viernes, 2 de septiembre de 2011

Bailar pegados es bailar.

El título de esta entrada tiene que ver con algo que con un poco de suerte encontrarás por internet. Entre las etiquetas de este post está "humor litúrgico", así que ya te puedes ir preparando. Porque el mío es irónico. Hace cosa de un mes, en mi errante navegación por internet encontré un cartel escaneado que decía en letras muy grandes: "SEXO". Más abajo decía: "ahora que tenemos tu atención...". El resto era ofrecer compartir piso de estudiantes (o algo parecido). Como éste es un blog muy serio (risas) no ponemos la imagen. Pero es un ejemplo de publicidad engañosa, como esta entrada. Si la has visto en otro blog en la lista de blogs, etc., te habrás acordado de la canción de 1991 de Sergio Dalma "Bailar pegados es bailar". Como este es un blog cristiano y por tanto aguafiestas, es claro que te vamos a recomendar lo contrario, pero... en el ámbito litúrgico. ¿Pero qué pensabas? ¡Qué este es un blog de liturgia! Aquí se nos van a juntar los temas, pero es parte de nuestro encanto.
En primer lugar, voy a explicar cómo he llegado hasta aquí. Estaba yo queriendo insertar otro gadget en este Blog, en concreto ese que dice "Entradas populares", cuando después de agregarlo, visito un poco esos cinco afortunados posts. Entre ellos estaba ese que me hace tan popular, titulado "El problema de la estética en la liturgia". En esta entrada hacía una serie de observaciones a los más "tradicionales" y a los más "modernos". Pero como no quiero volver a ese punto glorioso que todos estamos pensando -sí, el de las albas con capucha- me voy a centrar en el último comentario a fecha de hoy. En él, se habla del manípulo (ver la Instrucción Tres abhinc annos, n. 25, de 1967) y su capacidad para evitar "golpear la oblata". Casualmente, hace unas horas, via Facebook, me habían preguntado por ese ornamento. Supongo que el inteligente lector ya lo habrá adivinado a estas alturas: voy a hablar de "pegarse" al altar. No, no sólo tiene que ver con los sacerdotes. Pero también.
Volvamos a Sergio Dalma. Recuerdo una conversación en el seminario, entre esas reflexiones metafísicas que teníamos, en las que un par de seminaristas de cierta edad -viejos en años y en crímenes, parafraseando el libro de Daniel-, reflexionaban acerca de la evolución de eso que llamamos 'baile'. En los 80's, a lo máximo que se podía aspirar en un baile formal era que se aproximaran los hombros -izquierdo en uno y derecho en otro-. Pero "ahora" -continuaba la reflexión metafísica-, se baila "pegao" y no significa nada.
Esto pasa también con los sacerdotes: antes se tocaba el altar con unos dedos, con la palma de la mano fuera del corporal, dentro del corporal, etc., todos casos contados y significativos en algunos casos. Ahora muchos "bailan" pegados.
¿Cómo no ver aquí esa sugerente teología esponsal, tan en boga en los años 90's? Sí, es cierto, tiene un origen patrístico y, con amplitud de miras, un origen paulino. Pero hay que reconocer una cierta obsesión con el tema. En 1998, en la Carta Apostólica Dies Domini -que me estoy releyendo para un taller sobre el Domingo-, también "sale" esta teología que parece metida con calzador en algunos párrafos, en los que no parece tener ninguna relación con lo dicho unas líneas antes ni con lo que se dirá unas líneas después. Pero ya hemos dicho que somos aguafiestas, "estrechos", etc.: no hay que bailar pegados. Aquí también arremeto contra una de las tesis del libro de la concelebración de G. Derville: esa "obsesión" de que los concelebrantes deben poder tocar el altar. "No toques, que no es tuya, es mía". Teología esponsal aplicada. ¿A qué marido le gusta que le "toquen" a su mujer?
El altar es mesa, sí, pero no pongas los codos sobre la mesa... ni las manos, ya que estamos. Sé que a veces el misal no se lee bien y que hay que acercarse. Pero fijémonos en las representaciones pictóricas medievales de la celebración de la misa. Sólo en el relato de la institución se apoyaban los brazos, por razones de teología hileformista -asegurar la proximidad entre los labios del sacerdote y la "materia" del sacramento a la hora de las palabras de la "consagración"-. Incluso en esas pinturas se observa cómo el sacerdote está a una cierta distancia del altar. Dicho de otra forma, ni los pies tocaban la base del altar, ni la barriga la superficie de la mesa. Bailar pegados es bailar, no celebrar.


Y esto también tiene que ver con los laicos. Sé que en algunas tradiciones orientales -sirias, para ser más específico-, los laicos tienen la posibilidad de acercarse al altar e incluso apoyar la frente sobre él a la hora de orar. Pero en el resto de las tradiciones orientales, el santuario y el laicado, sólo como ministros revestidos. Y de lejos. Pero es que "he visto cosas que no creeríais", parafraseando al replicante de Blade Runner. Y no precisamente "Atacar naves en llamas más allá de Orión... rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser", sino tratar al altar como un mueble accesorio. Abrigos puestos sobre él para prepara un panel con letras en el presbiterio, manteles de altar planchados in situ, monaguillos aburrigos apoyando los codos y mirando al sacerdote, recién bautizados puestos sobre un altar para ser ofrecidos a la Virgen (o inmolados, si recuerdas en ese momento el sacrificio de Isaac...) etc., etc. Quizás la culpa sea de poner tantas cosas sobre el altar. No lo sé. El caso es que habría que poner un cartel tipo "No tocar el cesped" sobre los altares: "No tocar el altar". La necesaria diferenciación entre presbiterio y nave debería evitar también esto. En fin, que la misa no es un baile, el altar no es tu compañera de baile, y que bailar pegados no es bailar a menos que sea tu mujer/marido.



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