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3 de mayo: Invención de la Santa Cruz.


Illatio

Es digno y justo, es necesario y saludable darte gracias, Señor, Padre santo, Dios eterno y todopoderoso, cumplir con nuestro deber de ofrecerte sacrificios y elevar sin cesar nuestras voces de alabanza; para recordar, ante tu admirable clemencia lo acaecido en tiempos pasados, y de modo especial proponer el ejemplo de los dos Adanes, el que habitó en el paraíso y el que es el redentor del género humano. Aquel fue el primero, pero éste es mejor. Aquel fue terreno, éste celeste. Aquel hecho de barro, éste concebido por la palabra. Entonces, por instigación del diablo, Eva fue engañada; ahora, por el anuncio del ángel, María es glorificada. Entonces, por envidia de la serpiente, el hombre, que había sido creado, pereció; ahora, por misericordia del redentor, el hombre que había perecido es liberado. Aquel, por haber trasgredido la ley, perdió el paraíso, éste, por la pasión de la Cruz, ha adquirido el mundo. Aquel sucumbió a la muerte por comer del árbol prohibido, éste, por el triunfo de la Cruz gloriosa, venció a la muerte. Aquel, al reconocer su pecado, se escondió bajo un árbol, éste, a causa de nuestros pecados, fue elevado en la Cruz. Entonces por la falta de comer del árbol prohibido, se enfrió el sol al mediodía; ahora, en la manifestación de la santa Cruz, al medio día, se esconde el sol. Entonces, el hombre que no guardaba el precepto, fue expulsado del paraíso; ahora, el malhechor que confiesa a Cristo como Señor, es introducido en el paraíso. Por esto, humildemente te rogamos y suplicamos, Padre clementísimo, que por el signo admirable de la ínclita Cruz y por el admirable reino de nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, nos permitas celebrar con espiritual alegría y equilibrado gozo este día, en que conmemoramos la festividad de su Cruz, y, junto con las alabanzas de los coros celestiales, admitas la pequeñez de nuestras voces, mientras repetimos humildemente: