XXIII Domingo Cotidiano.



Vigesimotercer domingo de Cotidiano:

Profecía: Jer 32, 26-35
Psallendum: Sal 64, 2s
Apóstol: Ef 3, 1-7
Evangelio: Lc 18, 15-17

Nuevamente nos encontramos con lecturas inconexas entre sí. Si el domingo XXII presentaba una lectura profética de alabanza y un psallendum de súplica, ahora es justo lo contrario. En la profecía Dios entrega a Babilonia los hijos de Israel y de Judá, los deja a su suerte. La conquista está relacionada con la idolatría: Los caldeos que la atacan entrarán en ella y le pondrán fuego. La quemarán con las casas en cuyas azoteas se quemaba incienso a Baal y se hacían libaciones a otros dioses, para provocarme. El Dios de Israel es un Dios celoso. Los judíos de la época habían rendido culto a Baal y le construían altares, haciendo pasar por el fuego a sus hijos e hijas en honor del Moloc.
            El evangelio muestra la relación de Jesús con los niños, una relación cercana, quizás poco común en la época. Los niños son modelo para los que buscan el Reino de Dios por su inocencia. Éste es el sentido de la frase de nuestro Señor: porque los que son como ellos poseerán el Reino de Dios. Os aseguro que quien no acepte el Reino de Dios como un niño no entrará en él. El canto de laudes es suplicante, mostrando también inconexión como en el caso de profecía y psallendum.
            El apóstol, tomado de la carta a los Efesios, vuelve sobre la universalidad de la salvación. Los gentiles son llamados a formar parte de la Iglesia y ser partícipes de la promesa de Jesucristo. En anuncio gozoso del evangelio es lo que da cohesión a la Iglesia y el que capacita a san Pablo para su ministerio.


Adolfo Ivorra