miércoles 14 de julio de 2010

Quo primum tempore: 440 años.


Hoy se cumplen 440 años -la víspera de los idus de julio, que cae el 15 de julio- de la bula de san Pío V "Quo primum tempore", que servía de "prólogo" al misal romano. El texto puede ser consultado en castellano en nuestra página web. Me gustaría llamar la atención sobre algunos de sus textos:


III. En consecuencia hemos estimado que tal carga [edición y reforma del misal romano] debía ser confiada a sabios escogidos: son ellos, ciertamente, quienes han restaurado tal Misal a la prístina norma y rito de los Santos Padres. Dicha tarea la llevaron a cabo, después de coleccionar cuidadosamente todos los textos junto con otros buscados por todas partes, corregidos y sin alteraciones -y luego de consultar asimismo los escritos de los antiguos y de autores reconocidos que nos dejaron testimonios sobre la venerable institución de los ritos.

El misal romano de 1570, llamado de san Pío V, fue al igual que el de 1962 fruto de una reforma litúrgica. Evidentemente, la reforma del primero fue más bien una revisión y actualización, quitando algunas oraciones y misas que no se consideraban adecuadas a la teología de la época, etc. En 1981 en su libro La fiesta de la fe: Ensayo de Teología Litúrgica (traducido al castellano en 1999), el actual papa y entonces cardenal J. Ratzinger, resumió una de estas cuestiones sobre la reforma litúrgica que dio como fruto el misal de 1570: "Porque no hay ninguna liturgia tridentina y hasta 1965 nadie habría sabido que significa esa palabra. El Concilio de Trento no "hizo" ninguna liturgia. Y tampoco hay ningún misal de Pío V en sentido estricto. El misal que apareció en el año 1570 por encargo de Pío V solo difería en pequeñeces de la primera edición impresa del misa romano, aparecida unos cien años antes. En la reforma de Pío V se trataba simplemente de eliminar impurezas que se habían ido infiltrando durante la Baja Edad Media y los errores que se habían cometido al copiar e imprimir, volviendo a establecer como reglamento para toda la Iglesia el Misal Romano, que no había sido afectado casi por estos avatares" (p. 116).

...Salvo que en tales Iglesias, a partir precisamente de una institución inicial aprobada por la Sede Apostólica o a raíz una costumbre, esta última o la propia institución hayan sido observadas ininterrumpidamente en la celebración de Misas por más de doscientos años. A esas Iglesias, de ninguna manera les suprimimos la celebración instituida o acostumbrada. De todos modos, si les agradara más este Misal que ahora sale a la luz por Nuestro cuidado, les permitimos que puedan celebrar Misas según el mismo sin que obste ningún impedimento, si lo consintiera el Obispo, el Prelado o la totalidad del Capítulo.

En esta sección el papa se está refiriendo a lo que hoy llamaríamos ritos y modos rituales de una antigüedad mayor de 200 años. En general, en 1570 estos eran:

- El rito ambrosiano
- El rito mozárabe

- El modo bracarense del rito romano
- El modo dominico del rito romano
- El modo carmelita del rito romano
- Usos propios de familias religiosas dentro del rito romano

...y al decretar que jamás se agregue, suprima o cambie nada a este Misal Nuestro recién editado, lo estatuimos y ordenamos mediante Nuestra Constitución presente, valedera a perpetuidad, y bajo pena de Nuestra indignación. Así, en conjunto e individualmente a todos los Patriarcas de tales Iglesias, a sus Administradores y a las demás personas que se destacan por alguna dignidad eclesiástica -aún cuando sean Cardenales de la Santa Iglesia Romana o estén revestidos de cualquier grado preeminencia les mandamos y preceptuamos estrictamente, en virtud de la Santa obediencia: que canten y lean la Misa según el rito, el modo y la norma que ahora transmitimos mediante este Misal...

Este texto, aunque alguno lo haya leído de forma errónera, no excluye el habitual y necesario desarrollo de la liturgia y de la evolución de sus formas. Citando de nuevo al entonces cardenal Ratzinger: "Ya en 1614 había aparecido, durante el papado de Urbano VIII, una nueva versión del misal, que también incluía diferentes mejoras. Es decir, tanto antes como después de Pío V, cada siglo fue dejando sus huellas en el misal, que era concebido como un único libro, sometido, por un lado, a un proceso continuo de purificación y, por otro, de crecimiento" (p. 117). Puesto que el contenido de esta bula no se escapaba a los padres conciliares del Vaticano II, encontramos un paralelismo con la Constitución Sacrosanctum Concilium, si bien menos tajante que la bula del pontífice dominico: "Por lo mismo, nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia" (SC n. 21 §3).

X. Y para que en todos los lugares de la tierra se conserve sin corrupción y purificado de defectos, y errores, también por autoridad Apostólica y a tenor de la presente prohibimos que se tenga la audacia o el atrevimiento de imprimir, ofrecer o recibir en ninguna forma este Misal sin Nuestra licencia especial de un Comisario Apostólico que Nos constituiremos al efecto en cada región: él deberá recibir previamente, dar plena fe a cada impresor que el ejemplar del Misal que servirá como modelo para los otros, ha sido cotejado con el impreso en Roma según la edición original, y concuerda con éste y no discrepa absolutamente en nada.

Esto es lo que se podría llamar "contro de calidad" o, si se prefiere, "control de pureza". Este principio que aparece aquí ha guiado las reimpresiones y reediciones del misal romano hasta el s. XX, pero también las traducciones de los misales posteriores a 1970. Aquí reside la importancia del adjetivo "romano" del misal. Y esto a veces se nos olvida. Aunque pueda haber adaptaciones, modos y costumbres en los ornamentos, oraciones "auxiliares", cantos, etc., el rito romano depende de la Sede Apostólica. No es el rito "normal" frente al bizantino, ambrosiano, mozárabe, etc. No hay ritos "normales", sino que la celebración de la misa se ha adaptado de forma plena a cada cultura -es el caso de los ritos y/o familias litúrgicas- o se ha limitado a influir en algunos aspectos de su configuración local -es el caso de las diferencias geográficas que existían en los antiguos ritos galicano y visigótico, pero también es el caso de los modos de celebrar el rito romano-. Hoy, además de estas adaptaciones culturales, habría también que hablar de expresiones "temporales" o históricas: así encontramos los modos y aspectos antiguos o tradicionales en el rito bizantino -al hablar, por ejemplo, de los colores litúrgicos, los mismos bizantinos hablan de los colores modernos y tradicionales- y del rito romano -que hoy se han venido a llamar con el adjetivo de "modo" ordinario o "extraordinario"-.
El 3 de abril de 1969 la Constitución "Missale Romanum" ha venido a sustituir esta bula papal. En mi opinión no tenía por qué. El contenido de la bula Quo primum tempore, leído en su sentido propio, no tendría por qué entrar en conflicto con el misal de 1970 y posteriores. Aunque sus diferencias en el Ordinario de la Misa son notorias, el espíritu de la bula continua hoy en cierto modo en las publicaciones y reediciones de los nuevos libros litúrgicos. Por otro lado, al seguir vigente -tal como lo sancionó la bula y confirmó hace tres años el actual papa- hoy el misal que se asemeja más a la edición de 1570 (el de 1962), podemos decir que su contenido no ha pasado y que sigue plenamente vigente, tanto en los libros "tradicionales" como en los "modernos".

Adolfo Ivorra