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XXI Domingo Cotidiano.


Vigesimoprimer domingo de Cotidiano:

Profecía: Jer 30, 18-31,1
Psallendum: Sal 60, 3s
Apóstol: Ef 2, 1-10
Evangelio: Lc 17, 20-37

 La liturgia de hoy es una llamada a la vigilancia. Como si se tratase del Adviento, los textos de hoy nos exhortan a tomarnos en serio nuestra vida cristiana. Fuimos justificados por la fe que recibimos en el bautismo, por eso no puede haber en nosotros deseos ni actos viles. Por los pecados estamos muertos, esto es, no hay vida eterna en nosotros. Somos obra de Dios dice el apóstol, por lo que debemos transparentar en nuestras acciones al Dios de la vida, en las buenas obras. La actitud beligerante de Dios contra los enemigos de Israel en la profecía nos indica cómo no se pueden tolerar las actitudes extrañas al reino de Dios. Los enemigos del pueblo elegido se han vuelto así contra Dios, por lo que serán castigados. Ante esta radicalidad sólo podemos clamar que en Dios encontramos refugio. Será en ese pueblo de las promesas donde nacerá el salvador: Saldrá de ella un príncipe, su señor saldrá de en medio de ella [...] Al cabo de los años llegaréis a comprenderlo. La asamblea del Señor será estable, dice también. Cristo y la Iglesia se nos presentan in nuce.
            Pero es en el evangelio donde encontramos la necesidad a esa vigilancia. No es casualidad que la descripción del reino de Dios esté vinculada con el fin de los tiempos. En efecto, sólo con la consumación del tiempo y la instauración de todas las cosas en Cristo el reino de Dios llegará a su plenitud. El reino de Dios está dentro de vosotros  dice el Señor, pero también es un reino que no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí. El reino se desarrolla en el tiempo de la Iglesia militante, pero será en la Iglesia definitiva, en la celeste, en la que ese reino vendrá totalmente. Por eso se invoca la oración dominical en la celebración eucarística: venga a nosotros tu reino. Está en nosotros, pero no lo está del todo. Por eso habla Jesús de su venida gloriosa. Como el mismo reino de Dios que está entre nosotros y casi no lo percibimos, así será también su consumación: Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del Hombre.
            Este domingo suele caer antes de las letanías previas a la fiesta de san Cipriano, así que bien puede tenerse como una especie de toma de consciencia necesaria para llegar al día de las Letanías antes del día de san Cipriano, de carácter penitencial.

Adolfo Ivorra