viernes, 14 de octubre de 2011

¿La liturgia son solo textos? Una aproximación desde la liturgia hispana.

Este tema ya lo he insinuado en varios post y en artículos en revistas, algunos de ellos todavía pendiente de publicación. El año pasado por estas fechas, el prof. D. Salvador Aguilera comentaba las normas de aplicación del Misal Hispano-Mozárabe, donde se refería al n. 165 de los prenotandos, que abre la puerta al uso de los ornamentos "del lugar". Esta escueta norma, como afirmo en otra parte, ejemplifica que incluso en su aspecto exterior, la historia del rito hispano en el segundo milenio fue la de ser un rito romano con textos hispanos. Ceremonial y vestiduras romanas. Textos hispanos, aunque hasta 1991, se tendría que decir que era textos hispanos y unos cuantos romanos en el Ordinario de la Misa. Y es difícil escapar de la historia, que vuelve a repetirse hasta nuestros días.
El citado número 165 ejemplifica, a mi parecer, un síntoma de la época: de una liturgia que se medía por el ceremonial y la vestidura, se pasó a una liturgia textual. Como si Jacques Derrida fuera el inspirador de la reforma litúrgica (Il n’y a pas de hors-texte). Esto también pasó en menor medida en la reforma litúrgica romana, sólo que en este rito existía -y existe, en su forma llamada "extraordinaria"- una gran tradición ceremonial, potenciada con libros como el Ceremonial de los Obispos y la labor curial. Pero volviendo al n. 165, que se limita a decir que los diáconos no llevaban dalmática en el período visigótico y mozárabe -por tanto, no la prohíbe-, se volvió a tener una mirada meramente textual de la liturgia, en concreto del renovado rito hispano. En mi opinión, no había excusa para ello: ya en 1973, J. Gil había publicado con éxito el Corpus Scriptorum Muzarabicorum en dos volúmenes, entre los cuales se encontraba la obra del Cordobés Leovigildo: De habitu clericorum. La traducción de esta obra, junto con una introducción, espera a ser publicada ya desde algún tiempo (más de un año), y en ella hablo de cuestiones que he sacado en otros posts. En agosto de 2009 ya aludía a la obra de Leovigildo en el brevísimo post "Las albas son blancas... o no". Limitándonos a Leovigildo, en la Córdoba mozárabe del s. IX las albas hispanas eran rojas o negras. En el mundo protestante se conservan ejemplos de estas dos tipos de albas -no son sotanas en ningún caso-, pero, en ámbito católico, después de Leovigildo poco se sabe, salvo la resistencia existente incluso en Toledo a asumir ornamentos y ceremonias romanas en el s. XII.
Si leemos la obra de Leovigildo, llegamos a la conclusión de las vestiduras enumeradas son prácticamente las mismas que en el rito romano de la época. Sin embargo, está claro que la forma fuera distinta. Para no entretener con lo que está escrito en la introducción a la traducción del De habitu clericorum, remito a un texto de la web La Ermita, donde se habla de la indumentaria litúrgica hispana. En mi opinión, es un texto muy claro, acompañado de unas imágenes de obispos hispanos que, al hilo de lo que dice La Ermita, voy a glosar.


Estos obispos están cubiertos con algo que Leovigildo denomina "casulla", pero que como se puede observar no es del mismo color que de las vestiduras superiores de estos obispos. En la introducción a la obra de Leovigildo, digo que se parecen más bien al eskimo sirio actual, si bien éste siempre es negro. El webmaster de La Ermita, seguramente guiado por el carácter monástico de esta "casulla", la compara con una vestidura armenia. En cualquier caso, se confirma algo que dije en el post sobre "El problema de la estética en la liturgia": toda "capucha" es simplemente monástica. En sentido estricto, como menciono arriba, tampoco se puede decir que fueran parte de la casulla y, como se observa en Leovigildo, mucho menos parte del alba. Se trata de un ornamento a parte.
No debemos olvidar otra costumbre hispana: la estola cruzada, según mi opinión, debió ser una costumbre hispana -quizás también galicana- que pasa a Roma, asumiéndola sólo para los presbíteros. Después de la última reforma del misal romano, esa costumbre hispana -precisamente por no ser antiguamente romana- desapareció.
Todas estas consideraciones me llevan a afirmar que, en la foto del post normas de aplicación del Misal Hispano-Mozárabe, donde aparece el Superior del rito, se cumple con el n. 165 de forma plena: los ornamentos no son hispanos, son los del lugar (romanos) en sentido estricto: la casulla sí es romana, los diáconos no tienen prohibido el uso de la dalmática en el actual misal, etc. Con una casulla gótica -pero de verdad-, el resultado sería el mismo. De hecho, esa alba de encaje con transparencia roja, nos recuerda siquiera un poco, a las albas rojas de las que hablaba Leovigildo en el s. IX. Por tanto, no se puede decir que algunos aprovechan el rito hispano para celebrar "de forma tridentina". Parte de la historia del rito hispano fue bajo esa estética.
Al contrario, lo que sucede en la actualidad es que algunos aprovechan el rito hispano para utilizar estéticas que no se utilizan en el rito romano. Pareciera como si el rito hispano, ese rito sin ley, es el lugar perfecto para librarnos de esa estricta tradición romana, esa que parece volver en su forma barroca en estos últimos años... Hoy vemos en las celebraciones hispanas, extraordinarias -no el sentido del rito extraordinario romano- y no tan extraordinarias, una mezcla de estéticas que van desde las bizantinas actuales, pasando por las postmodernas no-romanas de las que hemos hecho mención arriba. Leovigildo describe las albas de los ministros de forma que nos recuerdan a los sticharion bizantinos. Pero las demás vestiduras, salvo quizás la casulla en forma de campana, son en Leovigildo homologables a los ornamentos romanos de la alta edad media.
El rito hispano está en búsqueda de una estética. Pero el parto está siendo de lo más entretenido. Yo, por lo menos, siempre quedo maravillado de esa mezcla estética que estamos presenciando. ¿Parece ilógico celebrar el rito hispano con una casulla "de guitarra" y un alba de encaje? Puede ser, aunque históricamente haya sido así por lo menos cinco siglos. Lo que sí que es ilógico es hacerlo con mezclas estéticas, incluso con las "versiones postmodernas" de casulla y alba que observamos hoy. Es muy "seguro" hablar de textos litúrgicos, pero la liturgia no se reduce a los textos, y tocar el ceremonial y la estética es, necesariamente, parte de la reflexión litúrgica. Si queremos ser exhaustivos y estrictos con la eucología, también debemos serlo -nosotros mismos- con todo lo demás. Más que "modernos" o "postmodernos", creo que debemos ser consecuentes con los estilos estéticos, sobre todo en un rito tan peculiar con el hispano. Creo que ya toca ser un poco consecuente con los estudios históricos y no "inventar" estéticas, sino volver a la genuina tradición hispana. El Misal Hispano-Mozárabe no se debe reducir a una reimpresión de textos y a un Ordinario, sino que debería llegar a donde no se ha podido llegar desde la "supresión" del rito: a volver de forma plena a ser hispano-mozárabe, no contemporáneamente romano (para lo bueno y para lo malo).

Adolfo Ivorra

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