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VI Domingo de Adviento (hispano-mozárabe).

Sexto domingo de Adviento, Año I:

Profecía: Is 35, 1-10.
Psallendum: Sal 71,3-4.1.
Apóstol: 2Tes 2,1-14.
Evangelio: Mc 1,1-8.

            La dimensión escatológica del Adviento se hace palpable en este domingo, donde Juan el Bautista vuelve a ser protagonista del evangelio. En la profecía se vuelve a tocar el tema de la venida de Dios, esta vez como vengador y salvador (Is 35, 4). Vuelve a manifestarse el júbilo por su venida, que implica la justicia, como repite el psallendum. Pero ya se está aludiendo a Juan: serán alumbradas en el desierto las aguas. La alusión al agua señala la futura manifestación de Dios en el bautismo de Juan y por medio de la relación profecía-evangelio se da una interpretación a este acontecimiento: las aguas serán santificadas por Cristo que viene a ellas. Ésta es la exégesis patrística de Ignacio de Antioquía y otros autores que ven en el bautismo en el Jordán cómo Cristo concede al agua su poder de santificar y hacer hijos de Dios. Pero en el evangelio se amplía la acción trinitaria: el “nuevo” bautismo será en el Espíritu Santo.
            El apóstol (2Tes 2, 1-14) trata en cambio de la venida final de Cristo, previniendo a los fieles de supuestas revelaciones y rumores. Primero ha de venir la apostasía y manifestarse el hombre de la iniquidad. La venida del anti-Cristo es la condición de la venida final de Cristo en gloria. Los que se condenen, lo harán por su complacencia en la injusticia, puesto que Cristo hará justicia a los humildes del pueblo (Sal 71, 4).

Adolfo Ivorra