XIII Domingo Cotidiano.

Profecía: Jer 3, 14-21

Psallendum: Sal 29, 2-4

Apóstol: 1Cor 12, 27-13, 8

Evangelio: Lc 5, 27-6, 10


La Liturgia de la palabra de este domingo gira en torno a la nueva Ley establecida en Cristo. También se habla del ministerio sacerdotal. Profecía y apóstol expresan cómo Dios mismo establece a los dirigentes del Pueblo de Dios. En la lectura de Jeremías nos dice: Os daré pastores conforme a mi corazón, que os apacienten con ciencia y experiencia. El Apóstol nos dice que Dios os ha distribuido en la Iglesia una diversidad de ministerios, entre los que encontramos los tres más citados de la época pos-apostólica: apóstoles, profetas y doctores. Pero incluso esos ministerios que dan cohesión al cuerpo de la Iglesia están bajo la nueva Ley en Cristo: el amor. Esta ley es tal, que como dice la profecía de hoy: ya no se nombrará el arca de la alianza del Señor: no se recordará ni se mencionará, no se echará de menos, ni se hará otra. El amor informa las acciones del cristiano: sin amor, ni la fe ni las limosnas tienen sentido. La entrega de la propia vida, si no es por amor, es un suicidio. Por el amor que perdona sin límites, es llamado Leví. La vacuidad de una vida sin la virtud de la caridad la expresamos en el psallendum: has sacado mi alma del sheol. El sheol, los “infiernos”, tipifican aquí la nulidad de la existencia. Sólo por el amor infundido por Dios alcanzamos el camino excepcional del que nos habla el Apóstol, la unión de los pueblos divididos –Judá con Israel–, etc.

Esta nueva Ley da plenitud a la Ley mosaica, aunque parezca que la deroga. La misión de Cristo no era la de convocar a los justos, sino a los que se han apartado del Reino de Dios: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Pero también los que se consideraban justos habían olvidado el sentido espiritual de la ley. Por eso los fariseos y letrados se escandalizan de la conducta de los apóstoles y de Jesús mismo. La Ley del amor no viene a ser un parche a la antigua Ley, sino a renovarla. Por eso dice el Señor: A vino nuevo odres nuevos. La ley del amor no esclaviza, sino que pone al hombre por encima del “sábado”.


Adolfo Ivorra