Martes de Pascua, cuando los bautizados dejan las albas.


Martes de Pascua, cuando los bautizados dejan las albas:

Profecía: Ap 2, 8-11.
Psallendum: Sal 3, 6s.
Apóstol: Hch 2, 42-47.
Evangelio: Lc 24, 13-35.

            Hoy los catecúmenos dejan sus vestiduras blancas, con las que han participado en las celebraciones litúrgicas desde la Vigilia Pascual. Como los primeros cristianos, los neófitos pueden experimentar el rechazo de los demás por la valentía de su confesión. A los primeros cristianos se dirige el que estuvo muerto y volvió a la vida, el que conoce también cómo... calumnian esos que se llaman judíos y no son más que sinagoga de Satanás. Ante las dificultades en confesar la resurrección de Cristo y vivir cristianamente, la lectura del Apocalipsis nos exhorta a la fidelidad hasta el final: Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida... El que salga vencedor no será víctima de la muerte segunda. La primera muerte, castigo propio de la desobediencia de Adán, nuestro primer padre, es para el cristiano la forma de culminar lo que ya ha acontecido en el bautismo: como Cristo, deben participar en su muerte para poder ser partícipes de su resurrección. Para los cristianos la muerte no es un obstáculo sino una puerta. Por eso la tradición litúrgica, inspirándose también en la primigenia bíblica, concibe la muerte como sueño. De ahí que en el psallendum digamos Me acuesto y me duermo, y me despierto, porque el Señor me sostiene.
            También se invita hoy a huir de la dispersión, a ser constantes en expresar nuestra fe. Los discípulos de Emaús caminaban desconsolados. Como en estos días, el encuentro con Cristo resucitado les hace caer en la cuenta de que no habían leído correctamente las Escrituras. Entonces Jesús les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?». Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. Como en la liturgia de la misa, a la exégesis verdadera de la Escritura sigue la fracción del pan. Y es en esa fracción donde nos damos cuenta de cómo la Escritura realmente nos muestra a Cristo: ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? Por tanto, la celebración eucarística será para los nuevos cristianos el necesario punto de encuentro con Cristo en esta vida, y por la muerte, la consumación de su bautismo en el misterio pascual de Cristo.
            Al hacer esto, los nuevos bautizados imitan a los primeros cristianos, que eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones, como nos dice el apóstol de hoy. Ellos a diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos alabando a Dios con alegría y de todo corazón.
 
Adolfo Ivorra