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Descendit ad inferos.


La liturgia pascual hispana, especialmente en la octava, da una importancia singular al descenso de Cristo a los infiernos. Este misterio propio del Sábado Mayor encuentra un amplio eco en la eucología pascual. Esto se debe a que la presencia de Cristo en los infiernos (sheol) es el comienzo de su victoria, y es a su vez paradigma de la victoria sobre la muerte de cada cristiano. «Al decir que Cristo ha resucitado “ab inferis” se está proclamando el triunfo sobre el demonio [...] se contempla la Resurrección bajo la luz particular de la victoria sobre el diablo. Lo cual nos hace pensar que “resucitar de entre los muertos” y “resucitar de los infiernos” son expresiones análogas» (E. Aliaga Girbés, Victoria de Cristo sobre la muerte en los textos eucarísticos de la octava pascual hispánica, Roma, 1973, 107.)
Con su descenso al lugar de los muertos, Cristo abre las puertas del Reino de los Cielos a los difuntos, que antes de su venida no podían contemplar a Dios. Así, «en este día bajó a los infiernos, venció a la muerte, confundió al diablo y deshizo las leyes del infierno» (Cuarto Domingo de Pascua, Alia). La imagen de los “infiernos” también permite recordar al paraíso, lugar de la armonía entre Dios y el hombre: «Tuvo que inclinarse la soberbia de los príncipes de las tinieblas ante la humildad de Cristo y la astucia diabólica fue arrancada de raíz por la sencillez del divino Cordero. Se le fue de las manos todo lo que el cruel enemigo creía que tenía para siempre, y tuvo que ver cómo el género humano era devuelto por el hombre-Dios al paraíso, de donde había sido expulsado por la prevaricación de Adán» (Viernes de Pascua, Illatio).
La liturgia hispana se sitúa desde la perspectiva agustiniana que ve el descenso a los infiernos como una liberación de cautivos, más que una predicación, como afirma el texto de 1Pe 3, 19. No obstante, desarrolla la temática del descenso con matices variados. Por un lado está el matiz bautismal, que muestra el descenso como una iluminación, los infiernos como aguas que se estremecen al ver a Cristo. Así queda explicitada la aplicación del misterio pascual al bautismo en lo que se refiere al descenso a los infiernos. Además del tema de la iluminación, se puede decir que el descenso se presenta en estos textos pascuales, desde cierto punto de vista, como una Teofanía.

Adolfo Ivorra
(Calendario litúrgico del rito hispano mozárabe 2009-2010, pág. 67)