuesta es: la Ley eclesiástica. Al ser la penitencia, por tanto, de Ley divina, su alcance es universal, obliga gravemente y su vigencia es permanente, aunque variarán los modos de vivirla teniendo en cuenta las circunstancias y las condiciones de cada fiel.

En el Código de Derecho Canónico encontramos lo respectivo a esto en el Canon 1249: Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia, a tenor de los cánones que siguen.

Del canon se desprende la importancia de la penitencia, todos los fieles han de practicarla, cada uno según sus posibilidades, pero hay unos momentos a lo largo del año en que pasa de ser algo recomendado a ser algo obligatorio; ayuno que ha de ser acompañado con la oración, las obras de caridad y la fidelidad en las propias obligaciones. Si nos acercamos al CIC encontraremos una serie de cánones que nos indican los días penitenciales:

Canon 1251: Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

Está claro que hay que guardar la abstinencia de carne durante todos los Viernes del año, conmemoración de la muerte del Señor, también se ha de guardar la abstinencia el Miércoles de Ceniza; en el tiempo cuaresmal hay dos Solemnidades que, suponiendo que cayeran en Viernes, anularían la obligación de guardarla: San José (19-III) y Encarnación (25-III). La aplicación en nuestro país del canon 1251 la podemos ver en el Decreto de la Conferencia Episcopal Española de 26 de Noviembre de 1983:


A tenor del canon 1250, son días penitenciales todos los viernes del año (a no ser que coincidan con una solemnidad) y todo el tiempo de Cuaresma. De acuerdo con esto:

1. Durante la Cuaresma, en la que el pueblo cristiano se prepara para celebrar la Pascua y renovar su propia participación en este misterio, se recomienda vivamente a todos los fieles cultivar el espíritu penitencial, no sólo interna e individualmente, sino también externa y socialmente, que puede expresarse en la mayor austeridad de vida, en las diversas prácticas que luego se indican a propósito de los viernes del año, en iniciativas de caridad y ayuda a los más necesitados, emprendidas como comunidad cristiana a través de las parroquias, de Cáritas o de otras instituciones similares.

2. El Miércoles de Ceniza, comienzo de la Cuaresma, y el Viernes Santo, memoria de la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo, son días de ayuno y abstinencia. Los otros viernes de Cuaresma son también días de abstinencia, que consiste en no tomar carne, según antigua práctica del pueblo cristiano. Es además aconsejable y merecedor de alabanza que, para manifestar el espíritu de penitencia propio de la Cuaresma, se priven los fieles de gastos superfluos tales como manjares o bebidas costosos, espectáculos y diversiones.

3. En los restantes viernes del año, la abstinencia puede ser sustituida, según la libre voluntad de los fieles, por cualquiera de las siguientes prácticas recomendadas por la Iglesia: lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la santa misa, rezo del rosario, etc.) y mortificaciones corporales.

Según leemos en el Decreto la Conferencia Episcopal de España permite sustituir la abstinencia de todos los viernes del año, que no caigan en Cuaresma, por alguna de las prácticas recomendadas por la Iglesia; pero en los Viernes de Cuaresma no se puede sustituir por nada la abstinencia de carne. El mismo decreto dice también que es aconsejable y merecedor de alabanza que se priven los fieles de gastos supérfluos tales como los manjares o bebidas costosas, espectáculos y diversiones (BOCEE 16, 1987). Añado, también, que el Sábado Santo también se recomienda que se guarde observe el ayuno "en espera del Esposo que nos fue arrebatado", para llegar con espíritu ligero y abierto a la alegría del Domingo de Resurrección (cf. nº 110 de Sacrosanctum Concilium, nº 295 del Caeremoniale Episcoporum y nº 39 y 73, Carta circular sobre las Fiestas Pascuales, de la Congregación para el Culto Divino, sobre la preparación y celebración de las Fiestas Pascuales, de 16 de Enero de 1988 ).

Para saber la obligación que hay de guardar ayuno o abstinencia hemos de ir al Canon 1252: La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años. Cuiden sin embargo los pastores de almas y los padres de que también se formen en un auténtico espíritu de penitencia quienes, por no haber alcanzado la edad, no están obligados al ayuno o a la abstinencia.

Los menores de 14 años: no están obligados al ayuno ni a la abstinencia; desde los 14años hasta los 18: están obligados a la abstinencia; desde los 18 años a los 59: están obligados al ayuno y la abstinencia; y a partir de los 59 años: no están obligados al ayuno pero sí a la abstinencia.

La Conferencia Episcopal española dice lo siguiente en cuanto al ayuno: En cuanto al ayuno, que ha de guardarse el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, consiste en no hacer sino una sola comida al día; pero no se prohibe tomar algo de alimento a la mañana y a la noche, guardando las legítimas costumbres respecto a la cantidad y calidad de los alimentos.

En el canon 1245 encontramos las conmutaciones y dispensas, y quién las puede hacer: Quedando a salvo el derecho de los Obispos diocesanos contenido en el c. 87, con causa justa y según las prescripciones del Obispo diocesano, el párroco puede conceder, en casos particulares, dispensa de la obligación de guardar un día de fiesta o de penitencia, o conmutarla por otras obras piadosas; y lo mismo puede hacer el Superior de un instituto religioso o de una sociedad de vida apostólica, si son clericales de derecho pontificio, respecto a sus propios súbditos y a otros que viven día y noche en la casa.

Resumiendo el canon 1245: el Obispo y el Párroco pueden dispensar a sus súbditos (canon 87) pero sólo debe ser por causa justa (canon 90); pero se dispensa en particular no se puede dar una dispensa general. El Superior de un instituto religioso o de una sociedad de vida apostólica clerical de derecho pontificio a las personas indicadas por el citado canon 1245: sus propios súbditos y otros que viven día y noche en su casa.


Quedaría pendiente un acercamiento al Codex Canonum Ecclesiarum Orientalium (Código en el que se contienen las normas para los Cristianos Orientales): en los números 880-883 encontramos el artículo III titulado: De los días de fiesta y de penitencia; en lo que respecta para nuestro tema pasamos a leer:


Canon 282: En los días de penitencia los fieles cristianos están obligados a guardar el ayuno o la abstinencia en el modo establecido por el derecho particular de la Iglesia sui iuris.


Canon 283: 1.- Los fieles cristianos que se encuentren fuera de los límites del territorio de la propia Iglesia sui iuris, en lo que respecta a los días de fiesta y de penitencia, pueden atenerse plenamente a las normas vigentes del lugar donde se encuentran. 2.- En las familias donde los cónyuges estén adscritos a diversas Iglesias sui iuris, para los días de fiesta y de penitencia pueden seguir las normas de una u otra Iglesia sui iuris.


Los cánones dejan claro que cada Iglesia sui iuris tiene su derecho particular, por lo tanto no nos concreta el modo del ayuno o la abstinencia, pero sí la obligación general. Matiza que aquellos que están fuera de su Iglesia sui iuris pueden atenerse a las normas del lugar donde se encuentra y, mas aún, en el caso del matrimonio, suponiendo que son de distintas Iglesias sui iuris, podrán seguir las normas de la de uno o del otro.


Siendo la Tradición Bizantina la más extendida y conocida hemos de decir que durante el Gran Ayuno se abstienen de: carnes, huevos y lácteos; ayuno que va desde la medianoche hasta el mediodía, la excepción será el Domingo: día de la Resurrección. En este tiempo acuden los Miércoles y Viernes a la "Liturgia de los Presantificados" para recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo santificados el Domingo anterior, ya que los demás días son alitúrgicos, a excepción del Sábado, el Domingo y la Solemnidad de la Encarnación (25-III). El Domingo anterior al I de Cuaresma es el llamado "Domingo de Carnaval" o del Juicio (en nuestro Rito Hispano-Mozárabe encontramos: Dominica in carnes tollendas: Domingo de la ausencia de la carne) y el anterior a éste es el "Domingo de los Lácteos"; luego comienzan absteniéndose de los lácteos y los huevos y el Domingo siguiente de la carne, y de todo esto hasta la Pascua.


(Imagen del Taller del Padre Rupnik: Elías y la viuda, Casa General de los Agustinos en Roma)

domingo 27 de febrero de 2011

Los Domingos pre-cuaresmales en la Tradición Bizantina.

Dame Tú una palabra, oh Palabra del Padre

Las Iglesias orientales en las semanas que preceden el inicio de la gran Cuaresma tienen una serie de Domingos que de modo pedagógico y mistagógico al mismo tiempo, introducen a las grandes temáticas espirituales que más tarde desarrollará la Cuaresma. Las Iglesias de Tradición Siríaca tienen el periodo llamado "de los ninivitas" en el cual, inspirándose en el libro del profeta Jonás, lo proponen como modelo de conversión. También en la Tradición Latina existe un periodo similar (*Forma Extraordinaria del Rito Romano) con los Domingos de Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima. Las Iglesias de Tradición Bizantina, en este periodo tienen cuatro Domingos en los cuales la Liturgia propone las perícopas del Evangelio que introducen a los fieles a los diversos aspectos espirituales que se vivirán en la Cuaresma. De este modo queremos leer el canon (composición poética cantada en el oficio matutino) de estos cuatro Domingos.
El primero de los Domingos se llama del Fariseo y del Publicano, de la perícopa de Lucas 18, 10-14. En el Oficio matutino, el canon de este Domingo está atribuido a José de Nicomedia (siglo IX). Desde el inicio hace notar cómo las parábolas de Cristo son todas una exhortación del Señor mismo a la conversión: "Cristo, induciendo a todos con sus palabras a corregir la propia vida, levanta al publicano de su humillación, humillando al fariseo que se había ensalzado".

Cristo mismo es modelo de humildad en su Encarnación: "Perfecta vía de elevación ha convertido el Verbo la humildad, humillándose a sí mismo para asumir la forma de siervo. Guiándonos siempre a la divina elevación, el Salvador y Soberano, como medio para elevarnos, nos ha indicado la humildad: Él ha lavado con sus propias manos los pies de los discípulos". Todo el texto litúrgico es una exhortación a la humildad presentada como la primera de las virtudes con la que iniciar el periodo del ayuno: "Viendo que por la humillación viene una recompensa que eleva, mientras que ensalzándose, hay una tremenda caída, emula cuanto hay de bello el publicano y detesta la malicia farisáica. Por la temeridad viene vaciado todo bien, mientras que por la humildad viene purificado todo mal: abracémosla entonces, oh fieles". El canón está atravesado por el movimiento que hay entre la arrogancia que abaja y la humildad que ensalza: "La humildad ha elevado al publicano que, triste y confuso por sus pecados, gritaba al Creador su: ¡Sé propicio!. La arrogancia ha depuesto al desgraciado fariseo fanfarrón de la situación de justicia en la que estaba: emulemos entonces el bien, absteniéndonos del mal. Imitemos al publicano, por tanto, todos nosotros que estamos caídos en la profundidad del mal; gritemos al Salvador desde lo más profundo del corazón".

El segundo de los Domingos toma el nombre de Domingo del Hijo pródigo, de la perícopa de Lucas, 15, 11-32. El canón del matutino está atribuito a José el Himnógrafo (+886). A partir de la parábola del Hijo Pródigo, el canon subraya la misericordia y el amor de Dios que acoge como padre al pecador que retorna a Él: "La divina riqueza que en un tiempo me habías dado, la he malgastado malamente: me alejé de tí, viviendo disolutamente, oh Padre piados: acógeme, por tanto, a mí que me he convertido. Abre entonces tus brazos paternos, y acógeme también a mí, oh Padre, como al hijo pródigo". Cristo mismo, en diversas estrofas viene presentado como padre que acoge misericordiosamente: "Totalmente fuera de mí mismo, acógeme, oh Cristo, como al hijo pródigo. Abre compasivamente los brazos, acógeme, oh Cristo, ahora que regreso de la región lejana, de pecado y de pasiones".

La misericordia de Cristo viene otorgada también por las oraciones y la intercesión de los santos por el pecador: "Por las plegarias de los apóstoles, oh Señor, de los profetas, de los monjes, de los venerables mártires y de los justos, perdóname todas mis culpas con las cuales he indignado tu bondad, oh Cristo: para que yo te alabe y te rinda gloria por todos los siglos". El autor hace en un paralelismo contrastante la pobreza de Cristo en su salir del seno paterno por su encarnación, y la del hijo pródigo que se aleja de la casa paterna: "Gime, infelicísima alma mía, y grita a Cristo: Oh Tú que voluntariamente te has hecho por mí pobre, enriquéceme, Señor, ahora que, soy pobre de buenas obras, aun en la abundancia de bienes, porque sólo Tú eres bueno y lleno de misericordia".

El tercer Domingo se llama del Juicio Final, por la perícopa de Mateo 25, 31-46. Las odas del matutino están compuestas por Teodoro el Estudita (siglo IX) y de modo muy insistente y repetitivo pone en evidencia por un lado, la imagen casi temerosa del día del juicio, y por otra la solicitud de misericordia y de perdón a Dios: "Me estremezco pensando el tremendo día de tu arcana parusía, con temor ya veo este día en el cual te sentarás para juzgar a los vivos y a los muertos, oh mi Dios omnipotente. Cuando vendrás, oh Dios omnipotente con miríadas y millares de celestes principados angélicos, concédeme a mí, infeliz, oh Cristo, de encontrarte en las nubes. Pueda también, misero de mí, escuchar la deseada voz que llama a tus santos a la gloria".

El cuarto Domingo es llamado de los Lácteos, por el hecho de que indica el inicio del gran ayuno, con la abstinencia de los lácteos. Se lee la perícopa de Mateo 6, 14-21. El canon del matutino es un texto anónimo, y se centra en la contemplación de la expulsión de Adán y Eva del Paraíso y de su camino de retorno a él, camino que se convierte en modelo e imagen del cuaresmal hacia la Pascua de Cristo. Siempre es Adán el que habla en primera persona, llorando su propio pecado y evocando las delicias del paraíso del cual había sido alejado: "Llora, mísera alma mía, llora lo que has hecho, recordando hoy como en el Edén te dejaste despojar y fuiste por ello alejada de las delicias y de la gloria sin fin". A lo largo del canon, el Edén es cantado siempre como don del amor y de la condescendiencia de Dios hacia el hombre: "Por tu grande amor y tu piedad, oh Artífice de la creación y Creador de todos, de la tierra me diste vida tiempo allá, y me encomendaste el cantarte junto a tus ángeles. Por tu bondad, o Artífice y Señor, plantaste en Edén el delicioso paraíso, para hacerme gozar de sus frutos espléndidos". Diversas odas personifican el paraíso que junto a Adán llora con lágrimas de arrepentimiento, y el sonido de sus hojas se convierte en plegaria: "Prado dichoso, árboles por Dios plantados, suavidad del paraíso, sobre mí las hojas, como ojos, destilad lágrimas porque estoy desnudo y enajenado de la gloria de Dios. No te veo más, no gozo más de tu suavísimo y divino fulgor, oh paraíso preciocísimo. Participa, oh paraíso, en el dolor del señor convertido en pobre, y con el susurro de tus hojas suplica al Creador que no me deje fuera. Oh misericordioso, ten misericordia de aquél que ha prevaricado!". Finalmente, el texto concluye con un paralelo entre el Edén cerrado tras el pecado de Adán y el costado abierto de Cristo en la Cruz: "Veo el querubín con la espada de fuego que tenía la orden de custodiar la entrada del Edén inaccesible a todos los transgresores, pero Tú, oh Salvador, quita para mí todos los obstáculos. Confío en la abundancia de tu misericordia, oh Cristo Salvador, y en la sangre de tu costado divino, con el cual has santificado la naturaleza de los mortales y has abierto a cuantos te sirven, oh bueno, las puertas del paraíso, cerrado un tiempo por Adán". Todo el texto está plagado de la plena confianza en la misericordia divina: "Guía de sabiduría, dador de la prudencia, educador de los ignorantes y protector de los pobres, confirma, amaestra mi corazón, dame Tú una palabra, oh Palabra del Padre, para que, mis labios no se cansen de gritar: Oh misericordioso, ten misericordia de aquél que ha prevaricado!".

(Publicado por Manuel Nin el 27 de Febrero de 2011 en l'Osservatore Romano; traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)
(El primer párrafo ha sido colocado por gentileza del autor; el * es nota del traductor)

viernes 25 de febrero de 2011

Domingo VIII de Cotidiano.


Octavo domingo de Cotidiano:

Profecía: Is 49, 1-6
Psallendum: Sal 19, 5. 7. 3
Apóstol: Rm 16, 17-20
Evangelio: Mc 5, 21-34

            La Liturgia de la palabra de este domingo es un canto a la confianza en Dios. Ante las dudas del profeta el psallendum responde: cumpla el Señor tus proyectos. En la profecía de Isaías descubrimos que en nuestra misión de reunir a Israel –esto es, a los elegidos de Dios– es Él quien nos protege y guía. En la misión de establecer el Reino de Dios entre los hombres nos sabemos precedidos por la disposición divina, puesto que Él mismo nos llamó desde el seno materno, pronunciando nuestro nombre.
            En el evangelio esa confianza en Dios se refleja en el episodio de la mujer que padecía flujos de sangre. La selección de perícopas de este domingo excluye el desenlace de la curación de la hija de Jairo, dándonos a entender que la instauración del Reino –aquí por la curación de los enfermos– no es un cálculo matemático donde los resultados están previstos de antemano, sino que está abierto a una mayor realización. La fe de la hemorroísa fue la causa de su curación. La «fuerza» que sale de Jesús nos muestra cómo Él es el ungido de Dios, que su humanidad es puente entre su divinidad y la creación, entre su ser divino y la humanidad débil y enferma. El vestido, que es prolongación del cuerpo del que lo lleva –por eso dice Jesús que alguien le ha tocado a él, no a su vestido–, es el objeto de la gran confianza que tiene la mujer en el poder de Jesús. Lleno del Espíritu de Dios, la fuerza y el poder de Cristo no tiene fronteras, sólo exige la fe en Dios y en su omnipotencia. La curación corporal incluye así la curación espiritual, por eso con el canto de laudes de hoy decimos: salva a tu pueblo.
            La parénesis de san Pablo a los Romanos que hemos escuchado revela otro aspecto de la instauración del Reino: el Dios de la paz no tardará en aplastar a Satanás bajo vuestros pies. La confusión doctrinal por los que crean disensiones y escándalos opuestos a la doctrina son asociados por el Apóstol con la acción de Satanás, padre de la mentira. La verdad de Dios que nos trajo Cristo es un bien preciado que nos aleja de las tinieblas, de la idolatría, de la acomodación al mundo. En esta lectura del apóstol la derrota definitiva de Satanás no se centra, como suele ser habitual, en destruir su poder de tentar al hombre o de producir males, morales o físicos. El padre de la mentira no quiere que se reconozca al Dios Trino con fe viva, por eso se aprovecha de la confianza natural que tenemos en Dios para desfigurar su rostro. La única solución que tenemos es estar en guardia y evitar a esos que crean disensiones. La conducta que propone san Pablo es la que ha realizado, con mayor o menor acierto sin duda, pero con empeño, la Iglesia a través de los siglos. Pero no compete sólo a la jerarquía eclesiástica sino a todo miembro de la Católica.

Adolfo Ivorra

martes 22 de febrero de 2011

Liturgia y Cultura en la época de Gregorio Magno y el Pontificado de León III.

El Jueves 24 y el Viernes 25 tendrá lugar en la Universidad Europea de Roma una Jornada de estudio titulada: Liturgia y cultura en la época de Gregorio Magno y el Pontificado de León III: aspectos rituales, eclesiológicos e institucionales.

La pluralidad de las tradiciones en la Alta Edad Media, en Oriente y Occidente, y la difusión de la Liturgia romana, son los temas del encuentro científico promovido por la Universidad Europea de Roma (Departamento de Historia, Universidad del Sagrado Corazón), Milán, Pontifica Academia de Teología y "Rivista Liturgica". La iniciativa, parte de un proyecto que tiene el objetivo de analizar, desde el punto de vista histórico, aspectos litúrgicos y rituales, dinámicas institucionales, interrelaciones institucionales, mutaciones recíprocas entre las diversas tradiciones, relaciones entre las elaboraciones litúrgicas. El fin que se pretende es proporcionar instrumentos y análisis a los investigadores de historia de la Liturgia y de historia del Cristianismo, en vista de posteriores desarrollos de investigación.

El Programa, en el que encontraremos, por ejemplo, liturgistas e historiadores, es el siguiente:

JUEVES 24 DE FEBRERO

10.45 Saludos institucionales
P. Paolo Scarafoni, L.C., Rector Magnífico de la Universitad Europea de Roma
Roberto de Mattei, Cordinador del Ámbito de Historia, Universidad Europea de Roma

Introducción programática
El inicio de una investigación
Renata Salvarani, Universidad Europea de Roma

Introducción temática
Historia del Cristianismo y Liturgia
Cesare Alzati, Universidad Católica del Sagrado Corazón, Milán
Manlio Sodi, Presidente de la Pontificia Academia de Teología

11.30 Inicio de los Trabajos

Presiede Cesare Alzati, Universidad Católica del Sagrado Corazón, Milán

Líneas eclesiológicas: el cuadro general
Cettina Militello, Pontificio Ateneo San Anselmo, Roma

12.00 Discusión

Pausa

Preside Manlio Sodi, Presidente de la Pontificia Académica de Teología

15.00 El modelo jerosolimitano: continuidad y trasformación en la liturgia de Jerusalén
Renata Salvarani, Universidad Europea de Roma

15.30 Las tradiciones litúrgicas en Constantinopla y en Oriente
Thomas Pott, Pontificio Ateneo San Anselmo, Roma

16.00 Liturgia armenia de los primeros siglos: entre tradición e innovación
Marco Bais, Pontificio Instituto Oriental, Roma

16.30 Liturgia romana y Liturgia Ambrosiana: dos Tradiciones en confrontación y en recíproca interacción
Marco Navoni, Biblioteca Ambrosiana, Milán

17.00 Discusión

VIERNES 25 DE FEBRERO

Preside Umberto Roberto, Vicecoordinador del Departamento de Historia, Universidad Europea de Roma

9.30 Espacios y Diseños arquitectónicos para el culto
Giuseppe Cuscito, Universidad de Trieste

10.00 Las tradiciones musicales
Giacomo Baroffio, Universidad de Pavía

10.30 El primado petrino y la afirmación de la centralidad institucional de la cátedra de Roma
Johan Ickx, Universidad Europea de Roma

11.00 Liturgias Papales, Liturgias de las Basílicas en Roma y génesis de los "Ordines Romani"
Pietro Sorci, Facultad Teológica de Sicilia, Palermo

Discusión

Conclusiones
Carlo di Cicco, Vicedirector de L’Osservatore Romano

lunes 21 de febrero de 2011

La Cátedra de San Pedro (22 de Febrero).

Traigo al Blog la Catequesis que nuestro Santo Padre el Papa Bendicto XVI hizo el 22 de Febrero de 2006, titulada : "La Cátedra de San Pedro, don de Cristo a su Iglesia". Sírvannos sus palabras para decir con nuestros labios lo que sentimos en nuestro corazón: "Omnes cum Petro ad Iesum per Mariam".
*
La liturgia latina celebra hoy la fiesta de la Cátedra de San Pedro. Se trata de una tradición muy antigua, atestiguada en Roma desde el siglo IV, con la que se da gracias a Dios por la misión encomendada al apóstol san Pedro y a sus sucesores. La "cátedra", literalmente, es la sede fija del obispo, puesta en la iglesia madre de una diócesis, que por eso se llama "catedral", y es el símbolo de la autoridad del obispo, y en particular de su "magisterio", es decir, de la enseñanza evangélica que, en cuanto sucesor de los Apóstoles, está llamado a conservar y transmitir a la comunidad cristiana. Cuando el obispo toma posesión de la Iglesia particular que le ha sido encomendada, llevando la mitra y el báculo pastoral, se sienta en la cátedra. Desde esa sede guiará, como maestro y pastor, el camino de los fieles en la fe, en la esperanza y en la caridad.

¿Cuál fue, por tanto, la "cátedra" de san Pedro? Elegido por Cristo como "roca" sobre la cual edificar la Iglesia (cf. Mt 16, 18), comenzó su ministerio en Jerusalén, después de la Ascensión del Señor y de Pentecostés. La primera "sede" de la Iglesia fue el Cenáculo, y es probable que en esa sala, donde también María, la Madre de Jesús, oró juntamente con los discípulos, a Simón Pedro le tuvieran reservado un puesto especial.

Sucesivamente, la sede de Pedro fue Antioquía, ciudad situada a orillas del río Oronte, en Siria (hoy en Turquía), en aquellos tiempos tercera metrópoli del imperio romano, después de Roma y Alejandría en Egipto. De esa ciudad, evangelizada por san Bernabé y san Pablo, donde "por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de cristianos" (Hch 11, 26), por tanto, donde nació el nombre de cristianos para nosotros, san Pedro fue el primer obispo, hasta el punto de que el Martirologio romano, antes de la reforma del calendario, preveía también una celebración específica de la Cátedra de San Pedro en Antioquía.

Desde allí la Providencia llevó a Pedro a Roma. Por tanto, tenemos el camino desde Jerusalén, Iglesia naciente, hasta Antioquía, primer centro de la Iglesia procedente de los paganos, y todavía unida con la Iglesia proveniente de los judíos. Luego Pedro se dirigió a Roma, centro del Imperio, símbolo del "Orbis" —la "Urbs" que expresa el "Orbis", la tierra—, donde concluyó con el martirio su vida al servicio del Evangelio. Por eso, la sede de Roma, que había recibido el mayor honor, recogió también el oficio encomendado por Cristo a Pedro de estar al servicio de todas las Iglesias particulares para la edificación y la unidad de todo el pueblo de Dios.

Así, la sede de Roma, después de estas emigraciones de san Pedro, fue reconocida como la del sucesor de Pedro, y la "cátedra" de su obispo representó la del Apóstol encargado por Cristo de apacentar a todo su rebaño. Lo atestiguan los más antiguos Padres de la Iglesia, como por ejemplo san Ireneo, obispo de Lyon, pero que venía de Asia menor, el cual, en su tratado Contra las herejías, describe la Iglesia de Roma como "la más grande, más antigua y más conocida por todos, que la fundaron y establecieron los más gloriosos apóstoles Pedro y Pablo"; y añade: "Con esta Iglesia, a causa de su origen más excelente, debe necesariamente estar de acuerdo toda la Iglesia, es decir, los fieles de todas partes" (III, 3, 2-3). A su vez, un poco más tarde, Tertuliano afirma: "¡Cuán feliz es esta Iglesia de Roma! Fueron los Apóstoles mismos quienes derramaron en ella, juntamente con su sangre, toda la doctrina" (La prescripción de los herejes, 36). Por tanto, la cátedra del Obispo de Roma representa no sólo su servicio a la comunidad romana, sino también su misión de guía de todo el pueblo de Dios.

Celebrar la "Cátedra" de san Pedro, como hacemos nosotros, significa, por consiguiente, atribuirle un fuerte significado espiritual y reconocer que es un signo privilegiado del amor de Dios, Pastor bueno y eterno, que quiere congregar a toda su Iglesia y guiarla por el camino de la salvación.

Entre los numerosos testimonios de los santos Padres, me complace recordar el de san Jerónimo, tomado de una de sus cartas, escrita al Obispo de Roma, particularmente interesante porque hace referencia explícita precisamente a la "cátedra" de Pedro, presentándola como fuente segura de verdad y de paz. Escribe así san Jerónimo: "He decidido consultar la cátedra de Pedro, donde se encuentra la fe que la boca de un Apóstol exaltó; vengo ahora a pedir un alimento para mi alma donde un tiempo fui revestido de Cristo. Yo no sigo un primado diferente del de Cristo; por eso, me pongo en comunión con tu beatitud, es decir, con la cátedra de Pedro. Sé que sobre esta piedra está edificada la Iglesia" (Cartas I, 15, 1-2).

Queridos hermanos y hermanas, en el ábside de la basílica de San Pedro, como sabéis, se encuentra el monumento a la Cátedra del Apóstol, obra madura de Bernini, realizada en forma de gran trono de bronce, sostenido por las estatuas de cuatro doctores de la Iglesia, dos de Occidente, san Agustín y san Ambrosio, y dos de Oriente, san Juan Crisóstomo y san Atanasio. Os invito a deteneros ante esta obra tan sugestiva, que hoy se puede admirar decorada con muchas velas, para orar en particular por el ministerio que Dios me ha encomendado.

Elevando la mirada hacia la vidriera de alabastro que se encuentra exactamente sobre la Cátedra, invocad al Espíritu Santo para que sostenga siempre con su luz y su fuerza mi servicio diario a toda la Iglesia. Por esto, como por vuestra devota atención, os doy las gracias de corazón.

Benedicto XVI

domingo 20 de febrero de 2011

Twittear en liturgia.

No tengo cuenta en Twitter, pero sé cómo funciona. Para los que no sepan de qué va, en la omnisciente Wikipedia se da una exhaustiva definición. Me quedaré con una de las traducciones de la palabra twitter: 'parlotear'. Y es que este término 'twitter' y todo lo relacionado con esta red social tienen un alcance en internet que desde hace tiempo se habla de twittear, etc. Y como este es un blog, qué menos que hablar con este tipo de términos de la red de redes.
En los sermones de san Agustín, según se dice, se puede observar que los fieles reaccionaban de una u otra forma a las palabras del santo obispo durante la eucaristía. Si a esto le sumamos las varias moniciones diaconales que literalmente mandan callar a los fieles, y que se encuentran atestiguadas en casi todas las familias litúrgicas y ritos, la idea que surge a la hora de hablar de las sináxis de la época patrística es que se trataba de una asamblea muy suya, que o estaba distraída en ocasiones o que hablaba y/u oraba en ocasiones. Es difícil saber cómo era en realidad. Alguno más pesimista cree que era lo más parecido al día de mercado...
El caso es que nuestras liturgias son muy ordenadas, o por lo menos eso pretenden. Pero lo cierto es que siempre ha habido, por una razón u otra, manifestaciones de "parloteo litúrgico". Como era de esperar, también este post puede herir sensibilidades. Si es ud. un defensor acérrimo -o fundamentalista, según se vea- de la liturgia "tradicional" o, en cambio, de la -supuesta- "reforma litúrgica", vuelva a Google lo más rápidamente posible, con el propósito firme de no volver a leer mis posts. Si ud., en cambio, tiene un gran amor por la liturgia y, a la vez, un cierto espíritu crítico, que disfrute.
Como en mi post sobre El problema de la estética en la liturgia (1), empezaré también aquí por lo que idealizadamente creemos que es/era lo tradicional para ver ejemplos de ese "parloteo litúrgico" al que me estoy refiriendo. En los últimos años se nos quiere "vender", tanto por sus promotores como por sus detractores, que la liturgia latina, ad Orientem versus y con el Ordo Missae anterior al misal de 1970 -o lo que es lo mismo, al misal de 1962 y anteriores- era lo más parecido a un desfile militar: no se hablaba, sólo se seguía un guión complejo pero conocido. Y todos imbuídos del "(M)misterio". Pues bien, el "parloteo litúrgico" al que me quiero referir ahora es al "ceremonial". Y como los ejemplos son muy buenos, adjunto un vídeo sobre la coronación del Beato Juan XXIII:


En primer lugar, es "leyenda" (2) que era todo en un "orden cerrado" tipo militar, no es cierto. Y el parloteo litúrgico que aquí llamo "ceremonial" se puede deber a muchas razones. En primer lugar, a que la ceremonia es compleja. Discutiendo hace unos meses la diferencia entre esta misa de coronación y las actuales misas papales -que sí que dan la impresión de ser "orden cerrado"-, mi interlocutor -Pedro Merino, administrador adjunto de lexorandi.es- me decía que era uno de los "efectos" de la reforma litúrgica: la simplicitas hacía que las ceremonias fueran menos complejas, hubiera menos dudas y más posibilidad de dedicarse a contemplar el misterio, participar en la celebración, etc. Yo como soy un poco más historicista daba la razón a la supuesta liturgia "patrística" y a la pre-Vaticano II, diciendo que quizás ese cierto parloteo fuera un elemento ineludible. No estoy convencido del todo de lo que afirmé. Lo cierto es que, como puede verse y compararse, hay menos parloteo litúrgico-ceremonial en las actuales misas papales. Como ya he dicho, yo no lo considero ni bueno ni malo. Pero desde ahora presento mi sugerente duda: si en las celebraciones más complejas de antes había más "parloteo", ¿por qué en las más simples de nuestras parroquias hay más que en las de antes? Luego vuelvo sobre esto...
Otro tipo de "parloteo litúrgico" que nos ha legado la historia de la liturgia es el que denomino "espiritual". Y lo divido en dos, como dos son las partes de una iglesia: nave y santuario. El parloteo "espiritual", intuyo que en voz baja, también se cree que existía en las misas patrísticas. De hecho, los que no piensan  -pensamos- que las sináxis que atestiguan los sermones de san Agustín se parecían al día del mercado, creen -creemos- que las indicaciones diaconales tenían como objetivo poner fin a las oraciones privadas de los fieles para que se centraran totalmente en lo que acontecía. Si vamos a una Divina Liturgia bizantina, se ve con claridad que en la larga celebración los fieles prenden velas a los santos, algunos están de rodillas, etc., etc. Este tipo de parloteo desorganizado siempre fue objeto de críticas y reformas por parte del clero, sobre todo en Occidente. Nuevamente, no hago juicio de valor sobre ello. Pero también había "parloteo" litúrgico en el santuario: las llamadas oraciones secretas.
Algunos creen que son propias de la tradición hispano-galicana y que la tradición romana pura nunca las conoció. Cada vez más crece el número de los que dudan que todo sea blanco o negro en esta cuestión. En cualquier caso, acompañar una acción con palabras es algo típico de la liturgia cristiana. La Constitución Sacrosanctum Concilium, n. 48 lo resumía en el sintagma ritus et preces. No obstante, en el actual misal hay menos de este tipo de "parloteo", por considerarlo en su momento como algo no-romano.
El último parloteo no es el de los que hablan en la homilía o incluso en el resto de la celebración. Al que me quiero referir va al sentido propio de twittear. En Twitter la pregunta que inicia todo el parloteo es "What are you doing?" - "¿Qué estás haciendo?". Y es el sentido de nuestras modernas moniciones litúrgicas, por desgracia. Ellas no pretenden introducir a lo que va a pasar sin decírnoslo. No, ellas ya nos lo dicen de tal manera que casi podríamos reducir toda la liturgia a tres o cuatro moniciones "reveladoras". Son de esas como "En la primera lectura, el profeta Isaías nos muestra que Dios". A este tipo de moniciones sólo cabe decir: gracias, no leas la lectura, ya sé de qué trata. Es lo que se conoce como una liturgia "verbalista". Hace unos párrafos hacía una pregunta: "¿por qué en las más simples [celebraciones] de nuestras parroquias hay más [parloteo] que en las de antes?". Respuesta: porque no hemos entrado en el (verdadero) espíritu de la reforma litúrgica.
Por un lado, este parloteo conlleva descuidar los signos. Esto ya nos pasa en nuestro mundo racional: una explicación exhaustiva de un fenómeno físico lleva a olvidar el fenómeno mismo.
En las que llamaremos liturgias "verbalistas", la explicación se erige por encima del fenómeno, hasta tal punto que no se puede concebir la liturgia sin explicación. Traigo aquí un flash litúrgico de D. Jaume González Padrós: "Si tenemos delante una asamblea habitual, compuesta por personas que van cada domingo o cada día a misa, normalmente no será necesaria introducción alguna a la acción litúrgica porque llevan ya años de experiencia. ¡A ellos vamos a explicarles lo que es la misa!". Otra frase célebre del flash litúrgico: "una monición debe decir y no decir, mostrar y ocultar".
El amor al parloteo innecesario hace que se desvirtúen los ritos. Así, para "explicar" qué son el pan y el vino dejamos el canto de presentación de las ofrendas para después, cuando en realidad es el canto que debe acompañar la procesión de los dones. De este modo, el mismo canto litúrgico queda reducido a ser "lo que evita el silencio" en vez de expresar mejor lo que está pasando. Por otro lado, ¿es necesario que todos los domingos se nos diga qué es el pan y el vino y para qué se presentan?
Twittear en liturgia no siempre es bueno. En un caso o en otro, siempre hay alguien que no está de acuerdo. Por algo será...

Adolfo Ivorra




(1) En ese post criticaba dos extremos, aunque la mayoría se fijó en uno solo de ellos, el del final del post.
(2) He comprobado que al utilizar el término "leyenda" en mis post, aumenta el "interés" de los lectores más "acérrimos". Quizás porque les recuerde la película "Soy Leyenda" y les llena de tristeza o de miedo.