jueves 28 de abril de 2011

La aspersión del agua en memoria del Bautismo.

El misal romano recoge entre sus páginas un rito de especial significación en este tiempo de Pascua: la aspersión del agua bendita. La actual Ordenación General del Misal Romano señala esta costumbre que la anterior OGMR no mencionaba:


OGMR 51. ...El domingo, especialmente en el tiempo pascual, a veces puede hacerse la bendición y aspersión del agua en memoria del Bautismo, en vez del acostumbrado acto penitencial.

En la actual traducción española, en su última reimpresión, encontramos este rito en el Apéndice III del misal, además de en el Ordo Missae, que dice:

* * *
RITO PARA LA BENDICIÓN Y ASPERSIÓN DEL AGUA
EN LOS DOMINGOS
El rito de la bendición y aspersión del agua bendita sustituye el acto penitencial y puede usarse todos los domingos —desde las misas vespertinas de los sábados— y es recomendable especialmente durante el
tiempo de Pascua.

En el Apéndice III las rúbricas lo introducen así:

Apéndice III
RITO DE LA BENDICIÓN Y ASPERSIÓN
DEL AGUA EN LOS DOMINGOS
1. Este rito puede hacerse en todas las misas dominicales, incluso en las celebradas en las últimas horas de los sábados por la tarde.
2. La bendición y aspersión del agua se hace después del saludo inicial y ocupa el lugar y la función del acto penitencial del comienzo de la misa.

El origen histórico de esta procesión nos lo resume Riguetti en su Historia de la Liturgia (vol. I):

a) La procesión dominical para la aspersión del pueblo con el agua bendita. — Se originó en Francia poco antes de la época carolingia y se difundió en seguida por Italia, como nos consta por los decretos sinodales de Raterio de Verona (+ 974). Fue instituida para repetir semanalmente sobre los fieles aquella efusión del agua lustral recibida cada año en la noche de Pascua en la bendición de la fuente, la cual debía reavivar en ellos la gracia del bautismo. Durando [de Mende] lo dice expresamente: Ex aqua benedicta nos et loca in signiflcationem baptismi aspergimus. El celebrante, antes de la misa parroquial, bendecía el agua, y procesionalmente, con la cruz y los ministros, dando la vuelta a la iglesia, rociaba a los fieles; se dirigía después, si existía, al cementerio contiguo, donde bendecía las tumbas; después volvía al altar. En los monasterios, la procesión que llevaba el agua lustral a los lugares más importantes del edificio adquirió importancia extraordinaria Hoy la antigua forma procesional ha desaparecido; pero ha quedado el rito, que tiene lugar todos los domingos en las iglesias colegiatas y parroquiales.

Creo que este signo debería rescatarse del olvido, por lo menos los domingos de Pascua, aunque preferiblemente más domingos del año. La razón la encontramos en la vinculación entre el bautismo y la celebración del Domingo. Siguiendo con Riguetti:

Por otra parte, estas íntimas relaciones entre la institución del domingo y el misterio de la resurrección explican muy bien por qué este día haya conservado siempre en la liturgia una impronta festiva de alegría, con exclusión absoluta de cuanto parece tener carácter de penitencia o de luto; el ayuno, por ejemplo, y la oración de rodillas. Die solis laetitiae indulgemus, decía a los paganos Tertuliano; y en otro lugar: Die dominica ieiunium nefas ducimus vel de geniculis adorare. Aún más: así como la resurrección, en el pensamiento de San Pablo, era figura de la novitas vitae comenzada por el cristiano en el bautismo, así el domingo fue considerado como el recuerdo semanal de la iniciación cristiana.
En este concepto se funda la costumbre todavía en vigor de asperjar todos los domingos con agua bendita el altar, el clero y el pueblo antes de la misa solemne o parroquial. Idcirco singulis aspergimus dominicis — escribe Ruperto de Deutz — quia in sacrosancta primae huius dominicae (Pascua) vespera baptismum universaliter sancta celebrat ecclesia. Este uso, derivado de lo que prescribe ya el VII Ordo romano (s.VI-VII) con ocasión de la bendición del agua bautismal, existía en Roma y en las Galias hacía la mitad de siglo IX.
La conocidísima Admonitio synodalis, que en el siglo IX era ley en las Galias e Italia, dice: Singulis diebus dominicis, ante missam, aquam, qua populus aspergatur, benedicite ad quod vas propríum habete. De manera parecida se expresa Hincmaro de Reims (+ 882) en su Epistula synodica y algo después Raterio de Verona (+ 974) en sus Estatutos Pero todavía antes del siglo IX estaba vigente en algunas comunidades monásticas el uso de asperjar todos los domingos ante missam los varios lugares del monasterio: el claustro, las celdas, etc. Sucesivamente, la procesión hecha en esta circunstancia asumió también en las iglesias seculares una solemnidad particular.

Adolfo Ivorra

2 comentarios:

Cæremoniarius dijo...

Don Adolfo:
¿Se podría utilizar la práctica de la Forma Extraordinaria, de hacer la aspersión justo antes de iniciar la Santa Misa?

Saludos desde Chile.

Adolfo dijo...

Las rúbricas del actual misal (2002) no lo contemplan antes sino dentro, con el fin de que sustituya al acto penitencial.