martes, 21 de junio de 2011

Tentaciones litúrgicas.




Los teólogos dogmáticos, o por lo menos los que se conciben como católicos, son esos grandes defensores del dogma, con cánones de concilios memorizados, santo Tomás leído, etc. Pero cuando leen esos autores modernos, a veces tan sugerentes, acaban por ser muy modernos ellos. No dejan de ser católicos -en el sentido doctrinal de la palabra-, pero hablan con un lenguaje nuevo, quizás más claro o con una profundidad mayor. Lo mismo se puede decir de los moralistas.

En el campo de la liturgia, seas liturgista o no, también hay tentaciones litúrgicas. No digo "inventarte una liturgia". Eso no es una tentación, eso ya es un pecado. Me refiero a otra cosa. Si un dogmático o un moralista utiliza términos griegos, planteamientos orientales, etc., a veces puede quedar como un pionero o como alguien que ve las cosas de otro modo. Pero la liturgia es otra cosa. Nadie se levanta un día por la mañana y con total libertad decide celebrar en rito bizantino... o eso parece. Aunque se trate de diversas formas de expresión de la lex orandi -y por tanto, de la lex credendi eclesial-, los ritos litúrgicos tienen un componente cultural y espiritual que no los hacen "accesibles" a todos.
Pero ¿qué pasa con el que conoce varios ritos litúrgicos? Supongamos que sabes italiano o inglés y te encuentras en esa biblioteca donde investigas un horologion bizantino. Lo abres y te deslumbra. No es como tu Liturgia de las Horas, esa versión cartesiana y ampliamente agustiniana de la oración eclesial, también ampliamente "monástica". En este horologion te encuentras poesía, alegoría, una espiritualidad profunda que no es la tuya... ¿qué haces? El sujeto en cuestión -seas tú o un personaje hipotético-, inocentemente, retira el libro o lo pide prestado. En casa, inocentemente, después de consultar algunas rúbricas, reza una hora menor. En una fiesta cercana, reza vísperas. Si la fiesta existe también en el calendario romano, hace las respectivas y odiosas comparaciones. Y la tentación se hace determinación. Al final, nuestro amigo va y se compra el horologion. Y su reformadísmo Oficio Divino romano, empieza a dormir el sueño de los justos, hasta que un verano caluroso o en un día aburrido, nuestro presbítero volverá a él para cumplir su obligación -cual débito conyugal- pero, pasado ese día apático, volverá a su nueva novia -que ya no llama "suegra"- como si nada. ¿Es un presbítero romano? Sí, sólo que cuando nadie le ve es bizantino. Dicho en términos postmodernos: en la "intimidad" es bizantino.
El ejemplo de nuestro presbítero es perfectamente aplicable a un laico y a otro rito. Por ejemplo, ¿quién se resiste a rezar esas breves vísperas del Breviarium Gothicum en adviento? Aquí cambiamos al presbítero que sabe inglés o italiano -o griego, si es el caso-, por el más "típico" que sabe latín. Pongamos que es amante de la liturgia, para hacer nuestro ejemplo más "pervertido". Resulta que el buen hombre se ha comprado varios libros de esa colección tan formativa de la Editrice Vaticana llamada "Monumenta Liturgica Piana". Son libros "de estudio". ¿Pero nadie se ha preguntado por qué vienen a dos colores -o más-, con todas las ilustraciones, letras unciales, etc.? Bueno, será que tiene que ser así. Los guarda en su biblioteca. Entre ellos está, mira qué casualidad, el misal de 1962, editado por esa casa editorial en 2007. El día menos pensado, este amante de la liturgia, como es un espíritu libre, abierto a todo, se encuentra navegando por la web de esa conocida casa de artículos litúrgicos de Bélgica y ve un artículo con un nombre un poco confuso: "punta de misal".


Nuestro inocente presbítero se pregunta: ¿para qué, si los misales ya tienen sus cintas? ¿Será para los que se les han roto? Mira al frente y ve su colección "Piana". Se fija mejor y ve su misal de 1962 "de estudio"... ¿El resto? Pues que pone cintas a su misal "de estudio", se ve unos cuantos vídeos sobre la misa "tradicional", y como nadie le ve, celebra su primera misa "tradicional". Se da cuenta de que no lo ha hecho bien. Lo intenta otro día... y otro, y otro. En la intimidad se convierte en un "tradi", pero para los amigos el hombre es un "conciliar" incuestionable.
Este ejemplo se puede aplicar a otros casos. Por ejemplo, al que se compra ese económico subsidio -comparado con los misales de altar- que son las Concordancias del Misal Hispano Mozárabe, y con las mismas cintas -y como nadie le ve- celebra su primera misa "privada" en rito hispano. Si sabe latín -si no, no lo haría- empezará a decir: "¡pero qué riqueza espiritual! ¡Esto no se parece en nada a mis breves y más que  predecibles oraciones del misal romano!". Para los amigos él es romano... romanísimo. Pero empieza a seguir este blog de forma adictiva... Varias veces al mes visita "La Ermita" a ver si ese amable laico ha colgado otra traducción... ¿¡te imaginas?! Tiene los tres calendarios hispanos que han salido, y ya se ha descargado la versión en PDF del Breviarium Gothicum. Esta deseando que el obispo le cambie a una parroquia de origen visigótico para pedir una celebración "extraordinaria" del rito hispano. Que cada año sería más "ordinaria". Si mañana la liturgia hispana se erigiera como rito sui iuris, ya estaba enviando la solicitud de cambio de rito...


Los ritos litúrgicos están muy vinculados a una geografía, cultura, etc., pero quién se resiste!!!

6 comentarios:

  1. Estimado P. Adolfo: está usted últimamente "sembrao". Esta entrada y la de "al coro no le interesa tu opinión" me han parecido magistrales...
    Muchas gracias.

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  2. Es verdad, últimamente está muy, pero que muy sembrado!!!

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  3. Jaja. Bueno, por un lado está el hecho de que un Blog se hace para comentar de forma normalmente informal uno o varios temas. Por el otro, la liturgia es algo muy serio. Así que a veces escribo pensando en lo que digo -casi siempre, aunque no lo parezca- y otras pensando en que escribo en un blog.
    En cualquier caso, habrá más entradas como esta...

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  4. Me ha gustado la entrada, pero me gustaría puntualizar que no se pueden mezclar churras con merinas.
    Una cosa es celebrar un rito distinto del que te es propio y otra celebrar otra forma (la Extraordinaria) de tu mismo rito, el Romano.
    Eso (el hecho de que el misal de Pablo VI y el de 1962 son dos formas de un único rito) está claramente expuesto en el motu proprio Summorum Pontificum y en la instrucción Universae Ecclesiae.

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  5. Ya, lo sé. Pero esta entrada es más humor que liturgia. Son las limitaciones del "humor litúrgico"...

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