Sentido exorcístico de la Cruz.

En la liturgia hispano-mozábe es habitual encontrar alusiones a la victoria de Cristo sobre el Maligno en el tiempo pascual, especialmente en la Octava. Sin embargo, es interesante ver que en el misal romano de 1962 las dos oraciones finales -secreta y postcommunio- y la antífona de comunión se da a la Cruz un sentido exorcístico:

Die 3 Maji
In Inventione S. Crucis
Duplex II classis

Secreta
Sacrifícium, Dómine, quod
tibi immolámus, placátus inténde:
ut ab omni nos éruat bellórum
nequítia, et per vexíllum
sanctæ Crucis Fílii tui, ad conteréndas
potestátis advérsa? insídias,
nos in tuæ protectiónis securitáte
constítuat. Per eúndem
Dóminum nostrum.

Communio
Per signum Crucis
de inimícis nostris líbera
nos, Deus noster, allelúja.

Postcommunio
Repléti alimónia coelésti et
spiritáli poculo recreáti,
quǽsumus, omnípotens Deus:
ut ab hoste malígno deféndas,
quos per lignum sanctæ Crucis
Fílii tui, arma justítiæ pro salúte
mundi, triumpháre jussísti. Per
eúndem Dóminum.

El sentido exorcístico de la Cruz está atestiguado desde los inicios del cristianismo. En el rito del exorcismo está presente, y en los exorcismos previos a las bendiciones suele también estar presente. Que estas partes finales de la misa del 3 de mayo insistan en el poder de la Cruz frente al Maligno tiene gran importancia en este tiempo pascual. Ya en el s. II, con san Ignacio de Antioquía, se entendía que la derrota del demonio era una parte importante de la misión salvadora de Cristo. Para san Ignacio de Antioquía Cristo destruye el régimen del pecado, que «viene caracterizado por una serie de expresiones que, si bien aparecen en el texto ignaciano con gran sobriedad, formaban parte, sin embargo, del acervo filosófico y teológica de la época: a) magia; b) vínculo de malicia; c) ignorancia; d) antiguo reino y muerte»: J. J. AYÁN, Padres apostólicos, Madrid, 2000, 222. Y esa liberación de Cristo se prolonga en la sináxis litúrgica: «esforzaos en reuniros frecuentemente para la acción de gracias. Pues cuando os reunís con frecuencia, las fuerzas de Satanás son destruidas, y su ruina se deshace por la concordia de vuestra fe»: A los efesios, 13, 1.
El número 5 de los Prenotandos del actual Ritual de Exorcismos vincula, además, la Cruz a la resurrección en esa victoria de Cristo: "Cuando llegó la hora de las tinieblas, el Señor, "hecho obediente hasta la muerte" (Flp 2, 8), rechazó el ataque final de Satanás (cf. Lc 4, 13; 22, 53) por el poder de la Cruz, saliendo triunfador sobre la soberbia del antiguo enemigo. Esta gloriosa victoria de Cristo se manifestó en la resurrección, cuando Dios lo exaltó de entre los muertos y lo sentó a su derecha y sometió todo bajo sus pies (cf. Ef 1, 21-22)."

Adolfo Ivorra