La profesión religiosa. Devenir histórico desde el libro de Augé.

Hace unos meses anunciábamos la aparición del último libro escrito en italiano por el liturgista Matias Augé sobre la profesión religiosa. Sin que esto parezca un "ciclo Augé" porque D. Salvador ya ha puesto la bibliografía de este liturgista y blogger, aprovechamos la ocasión para hablar de un sacramental poco conocido y poco estudiado a la luz de este libro: "La liturgia della professione religiosa".
En su introducción, Augé constata la importancia en el actual ordenamiento canónico de los tres consejos evangélicos (pobreza, castidad y obediencia). Sin embargo, ya desde el principio nos habla de que en el s. IV el propositum virginitatis se realizaba en el ámbito de una celebración litúrgica. Esto se veía como un "pacto con Dios", mencionada por varios Padres de la Iglesia. Incluso en la España del s. IV el sustantivo "profesión" designa un documento escrito o una declaración delante de Dios.
En el contexto histórico del Pseudo-Dionisio, la profesión se realiza delante del altar, bajo la presidencia de un presbítero. Éste hace la señal de la cruz y hace la tonsura, invocando la Trinidad; despoja al profeso de todas sus vestiduras y le impone una nueva.


En el ámbito monástico pre-benedictino, Augé escribe que "En sus orígenes, la vida monástica ignoraba aquello que nosotros llamamos promesa, voto, fórmula de profesión, compromiso, etc. Los primeros monjes manifestaban la voluntad de perseverar hasta la muerte en su género de vida con el simple cambio del hábito" (p. 15). En san Pacomio no existe un acto de profesión pública, aunque se contempla este acto desde la perspectiva señalada arriba. Con san Benito, la vestición del hábito ocurre después de un período de formación. Aquí aparecen costumbres propias de la vida benedictina, como la promesa de estabilidad, la conversión de las costumbres y la obediencia. Además, el profeso firma y pone sobre el altar esta promesa escrita. El lugar de la profesión es, probablemente, el ofertorio de la misa. De este modo, la profesión benedictina se puede denominar como professio super altare. La vestición del hábito tiene sentido en esta tradición como la pérdida del derecho de propiedad (p. 23), y en el s. VII adquiere el conocido significado de "hábito bautismal".


En las órdenes mendicantes vemos una evolución: tienen un carácter clerical. El gesto característico de este rito era la unión de las manos (immixtio manuum) delante del superior, gesto simbólico proveniente del contrato feudal. En ámbito franciscano aparece por primera vez de voto (voteo et promitto Deo). En el s. XII, el abad de Odón habla de los tres consejos evangélicos.
Una tercera evolución la encontramos en la Compañía de Jesús. Influye aquí el devocionalismo eucarístico propio de la época, siendo la profesión aquí una professio super hostiam. "Con el acto de dar la comunión eucarística al profeso, el celebrante indica que lo recibe en comunión de espíritu, aceptando su profesión" (p. 30). Para Suárez, la comunión eucarística es la terminación de la profesión religiosa. Augé explica que este tipo de profesión influyó en la mayor parte de las congregaciones religiosas modernas, sobre todo las femeninas. La conclusión de Augé no se hace esperar: "Hay, sin embargo, en la historia del rito de la profesión, un proceso hacia un concepto más voluntarista y legal de la profesión misma, que contrasta con la concepción exquisitamente mistérica de la tradición oriental. En este proceso, la professio super hostiam, expresión de una piedad fuertemente individualista, representa un punto de llegada" (p. 31).
Valgan estas pinceladas sobre la historia del rito de la profesión religiosa para hacernos una idea de las concepciones reinantes a la hora de celebrar y comprender este sacramental.

Adolfo Ivorra