Pedro Manuel dijo...
Querido amigo Adolfo. Molas un montón y con todo cariño me gustaría polemizar contigo para que tengamos un pequeño dialogo en la red como lo hacemos en privado:
Estoy de acuerdo con la necesidad de "resumir" el ritual de exequias, pero no con el fondo de muchas de las cosas que has tratado, porque el planteamiento ha sido demasiado KIS[S] (quita la última "s").
1. Por un lado, la abreviación de los libros litúrgicos no se debió principalmente a las misas privadas (o oficios privados; v. gr. los libros de las horas de los nobles), ni al apostolado de las órdenes medicantes, sino también a un problema económico: Demasiados libros para la celebración. El comprar los libros resultaba demasiado caro para una parroquia rural o un monasterio mediano. Todavía hoy asistimos, en el ámbito de las parroquias rurales, a leccionarios y misales de la primerísima edición de los libros litúrgicos para el uso ordinario, porque para una economía parroquial ínfima se hace imposible comprar los libros. Ya sé, me dirás, que es dejadez del sacerdote, y también lo es, pero no solo. En definitiva tanto en el pasado como en el presente cuando hablamos de libros litúrgicos hablamos de problemas crematísticos y de cuestiones editoriales, (de eso no se habla en la ciencia liturgia que busca la espiritualidad). Abrir el libro con los textos litúrgicos en una celebración es un proceso largo, que en la antigüedad comenzaba con la compra de un cordero y en la actualidad con un tema de imprenta, de PDF, de calidades; en definitiva, tanto antes como ahora, de dineros.
La reforma litúrgica no buscó la diversidad de libros por una pueril idea de que lo antiguo, por el simple hecho de serlo, siempre era mejor, sino por la naturaleza de los libros. Te lo recuerdo porque lo sabes: Los libros no eran para todos, solo eran para aquellos que iban a desempeñar su ministerio, es decir, que el salmista tenía el salterio y solo ese, y el lector el leccionario y solo ese. En una liturgia clerical con un libro basta, pero en una ministerial no. La edición está al servicio de la participación activa de los fieles y de la estructura ministerial de la celebración.
Por otro lado, la necesidad de resumen no es actual. Te recuerdo que los libros litúrgicos que mencionas por ejemplo el rituale tenían unas ediciones simples para los sacerdotes con cura de alma: Los llamados sacerdotales o los manuales, es decir, que el rituale tan completito resultaba ser un ladrillo para la celebración, tal y como ocurre con el actual libro de exequias de la CEE en castellano. Un libro simple con todo no sé si es tan bueno: ¿Te imaginas en los tiempos que corren hoy en día con la simplicidad de la informática, que un cura para hacer un bautismo tenga en el mismo libro el del matrimonio, el de las exequias, el ordo de los enfermos y el de los exorcismos? La importancia dada en la actual iglesia a la palabra de Dios obligaría a un leccionario impracticable al final. Recuerda que la palabra de Dios en la celebración de los sacramentos en otras épocas era más bien escasita
Estoy de acuerdo con la necesidad de "resumir" el ritual de exequias, pero no con el fondo de muchas de las cosas que has tratado, porque el planteamiento ha sido demasiado KIS[S] (quita la última "s").
1. Por un lado, la abreviación de los libros litúrgicos no se debió principalmente a las misas privadas (o oficios privados; v. gr. los libros de las horas de los nobles), ni al apostolado de las órdenes medicantes, sino también a un problema económico: Demasiados libros para la celebración. El comprar los libros resultaba demasiado caro para una parroquia rural o un monasterio mediano. Todavía hoy asistimos, en el ámbito de las parroquias rurales, a leccionarios y misales de la primerísima edición de los libros litúrgicos para el uso ordinario, porque para una economía parroquial ínfima se hace imposible comprar los libros. Ya sé, me dirás, que es dejadez del sacerdote, y también lo es, pero no solo. En definitiva tanto en el pasado como en el presente cuando hablamos de libros litúrgicos hablamos de problemas crematísticos y de cuestiones editoriales, (de eso no se habla en la ciencia liturgia que busca la espiritualidad). Abrir el libro con los textos litúrgicos en una celebración es un proceso largo, que en la antigüedad comenzaba con la compra de un cordero y en la actualidad con un tema de imprenta, de PDF, de calidades; en definitiva, tanto antes como ahora, de dineros.
La reforma litúrgica no buscó la diversidad de libros por una pueril idea de que lo antiguo, por el simple hecho de serlo, siempre era mejor, sino por la naturaleza de los libros. Te lo recuerdo porque lo sabes: Los libros no eran para todos, solo eran para aquellos que iban a desempeñar su ministerio, es decir, que el salmista tenía el salterio y solo ese, y el lector el leccionario y solo ese. En una liturgia clerical con un libro basta, pero en una ministerial no. La edición está al servicio de la participación activa de los fieles y de la estructura ministerial de la celebración.
Por otro lado, la necesidad de resumen no es actual. Te recuerdo que los libros litúrgicos que mencionas por ejemplo el rituale tenían unas ediciones simples para los sacerdotes con cura de alma: Los llamados sacerdotales o los manuales, es decir, que el rituale tan completito resultaba ser un ladrillo para la celebración, tal y como ocurre con el actual libro de exequias de la CEE en castellano. Un libro simple con todo no sé si es tan bueno: ¿Te imaginas en los tiempos que corren hoy en día con la simplicidad de la informática, que un cura para hacer un bautismo tenga en el mismo libro el del matrimonio, el de las exequias, el ordo de los enfermos y el de los exorcismos? La importancia dada en la actual iglesia a la palabra de Dios obligaría a un leccionario impracticable al final. Recuerda que la palabra de Dios en la celebración de los sacramentos en otras épocas era más bien escasita
Pedro Manuel dijo...
2. El otro horizonte (que es el del ritual de exequias) nos viene dado desde los principios de la reforma litúrgica: hacer rituales marcos para que se adapten fácilmente a las costumbres y mentalidades de los pueblos. En las exequias este principio era necesario. Muchas veces hemos hablado de que los rituales de la reforma actual son poco explícitos, les falta, por ejemplo rúbrica, o son demasiados sobrios. La riqueza particular, no la contienen porque se ha dejado para las traducciones en cada lugar. El Ritual de exequias en castellano, fue un buen ejemplo para enriquecer el latino, para la creatividad y la adaptación y incluso, modestamente creo que se quedo corto; no incluyó la bendición de la sal propia de la liturgia hispana a la que tanto queremos tu y yo y este blog y la página web. El problema del ritual de exequias no es que sea gordo o falco sino la distribución del material y la reduplicación de contenidos.
Por otro lado, ¿qué problema hay para que los curas (tan atareados) se sienten no una tarde sino meses enteros a leer, meditar, consultar, aprender de memoria el tesoro de la espiritualidad de la iglesia contenida en los libros litúrgicos? Es mejor romper el libro de exequias de tanto estudiarlo y meditarlo, para hacer una celebración como Dios manda, que volver a encuadernar con pastas duras, aquel otro, nada litúrgico ni teológico, que se titulaba “el gritos y plegarias” que tenía más gritos que plegarias. Muchos curas no saben utilizar el ritual de exequias, no por su complejidad sino porque no tienen necesidad de hacer un entierro en su vida porque en las ciudades la exequia casi ha desaparecido y cuando lo tiene que hacer se pierden en un libro gordo mal distribuído, perdidos porque no lo conocen: un buen explorador no se pierde en un bosque pequeño ni en el Amazonas sencillamente porque se lo ha preparado antes, a investigado y memorizado mapas, tiene brújulas y el Global Positioning System que es lo que falta en la iglesia. Muchos sacerdotes no saben nada del ritual de enfermos mencionado porque no hacen unciones, y si les hablas de qué es el viatico te dicen: ¿mande?. Encuesta para la página: ¿Dónde está la celebración del viatico?; es decir ¿En qué libro?, Pues en uno que tu has defendido como modelo por su tamaño y contenido, tamaño, para perderlo en la biblioteca y contenido para no conocerlo, porque no lo utilizo y cuando lo hago me quedo en las primeras páginas. No seas ingenuo ni yo cuando doy la comunión a los enfermos me llevo el ritual… El problema no está en el libro sino en los corazones, la reforma, lo ha dicho el papa Benedicto, no era una reforma de libros sino de corazones, aquí está el problema. En definitiva, un libro litúrgico, simple o mixto, gordo o fino, uno o muchos, es útil para celebrar cuando el cura lo conoce y lo asimila, cuando el ministro laico lo utiliza y lo medita, cuando la comunidad cristiana reconoce en el su fe.
Tu amigo Pedro Manuel Merino.Y yo le respondí:
Querido Pedro, te echaba de menos por aquí. Cada vez que nuestro administrador adjunto de www.lexorandi.es escribe en el Blog (pocas, pero muy sustanciosas), las visitas suben un montón.
He tocado un tema que a Pedro le toca de lleno. Es uno de sus temas favoritos. Y voy yo y no le consulto.
Pues vamos a responder (como podamos):
1. Efectivamente, también está la cuesstión económica. El ejemplo que poner de las parroquias rurales lo estoy palpando: he tenido que comprar misales nuevos (la mayoría sólo tenían 4 de las 13 plegarias eucarísticas). Y en mi caso sí que es dejadez del(os) sacerdote(s).
Ciertamente, la naturaleza de los libros litúrgicos es ministerial. De hecho, el nacimiento de los pontificales consistió precisamente en una operación quirúrgica: copiar y pegar rúbricas de ordines y eucología de sacramentarios presbiterales. Pero todo eso nos lleva a la practicidad, que es el objeto del principio Kis[s].He tocado un tema que a Pedro le toca de lleno. Es uno de sus temas favoritos. Y voy yo y no le consulto.
Pues vamos a responder (como podamos):
1. Efectivamente, también está la cuesstión económica. El ejemplo que poner de las parroquias rurales lo estoy palpando: he tenido que comprar misales nuevos (la mayoría sólo tenían 4 de las 13 plegarias eucarísticas). Y en mi caso sí que es dejadez del(os) sacerdote(s).
Con respecto a las lecturas: ellas no son la razón del enorme volumen del actual ritual de exequias.
2. Totalmente de acuerdo: "El problema del ritual de exequias no es que sea gordo o falco sino la distribución del material y la reduplicación de contenidos".
Me ha gustado lo de "y el Global Positioning System que es lo que falta en la iglesia". Pero, como sabes, te hablo desde el mundo rural, donde sí que hay exequias y donde te puedes perder en el ritual como no tengas el "ordo" en la cabeza.
"ni yo cuando doy la comunión a los enfermos me llevo el ritual…". ¡Dios, qué mal ejemplo! Pues cuando era acólito y tuve que llevar la comunión a los enfermos, siempre me he llevado el ritual. Creo que el hecho de tú lo lleves y la gente lo vea, nos recuerda -tanto al que celebra como al resto de la asamblea-, que no se trata de "magia" y de un insano clericalismo, sino de que obedecemos no sólo a un "ordo" sino a unos contenidos fijados por la Iglesia.
Mi insatisfacción con este ritual es precisamente su disperso contenido: da la impresión de que "todo vale", que no hay un rito o una eucología concreta, y de que en el fondo sólo bastaría con "rezar" por el difunto. De ahí que en el mundo rural ese ritual brille por su ausencia: se sobreponen padresnuestros donde no los hay y otras oraciones aprendidas de memoria. Al final, el ritual queda para tomar de él una lectura o alguna monición. Así está el patio en el mundo rural.
Creo que el ritual de Pardo cumple aquí su función de presentarnos algo simple. Como bien dices, el "problema" de las exequias no se encuentra en las parroquias de ciudad. Por eso el ritual de Pardo es idóneo: evita al párroco "el trago amargo" de tener que "comprender" ese insufrible ritual.
Por otro lado, los "casos" que nos presenta el ritual de exequias actual producen -como tú bien sabes- una gran hilaridad entre el clero. Si eso es adaptación litúrgica y/o inculturación, casi mejor que no haya nada. Para mí inculturación son ritos específicos, tradiciones locales (como la hispana a la que has hecho mención, como las arras en el sacramento del matrimonio, etc.).
Aunque al abogar por el ritual de Pardo pareciera que me voy por aspectos más "tradicionales" (un ritual romano libro), en realidad me inspiro en SC 34: "Los ritos deben resplandecer con noble sencillez; deben ser breves, claros, evitando las repeticiones inútiles, adaptados a la capacidad de los fieles y, en general, no deben tener necesidad de muchas explicaciones". Repeticiones inútiles, dicho con tus palabras: "reduplicación de contenidos".
Me ha gustado lo de "y el Global Positioning System que es lo que falta en la iglesia". Pero, como sabes, te hablo desde el mundo rural, donde sí que hay exequias y donde te puedes perder en el ritual como no tengas el "ordo" en la cabeza.
"ni yo cuando doy la comunión a los enfermos me llevo el ritual…". ¡Dios, qué mal ejemplo! Pues cuando era acólito y tuve que llevar la comunión a los enfermos, siempre me he llevado el ritual. Creo que el hecho de tú lo lleves y la gente lo vea, nos recuerda -tanto al que celebra como al resto de la asamblea-, que no se trata de "magia" y de un insano clericalismo, sino de que obedecemos no sólo a un "ordo" sino a unos contenidos fijados por la Iglesia.
Mi insatisfacción con este ritual es precisamente su disperso contenido: da la impresión de que "todo vale", que no hay un rito o una eucología concreta, y de que en el fondo sólo bastaría con "rezar" por el difunto. De ahí que en el mundo rural ese ritual brille por su ausencia: se sobreponen padresnuestros donde no los hay y otras oraciones aprendidas de memoria. Al final, el ritual queda para tomar de él una lectura o alguna monición. Así está el patio en el mundo rural.
Creo que el ritual de Pardo cumple aquí su función de presentarnos algo simple. Como bien dices, el "problema" de las exequias no se encuentra en las parroquias de ciudad. Por eso el ritual de Pardo es idóneo: evita al párroco "el trago amargo" de tener que "comprender" ese insufrible ritual.
Por otro lado, los "casos" que nos presenta el ritual de exequias actual producen -como tú bien sabes- una gran hilaridad entre el clero. Si eso es adaptación litúrgica y/o inculturación, casi mejor que no haya nada. Para mí inculturación son ritos específicos, tradiciones locales (como la hispana a la que has hecho mención, como las arras en el sacramento del matrimonio, etc.).
Aunque al abogar por el ritual de Pardo pareciera que me voy por aspectos más "tradicionales" (un ritual romano libro), en realidad me inspiro en SC 34: "Los ritos deben resplandecer con noble sencillez; deben ser breves, claros, evitando las repeticiones inútiles, adaptados a la capacidad de los fieles y, en general, no deben tener necesidad de muchas explicaciones". Repeticiones inútiles, dicho con tus palabras: "reduplicación de contenidos".
En réplica a mis respuesta, Pedro ha elaborado otros comentarios, que transcribo:
Pedro Manuel dijo...
Amigo Adolfo, gracias por tus apreciaciones; seguimos reflexionando juntos para profundizar en la realidad tratada.
Evidentemente, que el problema del grosor del Ritual de Exequias no es el leccionario; Yo quería decir que el leccionario de un libro que compendiara todos los rituales tendrían muchas complejidades; me gustaría que me dijeras una palabra a este respecto.
Pero más importante, es que abordemos el hecho de que las lecturas estén unidas a los rituales: Te pregunto: ¿no contradice el principio de la reforma de dividir por un lado el leccionario y por otro el ritual? Un sacramentario si es puro no contiene lecturas. ¿Cuál es el principio que se impone entonces? Como tu señalas la practicidad: es más práctico tener la lecturas junto con las oraciones. Pero es aquí cuando se produce el problema en la celebración. La practicidad lleva a utilizar como único libro en la celebración el ritual, que va desde la sede (cuando existe) al ambón, luego al altar, luego al baptisterio, luego al coche de cura que se va a otro pueblo encomendado (hablamos del ámbito rural, en el urbano es lo mismo solo que acaba en la sacristía sin un paseo de varios Km). Pregunto ¿Esto es lo mejor de cara al arte de celebrar? Posiblemente no, eso sí es de practico... Otra duda: ¿Cómo se da más dignidad a la proclamación de la Palabra desde el ritual o desde el leccionario? Evidentemente desde el leccionario o el Evangeliario como ha señalado el papa en su exhortación Verbum Domini. La edición de los libros de la reforma no pretendía que el ritual se convirtiera en leccionario. Entonces si la edición de los libros litúrgicos que unen el ritual al leccionario no es facilitar la celebración ¿qué es lo que se pretende, entonces, al unir el ritual al leccionario? Pues facilitar la preparación previa: tanto del sacerdote como de los ministros. Es decir que a un bautizo no podemos llegar de cualquier manera, exige que veamos antes los textos que queremos usar, también las lecturas que deseamos proclamar y luego en la celebración las buscamos en su leccionario correspondiente. Es verdad que la practica hace que al final sepas donde están las oraciones, pero también es verdad que los apéndices de los rituales con textos alternativos son tierras vírgenes por explorar, cuando no, para muchos, platea verdaderos miedos por pensar que en estos apéndices "hinc sunt dracones". Un resumen ¿no privaría de muchos tesoros contenidos en los rituales?
Nuevamente llegamos así al otro principio conocer el ritual bien para celebrar bien. Como muy bien has dicho la cuestión es tener el ordo en la cabeza y con esto me justifico sobre el hecho de no llevar el ritual de enfermos cuando doy una comunión, puedo llevar perfectamente un misal, por ejemplo el de nuestro amigo Andrés Pardo, para no cambiar de autor, y leer de allí las oración después de la comunión del día y la lecturas del día pero el ordo llevarlo en el corazón. Te acuerdas cuando el cónsul pidió a aquellos mártires del domingo de la ciudad de Abitinia los libros litúrgicos lo que contestaron: “Los libros los llevamos en el corazón”. Con esto llegamos al otro principio que has anunciado el de que un ritual como el de exequias con tantas opciones lleva al hecho de que los curas piensen que pueden hacer lo que quieran, pues eso pasa también con el misal romano, con el ritual del matrimonio… y no por el volumen o las opciones sino por el pecado de orgullo. El problema no es de los libros sino de los corazones, con razón dijo el Concilio Vaticano II al que siempre debemos aludir (SC 22: "nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia."…
Bien sabes que los sacramentarios primitivos no contenían rubrica alguna, porque esta se transmitía en la práctica, y supongo que esta práctica por ser acto de Tradición de la Iglesia se cumplía escrupulosamente. El saltarse las normas y las oraciones de los libros litúrgicos no se deben a los libros sino a la falta de fe en la Tradición que nos vincula con el mismo Cristo. Por ejemplo no comprendo el lavabo de la misa pues me lo salto, sin saber que es un acto del mismo Jesús como hemos expuesto en otro lugar de este blog.
En cuanto a la hilaridad del libro de Exequias no solo se debe a sus formularios: "En el caso de un difunto muy joven que se puso delante del toro en la celebración de los encierros de las fiestas patronales de San Tarsicio", sino también a sus expresiones: el cadáver sin vida, los despojos (no del pollo sino del difunto), el carro mortuorio, etc pero es un problema de las moniciones no de las oraciones. Estas moniciones se pueden hacer con estas o semejantes palabras; es triste ver como muchos sacerdotes leen lo del cadaver sin vida o lo de lo que ahora son solo despojos. Pero para hacer lo de semajantes palabras bien hace falta sentarse antes y hacer la monición, nuevamente preparar la celebración. De todas formas, y creo que es un problema del Ritual de Exequias, en los libros litúrgicos no podemos hacer formularios para ocasiones tan particulares porque los rituales deben ser generales, son los sacerdotes los que conociendo siempre el ritual, el ordo y lo cambios que están reglados para hacer adapten la celebración concreta. Nuevamente preparalar antes
Gracias, espero tu respuesta.
Pedro Manuel Merino Quesada.pbro. Amigo Adolfo, gracias por tus apreciaciones; seguimos reflexionando juntos para profundizar en la realidad tratada.
Evidentemente, que el problema del grosor del Ritual de Exequias no es el leccionario; Yo quería decir que el leccionario de un libro que compendiara todos los rituales tendrían muchas complejidades; me gustaría que me dijeras una palabra a este respecto.
Pero más importante, es que abordemos el hecho de que las lecturas estén unidas a los rituales: Te pregunto: ¿no contradice el principio de la reforma de dividir por un lado el leccionario y por otro el ritual? Un sacramentario si es puro no contiene lecturas. ¿Cuál es el principio que se impone entonces? Como tu señalas la practicidad: es más práctico tener la lecturas junto con las oraciones. Pero es aquí cuando se produce el problema en la celebración. La practicidad lleva a utilizar como único libro en la celebración el ritual, que va desde la sede (cuando existe) al ambón, luego al altar, luego al baptisterio, luego al coche de cura que se va a otro pueblo encomendado (hablamos del ámbito rural, en el urbano es lo mismo solo que acaba en la sacristía sin un paseo de varios Km). Pregunto ¿Esto es lo mejor de cara al arte de celebrar? Posiblemente no, eso sí es de practico... Otra duda: ¿Cómo se da más dignidad a la proclamación de la Palabra desde el ritual o desde el leccionario? Evidentemente desde el leccionario o el Evangeliario como ha señalado el papa en su exhortación Verbum Domini. La edición de los libros de la reforma no pretendía que el ritual se convirtiera en leccionario. Entonces si la edición de los libros litúrgicos que unen el ritual al leccionario no es facilitar la celebración ¿qué es lo que se pretende, entonces, al unir el ritual al leccionario? Pues facilitar la preparación previa: tanto del sacerdote como de los ministros. Es decir que a un bautizo no podemos llegar de cualquier manera, exige que veamos antes los textos que queremos usar, también las lecturas que deseamos proclamar y luego en la celebración las buscamos en su leccionario correspondiente. Es verdad que la practica hace que al final sepas donde están las oraciones, pero también es verdad que los apéndices de los rituales con textos alternativos son tierras vírgenes por explorar, cuando no, para muchos, platea verdaderos miedos por pensar que en estos apéndices "hinc sunt dracones". Un resumen ¿no privaría de muchos tesoros contenidos en los rituales?
Nuevamente llegamos así al otro principio conocer el ritual bien para celebrar bien. Como muy bien has dicho la cuestión es tener el ordo en la cabeza y con esto me justifico sobre el hecho de no llevar el ritual de enfermos cuando doy una comunión, puedo llevar perfectamente un misal, por ejemplo el de nuestro amigo Andrés Pardo, para no cambiar de autor, y leer de allí las oración después de la comunión del día y la lecturas del día pero el ordo llevarlo en el corazón. Te acuerdas cuando el cónsul pidió a aquellos mártires del domingo de la ciudad de Abitinia los libros litúrgicos lo que contestaron: “Los libros los llevamos en el corazón”. Con esto llegamos al otro principio que has anunciado el de que un ritual como el de exequias con tantas opciones lleva al hecho de que los curas piensen que pueden hacer lo que quieran, pues eso pasa también con el misal romano, con el ritual del matrimonio… y no por el volumen o las opciones sino por el pecado de orgullo. El problema no es de los libros sino de los corazones, con razón dijo el Concilio Vaticano II al que siempre debemos aludir (SC 22: "nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia."…
Bien sabes que los sacramentarios primitivos no contenían rubrica alguna, porque esta se transmitía en la práctica, y supongo que esta práctica por ser acto de Tradición de la Iglesia se cumplía escrupulosamente. El saltarse las normas y las oraciones de los libros litúrgicos no se deben a los libros sino a la falta de fe en la Tradición que nos vincula con el mismo Cristo. Por ejemplo no comprendo el lavabo de la misa pues me lo salto, sin saber que es un acto del mismo Jesús como hemos expuesto en otro lugar de este blog.
En cuanto a la hilaridad del libro de Exequias no solo se debe a sus formularios: "En el caso de un difunto muy joven que se puso delante del toro en la celebración de los encierros de las fiestas patronales de San Tarsicio", sino también a sus expresiones: el cadáver sin vida, los despojos (no del pollo sino del difunto), el carro mortuorio, etc pero es un problema de las moniciones no de las oraciones. Estas moniciones se pueden hacer con estas o semejantes palabras; es triste ver como muchos sacerdotes leen lo del cadaver sin vida o lo de lo que ahora son solo despojos. Pero para hacer lo de semajantes palabras bien hace falta sentarse antes y hacer la monición, nuevamente preparar la celebración. De todas formas, y creo que es un problema del Ritual de Exequias, en los libros litúrgicos no podemos hacer formularios para ocasiones tan particulares porque los rituales deben ser generales, son los sacerdotes los que conociendo siempre el ritual, el ordo y lo cambios que están reglados para hacer adapten la celebración concreta. Nuevamente preparalar antes
Gracias, espero tu respuesta.
En respuesta a estas cuestiones, que creo que van más allá del ritual de exequias pero sin perder vinculación con las mismas, respondo:
¿Qué decir de que las lecturas se encuentren en los rituales? Como tú bien sabes, existe un volumen del leccionario dedicado a las misas rituales. Pero eso es cuando esos ritos se celebran con la misa. Aprovecho para sólo enunciar algo de lo que hablaré un día de estos: ¿es conveniente que todos esos ritos se celebren habitualmente -o incluso ocasionalmente- en la misa? Cierro paréntesis. La presencia de esas lecturas en los rituales evidencian, además del carácter práctico, que se desconoce cuál puede ser el espacio litúrgico -si lo hubiere- para celebrar esos ritos. Exequias en el cementerio: ¿en una capilla? ¡Qué va! Exequias en la casa del difunto: pues ya te puedes imaginar... Exequias en la iglesia: celebradas sin misa, dispones sin embargo del "aula eucarística". Pero es que sinceramente creo que a las lecturas de los sacramentales e incluso de los sacramentos de esos rituales no se les dio la importancia que tenían. Como ya dije en mi libro sobre los sacramentales, las lecturas de esos rituales no estan dispuestas de forma relacionada como las encontramos en el misal. Se ofrecen una serie de lecturas, salmos, lecturas neotestamentarias y evangelios como quien muestra en un catálogo una serie de productos.
En el curso "Los Salmos en la Tradición Celebrativa" de Félix Arocena, los alumnos descubrirán esa vinculación existente entre primera lectura y salmo, por citar un caso conocido. También en los dos volúmenes de ese profesor de "Psalterium liturgicum" se hace evidente esto. Si no hubo un trabajo "interno" con las lecturas, ¿crees que se pusieron a pensar en su lugar de proclamación? Por otro lado, he aquí el problema del trabajo en coetus: las aportaciones de un grupo sobre un rito concreto pueden no tener valor para los miembros de otro coetus, aunque con el paso del tiempo se les considere como "principios de reforma". De esta manera, estoy convencido de que el principio de un libro para las lecturas separado del misal en ámbito eucarístico se consideró por otros precisamente como eso, pensando en el "ritual romano" desde las categorías existentes en el momento.
Ayer terminé de leer la tesina de Antonio Doñoro sobre el anterior rito de exorcismos. Sus conclusiones sobre la supuesta superioridad de ese rito se fundamentan en la eucología, porque la verdad el tema de la Sagrada Escritura en ese rito -pienso en los salmos- es caótico. Así que no es aventurado pensar que ese "principio" influyó en que en los rituales actuales se hayan metido lecturas con poca relación entre sí y a veces con poca relación con el rito al que acompañan. Sin duda, "hinc sunt dracones", pero no los que te esperas...
Volviendo al espacio litúrgico: ¿se exige un "bautisterio" como espacio litúrgico? ¿Qué se pretende decir con "sede penitencial"? Me dices si esta Palabra de Dios insertada en los rituales es mejor de cara al arte de celebrar. ¿Realmente crees que ese neologismo estaba en las mentes de los miembros de los coetus? A mí me parece que ars celebrandi, además de ser un neologismo, me parece un paso adelante en la renovación litúrgica que, si bien se pueden rastrear sus fundamentos en el movimiento litúrgico y en la reforma misma, nos presenta una nueva manera de comprender la liturgia.
No creo que las "puestas en escena" de exequias a día de hoy se correspondan al pecado de orgullo. En un liturgista me lo creo, pero la ignorancia litúrgica de muchos clérigos es supina. Hay, más bien, un gran desconocimiento. Por otro lado, sí que encontramos a día de hoy un gran amor por la tradición celebrativa. Pero habría que llamarla más bien imitación. Los recién ordenados, al no recibir verdaderas y plenas enseñanzas prácticas sobre liturgia, imitan lo que otros hacen, incluyendo los defectos. No hay una mirada a las fuentes. Si lo hubiera, no se presentaría el pan y el vino por encima de la cabeza en plan mostración del pan y el vino cuando se está "de espaldas", por ejemplo. Pareciera que las rúbricas corren la suerte de esas parábolas de Jesucristo que las decía para que escuchándolas la gente no las entendiera.
Tu réplica a la hilaridad que producen los títulos y contenidos del ritual de exequias me lleva a profundizar mi crítica sobre la "adaptación" de este ritual en la linea de mi anterior comentario: se tiene en mente la adaptación de los libros antiguos, que se limitaban a poner entre paréntesis una palabra alternativa en caso de que el fiel fuera mujer o una multitud, etc. No hemos evolucionado. Pensamos que la adaptación es referirnos a un público, no a una cultura o a una mentalidad. Nos movemos -citando a Pardo en sus clases de liturgia- en la verbosidad. Un problema de la pastoral litúrgica de las últimas décadas es que se ha edificado sobre, desde y hasta el mundo de las moniciones. Y casi que mejor, porque la otra opción es inventar ritos nuevos (y absurdos).
Por otro lado, tu concepto de adaptación es muy idealista. Creo que concibes los rituales como una especie de ordo al que hay que dar contenido y color, cuando seguramente en la mente de los que escribieron los prenotandos sólo esperaban algún rito local, alguna monición u oración.
Espero haber respondido a las cuestiones que manifestabas.
Adolfo

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada