La reforma menos conocida: los "inicios" de la concelebración.

La restauración plena de la concelebración por la reforma litúrgica respondía a los números 57 y 58 de la Constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II:

57. § 1. La concelebración, en la cual se manifiesta apropiadamente la unidad del sacerdocio, se ha practicado hasta ahora en la Iglesia, tanto en Oriente como en Occidente. En consecuencia, el Concilio decidió ampliar la facultad de concelebrar en los casos siguientes:
1°  a) El Jueves Santo, tanto en la Misa crismal como en la Misa vespertina.
     b) En las Misas de los concilios, conferencias episcopales y s
ínodos.
     c) En la misa de la bendición de un abad.

2° Además, con permiso del ordinario, al cual pertenece juzgar de la oportunidad de la concelebración.
     a) En las Misa conventual y en la Misa principal de las iglesias, cuando la utilidad de los fieles no exija que todos los sacerdotes presentes celebren por separado.
     b) En las Misas celebradas con ocasión de cualquier clase de reuniones de sacerdotes, lo mismo seculares que religiosos.

§ 2.1° Con todo, corresponde al Obispo reglamentar la disciplina de la concelebración en la diócesis.
2° Sin embargo, quede siempre a salvo para cada sacerdote la facultad de celebrar la Misa individualmente, pero no al mismo tiempo ni en la misma Iglesia, ni el Jueves de la Cena del Señor.
58. Elabórese el nuevo rito de la concelebración e inclúyase en el Pontifical y en el Misal romanos.

A partir de los números citados, se procedió a elaborar un nuevo rito de la concelebración. Sin ánimo de volver sobre la cuestión de la reforma de la concelebración, traemos los testimonios de dos reconocidos testigos de la reforma litúrgica: A. Bugnini y F. Antonelli.

Annibale Bugnini dedidó todo un capítulo de su obra "La reforma de la liturgia" a la concelebración. En este capítulo encontramos unos datos interesantes, que nos indican la prudencia a la hora de restaurar la concelebración eucarística. Así, por ejemplo, las condiciones para la experimentación de la concelebración establecían "que los concelebrantes no fueran más de veinte y estuvieran alrededor del altar". Entre las observaciones hechas por la Congregación de Ritos y la Prefectura de ceremonias pontificias también encontraremos esa limitación del número de concelebrantes. Con respecto a lo que los concelebrantes deben recitar, Bugnini nos habla de la:

"solución final, que asignaba partes distintas al celebrante principal, y a todos o a algunos concelebrantes, además de estar fundada en la tradición más antigua y en la más reciente de las Iglesias Orientales, resulta equilibrada" (La reforma de la liturgia, I, Madrid, 1999, 110)

Otra cuestión era la de la extensión de las manos sobre los dones. Bugnini comenta las observaciones dando un juicio de valor, aludiendo a una "controversia" acerca del gesto de los concelebrante durante el relato de la institución. Antonelli también se hará eco de la misma.

"Se quería que fuese 'absolutamente prohibida'. No se captó su significado. Se la confundía con el saludo romano. El Consilium consideró por un lado la importancia significativa del gesto y por otro las diversas sensibilidades locales, y terminó por hacerlo facultativo" (La reforma de la liturgia, I, Madrid, 1999, 111)

La reflexión de Antonelli, recogida en el libro de Nicola Giampietro:

"La comunión con el cuerpo debe ser recibida en el altar, uno detrás de otro. La comunión con el cáliz, con el mismo cáliz; considerado el conjunto no está mal, tal como se ha hecho. Me pregunto si es bella la disposición de los concelebrantes en el presbiterio, separados del altar. Me pregunto también si el gesto de la mano derecha extendida durante la consagración es recomendable. El P. Vagaggini dice que se quiere significar así la intervención del Espíritu Santo: una especie de epíclesis. Y esto justamente no me da tranquilidad" (N. Giampietro, El cardenal Ferdinando Antonelli y la reforma litúrgica, Madrid, 2005, 239)

La separación de los concelebrantes del altar, sobre todo si son muchos, se alejaba de la imagen oriental que se tenía de la concelebración. Quizás por esto no le agradaba a Antonelli. En cualquier caso, todo depende de las dimensiones del altar.
Con respecto a las palabras de Vagaggini, Antonelli revela su pensamiento sobre el gesto de extender la mano derecha. Vagaggini lo consideraba epiclético. Martimort, otro liturgista que influyó en este campo, lo consideraba como meramente indicativo.
Bugnini, en su capítulo sobre la concelebración, recoge las normas generales del Ritus concelebrationis, si bien éstas se han ampliado con el tiempo:

"1. La concelebración se extiende se extiende sólo a los siguientes casos:
a) al jueves santo, tanto en la misa crismal como en la misa verpertina;
b) a concilios, sínodos y reuniones de obispos;
c) a la misa de la bendición de un abad;
d) con permiso del Ordinario, a la misa conventual y a las misas principales en iglesias y oratorios, cuando la utilidad de los fieles no pide celebraciones individuales;
e) con ocasión de cualquier clase de reuniones de sacerdotes.
2. Es competencia del obispo, en el ámbito de su propia diócesis, regular la concelebración. Pertenece a su vez al Ordinario juzgar de su oportunidad y determinar la modalidad
3. En las Ordenaciones sagradas y en la bendición de un abad el obispo puede admitir a otros a la concelebración
4. Nadie puede ser admitido a concelebrar una vez empezada la misa.
5. Un sacerdote podrá celebrar o concelebrar varias veces: el jueves santo en la misa crismal y en la misa vespertina; en la Pascua, en la vigilia y en el día; en Navidad, en las tres misas celebradas en las horas convenientes; en el sínodo, en la visita pastoral o en las reuniones sacerdotales con el obispo o con algún delegado suyo, siempre que, a juicio del obispo, venga obligado a celebrar para utilidad de los fieles.
6. Los concelebrantes deben vestir todos los ornamentos sagrados que están prescritos para la celebración individual. El color será el del día, salvo en caso de necesidad; entonces el celebrante principal vestirá del color del día, y los otros podrán usar ornamentos blancos.
7. El celebrante principal dirá todas las fórmulas y hará los gestos prescritos por las rúbricas. Los concelebrantes dirán sólo las fórmulas y harán los gestos expresamente indicados; las fórmulas que no dicen en voz alta, según las rúcricas, según las rúbricas, o las dicen mentalmente o las escuchan.
8. El diácono y subdiácono en la misa solemne pueden comulgar bajo las dos especies. Si son sacerdotes, no pueden concelebrar, pero pueden comulgar, incluso aunque hayan dicho o deban decir otra misa" (La reforma de la liturgia, I, Madrid, 1999, 113s)