Audiencia del Santo Padre Benedicto XVI a los Participantes del Congreso organizado por el Pontificio Instituto Litúrgico "San Anselmo (50º)


El Santo Padre Benedicto XVI ha recibido en Audiencia, el día 6 de Mayo a las 11 de la Mañana, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, a los Participantes en el Congreso organizado por el PIL "San Anselmo" en el Quincuagésimo Aniversario de su Fundación, titulado "El Pontificio Instituto Litúrgico entre memoria y profecía".

DISCURSO DEL SANTO PADRE

Eminencia,

Reverendo Padre Abad Primado,

Reverendo Rector Magnífico,

Ilustres Profesores,

Queridos Estudiantes,

Os acojo con alegría en ocasión del IX Congreso Internacional de Liturgia que celebráis con motivo del quincuagésimo aniversario de la fundación del Pontificio Instituto Litúrgico. Saludo cordialmente a cada uno de vosotros, en particular al Gran Canciller, el Abad Primado dom Notker Wolf, y le agradezco las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos vosotros.

El Beato Juan XXIII, acogiendo las instancias del movimiento litúrgico que intentaba dar un nuevo impulso y nuevo respiro a la oración de la Iglesia, poco antes del Concilio Vaticano II y en el curso de su celebración quiso que la Facultad de los Benedectinos en el Aventino constituyese un centro de estudios y de búsqueda para asegurar una sólida base a la reforma litúrgica conciliar. En las vísperas del Concilio, de hecho, aparecía, en el campo litúrgico, más viva la urgencia de una reforma, postulada también por las peticiones de numerosos obispos. Por otra parte, la fuerte exigencia pastoral que animaba al movimiento litúrgico requería que fuese favorecida y suscitada una participación más activa de los fieles en las celebraciones litúrgicas a través del uso de las lenguas nacionales y que se profundizase en el tema de la adaptación de los ritos en las diversas culturas, especialmente en tierras de misión. Además, se revelaba claro desde el inicio la necesidad de estudiar de modo más profundo el fundamento teológico de la Liturgia, para evitar caer en el ritualismo o favorecer el subjetivismo, el protagonismo del celebrante, y para que estuviese bien justificada en el ámbito de la Revelación y en continuidad con la Tradición de la Iglesia. El Papa Juan XXIII, animado por su sabiduría y por el espíritu profético, para acoger y responder a tales exigencias creó el Instituto Litúrgico, al cual quiso rápidamente atribuir el apelativo de "Pontificio" para indicar el peculiar nexo con la Sede Apostólica.

Queridos amigos, el título elegido para el Congreso de este Año Jubilar es un poco significativo: "El Pontificio Instituto Litúrgico entre memoria y profecía". Por cuanto concierne a la memoria, debemos constatar los abundantes frutos suscitados por el Espíritu Santo en medio siglo de historia, y por esto damos gracias al Dador de todo bien, a pesar también de los malentendidos y los errores en la realización concreta de la reforma. Cómo no recordar a los pioneros, presentes en el acto de la fundación de la Facultad: dom Cipriano Vagaggini, dom Adrien Nocent, dom Salvatore Marsili e dom Burkhard Neunheuser, que, acogiendo las instancias del Pontífice fundador, se comprometieron, especialmente tras la promulgación de la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, a profundizar en "el ejercicio de la misión sacerdotal de Jesucristo, mediante la cual con signos visibles viene significada y, en el modo propio de cada uno, realizada la santificación del hombre, y es ejercitado por el Cuerpo Místico de Jesucristo, es decir, por la Cabeza y por sus miembros, el culto público integral" (n. 7).

Pertenece a la "memoria" la vida misma del Pontificio Instituto Litúrgico, que ha ofrecido su contribución a la Iglesia comprometida en la recepción del Vaticano II, a través de una cincuentena de años de formación litúrgica académica. Formación ofrecida a la luz de la celebración de los santos misterios, de la liturgia comparada, de la Palabra de Dios, de las fuentes litúrgicas, del Magisterio, de la historia de las instancias ecuménicas y de una sólida antropología. Gracias a esta importante labor formativa, un elevado número de laureados y licenciados prestan ahora su servicio a la Iglesia en varias partes del mundo, ayudando al Pueblo santo de Dios a vivir la Liturgia como expresión de la Iglesia en oración, como presencia de Cristo en medio de los hombres y como actualidad constitutiva de la historia de la salvación. De hecho, el Documento conciliar destaca el doble carácter teológico y eclesiológico de la Liturgia. La celebración realiza contemporáneamente una epifanía del Señor y una epifanía de la Iglesia, dos dimensiones que se conjugan juntamente en la asamblea litúrgica, donde Cristo actualiza el Misterio Pascual de su muerte y resurrección y el pueblo de los bautizados se acerca más abundantemente a las fuentes de la salvación. En la acción litúrgica de la Iglesia subsiste la presencia activa de Cristo: lo que ha llevado a cabo en su paso en medio de los hombres, Él sigue haciéndolo operante a través de su personal acción sacramental, cuyo centro constitutivo es la Eucaristía.

Con el término "profecía", la mirada se abre a nuevos horizontes. La Liturgia de la Iglesia va más allá de la misma "reforma conciliar" (cfr Sacrosanctum Concilium, 1), cuyo propósito, de hecho, no era principalmente el de cambiar los ritos y los textos, sino, por el contrario, renovar la mentalidad y poner en el centro de la vida cristiana y de la pastoral la celebración del Misterio Pascual de Cristo. Por desgracia, quizás, también por nosotros Pastores y expertos, la Liturgia ha sido acogida más como un objeto a reformar que no como un sujeto capaz de renovar la vida cristiana, desde el momento en el cual "existe un nexo estrechísimo y orgánico entre la renovación de la Liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia. La Iglesia por la Liturgia señala la fuerza para la vida". Debemos recodar al Beato Juan Pablo II en la Vicesimus quintus annus, donde la liturgia es vista como el corazón pulsante de toda actividad eclesial. Y el Siervo de Dios Pablo VI, refieriéndose al culto de la Iglesia, con una expresión sintética afirmaba: "Por la lex credendi pasamos a la lex orandi, y ésta nos conduce a la lux operandi et vivendi" (Discorso nella cerimonia dell’offerta dei ceri, 2 febbraio 1970).

Culmen hacia el cual tiende la acción de la Iglesia y juntamente fuente de la cual dimana su fuerza (cfr Sacrosanctum Concilium, 10), la Liturgia con su universo celebrativo se convierte así en la gran educadora en el primado de la fe y de la gracia. La Liturgia, testigo privilegiado de la Tradición viviente de la Iglesia, fiel a su nativa tarea de revelar y hacer presente en el hodie de los eventos humanos el Opus Redemptionis, vive de una correcta y constante relación entre sana traditio y legitima progressio, lúcidamente explicitado por la Constitución conciliar en el n. 23. Con estos dos términos, los Padres conciliares han querido ofrecer su programa de reforma, en equilibrio con la gran tradición litúrgica del pasado y el futuro. No pocas veces se contrapone de modo malentendido tradición y progreso. En realidad, los dos conceptos se integran: la tradición es una realidad viva, incluye por tanto en sí misma el principio del desarrollo, del progreso. Se podría decir que el río de la tradición porta en sí también su fuente y tiende hacia su desembocadura.

Queridos amigos, confío que esta Facultad de Sagrada Liturgia continúe con renovado impulso su servicio a la Iglesia, en plena fidelidad a la rica y preciosa tradición litúrgica y a la reforma querida por el Concilio Vaticano II, según las líneas maestras de la Sacrosanctum Concilium y los pronunciamientos del Magisterio. La Liturgia cristiana es la Liturgia de la promesa cumplida en Cristo, pero es también la Liturgia de la esperanza, de la peregrinación hacia la transformación del mundo, que tendrá lugar cuando Dios sea todo en todos(cfr 1Cor 15,28). Por intercesión de la Virgen María, Madre de la Iglesia, en comunión con la Iglesia celeste y con los patronos San Benito y San Anselmo, invoco sobre cada uno de vosotros la Bendición Apostólica. Gracias.

(Traducción del original italiano hecha por Salvador Aguilera López, tomada del Bolletino della Santa Sede [00675-01.01] [Testo originale: Italiano][B0270-XX.02])