Como un día elegiste a los levitas...


"Como un día elegiste a los levitas para servir en el primitivo tabernáculo, así ahora has establecido tres órdenes de ministros encargados de tu servicio".

Esta frase pertenece a la plegaria de ordenación de diáconos. Cuando la escuchamos podemos preguntarnos qué sentido tiene la alusión a la tribu de Leví. Esto se debe a un cierto marcionismo litúrgico que tiende a obviar toda relación tipológica con el Antiguo Testamento. Sin embargo, en la Iglesia del primer milenio era fundamental resaltar que no había discontinuidad entre el Antiguo, Nuevo Testamento y el tiempo de la Iglesia, del mismo modo que no hay diferencia entre el Dios del Antiguo y del Nuevo Testamento, etc.
Dentro de esta perspectiva nos es más fácil comprender que en los textos litúrgicos y en los escritos patrísticos se aluda a los diáconos con el nombre de "levitas". Nada mejor que el magisterio de san Isidoro de Sevilla para ilustrar esta cuestión, si bien desde la liturgia visigótica:

"El orden de los diáconos dio comienzo en la tribu de Leví. Mandó el Señor a Moisés que, después de la ordenación de Aarón como sacerdote y de sus hijos, de nuevo estableció que la tribu de Leví fuera elegida para el ministerio del culto divino, y se consagrasen al Señor en sustitución de todos los primogénitos, y que sirviesen en el tabernáculo de Dios en nombre de Israel, ante Aarón y sus hijos, vigilando en el templo día y noche, que fuesen ellos los portadores del arca, del tabernáculo y de todos los vasos sagrados, que levantasen su campamento en torno al tabernáculo, que, en el traslado del tabernáculo, fuesen ellos los que lo desmontasen y de nuevo lo montasen (Núm. 3, 5-26) Desde los veinticinco años arriba (Núm. 8, 24), se les manda servir en el tabernáculo, y tal regla la institucionalizaron los Santos Padres, apoyados en el Nuevo Testamento. En el Evangelio, cuando comenzaron, nos dicen esto los Hechos de los Apóstoles (Act. 6, 2-7) [...] Desde entonces decretaron los Apóstoles, o los sucesores de los Apóstoles, que sirviesen en todas las iglesias siete diáconos, constituidos en grado superior al resto, cerca del ara de Cristo, como columnas del altar. Y, no sin cierto misterio, fueron elegidos en número de siete. Son éstos de los que habla el Apocalipsis como de siete ángeles que tocan trompetas. Son los siete candelabros de oro. Sus voces como truenos. Éstos son los que con voz sonora, a manera de pregoneros, avisan a todos los asistentes, ya sea para orar, ya para arrodillarse, o para cantar, o para que atiendan a las lecturas. Ellos son los que anuncian que levantemos los oídos a Dios, y además, evangelizan. Sin ellos, el sacerdote goza del nombre, pero no de la función" (De los oficios eclesiásticos, II, 8).

Esta última parte nos recuerda la monición del diácono antes de la illatio (prefacio) en la misa hispana: "Oídos atendos al Señor" (Aures ad Dominum). Continua san Isidoro:

"Porque así como la consagración es propia del sacerdote, es oficio del diácono la distribución de la comunión. Al sacerdote se le encomienda orar, al diácono cantar. Aquél consagra ofrendas, éste las distribuye consagradas. A los propios sacerdotes, para que no se engrían, no se les permite alzar el cáliz en la mesa del Señor, si antes no se lo ha ofrecido el diácono. Los levitas traen las ofrendas al altar, ellos preparan la mesa del Señor, los levitas cierran el arca del Testamento. No todos se dan cuenta de los grandes misterios que deben ocultar los levitas, para que no se contemple lo que no deba contemplarse, y se lleve lo que no deba estar en manos privadas. Asisten al altar vestidos con vestiduras blancas, para darles a entender que deben llevar una vida celestial y cándidos e inmaculados se acerquen a las hostias consagradas, limpios de cuerpo e impolutos en la castidad" (Ibid.)

Volver a considerar la tipología veterotestamentaria del diaconado puede contribuir a comprender mejor cómo se concebía el diaconado en la Iglesia del primer milenio y puede iluminar su comprensión hoy. Del mismo modo, la forma en que se intercambian los términos "diácono" y "levita" en los textos patrísticos, teniendo en cuenta que se trata de una relación tipológica en la que algunos aspectos de los levitas reflejan la vida diaconal eclesial, no toda la institución levítica que, evidentemente, está caduca desde el nuevo culto -en Espíritu y Verdad- que nos ha traído Cristo.

Adolfo Ivorra