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Domingo II de Pascua o "de la Divina Misericordia" - Estación en San Pancrancio.



En los tiempos más antiguos de su institución, el gran periodo bautismal terminaba donde había comenzado, es decir, en la Catedral de San Juan de Letrán: en la Estación vigiliar que hay entre el Sábado y el Domingo de la Octava de Pascua, los neo-bautizados deponían sus cándidas vestiduras: "in albis deponendis".





El Domingo, al igual que en Pascua, no tenía "estación", es decir, Misa Pontifical. Pero más que la deposición de las vestiduras cándidas, que en realidad no duró mucho tiempo ya que fue suprimida cuando sólo se bautizaban los niños, era la renovación de las promesas bautismales, lo que se hacía en San Pancracio, ya considerado "defensor" de los juramentos y de las promesas.





Esta iglesia está colocada en el Gianicolo y está dedicada al invicto mártir Pancracio; aquí termina el ciclo de las estaciones romanas celebrado con renovado esplendor de ritos y con una concurrencia ininterrumpida de fieles.








Aquí participa hoy en la solemne ceremonia la Pontificia Academia Cultorum Martyrum que se une a varios colegios eclesiásticos de la Urbe y diversas asociaciones juveniles de Acción Católica en la última procesión estacional en la cual, en lugar de las invocaciones penitenciales, resuena festivamente el Alleluia cristiano para significar la fiesta del Señor.








La cerimonia de hoy es ya recordada en los tiempos de San Gregorio de Tours, que cuenta cómo los ciudadanos de Roma podían acceder a la tumba del Mártir Pancracio aquí en su basílica en el Gianicolo.








(Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)