domingo, 6 de noviembre de 2011

La unción de los enfermos (I).

Del septenario, la unción de los enfermos es el sacramento más desconocido en la actualidad eclesial. Más aún que el sacramento de la penitencia. Por eso, desde el blog de lexorandi volvemos a poner la atención sobre este sacramento, de la mano del libro Unción de los enfermos. Teología, liturgia y pastoral (Salamanca, 2008) del dominico Pedro Fernández Rodríguez que ha colaborado en nuestra web. Presentamos, por tanto, unos textos a modo de resumen de las notas fundamentales de este sacramento para un mayor conocimiento de los que amamos y vivimos la liturgia.

La unción de los enfermos en las santas Escrituras

En el libro del eclesiástico se dice: "No descuides visitar al enfermo, que por obras de éstas crecerás en el amor" (Eclo 7,35).

De forma general, "Aunque no siempre hay una relación causal entre pecado y enfermedad, sí existe siempre al menos una relación indirecta. Por tanto, es innegable la relación entre la enfermedad y nuestra condición de pecadores, pero esto no nos obliga a interpretar siempre la enfermedad como consecuencia o castigo del pecado, pues con alguna frecuencia nos hallamos ante la enfermedad del justo" (p. 18).

"El israelita no rechaza la medicina como se muestra en el texto tardío de la diáspora (hacia 190 a. C.), donde se trata de conciliar ciencia y fe, invitando al enfermo a rezar, a purificarse y a consultar al médico (Eclo 38,7-10), pero está convencido de que Dios es el verdadero médico (Ex 15,26)" (p. 19).

"La costumbre veterotestamentaria de la Unción de los enfermos se entiende en el contexto simbólico y utilitario del uso común del aceite en los pueblos orientales, donde el olivo era considerado como un árbol paradisíaco y el óleo como un fruto precioso que mantiene la vida saludable" (p. 19).

"...la curación de enfermos está unida en Jesús y en la misión confiada a sus discípulos a la predicación del reino de los cielos, que implica el perdón de los pecados, y a la cruz que caracteriza la vida del Siervo de Yahvé y del cristiano" (pp. 22s).

"Dios no salva apartando de nosotros la enfermedad y la muerte, sino superándolas en su vida y muerte, pues la enfermedad y la muerte son purificación, expiación y aprendizaje de la sabiduría divina" (p. 24).

"Ellos se fueron a predicar y exhortaban a la conversión. Echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban" (Mc 6,12s)

"¿Sufre alguno de vosotros? Que ore. ¿Está alguno alegre? Que salmodie. ¿Hay alguno enfermo entre vosotros? Llame a los presbíteros de la comunidad, que recen sobre él, después de haberlo ungido con el óleo en el nombre del Señor. La oración hecha con fe salvará al enfermo y el Señor hará que se levante; si además tiene pecados se le perdonarán" (St, 5,13-15).

"En cuanto a los elementos esenciales, se llama a los presbíteros para que recen sobre (epi) él, cuya oración, que es el acto principal, ha de ir acompañada con la unción (aleifantei) de aceite de oliva, que es el más común en la cuenca mediterránea" (p. 27).

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