viernes 31 de diciembre de 2010

Inicio del año civil y epifanía.


            El inicio del año civil está lleno de celebraciones que tienen como marco el tiempo de Navidad. El año pasado traté en este mismo mes, sobre el rito de exorcismo al inicio del año nuevo, contra los ritos profanos y la idolatría. Esta vez trataré sobre algunas celebraciones de carácter sacramental que sugestivamente ayudan a celebrar el año nuevo de manera cristiana.
           El día de la “Epifania”, manifestación, una antigua costumbre litúrgica que todavía se mantiene es la del Anuncio de las fiestas movibles del Año litúrgico, que se hace después del Evangelio para significar la manifestación del Señor, su Epifanía a través de las fiestas del Año litúrgico.
            “Queridos hermanos: la gloria del Señor se continuará manifestando entre nosotros hasta el día de su retorno glorioso. En la sucesión de las diversas fiestas y solemnidades del tiempo, recordamos y vivimos los misterios de la salvación”…(anuncio de las celebraciones movibles).
            Antes de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, en algunos casos era el diácono que desde el púlpito hacia la solemne proclamación, si se cantaba se usaba una melodía similar al “exultet” de la Vigilia Pascual.
            Dentro del marco sacramental de la solemnidad de la Epifania, la tradición litúrgica antigua asignaba dos bendiciones para este día. Una, la del agua en la “noche de Reyes” y la bendición de las casas, durante el día.
            En el oriente antiguo existía esta celebración de bendecir el agua este día en que se conmemora la Epifanía del Bautismo de Cristo en el Jordán. Los  fieles a media noche acudían a las iglesias a por el agua bendecida, ya que Cristo descendiendo al Jordán ha santificado las aguas, redimiéndolas de la maldición del pecado y haciéndolas signo de santificación.
            En los países germánicos se llamó a la bendición del agua, “el agua de los Tres Reyes”. Hay una referencia en “El itinerario de Antonio de Piacenza” (en torno al 570) indica que el día de la epifanía los cristianos bajaban al río Jordán en un lugar señalado por un obelisco con una cruz, lugar sagrado donde Jesús había sido bautizado. Los fieles esparcían en el agua bálsamo, el obispo luego bautizaba.
            En la mañana del día de la “Epifanía” se bendecían las casas, pues en este día los Reyes de Oriente entraron en la casa de la familia de Nazareth, recibieron la bendición del que es el “Bendito” recostado en un pesebre.
            En centro Europa era costumbre después de la mención de la casa, escribir en la puerta “Christus Mansionem Benedicat” de lo que se obtiene un acróstico en el nombre de los tres reyes: C (Casparus), M (Mechior), B (Balthasar). También en este día la liturgia celebra la Epifania de las Bodas de Caná. La conversión del agua en vino. Los fieles ven en estos la transfiguración de su naturaleza frágil y pecadora en la gloria del hombre nuevo en Cristo.
            Finalmente y por ser uno de los signos de este día, se bendecía el oro, el incienso y la mirra.

Manuel Flaker

domingo 26 de diciembre de 2010

Ciertamente el 25 de diciembre fue el nacimiento de Cristo.


            En ambientes teológicos  se viene diciendo que el 25 de diciembre fue una fecha puesta para cristianizar la fiesta pagana del Natale Solis invicti en el marco cósmico del solsticio de invierno. Últimamente algunos especialistas de talla como Tommaso Federici, afirman que el día 25 es una fiesta histórica. Para lo cual se basan en una interesante investigación. Es importante que valoremos el hecho que desde antiguo la iglesia  ha afirmado la veracidad de la fecha, por lo que no conviene relativizarla como creación eclesiástico-teológica.
            En 25 de diciembre no se ha establecido al azar, sino en referencia a otras fechas evangélicas. El oriente cristiano celebra el 23 de septiembre el anuncio de Gabriel a Zacarías, padre de Juan Bautista. Esta fecha se entrelaza con el Anuncio del Ángel a María, seis meses después, luego la natividad de Juan Bautista y nueve meses después de la Anunciación de la Natividad del Señor. El Evangelista San Lucas que se preocupa de investigar para escribir su evangelio, ofrece acontecimientos y datos constatables históricamente. Hace una referencia al edicto de César Augusto (Censo de Quirino, 6-7 a..C) da una referencia interesante,  Zacarías pertenecía al turno de Abdías que era el VIII. Los sacerdotes hijos de Aarón estaban distribuidos en 24 sebaot, o turnos perennes de servicio al culto del templo. La cuestión sería definir la fecha en que le tocó a lo largo del año. El hallazgo del calendario de los Jubileos de Qumrán ha dado pistas a los investigadores. El calendario era solar y no lunar y según referencia exacta, el turno de Abdías le tocó servir en el templo dos veces, la 1ª el 14 del tercer mes y la 2ª del 24 al 30 del octavo mes, esto correspondería a los últimos diez días del mes de septiembre.
            El calendario litúrgico bizantino señala el 23 de septiembre como fiesta de la Anunciación a Zacarías. No hay que caer en la simpleza de decir que son fechas inspiradas en apócrifos. La tradición oral es muy importante en oriente, los lugares santos han sido salvaguardados por la tradición oral viva en la 1ª comunidad cristiana. No es aventurado afirmar que las fechas que tenemos se basan en tradiciones orales expresadas en fiestas. Por lo tanto, el 25 de diciembre es una fecha histórica que las primeras comunidades cristianas han simplemente, celebrado.
            La historicidad de la fecha nos pone de manifiesto la voluntad de Dios en la historia de la salvación. Unos días antes de la fiesta de la Natividad, la liturgia judía celebra la fiesta de la luz o iluminación que es referencia al templo. Cristo que es el templo y es la luz del mundo; el marco cósmico anuncia esto, me refiero al solsticio de invierno. Estas alusiones no sólo son sugestivas, sino que confirman la historicidad de la liturgia.
            Aquí he esbozado a grandes rasgos el estudio que se está planteando, pero sin duda es una interesante investigación que abre el campo para el conocimiento de las primeras comunidades cristianas y los aportes del humus cultural y  religioso-judío.

Manuel Flaker

sábado 25 de diciembre de 2010

El Nacimiento en la poesía litúrgica de Román "el Melódico"


Adán y Eva en la gruta del recién nacido

Las tradiciones litúrgicas orientales, con bellas y contrastantes formas literarias al mismo tiempo, con frecuencia, nos proponen la contemplación del Misterio de nuestra fe. Román "el Melódico", teólogo y poeta bizantino del siglo VI, en su primer Kontakion (poema con uso litúrgico) como ritornello repite las palabras "recién nacido, Dios antes de todos los siglos" que resumen el misterio celebrado: el Dios eterno, existente antes de todos los siglos, llega a ser nuevo en el niño recién nacido.
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La tradición bizantina, celebrando el "nacimiento según la carne del Dios y Salvador nuestro Jesucristo" enfoca, ya sea en la iconografía o en la eucología, la celebración de la Navidad a la celebración de la Pascua. El icono de la Navidad, en el niño fajado y metido en un sepulcro, quiere prefigurar ya el sepulcro donde el Señor, de nuevo amortajado, será colocado el Viernes Santo para resucitar glorioso al alba de la Pascua. Los textos de la liturgia, con imágenes muy profundas y vivas, nos proponen así todo el misterio de nuestra salvación.
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En las semanas precedentes a la Navidad, sin un periodo verdadero y propio que corresponda al Adviento en las tradiciones latinas, la liturgia bizantina, con unos bellísimos troparios, nos ha hecho pregustar todo el misterio de la Encarnación: la espera confiada y la pobreza de la gruta, prefiguración de la miseria de la humanidad que acoge al Verbo de Dios; y todavía más, toda la serie de figuras y personajes que se asoman en la vida litúrgica de estos días: los profetas Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Daniel y los Tres Jóvenes; Belén, casi personificada y conectada con el Edén; Isaías, que se regocija; Maria, la Madre de Dios presentada como "cordera", es decir, aquella que porta en su seno a Cristo, el Cordero de Dios; finalmente, en los dos Domingos que preceden a la Navidad, los Progenitores de Dios desde Adán hasta José, es decir, la larga serie de figuras que han esperado al Cristo y que nos recuerdan que también nosotros formamos parte de una historia y de una humanidad que lo acoge en una esperanzadora vigilia, aunque también en la oscuridad , la duda y el pecado.
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En el segundo de los Kontakion, Román "el Melódico" narra la visita de Adán y Eva a la gruta del recién nacido. El canto de María al oído del niño despierta a Eva del sueño eterno y ésta persuade a Adán para ir a la gruta a fin de comprender qué es ese canto. En el diálogo entre Adán y Eva despertados ahora de su sueño, la mujer le anuncia la buena noticia: "Escúchame, soy tu esposa; yo, que fui la primera en provocar la caída de los mortales, hoy me levanto. Considera los prodigios, mira a la que no conoce nupcias, que cura nuestra llaga con el fruto de su parto. La serpiente una vez me sorprendió y se alegró, pero al ver ahora a mi descendencia huirá arrastrándose". El nacimiento virginal de Cristo llega a ser curación, salvación para el género humano, herido por el pecado.
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Y Adán le responde: "Reconozco la primavera, oh mujer, y huelo las delicias de las cuales caímos entonces. Diviso un nuevo, diverso paraíso: la Virgen que porta en el seno el Árbol de la vida, el mismo árbol que custodiaban los querubines para impedirnos tocarlo. Si bien, mirando crecer este árbol intocable, he advertido, oh esposa mía, el soplo vivificante que hace de mí, polvo y fango inmóvil, un ser animado. Ahora, vivificado por su perfume, quiero ir a donde crece el fruto de nuestra vida, a la Llena de gracia". El despertar de Adán es una prefiguración, en cuanto que es colocado en primavera, es decir, en el contexto pascual en el cual definitivamente será llevado de nuevo al paraíso. Y éste está cambiado, renovado: "Diviso un nuevo, diverso paraíso", que no es otro que el seno de la Virgen que porta el nuevo árbol de la vida.
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"Estoy abrumado por el amor que siento por el hombre" responde el Creador. "Yo, oh Esclava y Madre mía, no te entristeceré. Te haré conocer todo lo que voy a hacer y respetaré tu alma, oh María. El niño que ahora portas entre los brazos, lo verás dentro de no mucho con las manos clavadas, porque ama tu estirpe. Aquél que tú nutres, otros le darán de beber hiel; Aquél que tú llamas a la vida, deberás verlo colgado en la cruz, y de Él llorarás su muerte. Pero tú me apretarás con un abrazo cuando sea resucitado, oh Llena de gracia. Todo esto soportaré voluntariamente, y la causa de todo esto es el amor que he sentido siempre y a todas horas por los hombres, amor de un Dios que no pide otra cosa que poder salvarlo". Al oír estas palabras María grita: "¡O mi racimo, que los impíos no te aplasten! ¡Que cuando crezcas, oh Hijo mío, no te vea inmolado!". Mas Él responde: "No llores Madre, sobre lo que no sabes: si todo esto no fuera cumplido, todos aquellos, a favor de los cuales me imploras, perecerán, oh Llena de gracia".
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Un Dios que "no pide otra cosa que poder salvarnos". Ésta es la realidad, la única realidad que celebramos en estos días en nuestra fe cristiana: el amor de Dios por los hombres manifestado plenamente en Jesucristo. Y vivimos esta realidad en toda nuestra vida, como cristianos. Como cristianos al compartir - y quizás también al contrastar- nuestra fe, con un mundo señalado fuertemente por el individualismo, el olvido del otro, la ignorancia de los demás; una fe que deberá predicar a un Dios que es don gratuito, que perdona, que ama, y porque ama se sacrifica por los otros y no pide otra cosa que poder salvarlos. Él "recién nacido, Dios antes de los siglos".
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(Publicado por Manuel Nin en L'Osservatore Romano el 25-XII-2008; traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)
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(Imagen: Icono de la Madre de Dios "la que nutre",
del Monasterio de Hilandar, del Monte Athos)

miércoles 22 de diciembre de 2010

El Nacimiento de Cristo en la Tradición Siro-Occidental.

Aquél que cabalgaba sobre las nubes hoy gatea como un niño


La Tradición litúrgica siro-occidental celebra el "Nacimiento de nuestro Señor según la Carne", en un periodo litúrgico que se inicia el 25 de Diciembre y dura hasta el 5 de Enero, con dos fiestas: la Felicitación a la Madre de Dios el 26 y la Circuncisión del Señor el 1 de Enero. Los textos del Oficio de la Navidad subrayan muy claramente la divinidad-humanidad del niño nacido en Belén, la elección de las lecturas bíblicas es toda en clave cristológica.

Los textos subrayan con imágenes deliberadamente contrastantes el misterio de la Encarnación del Verbo eterno de Dios: "Tu Hijo, el Primero y el Último, Dios y Hombre, velado y manifiesto"; "Tú que mandas la lluvia y el rocío sobre la tierra, ahora la Hija del hombre te nutre con gotas de leche"; "Tú que te sientas en un trono de gloria y haces mover todas las cosas, ahora gateas en Belén como un niño".

En el Oficio nocturno de la fiesta se encuentran diversos “madrash”- himnos siríacos- atribuidos a san Efrén de Nísibe; en estos, con imágenes teológicamente muy profundas, el poeta teólogo siríaco muerto en el año 373 canta el misterio del nacimiento de Cristo. En el primero, que corresponde también al primero de los himnos sobre la Navidad del mismo Efrén, encontramos, en noventa y nueve estrofas, los grandes temas de la fe cristiana.

El nacimiento de Cristo es el cumplimiento de todas las profecías del Antiguo Testamento que aguardan siempre la venida de Cristo: "La Virgen ha parido al Emmanuel en Belén. La Palabra proferida por Isaías ha llegado a ser hoy realidad. El salmo cantado por David hoy se ha cumplido. La profecía de Balaam hoy ha sido explicada. El Oriente anunciado por Zacarías hoy brilla en Belén. La vara de Aarón ha germinado, su misterio ha sido explicado: el seno virginal ha parido".

Efrén se centra varias veces en dos aspectos importantes. En primer lugar el Nacimiento de Cristo acerca la gloria de Dios y la humildad de la tierra: "Hoy nace un niño, su nombre es Maravilla. Y es una maravilla el que se haya manifestado como un infante". En segundo lugar el tema del Nacimiento virginal de Cristo, nuevo Adán: "El Espíritu Santo dio de ello una imagen en el gusano, que se genera sin unión. Hoy se llega al conocimiento de ese tipo representado por el Espíritu Santo. Adán había puesto la corrupción en la mujer nacida de él. Hoy ella ha disuelto su corrupción pariendo al Salvador. Una tierra virgen había parido a Adán, jefe de la tierra. Una Virgen hoy ha parido al Adán jefe del Cielo".

Durante una veintena de estrofas del himno de Efrén se centra, a partir del Evangelio de Lucas sobre los pastores de Belén, en el tema de la vigilia. La tradición siríaca, de hecho, da a los ángeles y a los monjes el apelativo de "vigilantes", es decir, aquellos que no duermen en la espera del Señor, que Efrén llama también vigías: "Los vigilantes hoy están alegres, porque ha venido el Vigía a despertarlos. ¿Quién dormirá en esta noche en la cual vela la creación entera? Porque Adán había introducido en la creación el sueño de la muerte mediante los pecados, desciende el Vigía a despertarnos del letargo del pecado".

Efrén pone en guardia contra una falsa vigilia y elenca a todos aquellos que vigilan no en la espera de la venida de Cristo sino en vista al pecado: “El ladrón está en vela y medita; también está despierto el glotón; también el rico, cuyo sueño es perseguido por las riquezas; también veló Judas toda la noche para vender la sangre del Justo. Satanás enseña, hermanos míos, una vigilia en lugar de la vigilia, que es, dormir a las cosas buenas y despertar a las odiosas”.

Retomando la imagen de los pastores en el Evangelio de Lucas, Efrén reitera: "Estad en vela, como luces, en esta noche de luz, porque aunque si negro es su color exterior, ella resplandece por su fuerza interior". A través de otro aspecto típico de la tradición siríaca, Efrén introduce el tema de la limpieza de corazón a la que Cristo nos llama a cada uno de los cristianos: "Limpia fue la noche en la cual apareció el Limpio, venido para dejarnos limpios. No introduzcamos en nuestra vigilia nada que pueda enturbiarla. El escuchar de los oídos sea limpio, la vista del ojo pura, el pensamiento del corazón santo y el elogio de la boca pase el filtro".

En las últimas estrofas Efrén canta el elogio de la fiesta: "Este es el día de la salvación; esta es la noche de la reconciliación, la noche de los mansos y humildes; este es el día del perdón y de la reconciliación; este es el día de la venida de Dios junto a los pecadores; este es el día en el cual se hace pobre por nosotros el Rico". Finalmente la última estrofa resume todo el misterio de la salvación: “Hoy es impresa la divinidad en la humanidad, para que la humanidad fuese tallada en el sello de la divinidad”.

El icono de la fiesta en la tradición siro-occidental toma lo disponible de toda la iconografía cristiana oriental y occidental para el misterio de la Navidad: el niño es fajado y colocado en un sepulcro; María recostada contempla al neonato. José en un ángulo, en actitud pensante, mira la escena, en la duda. En el otro ángulo dos mujeres lavan al niño en una palangana que es una fuente bautismal. Los ángeles, en la parte superior del icono, anuncian el nacimiento de Cristo a los pastores y a los magos.

(Publicado por Manuel Nin en L'Osservatore Romano el 25-XII-2009;
traducción del original italiano: Salvador Aguilera López
)

domingo 19 de diciembre de 2010

Don Ramón Gonzálvez Ruiz y la Mozarabía.

Quien conozca a Don Ramón sabe que su nombre "huele" a Historia, Archivo y Toledo. Don Ramón Gonzálvez Ruiz nació en la Puebla de Álcocer (Provincia de Badajoz; Archidiócesis de Toledo) el 14 de Agosto de 1928 y fue ordenado Sacerdote el 20 de Diciembre de 1952. Es Doctor en Historia y Licenciado en Teología e Historia de la Iglesia, Canónigo emérito y Archivero Capitular de la Catedral Primada, también emérito; fue Director de la Real Academia de las Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo y actualmente es Presidente de la Sección de Ciencias Históricas .

Entre sus numerosísimas publicaciones encontramos muchas que, por el tema, las enumeramos en este Post; al mismo tiempo, aprovechamos desde el Blog para dirigirle nuestro más sincero agradecimiento por sus aportaciones al Mundo Hispano-Mozárabe:

A.- Liturgia Hispano-Mozárabe:

1.- "El canciller don Pedro López de Ayala y el problema de las dos tradiciones del rito hispánico", Liturgia y música mozárabes (Toledo 1978) 105-110.

2.- "The persistence of the Mozarabic Liturgy in Toledo after A.D. 1080", Santiago, Saint-Denis and Saint Peter. The reception of the Roman Liturgy in León-Castile in 1080. Ed.Bernard F. Reilly (New York, Fordham University Press 1985) 157-185. Una versión castellana de este trabajo en: Anales Toledanos XXVII (1990) 9-33

3.- “Los orígenes de la Liturgia hispano-mozárabe”, Anales Toledanos XXXV (1998) 33-54.
Misales de Toledo. Edición en CD-Rom (Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, DIGIBIS Publicaciones digitales 2000).

4.- “Una empresa del cardenal Cisneros: la reforma de la Liturgia hispano-mozárabe”, XX Siglos, Año XV, núm.53 (2004) 49-61.

5.- "Imprenta y sociedad: La renovación de los libros Litúrgicos de la diócesis de Toledo" (1480-1499), Ysabel la Reina Católica. Una mirada desde la Catedral Primada (Arzobispado de Toledo 2005) 48-60.

6.- “La obra de unificación litúrgica del concilio IV de Toledo”, Hispania Gothorum. San Ildefonso y el Reino Visigodo de Toledo (Toledo, Museo de Santa Cruz, 2007) 269-284.

7.- “Antiphonary”, en Zapke, Susana (Ed.), Hispania Vetus. Musical-Liturgical Manuscripts from visigothic Origins to the Franco-Roman Transition (9th-12th Centuries) (Fundación BBVA 2007)400

8.- “El Cabildo de la Capilla Mozárabe”, La Catedral Primada de Toledo. Dieciocho siglos de Historia (Burgos 2010), 112-119

9.- “Las Catedrales Antiguas de Toledo”, Ibid. 142-147

B.- Mozárabes:

1.- "Noticias sobre códices mozárabes en los antiguos inventarios de la Biblioteca Capitular de Toledo", Historia Mozárabe (Toledo 1978) 45-78.

2.- "Hagiotopónimos hispanovisigóticos de Toledo y su diócesis: Ensayo de interpretación", Memoria Ecclesiae II (Oviedo 1991) 73-83.

3.- "San Julián de Toledo en el contexto de su tiempo", Anales Toledanos XXXII (Toledo 1996) 7-21.

4.- "La expansión misionera y la acción educativa sobre minorías: mozárabes, judíos, mudéjares", Historia de la acción educativa de la Iglesia I (Madrid, BAC, 1996) 195-.

5.- "La Escuela de Traductores de Toledo" Historia de la Acción educativa, 268-275.

6.- “Toledo, último reducto del mundo mozárabe”, Los mozárabes. Una minoría olvidada (Sevilla, Fundación El Monte, 1998) 47-86.

7.- “La reorganización de la iglesia de Toledo durante el pontificado de Bernardo de Sédirac, primer arzobispo después de la reconquista (1086-1124)”, en Fernando LÖPEZ Alsina (ed.), El papado, la Iglesia Leonesa y la Basílica de Santiago a finales del siglo XI (Consorcio de Santiago 1999) 157-176.

8.- "La Iglesia de Toledo en el siglo XII" Conmemoración del IX Centenario del Fuero de los mozárabes (Toledo 2003) 57-78.

9.- “Elipando de Toledo: La crisis de la comunidad Mozárabe” en Ars Longa, Vita Brevis. Homenaje al Doctor Rafael Sancho de San Román (Toledo, Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo 2006)287-326.

10.- “Agde y Toledo en el siglo VI”, Beresit 7 (Toledo 2007) 33-65.

11.- “El arzobispo Cixila: su tiempo, su vida, su obra” en Luz de sus ciudades. Homenaje a Julio Porres Martín-Cleto (Toledo 2008) 53-107

12.- “Agali. Historia del monasterio de San Ildefonso”, Toletvm 54 (2007) 99-145.

13.- “Agde y Toledo en el siglo VI” (versiones castellana y francesa), en Le Concile d’Agde et son temps (Agde, 2008) 303-358

14.- “Eulogio de Córdoba, arzobispo de Toledo”, Talarrubias. Revista de la comarca Siberia-Los Montes 21 (2009)104-131.

15.- “Eulogio de Córdoba, Arzobispo Electo de Toledo (+859)”, en Lo Uno y lo Múltiple. Homenaje a Félix del Valle y Díaz (Toledo 2099) 83-127

sábado 18 de diciembre de 2010

La misa hispano-mozárabe de Santa María en Asturias.

Hoy he estado celebrando en la iglesia de san Julián de Viñon (Asturias) junto con D. Gaspar, su párroco, la misa de Santa María según el venerable rito hispano-mozárabe. No pudo asistir el coro. Tan sólo hubo un concelebrante. Aunque todo apuntaba a que se trataría de una celebración "ferial", para mí no perdió su sentido festivo. Pero lo que más me llamó la atención fue algo que dijo el párroco y que define bien el espíritu de esa misa: la normalidad. En las celebraciones extraordinarias del rito mozárabe se vive una gran "tensión" por parte de presbíteros, diáconos y ministros, que están preocupados en lo que no deben hacer -para no hacer de la celebración una misa "romana" con textos hispanos- o de las peculiaridades del Ordinario de la Misa. Pero en el caso de esta parroquia de Cabranes, seguramente por la experiencia del párroco, no había esa "tensión", sino que todo se desarrollaba con naturalidad. Incluso el pueblo contestaba a las aclamaciones como si no hubieran sido bautizados por el rito romano, como si sólo hubieran celebrado en rito hispano.
Este tipo de "experiencias litúrgicas" nos hacen ver que una celebración de suyo más larga que las romanas actuales, celebrada hacia el ábside y con una estructura distinta a la que estamos acostumbrados no es sinónimo de confusión o una menor participación. Al contrario, las diferencias más evidentes ayudan a comprender mejor las partes que tiene toda celebración eucarística. La misa no se me hizo para nada larga, y aunque hubo alguna que otra "anécdota" de tipo ceremonial, me doy cuenta de que la misa hispana, celebrada por una comunidad que siente el rito como suyo -y de paso en una iglesia consagrada según el rito hispano-, es un signo más de que la espiritualidad propia de la liturgia hispana tiene mucho que ofrecer.
Sin ánimo de invitar a una especie de "peregrinación", creo que la celebración hispana de esa parroquia es un oasis litúrgico que invita a que otras iglesias de la región -que comparten el mismo pasado litúrgico- también celebren en este venerable rito.
Sin embargo, a pesar de la normalidad y naturalidad con la que se desenvolvió la misa, creo que soy cada día más consciente de que es necesario una Guía pastoral para el rito hispano, al modo de las que existen desde varios años en el rito ambrosiano. Esto ya me lo han escuchado en otros foros, y creo que es importante, pues hay cosas que el Ordinario de la Misa no aclara y que sin ellas es difícil realizar un ceremonial completo. En el caso del rito ambrosiano, estas guías vienen a cubrir estas lagunas. Y es un momento muy propicio para hacerlo. En palabras de D. Gaspar, hay una amplio consenso entre los estudiosos del rito sobre estas cuestiones, cosa que no lo hubo en otras épocas... En el Calendario del rito hispano que se publicó el año pasado -y espero que aparezca pronto el de este año, Deo volente- he intentado recoger algunas intuiciones y aspectos olvidados que aparecen en las fuentes, como es el caso de las llamadas rúbricas de Salamanca, etc. Hoy me pareció muy expresiva la velación del cáliz y la patena después de la oración post nomina, por ejemplo.
En fin, el rito hispano deja de ser, lentamente, una liturgia de estudiosos o una liturgia limitada a la diócesis primada, para ser un rito hispano más "amplio", español. Animo al párroco, D. Gaspar Muñiz, a seguir con esta verdadera pastoral litúrgica del rito hispano y espero que siga dando tantos frutos.

Adolfo Ivorra

viernes 17 de diciembre de 2010

VI Domingo de Adviento (hispano-mozárabe).

Sexto domingo de Adviento, Año I:

Profecía: Is 35, 1-10.
Psallendum: Sal 71,3-4.1.
Apóstol: 2Tes 2,1-14.
Evangelio: Mc 1,1-8.

            La dimensión escatológica del Adviento se hace palpable en este domingo, donde Juan el Bautista vuelve a ser protagonista del evangelio. En la profecía se vuelve a tocar el tema de la venida de Dios, esta vez como vengador y salvador (Is 35, 4). Vuelve a manifestarse el júbilo por su venida, que implica la justicia, como repite el psallendum. Pero ya se está aludiendo a Juan: serán alumbradas en el desierto las aguas. La alusión al agua señala la futura manifestación de Dios en el bautismo de Juan y por medio de la relación profecía-evangelio se da una interpretación a este acontecimiento: las aguas serán santificadas por Cristo que viene a ellas. Ésta es la exégesis patrística de Ignacio de Antioquía y otros autores que ven en el bautismo en el Jordán cómo Cristo concede al agua su poder de santificar y hacer hijos de Dios. Pero en el evangelio se amplía la acción trinitaria: el “nuevo” bautismo será en el Espíritu Santo.
            El apóstol (2Tes 2, 1-14) trata en cambio de la venida final de Cristo, previniendo a los fieles de supuestas revelaciones y rumores. Primero ha de venir la apostasía y manifestarse el hombre de la iniquidad. La venida del anti-Cristo es la condición de la venida final de Cristo en gloria. Los que se condenen, lo harán por su complacencia en la injusticia, puesto que Cristo hará justicia a los humildes del pueblo (Sal 71, 4).

Adolfo Ivorra

miércoles 15 de diciembre de 2010

Las Antífonas "Mayores" de la O.

Desde el día 17 al día 23 de Diciembre las Vísperas toman un tono diferente dentro del Adviento y se nota ya la inmninencia del Nacimiento del Mesías; éstas son, en palabras de Dom Gueranger, la médula de la Liturgia del Adviento.
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En este Septenario de preparación a la Natividad del Señor, antes y después del Magnificat, encontramos las "Antífonas de la O"; en ellas se ve el llamamiento que la Esposa (Iglesia) hace al Esposo (Cristo), y lo hace a voz en grito para que Éste adelante su Parusía: El Espíritu y la Esposa dicen: Ven, Señor,... Sí, yo vengo pronto. Amén. (cf. Ap 22, 20)
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La fecha de su composición oscila entre el siglo VII y el VIII, aparecen ya en el "Responsorial" (PL, t. LXXVIII, col. 732-733) atribuido a San Gregorio I (+604): Antiphonae maiores in Evangelio, uno de los documentos más antiguos de la Liturgia Romana. También encontramos menciones en: Alcuino de York, Amalario de Metz, Durando de Mende... y en el Ordo Romanus XI (OR XI, 124: desde la Fiesta de San Nicolás hasta el día anterior al de la Navidad del Señor, se cantan éstas en el Oficio matutino). Aunque ahora se usan en Vísperas encontramos testimonios en los cuales se usaba en Laudes, así lo testimonian la mayoría de los autores anteriormente citados; parece más congruente el uso en Vísperas, según Amalario, ya que esta admiración ante el Misterio se produjo por la concepción y el parto de santa María.
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En ellas encontramos un Compendio de Cristología, que toma los títulos mesiánicos veterotestamentarios, y un resumen expresivo de los deseos de salvación de toda la humanidad, del Israel del AT y del nuevo Israel del NT.
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Las conocemos como Antífonas de la O, porque así comienzan en lengua latina, con una exclamación ante el Misterio admirable que nos desborda. Por tanto, vemos cómo hemos de admirarnos ante el Misterio de la Encarnación (1ª Venida: en la Carne) y ante el Misterio de la Parusía (2ª Venida: en la Gloria); finalizan con la súplica "veni...":

17-XII: Sapientia (Eclo 24,3; Jn 1)= Sabiduría, palabra
18-XII: Adonai (Ex 6, 2-3) et Dux domus Israel = Señor y Caudillo de la Casa de Israel
19-XII: Radix Iesse (Is 11, 19; Rm 15,12) = Raíz, renuevo de Jesé (Padre de David)
20-XII: Clavis David (Is 22, 22; Ap 3,7) et Sceptrum = Llave de David y Cetro de la casa de Israel
21-XII: Oriens (Za 6, 12; Lc 1, 78-79), Splendor lucis aeternae (Hb 1,3; Sb 7,6), Sol iustitiae (Ml 4,2) = Oriente, Esplendor de luz, Sol de justicia
22-XII: Rex gentium, Desideratus earum (Ag 2,8) et Lapis angularis (Is 28, 16; 1Pe 2,6) = Rey de las Gentes, Deseado de ellas y Piedra angular
23-XII: Emmanuel (Is 7, 14; 8,8), Rex et Légifer noster (Is 33,22), Exspectatio gentium (Gn 49,10) et Salvator earum = Emmanuel (Dios-con-nosotros), Rey y Legislador nuestro, Espectación de las gentes y Salvador de ellas

Leídas en sentido inverso las iniciales latinas de la primera palabra se ve el acróstico "ERO CRAS" que significa "seré mañana, vendré mañana".
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El Responsorial, citado anteriormente, añadía una octava antífona dedicada a la Santísima Virgen María: O Virgo virginum! (Amalario la menciona); el Manuscrito de París contiene nueve (Durando también menciona este número); los manuscritos de la Biblioteca de Saint-Gall contienen doce. Por tanto, vemos cómo el número oscila entre siete y doce.
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De la mano de Amalario de Metz, al que podríamos llamar "Culmen Allegoriae", podríamos identificar cada una de los Antífonas (en orden cronológico) con los Dones del Espíritu Santo, ya que veneramos también al Espíritu Septiforme como el verdadero "Pródromos" (Precursor) ya que Él es el que prepara la 1ª Venida (hizo posible la Encarnación al cubrir con su sombra a María) y el que prepara la 2ª Venida (Jesús en Pentecostés nos insufló, en el rostro, el Espíritu, para que nosotros, su Iglesia, gritaramos junto a su Espíritu: Marana-tha). Las identificamos, por tanto, con cada uno de los Dones de la siguiente manera: Sabiduría (17), Piedad (18), Fortaleza (19), Inteligencia (20), Ciencia (21), Espíritu de Temor (22) y Consejo (23).
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Viendo la Iglesia la riqueza que contienen estas antífonas, las ha colocado cada día como versículo del aleluya antes del Evangelio, aunque las resume en alguna ocasión.
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En los monasterios benedictinos, según cuenta Flicoteaux, al Abad le corresponde el honor de entonar la primera de las "Antífonas Mayores", lo hace con la mitra puesta y revestido con ornamentos pontificales; cuando comienza a sonar la antífona comienza a resonar la campana mayor y no cesa hasta la repetición de ésta tras el Magnificat.
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Bibliografía: Cuadernos Phase: 174

- Aldazábal, J. "Enséñame tus caminos 1, Adviento y Navidad día tras día". Barcelona, CPL 1995.
- Castellano, J. "El Año Litúrgico. Memorial de Cristo y Mistagogía de la Iglesia", Barcelona, CPL 2005.

lunes 13 de diciembre de 2010

El Sinaxario Bizantino en la Cuaresma de Navidad.

Los profetas y los santos que anuncian la Encarnación de Cristo

En la Tradición bizantina, a mitad de Noviembre se inicia la Cuaresma de Navidad, una preparación hecha en un modo discreto y humilde. Diversas celebraciones marcan el camino: la Concepción de Santa Ana; la Conmemoración de profetas, doctores, monjes, los dos Domingos antes de la Navidad llamados de los progenitores y de los santos Padres. La liturgia bizantina prepara la humillación (kénosis) del Verbo de Dios en la humildad de la liturgia. El Sinaxario de Diciembre recurre a la Madre de Dios, los profetas, los mártires, los obispos, los monjes, como si la Liturgia quisiese reunir estos grandes cristianos- y a nosotros con ellos- para preparar y testimoniar el misterio de la Encarnación.
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La Madre de Dios está presente en la Fiesta de la Concepción de Santa Ana, "madre de la Madre de Dios", que contempla la bendición de Dios sobre Joaquín y Ana, con la Divina Maternidad de María: "Unos esposos engendran la venerable y divina ternera de la cual de modo inexplicable procederá el ternero cebado, inmolado por el mundo entero; el extraordinario misterio, profetizado desde la eternidad, se muestra hoy en un infante en el regazo de la casta Ana: es María, la divina niña, preparada para ser morada del Rey Universal de los siglos y para recrear nuestra estirpe".
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Cinco profetas- Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Daniel- son celebrados con los tres jóvenes Ananías, Azarías y Misael, como aquellos que han preanunciado el Adviento de Cristo: "Permaneciendo en su divina venganza, el venerable Habacuc ha escuchado el misterio inefable de tu Adviento entre nosotros, oh Cristo, y profetiza el anuncio que de Tí se hará, ya que ve anticipadamente a los sabios apóstoles como caballos que perturban el mar de los gentíos". Daniel y los tres Jóvenes son presentados como modelos de vida íntegra y de virtud, "que, no siendo de oro por naturaleza, se revelan más probados que el oro: de hecho, no los fundió el fuego del horno, sino que los conservó ilesos". Y Daniel es cantado como el profeta de la divinidad de Cristo y de la Divina Maternidad de María: "Se honra ahora a Daniel, grande entre los profetas: él ve, de hecho, a Cristo Dios nuestro como piedra tallada, no por mano humana, sino salida del monte, que es la pura Madre de Dios".
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Cuatro mártires- Bárbara, Lucía, Sebastián, Bonifacio- son recordados en Diciembre. Para Bárbara la Liturgia Bizantina subraya el papel de la cruz donde la mártir, como Cristo, vence la muerte. Y de Lucía, el Tropario de la fiesta pone en evidencia la dimensión esponsal de la mártir, de la Iglesia y del alma de todo cristiano: "A Tí, esposo mío, te deseo, y para encontrarte combato; estoy crucificada contigo y sepultada contigo en el Bautismo; sufro contigo para poder reinar contigo, y muero contigo para vivir contigo".
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Grandes Obispos y Padres de la Iglesia- Juan Damasceno, Nicolás de Mira, Ambrosio de Milán, Espiridión e Ignacio de Antioquia- son reunidos en este periodo. El Damasceno es presentado como teólogo y cantor de la fe: "Sapientísimo padre Juan, has hecho bella la Iglesia con himnos, cantando con gran inspiración, tocando tu cítara, oh Padre, por el poder del Espíritu, a imitación de aquella armoniosísima de David". De Nicolás la Tradición Bizantina resalta la figura de taumaturgo e intercesor: "Pastores y maestros, juntémonos para alabar el pastor que emula al Buen Pastor: los enfermos haciendo elogio del médico; los que están en peligro, del liberador; los pecadores, del abogado; los pobres, del tesoro; los afligidos, del conforto; los viajantes, del compañero de viaje; aquellos que están en el mar, del piloto".
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Ambrosio, uno de los pocos Padres Latinos del Sinaxario Bizantino, es presentado como defensor de la verdadera profesión de fe de la Iglesia: "Padre santo, sacratísimo Ambrosio, lira que canta para todos nosotros la melodía salvífica de las correctas doctrinas, cítara sonora del divino Paráclito; instrumento inconmensurable de Dios, tú proclamas con claridad un único Hijo con dos Naturalezas, hecho carne, que nos ha sido manifestado por los invitados a la boda, y que es sustancial al Padre coeterno y a Él naturalmente unido; ha reprimido así, con el poder del Espíritu, la blasfemia locuacidad de Arrio".
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Ignacio de Antioquía es celebrado casi a las puertas de la Navidad con un entrelazado de textos inspirados o tomados de sus cartas: "Oh herido de la caridad perfecta, cuando la fulgurante pasión inflamó tu alma, oh sacratísimo, acelerándote, oh Padre, el ir hacia el Soberano, gritaste aquella palabra digna de ser celebrada: Trigo del Creador soy, y necesita que sea triturado por los dientes de las fieras, para que sea purísimo pan para nuestro Verbo Dios".
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Entre los santos monjes de este periodo- Sabas, Patapio, Daniel el Estilita- es celebrado de modo especial san Sabas, "similar a los ángeles, compañero de los santos, consorte de los profetas, coheredero de los mártires y de los mártires, lámpara inextinguible de la continencia, tersísima luminaria de los monjes, resplandeciente por los fulgores de la caridad".
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La Madre de Dios, los profetas, mártires, Padres y monjes son, por tanto, los puntos de referencia para la celebración y la contemplación de la Encarnación del Verbo, el nuevo niño y Dios antes de todos los siglos.
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(Publicado por Manuel Nin en L'Osservatore Romano el 13-XII-2009; traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

sábado 11 de diciembre de 2010

El Portapaz.


De entre las curiosidades litúrgicas cabe destacar e importante objeto que hoy encontramos en Museos o retirado en las sacristías. Algunos lo confunden con piadosas imágenes en metal, o con un icono, pero la verdad es que fueron un verdadero signo litúrgico y los protagonistas del ósculo de la Paz.
            Este objeto está ligado a la transformación del Rito de la Paz. Fue la reducción un tanto ridícula, aunque se comprenden los motivos históricos, de un rito fundamental en el Ordinario de la Misa, como es el Rito de la Paz. Cabría hablar de la teología del beso en la liturgia, de lo que hay alguna tesis doctoral sobre el tema. Lo curioso es que si bien el beso de la Paz en los primeros siglos, fue tan natural, con el paso del tiempo se minimizó hasta desaparecer o simplemente fue reducido al beso del Portapaz. El ósculo Santo de la Paz viene citado varias veces en el Nuevo Testamento. Era expresión de comunión y la sacralidad de ver a Cristo en el hermano; también significaría la reconciliación, el perdón, etc.
            En la Iglesia primitiva el signo de la Paz estaba situado antes de la presentación de las ofrendas. Hoy son varias las conferencias episcopales que están estudiando la posibilidad de recuperar el momento previo a la presentación de las ofrendas para situar el rito de la Paz.
            Pero retornando al tema del Portapaz en cuanto objeto litúrgico de uso habitual, era de metal u otro material generalmente noble, del tamaño de la palma de la mano, solían tener una imagen de Cristo Crucificado, de la Virgen María o de algún Santo. La parte de atrás del Portapaz tenía una adaptación a la curva de la mano para poder sostenerlo cómodamente y poderlo dar a besar a los fieles durante el rito de la Paz.
            La separación en la asamblea litúrgica de hombres y mujeres propició la aparición de los “osculatorium” o “instrumenta Pacis”. Los más antiguos que se conservan datan del S. XV.
            El antecedente todavía más remoto de los “osculatorium” es la patena de la oblata Eucarística. En el siglo XI se relata que a las palabras “da propitius pacem” el Papa besaba la patena transmitiendo la Paz al clero, incluso se besaba la hostia. Con esto se significaba que Cristo es la fuente de la Paz, por otro lado es el saludo de Cristo resucitado a sus apóstoles. A veces, eran los libros litúrgicos los que servían de Portapaz, especialmente el Evangeliario. El antiguo ceremonial de los Obispos menciona el uso de los oscilatorios.
            En el momento de la Paz, los ministros pasaban el Portapaz dándolo a besar, otras veces los mismos fieles lo pasaban de mano en mano. La reforma litúrgica propiciada por el Concilio Vaticano II le ha ido devolviendo al rito de la Paz su sentido y su esplendor. 
 
Manuel Flaker