Dice la leyenda litúrgica-urbana: no puede haber un canto de ofertorio (o de presentación de los dones) que sea mariano, etc., etc.
La realidad:
Missale Romanum (1962). Domingo IV de Adviento:
Antífona de ofertorio:
Luc. 1, 28. Ave, María, gratia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui.
Graduale Simplex (1967-reimpresión de 1988), Misa II de Adviento:
Antífona de ofertorio:
Luc. 1, 28. Ave, María, gratia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus, alleluia.
Graduale Romanum (1979), Domingo IV de Adviento:
Antífona de ofertorio:
Luc. 1, 28. Ave, María, gratia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui.
Explicarlo ya es otra cosa...

Me gusta!!!!
ResponderSuprimirBuena aclaración, Padre!
Y cuántos sacerdotes se empeñan en que el canto de ofertorio tiene que decir textualmente "te presentamos el vino y el pan"...
ResponderSuprimirY cuántos se empeñan en instaurar un canto nuevo, este si a la virgen, al final de la misa. ("Y hecha la debida reverencia con los ministros, se retira a la sacristía.")
Bueno, la razón de que el canto de ofertorio no aludiera explícitamente al gesto ofertorial se debe a una evolución histórica, que hizo que este canto ya no acompañara la procesión de las ofrendas al altar.
ResponderSuprimirCon respecto al canto mariano final, hay varias "teorías": la costumbre hispana de tener una procesión después de misa a un icono o imagen de la Virgen, la influencia cisterciense, etc. Pero las normas actuales, que bien has citado, no hablan de estas costumbres.