Ir al contenido principal

XXIX Domingo Cotidiano.


Vigesimonoveno domingo de Cotidiano:

Profecía: Ez 34, 22-30
Psallendum: Sal 85, 2. 3s
Apóstol: Col 3, 1-11
Evangelio: Lc 20, 9-18

  Las lecturas de este domingo siguen en buena medida la intención de los dos anteriores, especialmente el del domingo pasado. El evangelio de ese domingo aludía al final al rechazo que sufriría Cristo, Rey de su pueblo que no lo quería como tal. En el evangelio de hoy, con la parábola de los viñadores homicidas, esto se hace evidente. Esta parábola ha sido siempre interpretada como una clara alusión a la pasión que Jesucristo tenía que sufrir. Rechazado por algunos, se convertirá así en la piedra que desecharon los constructores, que es ahora la piedra angular. Todo el que cae sobre esa piedra se estrellará, y si ella cae sobre alguno, lo hará trizas. Como los viñadores homicidas, los que rechazan a Cristo como Rey se engañan a sí mismos. Su condenación es patente.
            La profecía de este domingo prepara esta parábola, pero también la sitúa en su contexto propio. En el domingo anterior, la seguridad era una nota característica del Israel que ha vuelto a la Alianza, que ha vuelto a reconciliarse con Dios. Aquí también vuelve a mencionarse la seguridad, donde no volverán a ser botín de las naciones ni los devorarán las fieras salvajes; vivirán seguros, sin sobresaltos. Si hace dos domingos el castigo servía para que el pueblo recapacitase y reconociese a Dios vivo y verdadero, ahora la liberación sirve para ese mismo propósito. Pero lo más importante de esta profecía de hoy es la alusión al Pastor. Con gran similitud intencional con la imagen del Rey, el Pastor es figura de Cristo: Les daré un pastor único que las pastoree: mi siervo David; él las apacentará, él será su pastor. Será el Hijo de David, ese a quien clamaba el ciego del Vigesimosexto domingo Cotidiano, el que apacentará a su pueblo y restaurará la alianza y traerá la salvación a su pueblo (psallendum).
            El apóstol, que esta vez está tomado de la carta a los Colosenses, tiene la misma intencionalidad que el apóstol del domingo pasado: dar consejos morales al nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia. Poniendo como meta a Cristo exaltado, que está sentado a la derecha del Padre, san Pablo invita a dar muerte a todo lo terreno. Además de estas recomendaciones éticas, también se alude a una característica fundamental del Reino de Dios, del que Cristo es Rey y Pastor: En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres: porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos.

Adolfo Ivorra