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| El "Ritual de Pardo" |
Como en el post anterior, volvemos a aplicar conceptos seculares al universo litúrgico para comprender mejor lo que se "cuece". El principio KISS, que nada tiene que ver con la popular emisora de radio FM, se podría decir que es el principio general que se busca en el mundo tecnológico. Ponemos entre [] la última 'S' porque nos parece que está de más, pero en inglés significa: Keep It Simple, Stupid. No obstante, hay una versión más amable que reza así: Keep It Short and Simple. Esta última es un poco peligrosa para la liturgia. Sin embargo, el sentido general creo que está claro.
Por desgracia, en los libros litúrgicos a veces nos encontramos con otro principio: por qué hacerlo fácil si se puede hacer difícil. Al principio KISS obedece el ritual de la unción y pastoral de enfermos en lengua española: pequeño en tamaño, sensato en su contenido: no sólo la unción sino también el viático, etc. Pero la última versión del ritual de exequias -y aquí no decimos nada nuevo- obedece al segundo principio. Como todo en este Blog, aquí no se critican las cosas porque sí, sino que intentamos mirar hacia atrás, hacia la historia de la liturgia.
Existen dos tesis, a veces complementarias (según se mire), acerca de por qué los libros litúrgicos se compilaron en "rituales", "breviarios" y "misales". Por si alguno no lo sabe, para rezar el Oficio Divino en comunidad hacían falta varios libros, lo mismo que en la Misa. A día de hoy también es así: leccionarios, misales (o 'sacramentarios', como los llaman en el mundo anglosajón con una clara intencionalidad histórica), libros "libres" de la oración de los fieles e incluso libros de la sede (que ya van pareciendo misales...). En el Oficio Divino esto no es así, a menos que se haga en latín y se conozca el Graduale, etc. Volviendo a las dos tesis, una -que se limita a la eucaristía- dice que se unificaron por el nacimiento y proliferación de las llamadas "misas privadas". Otra, más lógica, sitúa su inicio en la labor misionera de los frailes medievales, que tenían que recorrer grandes distancias y no podían cargar sobre sí con toda una biblioteca. Hablamos de los franciscanos, principalmente.
Quedándonos con la segunda tesis, recordamos que bajo el epígrafe de "Ritual Romano" se editan a día de hoy varios libros de la liturgia romana. Sin embargo, propiamente hoy no existe ese libro como tal. Sí existía antes de la reforma litúrgica del concilio Vaticano II. Entonces, todos los sacramentos e incluso los sacramentales estaban contenidos en ese libro. Como es sabido, en la última reforma litúrgica había un cierto espíritu romántico y una pueril idea de que lo antiguo, por el simple hecho de serlo, siempre era mejor. Así que la diversidad de libros entró en escena. Esto que en el caso de la celebración eucarística tiene su sentido, en otros casos no. Sin embargo, incluso en ese caso, a día de hoy existen subsidios al respecto: en Roma todavía se encuentran esos "mini-misales" en latín para presbíteros itinerantes. En otros ritos litúrgicos, ya sean sacramentos o sacramentales puede que esto no sea necesario. El que bautiza, con el solo ritual está servido. Pero no se trata aquí de ponderar las bondades o maldades de un ritual romano "físico".
El caso es que el ritual de exequias no es KISS. Requiere sentarse una tarde para poder comprenderlo y ver su "infinidad infinita" de formularios. ¿Cómo no traer aquí otros grandes ejemplos de la historia de la liturgia? Pensemos en el Pontifical de Guillermo Durando de Mende, que excluyó algunos ritos que los obispos no solían realizar -incluso a día de hoy siguen sin hacerlo-. Pues salvando las distancias entre el obispo de Mende y el prelado de honor que ahora citamos, desde hace años encontramos en el mercado el "Ritual de los sacramentos" de Andrés Pardo. En él las exequias son KISS. Simples y comprensibles. Y de paso, es hasta más barato que el ritual de exequias (cuesta casi la mitad). Parafraseando al autor cuando hablaba de otra publicación suya: es como tener cincuenta libros en uno. Sin ánimo de que esto parezca una "prez" de la Oración de los fieles (1), "pidamos" para que no tarde en reeditarse de forma KISS el ritual de exequias. Sé que hay un proyecto al respecto. Sólo pido que sea simple. Por el actual es más grande que el Ceremonial de los Obispos. Nunca enterrar a un cristiano fue tan complicado. Y de la ausencia de rúbricas in situ mejor ni hablamos.
Adolfo Ivorra
(1) Dentro de la catalogación de Javier Sánchez, sería una de las preces "condenatorias"...

8 comentarios:
Querido amigo Adolfo. Molas un montón y con todo cariño me gustaría polemizar contigo para que tengamos un pequeño dialogo en la red como lo hacemos en privado:
Estoy de acuerdo con la necesidad de "resumir" el ritual de exequias, pero no con el fondo de muchas de las cosas que has tratado, porque el planteamiento ha sido demasiado KIS[S] (quita la última "s").
1. Por un lado, la abreviación de los libros litúrgicos no se debió principalmente a las misas privadas (o oficios privados; v. gr. los libros de las horas de los nobles), ni al apostolado de las órdenes medicantes, sino también a un problema económico: Demasiados libros para la celebración. El comprar los libros resultaba demasiado caro para una parroquia rural o un monasterio mediano. Todavía hoy asistimos, en el ámbito de las parroquias rurales, a leccionarios y misales de la primerísima edición de los libros litúrgicos para el uso ordinario, porque para una economía parroquial ínfima se hace imposible comprar los libros. Ya sé, me dirás, que es dejadez del sacerdote, y también lo es, pero no solo. En definitiva tanto en el pasado como en el presente cuando hablamos de libros litúrgicos hablamos de problemas crematísticos y de cuestiones editoriales, (de eso no se habla en la ciencia liturgia que busca la espiritualidad). Abrir el libro con los textos litúrgicos en una celebración es un proceso largo, que en la antigüedad comenzaba con la compra de un cordero y en la actualidad con un tema de imprenta, de PDF, de calidades; en definitiva, tanto antes como ahora, de dineros.
La reforma litúrgica no buscó la diversidad de libros por una pueril idea de que lo antiguo, por el simple hecho de serlo, siempre era mejor, sino por la naturaleza de los libros. Te lo recuerdo porque lo sabes: Los libros no eran para todos, solo eran para aquellos que iban a desempeñar su ministerio, es decir, que el salmista tenía el salterio y solo ese, y el lector el leccionario y solo ese. En una liturgia clerical con un libro basta, pero en una ministerial no. La edición está al servicio de la participación activa de los fieles y de la estructura ministerial de la celebración.
Por otro lado, la necesidad de resumen no es actual. Te recuerdo que los libros litúrgicos que mencionas por ejemplo el rituale tenían unas ediciones simples para los sacerdotes con cura de alma: Los llamados sacerdotales o los manuales, es decir, que el rituale tan completito resultaba ser un ladrillo para la celebración, tal y como ocurre con el actual libro de exequias de la CEE en castellano. Un libro simple con todo no sé si es tan bueno: ¿Te imaginas en los tiempos que corren hoy en día con la simplicidad de la informática, que un cura para hacer un bautismo tenga en el mismo libro el del matrimonio, el de las exequias, el ordo de los enfermos y el de los exorcismos? La importancia dada en la actual iglesia a la palabra de Dios obligaría a un leccionario impracticable al final. Recuerda que la palabra de Dios en la celebración de los sacramentos en otras épocas era más bien escasita
2. El otro horizonte (que es el del ritual de exequias) nos viene dado desde los principios de la reforma litúrgica: hacer rituales marcos para que se adapten fácilmente a las costumbres y mentalidades de los pueblos. En las exequias este principio era necesario. Muchas veces hemos hablado de que los rituales de la reforma actual son poco explícitos, les falta, por ejemplo rúbrica, o son demasiados sobrios. La riqueza particular, no la contienen porque se ha dejado para las traducciones en cada lugar. El Ritual de exequias en castellano, fue un buen ejemplo para enriquecer el latino, para la creatividad y la adaptación y incluso, modestamente creo que se quedo corto; no incluyó la bendición de la sal propia de la liturgia hispana a la que tanto queremos tu y yo y este blog y la página web. El problema del ritual de exequias no es que sea gordo o falco sino la distribución del material y la reduplicación de contenidos.
Por otro lado, ¿qué problema hay para que los curas (tan atareados) se sienten no una tarde sino meses enteros a leer, meditar, consultar, aprender de memoria el tesoro de la espiritualidad de la iglesia contenida en los libros litúrgicos? Es mejor romper el libro de exequias de tanto estudiarlo y meditarlo, para hacer una celebración como Dios manda, que volver a encuadernar con pastas duras, aquel otro, nada litúrgico ni teológico, que se titulaba “el gritos y plegarias” que tenía más gritos que plegarias. Muchos curas no saben utilizar el ritual de exequias, no por su complejidad sino porque no tienen necesidad de hacer un entierro en su vida porque en las ciudades la exequia casi ha desaparecido y cuando lo tiene que hacer se pierden en un libro gordo mal distribuído, perdidos porque no lo conocen: un buen explorador no se pierde en un bosque pequeño ni en el Amazonas sencillamente porque se lo ha preparado antes, a investigado y memorizado mapas, tiene brújulas y el Global Positioning System que es lo que falta en la iglesia. Muchos sacerdotes no saben nada del ritual de enfermos mencionado porque no hacen unciones, y si les hablas de qué es el viatico te dicen: ¿mande?. Encuesta para la página: ¿Dónde está la celebración del viatico?; es decir ¿En qué libro?, Pues en uno que tu has defendido como modelo por su tamaño y contenido, tamaño, para perderlo en la biblioteca y contenido para no conocerlo, porque no lo utilizo y cuando lo hago me quedo en las primeras páginas. No seas ingenuo ni yo cuando doy la comunión a los enfermos me llevo el ritual… El problema no está en el libro sino en los corazones, la reforma, lo ha dicho el papa Benedicto, no era una reforma de libros sino de corazones, aquí está el problema. En definitiva, un libro litúrgico, simple o mixto, gordo o fino, uno o muchos, es útil para celebrar cuando el cura lo conoce y lo asimila, cuando el ministro laico lo utiliza y lo medita, cuando la comunidad cristiana reconoce en el su fe.
Tu amigo Pedro Manuel Merino.
Jaja. Querido Pedro, te echaba de menos por aquí. Cada vez que nuestro administrador adjunto de www.lexorandi.es escribe en el Blog (pocas, pero muy sustanciosas), las visitas suben un montón.
He tocado un tema que a Pedro le toca de lleno. Es uno de sus temas favoritos. Y voy yo y no le consulto.
Pues vamos a responder (como podamos):
1. Efectivamente, también está la cuesstión económica. El ejemplo que poner de las parroquias rurales lo estoy palpando: he tenido que comprar misales nuevos (la mayoría sólo tenían 4 de las 13 plegarias eucarísticas). Y en mi caso sí que es dejadez del(os) sacerdote(s).
Ciertamente, la naturaleza de los libros litúrgicos es ministerial. De hecho, el nacimiento de los pontificales consistió precisamente en una operación quirúrgica: copiar y pegar rúbricas de ordines y eucología de sacramentarios presbiterales. Pero todo eso nos lleva a la practicidad, que es el objeto del principio Kis[s].
Con respecto a las lecturas: ellas no son la razón del enorme volumen del actual ritual de exequias. Voy con el núm. 2...
2. Totalmente de acuerdo: "El problema del ritual de exequias no es que sea gordo o falco sino la distribución del material y la reduplicación de contenidos".
Me ha gustado lo de "y el Global Positioning System que es lo que falta en la iglesia". Pero, como sabes, te hablo desde el mundo rural, donde sí que hay exequias y donde te puedes perder en el ritual como no tengas el "ordo" en la cabeza.
"ni yo cuando doy la comunión a los enfermos me llevo el ritual…". ¡Dios, qué mal ejemplo! Pues cuando era acólito y tuve que llevar la comunión a los enfermos, siempre me he llevado el ritual. Creo que el hecho de tú lo lleves y la gente lo vea, nos recuerda -tanto al que celebra como al resto de la asamblea-, que no se trata de "magia" y de un insano clericalismo, sino de que obedecemos no sólo a un "ordo" sino a unos contenidos fijados por la Iglesia.
Mi insatisfacción con este ritual es precisamente su disperso contenido: da la impresión de que "todo vale", que no hay un rito o una eucología concreta, y de que en el fondo sólo bastaría con "rezar" por el difunto. De ahí que en el mundo rural ese ritual brille por su ausencia: se sobreponen padresnuestros donde no los hay y otras oraciones aprendidas de memoria. Al final, el ritual queda para tomar de él una lectura o alguna monición. Así está el patio en el mundo rural.
Creo que el ritual de Pardo cumple aquí su función de presentarnos algo simple. Como bien dices, el "problema" de las exequias no se encuentra en las parroquias de ciudad. Por eso el ritual de Pardo es idóneo: evita al párroco "el trago amargo" de tener que "comprender" ese insufrible ritual.
Por otro lado, los "casos" que nos presenta el ritual de exequias actual producen -como tú bien sabes- una gran hilaridad entre el clero. Si eso es adaptación litúrgica y/o inculturación, casi mejor que no haya nada. Para mí inculturación son ritos específicos, tradiciones locales (como la hispana a la que has hecho mención, como las arras en el sacramento del matrimonio, etc.).
Aunque al abogar por el ritual de Pardo pareciera que me voy por aspectos más "tradicionales" (un ritual romano libro), en realidad me inspiro en SC 34: "Los ritos deben resplandecer con noble sencillez; deben ser breves, claros, evitando las repeticiones inútiles, adaptados a la capacidad de los fieles y, en general, no deben tener necesidad de muchas explicaciones". Repeticiones inútiles, dicho con tus palabras: "reduplicación de contenidos".
Espero que no nos matemos en las jornadas de la AEPL de noviembre...
Tu amigo Adolfo Ivorra.
Perdón, las jornadas son en agosto-septiembre...
Amigo Adolfo, gracias por tus apreciaciones; seguimos reflexionando juntos para profundizar en la realidad tratada.
Evidentemente, que el problema del grosor del Ritual de Exequias no es el leccionario; Yo quería decir que el leccionario de un libro que compendiara todos los rituales tendrían muchas complejidades; me gustaría que me dijeras una palabra a este respecto.
Pero más importante, es que abordemos el hecho de que las lecturas estén unidas a los rituales: Te pregunto: ¿no contradice el principio de la reforma de dividir por un lado el leccionario y por otro el ritual? Un sacramentario si es puro no contiene lecturas. ¿Cuál es el principio que se impone entonces? Como tu señalas la practicidad: es más práctico tener la lecturas junto con las oraciones. Pero es aquí cuando se produce el problema en la celebración. La practicidad lleva a utilizar como único libro en la celebración el ritual, que va desde la sede (cuando existe) al ambón, luego al altar, luego al baptisterio, luego al coche de cura que se va a otro pueblo encomendado (hablamos del ámbito rural, en el urbano es lo mismo solo que acaba en la sacristía sin un paseo de varios Km). Pregunto ¿Esto es lo mejor de cara al arte de celebrar? Posiblemente no, eso sí es de practico... Otra duda: ¿Cómo se da más dignidad a la proclamación de la Palabra desde el ritual o desde el leccionario? Evidentemente desde el leccionario o el Evangeliario como ha señalado el papa en su exhortación Verbum Domini. La edición de los libros de la reforma no pretendía que el ritual se convirtiera en leccionario. Entonces si la edición de los libros litúrgicos que unen el ritual al leccionario no es facilitar la celebración ¿qué es lo que se pretende, entonces, al unir el ritual al leccionario? Pues facilitar la preparación previa: tanto del sacerdote como de los ministros. Es decir que a un bautizo no podemos llegar de cualquier manera, exige que veamos antes los textos que queremos usar, también las lecturas que deseamos proclamar y luego en la celebración las buscamos en su leccionario correspondiente. Es verdad que la practica hace que al final sepas donde están las oraciones, pero también es verdad que los apéndices de los rituales con textos alternativos son tierras vírgenes por explorar, cuando no, para muchos, platea verdaderos miedos por pensar que en estos apéndices "hinc sunt dracones". Un resumen ¿no privaría de muchos tesoros contenidos en los rituales?
Nuevamente llegamos así al otro principio conocer el ritual bien para celebrar bien. Como muy bien has dicho la cuestión es tener el ordo en la cabeza y con esto me justifico sobre el hecho de no llevar el ritual de enfermos cuando doy una comunión, puedo llevar perfectamente un misal, por ejemplo el de nuestro amigo Andrés Pardo, para no cambiar de autor, y leer de allí las oración después de la comunión del día y la lecturas del día pero el ordo llevarlo en el corazón. Te acuerdas cuando el cónsul pidió a aquellos mártires del domingo de la ciudad de Abitinia los libros litúrgicos lo que contestaron: “Los libros los llevamos en el corazón”. Con esto llegamos al otro principio que has anunciado el de que un ritual como el de exequias con tantas opciones lleva al hecho de que los curas piensen que pueden hacer lo que quieran, pues eso pasa también con el misal romano, con el ritual del matrimonio… y no por el volumen o las opciones sino por el pecado de orgullo. El problema no es de los libros sino de los corazones, con razón dijo el Concilio Vaticano II al que siempre debemos aludir (SC 22: "nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia."…
Bien sabes que los sacramentarios primitivos no contenían rubrica alguna, porque esta se transmitía en la práctica, y supongo que esta práctica por ser acto de Tradición de la Iglesia se cumplía escrupulosamente. El saltarse las normas y las oraciones de los libros litúrgicos no se deben a los libros sino a la falta de fe en la Tradición que nos vincula con el mismo Cristo. Por ejemplo no comprendo el lavabo de la misa pues me lo salto, sin saber que es un acto del mismo Jesús como hemos expuesto en otro lugar de este blog.
En cuanto a la hilaridad del libro de Exequias no solo se debe a sus formularios: "En el caso de un difunto muy joven que se puso delante del toro en la celebración de los encierros de las fiestas patronales de San Tarsicio", sino también a sus expresiones: el cadáver sin vida, los despojos (no del pollo sino del difunto), el carro mortuorio, etc pero es un problema de las moniciones no de las oraciones. Estas moniciones se pueden hacer con estas o semejantes palabras; es triste ver como muchos sacerdotes leen lo del cadaver sin vida o lo de lo que ahora son solo despojos. Pero para hacer lo de semajantes palabras bien hace falta sentarse antes y hacer la monición, nuevamente preparar la celebración. De todas formas, y creo que es un problema del Ritual de Exequias, en los libros litúrgicos no podemos hacer formularios para ocasiones tan particulares porque los rituales deben ser generales, son los sacerdotes los que conociendo siempre el ritual, el ordo y lo cambios que están reglados para hacer adapten la celebración concreta. Nuevamente preparalar antes
Gracias, espero tu respuesta.
Pedro Manuel Merino Quesada.pbro.
Te contesto en:
http://lexorandies.blogspot.com/2011/08/vueltas-con-las-exequias.html
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