No te postres ante esos dioses, ni les sirvas, porque yo, Yavé, tu Dios, soy un Dios celoso (Ex 20, 5).
He dudado si poner este post bajo el epígrafe de 'Hacer teología litúrgica' o no. Lo cierto es que esto no sólo incumbe al teólogo profesional, sino a todo cristiano. De hecho, este tema se sale de los seguros muros del templo litúrgico. Hace unos meses vi un documental sobre los diez mandamientos en el que mostraba cómo algunos se han desvirtuado, siendo interpretados de formas más cómodas o excluyendo una única actitud. Jesucristo nos muestra la amplitud de los mandamientos, yendo precisamente al espíritu con el que el Legislador promulgó la Ley.
Debemos reconocer que en el catolicismo se ha introducido un insano relativismo religioso. Y cuando digo catolicismo incluyo a todos sus miembros. En cualquier caso, se trata de una doctrina filosófica que hunde sus raíces en la edad moderna y que no es este el lugar de aclarar en su génesis histórica. Mi argumento es el siguiente: nos hemos acostumbrado al "todo vale". A que da lo mismo ser hijo de Dios por el bautismo a pertenecer a un movimiento o confesión más o menos "gnóstica". Pero si algo caracteriza a la tradición y religión judeo-cristiana, es su espíritu de exclusividad. Muchas veces, en el Antiguo Testamento se confundió dicha exclusividad con la pertenencia a una nación o a una raza. San Pablo tuvo que aclarar de forma definitiva lo que ya se observaba en la vida de Jesús: ya no hay judío o griego...
Todos estamos invitados a la mesa del Reino, pero si confesamos nuestra fe en un solo Dios. Esta exclusividad, con toda normalidad, se transmite al culto. Buena parte de la historia del cristianismo oriental y occidental fue la defensa de la propia tradición litúrgica. Pero, al final, se trataba de cuestiones que no tocaban, ni mucho menos, la esencia, el fundamento de nuestra relación con Dios. La centralidad del bautismo y de la eucaristía ha sido siempre evidente para los teólogos cristianos de todas las épocas, incluso los de la Reforma protestante. El problema se encuentra cuando pretendemos edificar nuestra vida espiritual al margen de estos dos sacramentos, o de la liturgia en general.
Después de esta larga introducción, aterrizo: la espiritualidad litúrgica es una espiritualidad celosa. La razón por la que pensaba hacer de esta entrada una continuación de la serie 'Hacer teología litúrgica' se debe a un cierto irenismo infundado de algunos estudiosos de la liturgia. Se les olvida con gran facilidad el "parto" que fue el Movimiento litúrgico. Se les olvida a san Pío X y sus reformas litúrgicas, además de los llamamientos a una mayor participación en los misterios del culto. Se les olvida la famosa controversia Festugiere-Navatel, donde se defiende algo que aún hoy no se dice con claridad: no es que la liturgia sea verdadera oración, es que cualquier "oración" debe compararse con la liturgia para ser tenida como tal. Se les olvida que desde el s. XVII la espiritualidad católica se centró en la oración mental, dejando a la liturgia como mera oración "vocal". Se les olvida que en famosos santos o grandes "espiritualistas", la eucaristía no figuraba entre las cosas básicas que debía frecuentar un cristiano para tener una verdadera vida espiritual. En definitiva, hay cosas de la historia de la liturgia y de la historia de la espiritualidad, que no son muy conocidas y que nos revelan que lo que hoy consideramos "normal" no lo era.
Podemos citar aquí grandes teólogos como Romano Guardini con su Espíritu de la liturgia, Vagaggini o el mismo Salvatore Marsili, que no se anda con rodeos. La liturgia es una espiritualidad celosa. No admite que los fundamentos se pongan en otra parte: ni en devociones ni en oraciones no-litúrgicas. La vida espiritual del cristiano no puede fundamentarse en el rezo de jaculatorias, ni en la oración mental, sino en la eucaristía y en su condición de bautizado. Los demás, tiene siempre que estar en un segundo plano. La misma liturgia nos previene de otras desviaciones: es necesariamente cristocéntrica. Por mucha devoción que le tengamos a un santo, éste no hubiera sido nada si no se hubiese encontrado con Jesucristo en sus sacramentos, como dice san Ambrosio.
La misma dirección que tomó la reforma litúrgica con su simplificación fue demasiado en la línea del individualismo que criticaba Guardini, pero nos advierte bien dicha peligrosa simplificación:
El hombre contemporáneo [escribe en 1918], sobre todo el de temperamento individualista, prefiere que su oración sea la expresión directa e inmediata de su estado de alma; y lo que la liturgia le exige, al contrario, es que acepte como expresión de su vida interior un mundo de ideas, de oraciones y prácticas que, por su universalidad, resulta para él excesivamente amplio, en el que naufraga su pequeñez y su individualidad: R. Guardini, El Espíritu de la Liturgia, Barcelona, 1999, 42.
El relativismo religioso no sólo se limita a cuestiones relativas a la "verdadera religión", sino también en cosas más "interiores". De hecho, no exagero al afirmar que ese relativismo religioso tiene su inicio en un relativismo espiritual. Los directores espirituales que, a modo de algunos psicólogos de hoy, proponen o liturgia u otras cosas con la excusa del "si te sirve para hacer oración, para encontrarte con Dios, etc.", hacen un flaco favor a la conciencia y espiritualidad de sus dirigidos. Sólo en la liturgia, especialmente en el bautismo y la eucaristía, se encuentra el fundamento de una verdadera espiritualidad cristiana.
Adolfo Ivorra

Padre, ¿en qué medida cree que ese alejamiento de la Comunión -que no de la Santa Misa, ni del culto eucarístico fuera de la misma, ni tampoco, por supuesto, de la Comunión pascual- es fruto del jansenismo y de la extensión de ciertas ideas jansenistas entre el clero católico?
ResponderSuprimirMe temo que el tema de la comunión "poco frecuente" es más amplio, históricamente hablando, de lo que ud, cree. Si no recuerdo mal, ya en el s. IV con san Juan Crisóstomo se conocen datos de que no todos los que participan de la liturgia eucarística van a comulgar.
ResponderSuprimirEl mandamiento eclesiástico de comulgar por lo menos una vez al año por pascua de resurrección, creo que es de un concilio del s. XIII. Después de Trento la cosa no cambia: el momento más importante de la profesión de un jesuita es la comunión. Así de raro sería comulgar.
En los s. XVII-XIX, las que más comulgaban eran las carmelitas, que lo hacían unas cuatro o cinco veces al año.
Quien vuelve a poner "de moda" la comunión frecuente es san Pío X en 1905 con su decreto Sacra Tridentina Synodus.
Estos son los datos. Las explicaciones y sus consecuencias dan para un artículo... y largo.
Sí, pero el mismo san Pío X habla del jansenismo como factor decisivo para el abandono de la comunión frecuente, además de citar al Concílio de Trento donde anima a comulgar en todas las misas. Y dice también que algunos daban de comulgar en todo momento, incluso el Viernes Santo (recordemos que estaba prohibido).
ResponderSuprimirSin duda, el jansenismo era una doctrina rigorista que influyó en la cuestión, pero también ir al extremo opuesto es negativo. Pensemos en la "persecución" que sufrían los que no querían comulgar en las Cenas luteranas. Para Lutero era obligatorio comulgar, se tuviese o no conciencia de pecado.
ResponderSuprimirPor otro lado, la interpretación que hace san Pío X del padrenuestro en lo referente al pan de cada día es propiamente occidental. Los Padres orientales no consideraban esta petición como una petición eucarística. De cualquier forma, los Padres occidentales que interpretaban el pan cotidiano como pan eucarístico, no pretendían una celebración cotidiana de la misa. De hecho, hasta el s. VIII no se da la "misa diaria" en el rito franco-romano.
Resumiendo, la cuestión histórica y teológica era compleja. San Pío X, siguiendo una mentalidad escolástica, consideró que a mayor comunión mayor santidad. Eso y la lucha contra el jansenismo son los principios que le hacen reinterpretar estas cosas. No hay que olvidar que Trento habla de los sagrarios como mandados por el concilio de Nicea, cuando en realidad eran posteriores al s. XII. en cuestiones históricas, los concilios suelen "exagerar" para justificar sus decisiones.
Muchas gracias por tomarse la molestia de explicarme estos temas, ojalá podamos todos vivir lo que explica en el post y tengamos una espiritualidad verdaderamente litúrgica.
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