Liturgia y vida de F. M. Arocena.


F. M. Arocena, Liturgia y vida. Lo cotidiano como lugar del culto espiritual, Ediciones Palabra, Madrid, 2011, 154pp.

Félix María Arocena es profesor de liturgia en la Universidad de Navarra y en la Universidad Eclesiástica «San Dámaso» de Madrid. Autor de numerosos artículos y libros acerca de liturgia, nos ofrece en este ensayo una reflexión sobre la continuidad entre liturgia y vida, tema muy apreciado en los últimos años entre los estudiosos de la liturgia.
El libro se divide en ocho capítulos y un epílogo que en cierto modo resume las intuiciones teológicas que encontramos en el libro. En la presentación del libro ya encontramos una idea sugerente: «No se comienza a ser cristiano por una gran idea, sino por el encuentro con un Acontecimiento que da un nuevo horizonte a la vida» (p. 9). También encontramos una tendencia a la hora de abordar los temas que no son específicamente litúrgicos. El autor llama la atención sobre el hecho de que los manuales de liturgia a penas toquen temas de moral, y viceversa.
En el primer capítulo se habla de algunos aspectos históricos importantes. Se recoge la defensa de los primeros cristianos acerca del carácter espiritual del culto cristiano, la evolución del altar y la espiritualización del concepto de sacrificio. También se alude a términos propios de la teología litúrgica como celebración, participación y misterio. Desde aquí se esboza la idea central del libro: la vida de los bautizados en Cristo es una liturgia (cf. p. 29). Con esto se va más allá de lo que dice en el Catecismo de la Iglesia Católica sobre la vida de los cristianos, cuestión de la que el autor es consciente (cf. p. 120).
El culto espiritual en Cristo y en los cristianos ocupa el segundo capítulo. Aquí el autor hace una exégesis espiritual de varios textos de la Escritura, para afirmar que Cristo suprime el culto carnal/material. Estas afirmaciones pueden ser leídas en detrimento de la sacramentalidad propia de la liturgia, por lo que el autor intenta enfocar su crítica a la «victimación material de animales» del Antiguo Testamento (p. 36). En nuestra opinión, esta clarificación no es del todo satisfactoria y en varias partes del libro la espiritualización del culto y la mira espiritualizada de la liturgia que ofrece el autor puede ser interpretada de modo contrario a la mente del mismo autor.
El capítulo tercero conjuga el recién expuesto concepto de «sacrificio espiritual» con el sacrificio eucarístico. En general, el culto espiritual del cristiano adquiere sentido en su unión con la eucaristía. A propósito de esta relación, el autor toca temas propios de la disciplina litúrgica como el significado que ella misma ofrece de los ritos, la liturgia comparada, el offerimus de la plegaria eucarística, la incensación. En este capítulo se ofrece, dentro de la visión espiritual del culto, un elemento «físico», institucional: los cristianos no se ofrecen a sí mismos como víctimas espirituales, sino que precisan de la mediación del misterio sacerdotal.
El más allá de la celebración se trata en el capítulo cuarto, donde nos habla de la importancia de la despedida de la misa, que «no es una forma gentil del sacerdote para indicar a los fieles que ya se pueden retirar, sino una invitación [...] para que traduzcan en sus vidas la misión a la que han sido llamados» (p. 65). En el siguiente capítulo se dan testimonios litúrgicos y patrísticos. El capítulo sexto vuelve en torno al rechazo del culto «físico» del Antiguo Testamento.
Los dos últimos capítulos son, a nuestro parecer, una «liturgización» de la vida moral. La existencia cristiana se comprende desde categorías cultuales. De especial mención son las relaciones esponsales, donde los cónyuges se comprenden como «sacerdotes de su propia matrimonio» (p. 106). Otro aspecto sugerente es la enfermedad, donde esta situación ofrece al cristiano una nueva forma de comprender el valor salvífico de la pasión de Cristo, además de configurar al enfermo con Cristo paciente (cf. p. 116).
En el epílogo se vuelven a presentar los temas expuestos a lo largo del libro, pero también da lugar a intuiciones fecundas. Por ejemplo, una alusión a la causalidad sacramental, en la que se cita a santo Tomás y se afirma que el modo de causar la gracia de los sacramentos es significando (cf. p. 122).
El libro Liturgia y vida de este conocido profesor de liturgia nos ofrece, por tanto, una serie de ideas sugerentes acerca de la continuidad entre liturgia y vida. En algunas ocasiones los datos históricos se presentan de forma tan resumida que pueden dar lugar a malentendidos. Lo mismo cabe decir de algunas simplificaciones teológicas respecto al culto en el Antiguo Testamento. Todo esto debe comprenderse según la intención que mueve al autor, inspirado grandemente en la teología del único redactor no obispo del Catecismo de la Iglesia Católica, Jean Corbon: la liturgia no se puede  limitar a sus celebraciones, pues las trasciende. Este ensayo vuelve a mostrar la vitalidad de la teología litúrgica en España, que últimamente se estaba quedando en el género del manual.

Adolfo Ivorra