viernes 24 de septiembre de 2010

Las misas cantadas.

Son ya varios los Blogs que se han hecho eco de las palabras del obispo de Segovia, Mons. Ángel Rubio. Con una claridad meridiana viene a decir que en el canto litúrgico la letra marca la pauta. Su intervención hace que recuerde lo que hasta hace poco se llamaban "misas cantadas": eran las llamadas misas "de angelis" que, aunque destacaba el canto del pueblo, también eran cantadas por el propio sacerdote celebrante. Esto lo decíamos hace casi dos años, insistiendo en el papel fundamental del celebrante principal como inicio del canto litúrgico. Si el que preside cantara más, se introduciría mejor en nuestras comunidades eclesiales el verdadero concepto del canto litúrgico, que después de san Pío X tiene unas coordenadas muy específicas para el rito romano.
El magisterio del obispo Ángel Rubio se inserta en lo más genuino del magisterio eclesial y de la reflexión teológico-litúrgica. Pensemos que el texto de su intervención "Un cristiano medianamente culto no puede cantar a Dios atentamente si la melodía que está cantado le recuerda la chica segoviana, o los mozos de Monleón, o me gustan los labradores, o... señor alcalde" nos recuerda con facilidad la reflexión de Benito Jerónimo Feijoo en el s. XVIII: "El que oye en el órgano el mismo menuet que oyó en el sarao, ¿qué ha de hacer, sino acordarse de la dama con quién danzó la noche antecedente? De esta suerte, la Música , que había de arrebatar el espíritu del asistente desde el Templo terreno al Celestial, le traslada de la Iglesia al festín. Y si el que oye, o por temperamento, o por hábito, está mal dispuesto, no parará ahí la imaginación".
La vigilancia sobre la correcta celebración de los misterios de salvación atañe a la naturaleza del episcopado. Desde aquí felicito a Mons. Ángel Rubio por su intervención sobre esta cuestión litúrgica. 

Adolfo Ivorra