Otro de los problemas inherentes en el quehacer teológico-litúrgico es una cierta obsesión “estética” con lo que se escribe. Esto se manifiesta de dos maneras:
1) Por una obsesión estilístico-poética.
2) Por una obsesión con los neologismos.
El primer caso es, afortunadamente, menos común en nuestro suelo patrio. No obstante, siempre hay que estar en guardia contra él. Se trata de la obsesión por las formas literarias. Se gastan más energía en el cómo se dice que en el qué se dice. De esta manera, tenemos algún que otro ensayo muy bien escrito, casi poético, agradable de leer, pero que en el fondo no dice nada nuevo.
En mis escritos se puede apreciar un descuido respecto a la parte estilística que, sin embargo, estoy convencido que hay que mejorar. Estoy en ello, aunque no es sorprendente que en algún momento sufra algún que otro revés. Pero el error sería ir al extremo contrario.
Conozco a uno que se le va la vida en cuestiones estilísticas… pero da unos patinazos muy grandes en cuestiones históricas, bíblicas, etc. En un escritor de novela narrativa se puede comprender, pero en un teólogo –y de liturgia, de paso– esta obsesión nos indica unos grandes deseos de escribir y unos ínfimos deseos de cotejar lo que se piensa con lo que dicen otros especialistas. Esto nos lleva a cuestiones de interdisciplinariedad, tema quizás de otro post.
El primer caso va muy de la mano del segundo, gran amante de las palabras “mantra”. Antes eran los palabros alemanes, luego se pasó a los griegos… ahora nos encantan los latinos. En este error cayeron también no pocos teólogos dogmáticos. Sin citar a conocidos autores –no sea que sus “fans” se sientan ofendidos–, sobre todo en los 70’s y 80’s habían algunos que disponían de una jerga específica. Los estudios introductorios para comprender su teología fundamentalmente se esforzaban en hacernos comprender su terminología. Al final, después de todo ese esfuerzo, llegabas a la conclusión de que el teólogo en cuestión, por culpa de su lenguaje, daba muchas vueltas para acabar diciendo muy poco.
No me voy a esforzar demasiado aquí en el explicar sus inconvenientes, pero neologismos como ars participandi, por ejemplo, son un claro ejemplo de hacernos perder el tiempo con terminología. ¿Acaso no es lo mismo que ‘participación activa’ (actuosa participatio)? ¿No está incluido en el llamado y muy reciente neologismo ars celebrandi? Parece que no, que estamos descubriendo la pólvora.
De hecho, la misma trayectoria del neologismo base de ars participandi, el ars celebrandi, es sintomático. Éste lleva demasiado poco tiempo atestiguado en la reflexión de la teología litúrgica y, por obra de esos “teólogos” consultores que te puedes encontrar en los Sínodos de los Obispos, el neologismo en cuestión entra en ámbito magisterial. La última vez que pasó algo parecido fue con la terminología hileformista materia y forma de santo Tomás de Aquino, que tantos quebraderos de cabeza crea en los sacramentólogos actuales, precisamente porque forma parte del vocabulario magisterial de la baja Edad Media y la Edad Moderna. El papa, en sus exhortaciones en respuesta a esos Sínodos, no le queda otra que aceptar esta terminología y, de esta manera, de un teólogo concreto el neologismo en cuestión pasa a formar parte del magisterio de un papa. No hay que decir que ni forma parte del pensamiento de ese papa y mucho menos que tiene valor dogmático. Este ejemplo es también una muestra de la crisis de identidad del magisterio papal y curial, además de la crisis de identidad de la teología que en algunos ámbitos –el litúrgico el primero, especialmente en España– se concibe como mera glosa del magisterio.
Los neologismos son también un “defecto” de los que quieren ser esquemáticos y quieren ahorrarse palabras. También son una manera burda de hacer creer a los demás que se es un experto en un tema o que tu disciplina teológica es “complicada”.
El centro de la teología litúrgica no es cómo escribimos sino qué reflexionamos. Intentaré, como en todos estos posts, aplicarme lo que escribo. Ahora y en el futuro. Espero que yo no sea el único.
Adolfo Ivorra

Sigue con esta serie Adolfo, me gusta mucho y me parece muy útil.
ResponderSuprimirEnviado a Google+, como debe ser ;)
Un saludo.